EL MONSTRUO
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-No podré olvidar nunca la insufrible desdicha de esa muchacha –habló con voz ronca y grave -¡Qué desgracia la de ella!. Desfigurada en toda la cara, el cráneo casi a flor de piel, con toda la piel de sus brazos y manos deshecha; cogíale una enorme quemadura, desde sus pies, pasando por las piernas y las asentaderas, que terminaba a media espalda por un lado y en el busto por el otro. De todas las candentes heridas brotaba una sanguinolenta supura, que al más leve contacto, arrancábanle tales bramidos y quejidos que hubieran echo posible hacer llorar de pena y lástima a una estatua. 

-Sólo la reconocí por la maltrecha ropa que estaba sobre una silla al lado de la cama –siguió. Cuando me vio se soltó a llorar. Lloró y lloró por un largo rato. Lo hacía con tan grande sufrimiento que aún sueño con esos gemidos que ahogaban el alma. Me pidió que nunca dijera lo que le había pasado. Que nunca nadie lo supiera. Lo único que pude prometerle fue cumplir su deseo y que de dinero, aunque fuera poco, durante algún tiempo podría llevárselo. No pude despedirme de ella. Tanto era el dolor de sus heridas que le provocaban atroces espasmos. Una enfermera entró y le inyectó una poderosa droga que deinmediato la sedó. 

Al salir del cuarto un doctor me esperaba. 

Habló conmigo. 

Le expliqué quién era ella y quién era yo. 

Con gran calma, procedió a explicarme el calvario de la chica. Tres hombres, con engaños, la habían  llevado a un paraje lejano. A una cabaña. Ahí la violaron y golpearon salvajemente. Aturdida e indefensa por la golpiza, permanecía en el piso con sus ropas hechas jirones. En eso, una mujer entró y se acercó a la víctima. El doctor supuso eso por los entrecortados comentarios de la chica referentes a que el ruido que producían esos pies al caminar era de zapatilla de dama y no de calzado para caballero. La desconocida mujer destapó una pesada botella y vertió su contenido sobre la humanidad de la víctima. Entre los infernales gritos de dolor que profería la chica por las quemaduras que el líquido le producía podía distinguir las risas burlonas de la mujer. Después de eso, poco recuerda o casi nada. Salvo que la arrojaron a una obra en construcción. Esto puede ser cierto, también supuso el médico, puesto que fueron unos albañiles los que reportaron el hallazfo de la desfigurada muchacha.