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02 de octubre de 2018

Un equipo de investigadores de la UNAM campus Morelos desarrolló membranas capaces de retener hasta en 98 por ciento metales pesados presentes en el agua; estas nanofibras podrían ser una alternativa para garantizar agua purificada en escuelas, centros laborales, espacios públicos y hogares en zonas marginadas.

En México sólo 57 por ciento de las aguas residuales urbanas se someten a tratamiento, mientras que las no tratadas se vierten “crudas” en los cuerpos de agua o son reutilizadas para riego, según la “Agenda Ambiental 2018, Diagnóstico y Propuestas”, presentado por la Universidad Nacional.

Y aunque la decantación de sedimentos (reposo del agua) y la cloración en tanques de almacenamiento son los métodos más frecuentes para el saneamiento del líquido, éstos no contemplan la eliminación de metales pesados (arsénico, mercurio, plomo, cromo o cadmio) u otros compuestos nocivos. “Esta situación favorece el consumo de agua embotellada”, refirió Iván Camps Balabanov, investigador del Instituto de Ciencias Físicas (ICF).

Ante esta situación, el Grupo de Ciencia de Materiales del ICF desarrolla un proyecto de investigación liderado por Lorenzo Martínez y coordinado por Iván Camps, en el que se dieron a la tarea de crear unas membranas electrohiladas, que contienen nanopartículas activas de hierro (Fe) y níquel (Ni).

Electrohilado con hierro y níquel

Camps Balabanov explicó el proceso de creación: “Como si fueran hilos finos que se jalan de un carrete, los nanohilos son arrastrados desde la aguja de una jeringa, que contiene la suspensión polimérica, hacia una placa colectora en donde se acumula y finalmente forma la membrana electrohilada compuesta de nanofibras”.

La formación de estos nanohilos es inducida por un campo eléctrico generado por un potencial de alto voltaje: 30 mil voltios (para poner en perspectiva, los electrodomésticos requieren de 120 V), que al cabo de un par de horas formará una membrana de 10 centímetros cúbicos.

Para que la membrana retenga los metales pesados, los investigadores sintetizaron nanopartículas cerovalentes de hierro y níquel (característica que las hace extremadamente activas con otros metales), que se agregan a la solución polimérica antes del electrohilado.

En pruebas de laboratorio, los científicos observaron que suspendida en la superficie o sumergida en el agua contaminada, la nanofibra es capaz de retener altos niveles de cromo (100 partes por millón) en un primer ciclo. “En el laboratorio podemos controlar y cuantificar correctamente el contenido del contaminante, así como determinar con exactitud cuánto metal eliminamos”.

Iván Camps subrayó que esta nanotecnología, creada en el ICF, es una alternativa para la sanidad del agua en escuelas, centros de trabajo, espacios públicos y hogares. “Cumple con todos los lineamientos de la química sostenibe o 'química verde', que establece que la metodología de fabricación de nanopartículas y nanofibras no conlleven a la generación de subproductos difíciles de desechar o que puedan ser nocivos para el medio ambiente”.

En la fase final del proyecto, los expertos pretenden lograr un método simple que permita lavar y reusar las nanofibras, para maximizar su funcionalidad a mediano y largo plazos.

Boletín UNAM-DGCS-624/2018

BOGOTÁ D. C., 02 de octubre de 2018 — Agencia de Noticias UN-

Guanábana, azaí, fresa, banano, piña, mora y mango forman parte del catálogo de frutas que se venden en las presentaciones mencionadas a un costo de 4.500 pesos por empaque de 10 y 15 g, equivalentes a 100 y 150 g, respectivamente, ya que la mayor parte de la materia prima se adquiere directamente con algunos productores de Boyacá y Cundinamarca.

Disay Alivital es nombre de este emprendimiento que busca minimizar el desperdicio generado durante el proceso de producción, distribución y consumo de frutas tropicales, que en Colombia se estima en más de 10 millones de toneladas cada año.

La liofilización permite la ultraconservación de la fruta, por medio de un proceso en el que se somete a presión durante varias horas, de manera que el agua pasa de estado sólido a gaseoso, aunque el producto conserva su tamaño y solo basta agregar agua para que recupere su estado original.

“Aunque productos como mango, piña y uchuva tienen una alta demanda en el exterior, los trámites de exportación suelen ser muy complicados por la estricta regulación fitosanitaria y el costo que implica transportarlos”, explica la ingeniera agronómica Carolina Niño, de la Universidad Nacional de Colombia (U.N.), quien desarrolló la propuesta junto con Zaida Silva, quien cursa la misma carrera.

Gracias al proceso que se lleva a cabo en la planta que ambas han ido construyendo, así como al apoyo que les ha brindado la Unidad de Emprendimiento de la U.N., se ha logrado elaborar un producto que no requiere refrigeración y que tiene un año de vida útil.

“La Unidad de Emprendimiento ha sido muy útil para centrar la idea, puesto que al principio queríamos buscarle una alternativa a productos como las setas y allá insistieron en la necesidad de que nuestra propuesta tuviera un valor agregado”, subraya la ingeniera agronómica Niño.

Agrega que se trata de un emprendimiento familiar en el que mientras una de ellas desempeña la parte gerencial, la otra se ha especializado en ventas.

