EL MONSTRUO
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Vio las fotografías de mi entrevista. Así supo cómo encontrarla y decidió acabar de una vez con ella. La botella que encontré debió ser la que usó para guardar el ácido que tiró sobre la bailarina. De seguro la encontró con su esposo, que en ese momento le daba dinero a la menesterosa. No se contuvo, y en medio de su furor, bajó precipitadamente del automóvil. El pesado trailer circulaba por ese lugar y …lo demás ya lo sabemos. 

Sin embargo, ¿qué podía decir del asunto y a quién? 

Pronto olvidé esa experiencia. 

*  *  * 

Cierto día, tuve que pasar de nuevo por esas calles que frecuentaban los indigentes. 

De momento no me acordé de nada, pero cuando distinguí a lo lejos a la menesterosa de la espantosa máscara, un escalofrío recorrió mi cuerpo. 

De golpe, recordé todos los incidentes que llevaron a esa infeliz a tan ingrato destino. 

No sé qué lo provocó pero me ví caminando hacia ella. 

Me detuve frente a la mujer y traté de sacar torpemente unas monedas. 

Mientras lo hacía, pude notar que la famosa bolsa con una botella que la anciana mencionó que siempre tenía a su lado, brillaba por su ausencia. 

Ya no había necesidad de utilizarla. 

Como no tenía dinero fraccionario saqué de la cartera todos mis billetes. Una fotografía de la hermosa bailarina con traje plateado se asomaba junto a ellos. 

-Tenga buena mujer –le dije con palabras corteses, al mismo tiempo qu ele sonreía cálida y sinceramente.