EL MONSTRUO
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La Directora parecía no hacer caso de esas murmuraciones y se concentraba con mayor ardor en el trabajo. 

Sin embargo, después de un tiempo, su marido se mostró cariñoso con ella. Hasta se hubiera dicho que en verdad la amaba. 

Mi labor, dentro de la revista, era la de entrevistar y encuestar al público sobre diversos temas. A veces tratábamos temas como el maltrato intrafamiliar, el aborto, el adulterio, madres solteras; en fin, según fuere el tópico solicitado por nuestra Directora, a petición, a su vez, de las demandas de la misma sociedad. 

De cada trabajo que se hacía se archivaba el cuestionario y la fotografía de la persona entrevistada. La proporción de los entrevistados era aproximadamente de tres o cuatro a uno a favor de las personas de sexo femenino. Debido a los temas manejados por los reportajes eso era de esperarse. 

Mi labor era netamente de campo, y por lo tanto, tenía que salir a buscar las notas que justificaran mi trabajo. Auxiliábame un fotógrafo, buen compañero, que ilustraba mis entrevistas con excelentes impresiones fotográficas. 

Pero déjenme contarles lo que me sucedió: 

*  *  * 

“Esa fría mañana, mi compañero el fotográfo y yo, caminábamos por una calle muy conocidad y transitada buscando indigentes a los cuales entrevistar. El tema que ahora interesaba a la revista era el malamente denominado “Miseria en las calles”. 

Cuando llegamos a un semáforo, observé que casi todas las esquinas que formmaban esos cruces estaban muy socorridas por los indigentes. Bendije a todos los santos por nuestra buena suerte. Si lográbamos entrevistar a todos ellos no habría necesidad de que nos desplazáramos a otro lugar.