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25 de julio de 2020

Una dieta vegetariana bien planificada es adecuada para todas las etapas del ciclo de vida, incluida la infancia y la adolescencia, y así lo avala la Academia Americana de Nutrición y Dietética, afirmó María del Carmen Iñarritu Pérez, del Departamento de Salud Pública de la Facultad de Medicina (FM) de la UNAM.

Los primeros años de vida son importantes para establecer hábitos adecuados, que establecerán las bases para ser individuos saludables, y parte fundamental es la alimentación. Los padres deben evitar dietas restrictivas que pongan en riesgo la salud de sus familias.

En los últimos años ha aumentado el número de personas que se inclinan por una dieta vegetariana y vegana; la posición de varias sociedades científicas es que estas opciones de alimentación pueden ser adecuadas durante el embarazo, la lactancia y la primera infancia, siempre y cuando estén bien planeadas, dijo.

La dieta vegana es aquella que excluye cualquier alimento o bebida de origen animal (incluida la miel), optando por los de origen vegetal, como frutas, verduras, leguminosas, cereales, tubérculos, nueces y semillas, productos de soya, aceites y grasas vegetales.

“Puede ser útil en el manejo terapéutico de afecciones crónicas como obesidad, enfermedad cardiovascular, diabetes mellitus y algunos tipos de cáncer. Si tiene un valor nutricional adecuado, brinda beneficios en todas las etapas de la vida, incluso desde la infancia”, remarcó.

Pero mal planificada puede tener consecuencias negativas en la salud y el crecimiento, como cualquier otro tipo de alimentación desequilibrada, advirtió.

Los fundamentos del veganismo incluyen argumentos éticos, de salud, humanitarios y ambientales. “Conocer las razones de la persona para llevar una dieta de ese tipo, u otra en particular, es de ayuda para desarrollar una estrategia apropiada”.

Dieta vegana balanceada

De acuerdo con la académica, una dieta vegana puede ser nutricionalmente adecuada si cubre los requerimientos calóricos (energéticos) a partir de una variedad de alimentos densos en nutrimentos (densidad nutrimental), preferentemente sin procesar y provenientes de todos los grupos de alimentos de origen vegetal; la única excepción es limitar el consumo de fibra durante el embarazo, la infancia y los primeros años de vida.

A veces puede llevar al consumo deficiente de nutrimentos considerados críticos, como hierro, zinc, calcio, ácidos grasos, omega 3, vitamina D y vitamina B12. Para evitarlo, la universitaria recomendó, en el caso de los ácidos grasos omega 3, la ingesta de chía, nueces, semillas, aceite de linaza y ácidos grasos monoinsaturados (aceite de oliva), evitando las grasas trans (margarinas) y los aceites tropicales (de coco y palma).

La cantidad adecuada de calcio se consigue a partir de productos de maíz nixtamalizado, almendras, col, brócoli y berros. También se debe poner atención a la vitamina D, exponiéndose moderadamente a los rayos del sol, y adquirir un suplemento de vitamina B12, por ser un nutrimento que no se encuentra en alimentos de origen vegetal, aconsejó.

“Para una mejor absorción de hierro y zinc, se deben consumir leguminosas, vegetales de hoja verde, nueces y semillas, acompañados de alimentos ricos en vitamina C. Otra estrategia para eliminar el ácido fítico y oxálico, que evita la eficiente absorción de estos nutrimentos, es el remojo y cocción adecuada de leguminosas.

Según la Organización Mundial de la Salud, una dieta sana debe incluir frutas, verduras, leguminosas (frijoles, garbanzos, lentejas, habas), frutos secos (nueces y semillas), cereales integrales (maíz, trigo, avena, arroz, amaranto) y tubérculos (papas, camote).

Al menos 400 gramos (cinco porciones) de frutas y verduras al día, excepto papas, batatas, mandioca y otros tubérculos feculentos. Consumo moderado de azúcares, grasas saturadas y trans, y sal yodada.

“Si se opta por una alimentación vegetariana se debe acudir con un especialista en nutrición que proporcione una dieta adecuada y que cubra los requerimientos de nuestro organismo para evitar descompensaciones y daños a la salud”, concluyó la especialista.

