LA CONSTITUCIÓN DE LA CULTURA DEL GOCE
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En esta parte es Ubilluz quien hace un análisis más complejo. No explica como Portocarrero la cuestión colonial, pero si desarrolla de manera clara y precisa el tema de la posmodernidad y los elementos que se relacionan a este, me refiero al individualismo, el mercado y el capitalismo tardío. De forma reducida y sintética, lo que nos plantea Ubilluz es que el capitalismo tardío, como elaboración de la globalización, promueve la ideología individualista, el narcisismo, y nos empuja al goce. Implica entonces la desaparición, inexistencia o muerte del Otro, que como ya antes se diserto, es el colectivo, la comunidad y todo lo relacionado al grupo y las metas comunes. En este escenario social el mercado tiene un papel determinante, ya que es a través de él que el capitalismo tardío se fortalece y reproduce. El mercado, los medios de comunicación –específicamente los TIC– y las industrias culturales, no hacen otra cosa que promover el consumo y “el imperativo al goce individual”. Se trata entonces de la sociedad del consumo gestado a partir de la globalización. Por tanto, la cultura del goce es constituido por la globalización, en tanto que este da como resultado al capitalismo tardío, es decir, el capitalismo tardío es entendido como una elaboración del orden global, en cual el goce es un elemento que es parte de su dinámica y cotidianidad.

 

Así, “todas las ideas expuestas hasta ahora se apoyan en la tesis central de que la globalización capitalista exacerba el imperativo al goce e impulsa al sujeto a desentenderse de la dimensión colectiva del Otro”. El goce individual, narcisista y consumista implica olvidar y desatenderse del otro colectivo. Quizás por eso se transgrede, se abusa, se practica la pendejada y así uno se vuelve perverso y cínico. Por tanto, el cínico y perverso es resultado de la globalización capitalista y el mercado que lo promueve, ya que todo se consume, personas, bebidas, películas, comida, vestidos, etc. El individuo en busca de su satisfacción y placer hace cualquier cosa perversa o cínica, y es que está controlado o dominado por su goce individual. Ahora bien, la propuesta teórica de Ubilluz no se olvida del todo del sujeto criollo y la tradición e historia del mismo, ya que analiza el “fujimontecinismo”, el perreo y a Mario Varga Llosa, un  representante  y exponente del mundo criollo actual. De esta manera dice; “el criollo justifica y exacerba su preexistente tendencia a la transgresión a través de la competencia capitalista. El criollo se vuelve así un ser sin escrúpulos, un pendejo para quien la transgresión –y el daño que ésta ocasiona al otro– es el sine qua non del sobreviviente o del ganador”. En el mundo criollo la transgresión, la pendejada y el goce excesivo no sólo serían resultado de la cuestión colonial, sino también de la competencia y el mercado que nos conduce al placer o deleite permanente y sin control. El que no se guía por este mandato es el pavo, el quedadito, el lorna –un individuo tradicional y no posmoderno–, y este, sin duda alguna, pierde, no es el ganador en el sistema posmoderno en cual vivimos, el cual se parece más a una jungla en donde el más fuerte o el mas pendejo, pícaro y corrupto,  es el que sobrevive.  

 

Puedo resumir los planteamientos de Ubilluz –quizás de forma inadecuada y desvirtuada– de la siguiente manera. El cínico – criollo y perverso se configura por la ideología individualista y narcisista promovida por el mercado del capitalismo tardío de la globalización, lo cual nos hace súbditos del mismo, de allí que se habla del mandato o imperativo a gozar. En efecto, somos dependientes o vasallos de la cultura del marcado y de la sociedad del consumo del orden posmoderno. Pero ¿qué entendemos por posmodernidad? “Posmodernidad y globalización –sostiene Frederick Jameson– son una misma cosa. Se trata de las dos caras de un mismo fenómeno. La globalización lo abarca en términos de información, en términos comerciales y económicos. Y la posmodernidad, por su lado, cosiste en la manifestación cultural de esta situación”. En consecuencia, ambas categorías deben revisarse al estudiar una determinada situación social y cultural, como la que analizamos en este ensayo.