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-Oiga, jefe. ¿Tiene Usted una fotografía de la tal Tania?
Mirándome sorprendido, me respondió:
-¿Para qué quieres tú una fotografía de ella?
-Con tanto jaleo y relajo quisiera conocer a la mujer que provocó semantes pasiones.
No muy convencido del todo, el jefe se levantó de su lugar y fue al cuartito que le servía de oficina administrativa del “Walhalla”.
-Bueno… ya que insistes… te voy a enseñar una fotografía de Tania.
Buscó en un cajón de su escritorio y regresó de inmediato. Abriendo el álbum del fotografías de las chicas que habían desfilado por el negocio me señaló una de las páginas centrales.
-Mira. Esta es… ¡A ver si dejas de molestar con tu curiosidad!
Con una pose similar a las mejores de Marilyn Monroe la mujer de la fotografía lucía no menos sensual y bella. Aunque a mi gusto la chica de la fotografía era aún más hermosa que aquella famosa actriz.
Con un atuendo de una sola pieza, abierto en el vientre y por tada la espalda, de material plateado y muy brillante, la dama lucía como una diosa. Con las piernas separadas y haciendo una ligera genuflexión, detenía con una de sus manos, a la altura del pecho, un diminuto plato del cual brotaba una llama incandescente: y con la otra, besábase el dedo índide que tenía colocado sobre sus excitantes labios.
Su negra cabellera caía insinuadora sobre uno de sus hombros haciendo resaltar el profundo azul de sus bellos ojos. Sus delicados rasgos armonizaban con su figura a la perfección. El cuerpo, de perfectas formas, parecía contonearse al capricho de su dueña, logrando con ello, un mayor impacto a todo aquel que viera la fotografía.
-¡Qué hermosa! –exclamé. comments Facebook Social Comments
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