Boletín UNAM-DGCS-614/2020

 
24 de julio de 2020

 

Una investigación publicada hoy en la revista Science -en la que participó el Centro de Geociencias de la UNAM, campus Juriquilla-, ha demostrado que las medidas de confinamiento, a principios y mediados de 2020 para combatir la propagación de COVID-19, condujeron a una reducción del 50% en el ruido sísmico observado en todo el mundo.

Se analizaron datos de ruido sísmico adquiridos durante varios meses y años, en más de 300 estaciones sísmicas por todo el mundo. El estudio muestra la reducción del ruido sísmico en muchos países y regiones, lo que permite visualizar la "ola" resultante que se mueve a través de China, Italia y el resto del mundo.

El confinamiento, reflejado en el ruido sísmico, ve el efecto total de las medidas de distanciamiento físico/social, la reducción de la actividad económica e industrial, las caídas en el turismo y los viajes. El periodo de bajo ruido sísmico de 2020 se debe a la reducción de ruido sísmico antropogénico global más larga y prominente que ha sido registrada hasta el momento.

El estudio publicado en la revista Science, se generó después de que el autor principal, el Dr. Thomas Lecocq, decidiera que la mejor manera de abordar el problema era compartiendo su método con la comunidad sismológica y analizando los datos de todo el mundo. Esto inició una colaboración única que involucró a 76 sismólogos de 66 instituciones en 27 países. Los autores principales del estudio tienen su sede en Bélgica, el Reino Unido, Nueva Zelanda y México, en el Centro de Geociencias de la UNAM, única entidad mexicana participante al proyecto.

Los investigadores universitarios Dr. Raphael De Plaen y Dr. Víctor H. Márquez contribuyeron con el análisis de datos de México, principalmente de la zona metropolitana de Querétaro, donde el Centro de Geociencias cuenta con una red sísmica urbana de bajo costo.

El Dr. De Plaen, investigador postdoctorante con beca de la DGAPA-UNAM, formó parte del grupo principal de autores y contribuyó de manera significativa a la organización y coordinación del trabajo. La contribución científica aportada por estos investigadores se enmarca en la línea de investigación de Sismología Ambiental para la cual el Centro de Geociencias es pionero en México, y que se ha beneficiado por colaboraciones multidisciplinarias e internacionales y, en gran medida, con el apoyo económico otorgado por CONACyT y la UNAM.

Los sismómetros son instrumentos científicos sensibles que registran vibraciones que viajan a través del subsuelo, conocidas como ondas sísmicas.

Tradicionalmente, la sismología se enfoca en medir las ondas sísmicas que surgen después de un terremoto. Sin embargo, los registros sísmicos de fuentes naturales están contaminados por las vibraciones de alta frecuencia ("zumbido") producidas por los humanos en la superficie: caminar, conducir automóviles y trenes generan señales sísmicas únicas en el subsuelo. La industria pesada y el trabajo de construcción también generan ondas sísmicas que se registran en los sismómetros, precisa la publicación.

Existen miles de estaciones de monitoreo sísmico en todo el mundo y, por lo tanto, se requirió de un esfuerzo de equipo para descargar, procesar y analizar la cantidad de terabytes de datos disponibles. Los datos provienen de la comunidad global que incluye redes de monitoreo sísmico de alta gama, así como de sensores sísmicos de ciudadanos, los cuales han sido instalados por individuos y escuelas.

Si bien 2020 no ha visto una reducción en los terremotos, la caída en el "zumbido" antropogénico ha sido sin precedentes. La reducción de ruido sísmico más fuerte se encontró en áreas urbanas, pero el estudio también encontró señales del confinamiento en sensores enterrados a cientos de metros en el subsuelo y en áreas más remotas, como en África subsahariana.

Se encontró una fuerte coincidencia entre la reducción de ruido sísmico y los datos de movilidad humana, extraídos de aplicaciones de mapeo en teléfonos móviles y puestos a la disposición del público por Google y Apple. Esta correlación permite que los datos sísmicos abiertos se utilicen como un amplio proxy para rastrear la actividad humana en tiempo casi real, y para entender los efectos del confinamiento y la recuperación después de la pandemia, sin incurrir en posibles problemas de privacidad.

