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BOGOTÁ D. C., 20 de abril de 2021 — Agencia de Noticias UN-

Neoplasia es el término utilizado para nombrar la formación de un neoplasma o tumor, es decir cualquier crecimiento descontrolado de células o tejidos anormales en el organismo. Este puede ser benigno o maligno, y solo cuando es maligno es considerado como cáncer.

En ese sentido, investigadores de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) trabajan en el desarrollo de un péptido quimérico capaz de impedir el crecimiento de las células leucémicas, además de bloquear las señales del ambiente local que rodea una célula (microambiente) que favorecen su supervivencia y la resistencia a fármacos.

Así lo reporta el estudio más reciente del grupo de investigación Fisiología Celular y Molecular, de la Facultad de Medicina de la UNAL, liderado por el profesor Jean Paul Vernot y adelantado en colaboración con el grupo de Oncohematología Pediátrica de la Fundación Hospital Pediátrico la Misericordia (HOMI) en el marco de un proyecto financiado por Colciencias.

La estudiante Paola Fernanda Ruiz Aparicio, de la Maestría en Bioquímica, menciona que el grupo había adelantado antes evaluaciones con el péptido en al menos 7 líneas celulares leucémicas de diferentes tipos, lo que le permitió determinar que el tratamiento tuvo un porcentaje de inhibición de su crecimiento de entre 70 y 90 %.

Su investigación consistió en probar el péptido en cultivos primarios de células de pacientes con leucemia linfoide aguda de células B (LLA-B), considerando además el papel de las células madre mesenquimales como importantes mediadores en la supervivencia de las células leucémicas.

Para el estudio se trabajó con cerca de 40 muestras de pacientes entre los 0 y 16 años diagnosticados con esta enfermedad en el HOMI. “Gracias a ese trabajo colaborativo el material contenía una infiltración alta de células leucémicas en la médula ósea (alrededor del 90 %) con lo cual estábamos seguros de que hacíamos los ensayos funcionales sobre las células malignas”, menciona la estudiante Ruiz.

Un avance en el camino

La molécula desarrollada inhibe una enzima involucrada, tanto en el crecimiento de la célula leucémica como en el soporte que brindan las células del microambiente y que favorece su crecimiento. Es decir, con la misma herramienta se pueden atacar dos blancos terapéuticos: la célula leucémica y el soporte medular.

El profesor Vernot afirma que con “respecto a los mecanismos celulares y moleculares por los cuales el péptido está inhibiendo el crecimiento leucémico se evidenció que este es útil para una tercera parte de los pacientes con leucemia linfoide aguda tipo B, un 40 % tiene efectos intermedios, mientras que un último grupo no responde al péptido. Independientemente del resultado del efecto directo en las células leucémicas, todos los pacientes se vieron afectados por el efecto del péptido sobre el soporte”.

Los resultados se publicaron en International Journal of Molecular Science, revista científica de alto impacto.

Para el científico, el tratamiento con el péptido desreguló algunas moléculas importantes para la adhesión de las células leucémicas al soporte y aumentó la sensibilidad a los tratamientos con drogas convencionales. Así confirma que se puede considerar como una alternativa por su utilización solo o en combinación con otros tratamientos.

Mayor prevalencia en niños

La leucemia linfoide aguda B es la causa más frecuente de cáncer en los niños. En Colombia se reportan de 800 a 1.000 casos nuevos de leucemia por año, y de cada 100 casos de cáncer en la población humana, 98 se presentan en adultos y 2 en niños.

Pese a que la leucemia linfoide aguda tiene una tasa de curación cercana al 80 %, en gran parte por el uso de la quimioterapia como tratamiento principal, la comunidad médica sigue alerta por los efectos adversos asociados con esta forma de tratamiento.

En los últimos años se han dado avances importantes sobre todo en el diseño de terapias más dirigidas, en las cuales es crucial la caracterización de los pacientes para seleccionar un tratamiento específico.

En este sentido aparecen los péptidos como un viajero dirigido a un punto especial y de control importante en el crecimiento y la proliferación maligna de esas células.

Fuente: agenciadenoticias.unal.edu.co

17 de abril de 2021

Investigadoras de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Cuautitlán elaboran dos bebidas de origen vegetal a base de alimentos mexicanos con alto valor nutricional, las cuales representan una alternativa saludable ante el consumo de refrescos y líquidos lácteos.

Trabajamos con el rescate de insumos que se consumen poco o han sido desaprovechados porque se desconocen. Entre ellos están las cactáceas como el garambullo, un fruto conocido en las zonas semiáridas de México, como Hidalgo, Querétaro, Puebla, Guanajuato y San Luis Potosí.

