LA CONSTITUCIÓN DE LA CULTURA DEL GOCE
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El Perú es un burdel

 

En los años 80 Pablo Macera, intelectual de las ciencias sociales, acuño la frase “el Perú es un burdel”, han pasado varios años desde entonces y la reflexión que hiciera esta personalidad sigue teniendo vigencia en realidad social, económica y política. El escenario peruano actual se puede explicar a partir de la frase mencionada, ya que los sucesos, acontecimientos y novedades del mismo, representan de alguna u otra manera el significado que le da Macera a este aforismo. Pero ¿por qué la situación de nuestro país seria representado, simbolizado y comparado con un burdel? En esta parte buscamos responder a dicha interrogante.

 

Sin duda alguna, este pensamiento es una metáfora, y es que la palabra burdel se traslada en sentido figurado al ámbito social, económico y político del país. El burdel es definido como un prostíbulo o una casa de prostitución en donde existen personas –específicamente mujeres– que brindan servicios sexuales a cambio de una remuneración. Puede entenderse también como un centro mercantil de transacciones reciprocas con fines económicos, y claro está, también sexual. En estos espacios todo cuesta, todo tiene su precio, yo te doy algo y a cambio recibo mi parte. Por lo general los burdeles en el Perú son clandestinos, ya que culturalmente estas actividades son consideradas inmorales y propio de personas de mal vivir. Por otro lado, en nuestro contexto social abundan los prostíbulos, es quizás por eso que a Macera se le ocurrió la idea de comparar al país con un burdel.

 

Para Gonzalo Portocarrero, “la metáfora insinúa una sociedad en donde nadie se salva, presa de un debacle moral cada vez más generalizado, pero donde el humor y el goce reinan con irresponsabilidad”. En efecto, se trata de una sociedad en donde cada uno hace lo que quiere a partir de lo que posee o tiene, vale decir, si mi posición económica lo permite. En este sentido, se puede afirmar que vivimos en un país horrible, específicamente “Lima la horrible” diría Salazar Bondy, ya que actualmente todo se ha comercializado, todo tiene su precio, un costo o valor, si yo tengo lo suficiente o lo necesario puedo realizar las transacciones que desee en beneficio propio. En palabras de Ubilluz, el sujeto posmoderno es individualista y narcisista, primero yo, segundo y tercero yo. Por tanto, el Perú es por excelencia un país mercantilista, comercial y utilitarista, en donde todo, incluso la vida humana,  tiene su precio, cualquier cosa o elemento sociocultural se convierte en una mercancía u objeto para vender, y es que el mercado nos controla, domina y lleva al consumo y goce permanente.

 

En los contextos políticos, económicos y sociales del Perú todo discurso ético y moralista está ausente o en todo caso se presenta deteriorado. El hombre de hoy es hedonista, espontáneo, consumista e individualista, no le importa lo que pueda pasar mañana siempre en cuando el presente sea vivido intensamente. Es así que, asistimos a la constitución de la cultura del goce. Nuestros sentimientos, pasiones, instintos e intereses nos consumen y controlan, solo yo y mis deseos, necesidades, satisfacciones, placeres y deleite. En consecuencia, “el Perú es un burdel”, ya que cuando una persona cualquiera –un parroquiano– va a un prostíbulo, su fin es la satisfacción y goce sexual, de la misma manera en la política y los asuntos socioeconómicos de nuestro país, las acciones, discursos y prácticas de los individuos solo buscan el consumo, goce e interés personal. Claro está, no podemos generalizar, pero sin duda alguna lo que acabamos de describir es parte del sentido común de la gente.