Los efectos ambientales del confinamiento debido a la pandemia, son amplios y variados, e incluyen la reducción de emisiones en la atmósfera, la disminución del tráfico y la contaminación acústica que afectan la vida silvestre. Este período ha sido acuñado como "antropausa" (https://www.nature.com/articles/s41559-020-1237-z). Este nuevo estudio es el primero a escala global que analiza el impacto de la antropausa sobre la Tierra sólida bajo nuestros pies.

¿Será posible detectar nuevos tipos de señales sísmicas debido al periodo de disminución de ruido sísmico ocurrido en el 2020? El estudio presenta evidencia de que señales sísmicas previamente enmascaradas, se ven con mejor claridad en los registros de sensores en zonas urbanas durante el confinamiento, especialmente durante el día. Los autores esperan que esta investigación genere nuevos trabajos sobre el confinamiento sísmico. Encontrar señales sísmicas escondidas en volcanes y de sismos sería un objetivo clave.

Con el incremento en la urbanización y el crecimiento de la población a nivel global, más gente vivirá en zonas de amenaza geológica. Por lo tanto, será más importante que nunca caracterizar el ruido antropogénico de tal manera que los sismólogos logren entender y puedan monitorear los movimientos del subsuelo bajo nuestros pies, especialmente en las ciudades, señala la investigación.

 

Boletín UNAM-DGCS-611bis/2020

MANIZALES, 24 de julio de 2020 — Agencia de Noticias UN-

Carlos Eduardo Vásquez, ingeniero industrial, y Hader Raúl Méndez, administrador de sistemas informáticos de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Manizales, desarrollaron un lavamanos inteligente que incorpora visión computarizada y tecnología de internet de las cosas para que las personas se laven las manos de manera más eficaz.

Esta innovación permite además actualizar los lavamanos que ya están instalados, incluso los empotrados en la pared, para que quien adquiera el producto pueda usar los elementos que ya tiene en su casa o empresa.

“Lo que hacemos es cambiar la bomba que sube el agua del tanque hacia la llave por unas válvulas y llaves celuoides que permiten o no el paso del agua, según la señal que reciban del sensor infrarrojo”, explica el ingeniero Vásquez.

Sus desarrolladores explican que en el mercado existen diferentes modelos comerciales de lavamanos con sensores, que son difíciles de instalar y cuyo valor aproximado es de 1.500.000 pesos. En contraste, el Smartclean, además de ser fácil de instalar y de programación rápida, tiene un valor de 800.000 pesos, por lo cual es mucho más asequible.

“Actualmente estamos desarrollando nuevas funciones, como toma de temperatura y registro de datos de manera inteligente y sin contacto”, detalla uno de los creadores.

La Organización Mundial de la Salud ha declarado en múltiples ocasiones que el lavado de manos es la forma más eficiente de combatir la propagación del COVID-19, por lo cual esta ha sido una de las medidas más importantes que todos los Gobiernos del mundo han tratado de implementar como política de salud pública. 

Cajas inteligentes y adaptables

El desarrollo considera un smartbox, cajas inteligentes y adaptables que se pueden aplicar a cualquier sector de la economía, “por ejemplo en la agricultura, donde se podría usar para riego de cultivos indoor, para automatizar los requerimientos de agua, luz y temperatura de las siembras. Con este mismo módulo también se puede desarrollar domótica para automatizar funciones de las casas como encendido de luces”, señala el ingeniero.

La caja está conformada por una tarjeta que es un pequeño computador con procesador, condensador, resistencia y relé para el paso de energía; la programación se realiza con lenguaje C++, que permite la manipulación de objetos.

“Con este desarrollo podemos automatizar cualquier solicitud que el usuario requiera, como cantidad de jabón, grado de temperatura, cantidad del agua dispensada y muchas más, según las necesidades del lugar de instalación, ya sea un restaurante, hospital, geriátrico, guardería o casa privada”, comentan los emprendedores de la UNAL.

Crecimiento

Actualmente los investigadores participan en el programa Líderes Jóvenes Mundiales, en el cual se disponen recursos para emprendedores que ejecuten proyectos sin ánimo de lucro.

Con el apoyo de la Unidad de Emprendimiento de la UNAL Sede Manizales, desarrollaron el plan presupuestal y comercial para volver inteligentes los lavamanos de la Universidad como parte del proyecto presentado a la convocatoria internacional.

