EL MONSTRUO
Minuto a Minuto

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-¡Uuuuyyy, ya ni me acuerdo. Pero creo que como 72 años! 

-¿Tiene familiares? 

-No, joven. Ya no tengo ninguno. 

-¿Cuánto tiempo tiene pidiendo limosna? 

-¡Uuuuyyy, yo creo que más de lo que Usted tiene de edad, jovencito! 

-Y en éste lugar, ¿Cuánto tiempo tiene de ganarse la vida? 

-El suficiente como par conocer a todos los otros pordioseros y a toda la gente que camina por estas calles.  Mientras me decía lo anterior, con un gesto de su cabeza, señaló a los demás menesterosos que ocupaban las otras esquinas. En todo momento, mi buen compañero no perdía el tiempo. Su cámara fotográfica no paraba de emitir los clásicos zmbidos y siseos de cuando está trabajando a la perfección. 

-¿Son sus amigos? –seguí preguntando. 

-¿Qué dijo? –respondió con un ligero tono de sorpresa. 

-Los demás integrantes, ¿son sus amigos? –repetí. 

-Si lo fuéramos no nos pelearíamos por las limosnas. 

-Entonces, no son unidos. 

-¡Claro que no! ¿Todos tienen sus propios “clientes”. Además, nadie le quita sus “clientes” a otro compañero. 

Continué interrogándola, pocos minutos más, en el mismo tenor, para cumplir con las metas del cuestionario. Al finalizar, no sé por qué, tuve la ocurrencia de preguntarle: 

-Señora , de los otros indigentes, ¿a quién me recomienda entrevistar?