Es nutritivo y puede ser una opción para el desarrollo de nuevos productos a partir de alimentos cultivados en México que se deben revalorizar, porque comienzan a desaparecer por su bajo consumo, afirmó María Andrea Trejo Márquez, titular del Laboratorio Postcosecha de Productos Vegetales en la FES Cuautitlán.

La académica y sus colaboradores llevaron a cabo un tratamiento para evitar la fermentación del garambullo, limpieza y desinfección, cuidando las propiedades nutricionales del fruto.

“El garambullo es una cactácea roja, rica en vitamina C y pigmentos como la betalaína. Es una fuente de compuestos polifenólicos y antioxidantes, por lo que es importante conservarla en temperatura baja, desinfectarla y hacer el proceso con la pulpa”, explicó.

Utilizando tecnologías como la ozonificación, por su poder bactericida y fungicida, la experta conserva sus propiedades nutricionales y combate los microorganismos patógenos.

Con la pulpa inocua se produce un refresco que se endulza con miel de agave (un edulcorante natural que ayuda al sistema inmunológico) y se conserva rico en antioxidantes y en vitamina C. “El garambullo tiene casi tanta vitamina C como una naranja”, señaló.

Esta bebida de color rojo se hace gaseosa con carbonato y ha mostrado éxito en las primeras pruebas de consumo realizadas en fase experimental.

Bebida vegetal de garbanzo

El garbanzo es una leguminosa de gran valor nutricional, cuya ingesta ayuda a combatir los altos niveles de colesterol, mejora la salud intestinal y es rico en proteínas. Además, brinda una sensación de saciedad y contribuye a una adecuada utilización y control de la glucosa.

Con este alimento, Selene Pascual Bustamante, colaboradora de Trejo Márquez y profesora de la FES Cuautitlán, desarrolla leche vegetal similar a las que existen en el mercado a base de almendras, coco o soya, las cuales tienen alta demanda.

“El mercado de bebidas vegetales se ha incrementado en los últimos años hasta en un 14 por ciento, tanto por las nuevas tendencias de consumo de personas vegetarianas o intolerantes a la lactosa, como por los que rechazan la leche de vaca. Es una alternativa de consumo que tiene un menor costo comparado con la soya”, resaltó.

El proceso consiste en realizar remojo del garbanzo (que se acelera de las 48 horas convencionales en la cocina tradicional a una hora con una tecnología de ultrasonido), extracción con agua y la segunda aplicación de ultrasonido como alternativa a la pasteurización térmica.

Posteriormente se efectúa la molienda, que con la mencionada tecnología logra una mayor absorción y extracción del compuesto. Gracias a este proceso, se logra que el producto no se sedimente tanto en la bebida ni se degrade el color, explicó Pascual Bustamante.

La investigación aplica tecnologías emergentes y limpias, como la ozonificación y el ultrasonido, las cuales contribuyen a mantener las características de los productos.

Ambos productos se encuentran en etapa de experimentación.

Boletín UNAM-DGCS-325/2021

BOGOTÁ D. C., 08 de abril de 2021 — Agencia de Noticias UN-

Cada año la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA) organiza esta competencia para fomentar la investigación y el desarrollo de nuevas tecnologías que sirvan para planificar misiones futuras.

En el reto participan equipos universitarios y colegios de todo el mundo. Este año por la pandemia por COVID-19 el protocolo cambió. Los aspirantes enviaron un documento a los organizadores presentando su iniciativa, y aquellas mejor estructuradas fueron seleccionadas para la competencia.

Así, dos equipos de universidades colombianas fueron escogidos para representar al país: uno de la Escuela Colombiana de Carreras Industriales (ECCI) y otro de la UNAL Sede Bogotá.

Ivon Carreño Malaver, estudiante de Diseño Industrial e integrante del proyecto, señala que el MIND es un equipo interdisciplinar, integrado en esta ocasión por estudiantes de las carreras de Ingeniería Mecánica y Mecatrónica, de Sistemas y Computación, de Diseño Industrial y de Diseño Gráfico.

El reto

El proyecto consiste en diseñar y construir un vehículo para exploración espacial impulsado por dos pilotos (hombre y mujer). Los equipos deben crear su propuesta desde cero. La regla es que todos los elementos deben ser elaborados por los participantes.

Después de construir el vehículo se realizará una prueba en un circuito, en la que el prototipo debe realizar una serie de tareas establecidas por la NASA y pasar obstáculos que simulen un escenario extraterrestre; el que lo haga en menos tiempo será el ganador.

Las categorías premiadas son: mejor diseño general, mejor documentación técnica, mejor equipo novato, mejor diseño de herramientas, divulgación STEAM (tecnología, ingeniería, artes y matemáticas) y manejo de redes sociales.