“Teniendo en cuenta que el proyecto debe ser sin ánimo de lucro, lo que pretendemos es que se nos asignen recursos para ejecutarlos dentro de la Institución; esto, además de beneficiar a la comunidad académica, nos ayudará a adquirir la experiencia y maduración que necesitamos para salir al mercado”, señalaron los emprendedores.

Fuente: agenciadenoticias.unal.edu.co

 

24 de julio de 2020

 

Los pueblos prehispánicos no migraban sólo por guerras, vulcanismo o cambios climáticos, sino como parte de un ritual que incluía la quema del lugar. Ejemplo de ello es El Cóporo, en Guanajuato, sitio abandonado tras un incendio ritual en el año 900 d.C., revelan estudios de expertos de la UNAM.

Mediante técnicas científicas como el arqueomagnetismo, Avto Goguitchaichvili, titular del Servicio Arqueomagnético Nacional (SAN), del Instituto de Geofísica (IGf), y Carlos Torreblanca, estudiante de doctorado en Estudios Mesoamericanos de la Universidad Nacional, encontraron evidencias de incendios rituales en ese lugar.

Torreblanca explicó que desde hace tiempo se habían detectado sitios con evidencias de incendios (vigas calcinadas y muros quemados), y se creía que se debía a problemas como guerras o tiempos conflictivos; este patrón se repite en diferentes asentamientos, como La Quemada, Zacatecas; y El Cóporo y Plazuelas, en Guanajuato.

Ahora, la hipótesis más aceptada sobre la razón para incendiar los edificios argumenta que era para finalizar un ciclo de trabajo en la región, sin que esto tuviera que ver con cambios ambientales o conflictos bélicos, remarcó.

“El abandono era planeado. No huyeron súbitamente por una guerra o desastres naturales, como ocurrió en el Xitle o Cuicuilco, donde explotó un volcán que invadió el asentamiento. En El Cóporo tuvieron tiempo de preparar la salida, fue gradual; en el último momento, los sacerdotes sacaron a sus deidades, quemaron el sitio y partieron en busca de nuevas ciudades”, detalló el investigador.

Con el arqueomagnetismo los universitarios han verificado las fechas de los incendios, y se percataron que coinciden: ocurrieron a finales del periodo Epiclásico, alrededor del año 900 d.C, afirmó Torreblanca, también investigador del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), delegación Zacatecas.

Con esa técnica se aporta información clave para la datación de momentos históricos; se basa en el estudio de variaciones en el campo magnético terrestre, determinados a partir de objetos, estructuras y materiales de construcción antiguos que fueron expuestos a altas temperaturas.

Incendios generalizados

Al respecto, Goguitchaichvili explicó que durante años fue un misterio el desarrollo de grupos agrícolas en la frontera septentrional de Mesoamérica, por lo que los nuevos estudios realizados en La Quemada y El Cóporo muestran la complejidad de estos grupos sociales y parte de sus rituales.

La historia de El Cóporo, descubierto en la década de los 60, se divide en tres fases: la primera, afín a la cultura Morales (finales del Preclásico, hace unos dos mil años); la fase media es contemporánea a Teotihuacán (entre el 600 y 900 d.C), y la fase tardía a la cultura tolteca (950–1150 d.C).

Arqueólogos, encabezados por Torreblanca, encontraron varios pisos expuestos al fuego, por lo que solicitaron el apoyo del SAN para saber si era viable que el sitio haya sufrido un incendio generalizado. “Fue increíble; todos los resultados, incluso en áreas no excavadas, nos remiten a uno, en el año 900 d.C”, precisó el investigador.

Existen mitos en torno a las migraciones, narraciones elaboradas para justificar la presencia de grupos en el poder, pero también coinciden con movimientos poblacionales. Muestra de la presencia de una cultura en diferentes lugares son las coincidencias arquitectónicas de La Quemada y El Cóporo con Tula, Hidalgo, pero en este último sitio de manera más trabajada y estilizada.

La cultura Tolteca fue enriquecida por los migrantes del Norte, entre los que se cuentan los antiguos habitantes de El Cóporo y La Quemada.

