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-Te dije que era única –apuntó el jefe.
Durante el resto de la jornada no dejé de pensar en todo lo que me platicó el jefe. No dejaba de ser interesante a la vez de extraño ese acontecimiento. Todo parecía indicar que, efectivamente, lo que le pasó a la bailarina era una venganza. Una vulgar venganza provocada por lo scelos. El misterio radicaba en saber quién era aquél hombre que se enamoró de Tania porque la esposa de ese sujeto era la autoria del bestial ataque.
De pronto, llegó a mí la luz de la verdad.
Corrí a la pequeña oficina del jefe y busqué nuevamente la fotografía que minutos antes me había enseñado.
Mirándola detenidamente, observé alque que ya había visto, pero a lo que no puse atención.
La hermosa Tania ocupaba casi toda el área de la fotografía, pero ahí, casi en uno de los bordes de la misma, aparecía un hombre que sonreía y aplaudía sonoramente. Ella, con un gesto muy sensual, le pedía silencio. El, por lo visto, no hacía caso y seguía aplaudiendo.
Ese hombre era… ¡el esposo de mi antigua Directora!.
Creyendo resolver el misterio corrí de inmediato a mi casa. Saqué las fotografías que tenía guardadas desde que dejé mi anterior trabajo.
No podía haber duda. La bailarina era Tania. Y de nuevo aparecía en ella el esposo de mi malograda jefa. ¿Pero cómo había llegado esa fotografía a manos de la Directora?.
¡Los hombres por supuesto! ¡Alguno de los hombres que salieron con ella esa noche fatal! ¡Trabajaban para la Directora dándole información sobre las infidelidades de su esposo!.
Tomaron esas placas para confirmar la identidad de la muchacha.
¡Claro!
¡La mujer que fue a pedir informes sobre Tania no podía ser otra que la misma Directora! comments Facebook Social Comments
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