Del campo al exterior

Una vez las frutas son adquiridas se llevan a una planta en la que pasan por un proceso de desinfección con soluciones de hipoclorito y agua, para luego retirarles la cáscara, cortarlas en trozos y someterlas a ultracongelación: -40 oC durante 25 a 40 minutos, lo que posibilita la liofilización.

“El proceso de liofilización se realiza en una cámara; según la fruta se aplican presiones específicas durante 12 a 18 horas por cada tanda”, explica Zaida Silva, para quien si bien esta es una de las principales diferencias con otros procesos, no deja de ser más lento y costoso que llevarlo a un horno.

Dependiendo de cómo se va a vender finalmente el producto, la siguiente fase consistirá en empacarlo o llevarlo a una etapa de micropulverización para su posterior almacenamiento en forma hermética y en lugares en los que se preserven de la humedad y la contaminación.

En esta etapa del proyecto se está llevando a cabo un proceso que además cuenta con el apoyo de la Cámara de Comercio de Bogotá, para que el nuevo producto se pueda comercializar en tiendas y supermercados en la línea de alimentación saludable y orgánica.

Otra posible alternativa la conforman restaurantes vegetarianos y algunos eslabones de la cadena gastronómica que producen chocolates con rellenos especiales, pastelería y panificadoras.

Fuente: agenciadenoticias.unal.edu.co

02 de octubre de 2018

Mediante un modelo matemático de epidemiología espacial, investigadores del Instituto Politécnico Nacional (IPN) muestran que la violencia es un factor de riesgo ligado a los casos de rabia canina, sobre todo en zonas marginadas de alta peligrosidad en las que es imposible el acceso del sector salud para realizar campañas y aplicación de vacunas antirrábicas.

El trabajo realizado por la investigadora de la Escuela Superior de Medicina (ESM), Paola Zárate Segura, se enfocó a estudiar el caso de El Salvador, país que presenta dichos factores sociales y que permitió mostrar la relación de determinantes sociales como la violencia y la pobreza, con la vulnerabilidad para el desarrollo de la infección canina y, como consecuencia, el riesgo de diseminación en humanos.

En colaboración con el Laboratorio Estatal de Salud Pública del Estado de México (LESP), con el Ministerio de Salud de El Salvador (Minsal) y el Instituto Nacional de Salud de Perú (INS), la doctora Zárate Segura mencionó que aunque actualmente existe un reporte de aproximadamente 61 mil casos de rabia humana a nivel mundial, que tienen origen principalmente por mordedura de perros con rabia y dijo que cuando hay un caso es importante cortar la cadena para evitar que el problema crezca. Informó que en los últimos años en México no existen reportes de rabia humana.

Con el apoyo de los especialistas del LESP, Fernando Bastida González, y del INS de Perú, Sergio Recuenco Cabrera, así como de la estudiante de maestría en ciencias de la salud, Patricia Arias Orozco, la investigadora politécnica realizó el estudio, cuyo propósito es servir como guía para formular políticas públicas en el tema epidemiológico, el cual implementaría acciones más focalizadas y efectivas en aquellas regiones donde existen crisis social y rabia canina.

Indicó que como parte de la metodología se aplicaron análisis espacio temporal, además de censos caninos. Asimismo se identificaron áreas de riesgo de la rabia canina distribuidas en tres regiones principales del país, donde prevalecen significativos niveles de violencia y pobreza.

“En este estudio consideramos 10 años de datos de vigilancia epidemiológica de rabia canina en El Salvador y buscamos una asociación con niveles sociales, económicos, de violencia, índices de pobreza y analfabetismo”, agregó.

Consideró que la rabia canina no es riesgo exclusivo para El Salvador, también es una importante amenaza para la salud pública en países en desarrollo donde los factores sociales pueden afectar las medidas de control. Por ello, mencionó que el estudio se puede tomar como guía por otros países y a partir de él diseñar políticas públicas al respecto.

Zárate Segura señaló que actualmente no existe ningún tratamiento una vez que el virus de la rabia se encuentra a nivel del sistema nervioso central, por lo que el mejor tratamiento es lavar inmediatamente la herida después de la agresión de un animal que se sospeche que tenga rabia, aplicar inmunoglobulina humana y/o administrar la vacuna inmediatamente.

Precisó que aunque el periodo de incubación lo determinan factores como: el sistema inmune del individuo, la variante del virus, la profundidad y el sitio de la mordedura, es indispensable aplicar el cuadro profiláctico recomendado por la World Health Organization (WHO) para evitar la muerte por rabia.

Por tal circunstancia, y con el afán de ofrecer un tratamiento efectivo, apuntó que trabaja en el desarrollo de moléculas sintéticas con potencial terapéutico.

La especialista del IPN advirtió que los estudios los realiza en colaboración con otros países, pero aún falta camino por recorrer, pues han probado la efectividad de las moléculas en modelos animales y, hasta el momento, éstas tienen buena efectividad, sin embargo, continúan en esa línea de investigación, ya que pretenden obtener un producto con el mejor potencial terapéutico para el tratamiento del virus de la rabia.

Boletín IPN C-381/2018