Finalmente, Torreblanca subrayó que lo más importante de estas investigaciones es constatar que los códices prehispánicos que narran movimientos masivos pueden ser corroborados mediante la técnica del arqueomagnetismo. “Si bien no se cuentan exactamente los hechos y motivos, sí se ofrecen elementos referentes a los sitios de origen de algunos pueblos”.

 

Boletín UNAM-DGCS-610bis/2020

MANIZALES, 23 de julio de 2020 — Agencia de Noticias UN-

Dichas estrategias están contempladas en un modelo multimodal de tráfico propuesto por Luis Gabriel Cortés Ocaña en su trabajo de grado como magíster en Automatización Industrial de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Manizales.

El objetivo del sistema es que en las intersecciones puedan interactuar vehículos, motocicletas, articulados, personas y bicicletas, mediante la coordinación de diferentes tipos de semáforos (aislados, monomodales y multimodales).

Para esto, el magíster tuvo en cuenta la jerarquización de los elementos que interactúan dentro de las intersecciones como la reglamentación local, las limitaciones físicas en las vías y la naturaleza del comportamiento de cada uno de los modos de transporte.

Para el investigador, lo innovador fue la inclusión del Control Predictivo por Modelos (MPC), un método avanzado de revisión de procesos utilizado comúnmente en la industria de plantas químicas y refinerías de petróleo. “Por primera vez se utiliza esta metodología para ayudar a los ingenieros de tráfico a obtener la información necesaria que permita mejorar la calidad de la permanencia en las vías”, explica el magíster.

Dentro del algoritmo de optimización del modelo MPC es posible ingresar al controlador la información de los límites físicos, operacionales y las capacidades máximas de usuarios permitidas en las vías.

Con esta información, el ingeniero de tráfico tiene la posibilidad de programar que las acciones de control sean calculadas obedeciendo a un objetivo como, por ejemplo minimizar el número de usuarios presentes en las vías o el número de vehículos sobre las autopistas y en las rampas de acceso, con el fin de aumentar la cantidad de usuarios que salen de las vías.

Dentro de las estrategias se propone que el cálculo de los límites máximos de velocidad presentes en las pantallas informativas sea minimizado con el fin de evitar la aparición de las shockwaves u ondas de choque, que se producen cuando un vehículo frena en un semáforo y su acción se extiende a todos los vehículos que están detrás. Con esto se lograría una disminución ostensible de la velocidad de flujo en los carros de las autopistas.

“La actualización de estos valores de velocidad máxima permitida en cada pantalla informativa debe incrementarse en múltiplos de 10 km/h, con el objetivo de evitar que una disminución abrupta de las velocidades se propague a los vehículos hacia atrás”.

Modelos matemáticos

Para desarrollar estas estrategias de control de tráfico urbano, el investigador se basó en modelos matemáticos capaces de representar el comportamiento de los diferentes tipos de usuarios dentro de la malla vial, con alta precisión, que a su vez es viable computacionalmente.

Para el caso de vehículos particulares en autopistas se utilizó Metanet, un modelo macroscópico que incluye dentro de sus dinámicas el promedio de vehículos por kilómetro por cada uno de los carriles y el flujo promedio, medido en vehículos por hora.

El proyecto también permite minimizar la emisión de gases efecto invernadero liberados al ambiente, producidos por la permanencia y el comportamiento de vehículos que circulan en las vías.

Gracias a la recopilación de bases de datos y al mapeo de vehículos fue posible desarrollar un modelo matemático que permite predecir qué emisiones arrojarían esos vehículos en las autopistas o vías urbanas. “Con la información obtenida se generaron modelos predictivos y algoritmos para calcular los tiempos semafóricos, de manera que los vehículos de mayores emisiones estuvieran el menor tiempo posible en la red, dándole prioridad a vehículos de transporte público para reducir el impacto ambiental”, explica el magíster.

Al conocer los flujos de circulación de los diferentes tipos de vehículos y sus emisiones contaminantes, además de los controles semafóricos, es posible desarrollar y validar métodos y herramientas que permitan reducir emisiones mediante modelos numéricos y mecanismos de toma de decisiones, lo cual facilita una gestión eficiente del tráfico urbano, reduciendo los tiempos de viaje y espera.

Fuente: agenciadenoticias.unal.edu.co