Hasta hoy 8 de abril los participantes se encuentran en la fase de fabricación física del vehículo; cuando terminen deben enviar videos y fotografías del proceso. La competencia termina el 16 de abril, y ese mismo día se conocerá el ganador.

Diseño elegante

El equipo MIND está construyendo un impulsador por pedales. El piloto frontal iría en una posición recumbente, es decir más o menos sentado, y se encargaría de controlar la dirección del vehículo. El piloto trasero iría en una posición similar a la de una bicicleta y operaría las herramientas de telemetría.

La estudiante Carreño menciona que “el diseño propuesto no se ha visto en otras ediciones del concurso; por ejemplo, es elegante y además no es tan plano”.

Además de la construcción del vehículo, la NASA les pide a los participantes hacer divulgación STEAM.

Con este propósito, los integrantes del semillero visitaron comunidades indígenas y colegios de Mitú (Vaupés) donde realizaron conferencias para impulsar y despertar el interés de los niños hacia la ciencia, el arte y la innovación; también han realizado conferencias virtuales.

El equipo está conformado por: Julián Santana, Fabián Gutiérrez, María Camila Sánchez y Gustavo Bonilla, de Ingeniería Mecánica; Daniel Felipe Zúñiga, de Ingeniería Mecatrónica; Brayan Hurtado, de Ingeniería de Sistemas y Computación; Camilo Granados, de Diseño Gráfico; Santiago Sánchez, de Diseño Industrial; y Steven Ibarra Pinchao, de la doble titulación en Diseño Industrial e Ingeniería Mecánica.

Fuente: agenciadenoticias.unal.edu.co

12 de abril de 2021

Dado que las terapias a base de luz tienen la capacidad de acelerar los procesos llevados a cabo en el interior de las células, un equipo multidisciplinario de la BUAP y del Instituto Nacional de Astrofísica, Óptica y Electrónica (INAOE) utiliza luz de baja potencia para mejorar el proceso de cicatrización de heridas en un modelo murino.

Los investigadores de la BUAP utilizaron luz roja, verde y azul para irradiar lesiones quirúrgicas en el dorso de un modelo animal y comparar sus efectos en la proliferación y diferenciación celular. A este tratamiento se le conoce como fototerapia o fotobioestimulación. De esta manera, observaron que la luz roja hace más rápido y eficiente el proceso de cicatrización de tejido; es decir, mejora la vascularización y arreglo de las células. Además, el tejido regenerado tiene una estructura similar al original, sin abultamientos y exceso de síntesis de colágeno.

Una herida aguda en modelo animal sana en aproximadamente 15 días, tiempo que es reducido hasta cinco días al utilizar la fotobioestimulación. Lo anterior, fue posible porque la luz participa en las dos primeras etapas de la cicatrización, conocidas como hemostasia y fase proliferativa. La primera consiste en la formación de un coágulo para tapar los vasos sanguíneos. En la segunda ocurre la señalización de células del sistema inmune (neutrófilos y macrófagos) para evitar infección; así como la proliferación de los fibroblastos, células que rellenarán el espacio de la lesión.

En otro experimento, tres diferentes fotosensibilizadores fueron utilizados en el tratamiento de heridas. Un fotosensibilizador es un colorante que se activa en presencia de luz, el cual fue administrado tópicamente sobre la herida para ser absorbido por el tejido. Posteriormente, fue expuesto a la luz a una determinada longitud de onda para producir especies reactivas de oxígeno que pueden inducir señalización celular. Al proceso que involucra un fotosensibilizador y luz se le conoce como terapia fotodinámica.

Generalmente, la terapia fotodinámica es utilizada en el tratamiento de ciertos tipos de cáncer y de infecciones virales, bacterianas y fúngicas. En cambio, los científicos de la BUAP son pioneros en emplear esta técnica en el área de regeneración de tejidos, debido a que las especies reactivas de oxígeno a bajas concentraciones están implicadas en la señalización celular, sobre todo en procesos claves como la proliferación y la diferenciación celular.

Los responsables del proyecto son los doctores Wendy A. García Suastegui y Juan Pablo Padilla Martínez, investigadores adscritos al Instituto de Ciencias (ICUAP). Esta investigación involucra a físicos, ópticos, biólogos y químico farmacobiólogos de la Máxima Casa de Estudios en Puebla y del INAOE. La contribución científica de esta última institución es el desarrollo y fabricación de dispositivos basados en LEDs (diodos emisores de luz) a longitudes de onda específicas.

Derivado de este esfuerzo se generaron cuatro tesis de licenciatura y una de maestría. Asimismo, el trabajo se presentó en distintos foros académicos como el Congreso Nacional de Tecnología Aplicada a Ciencias de la Salud, en el que obtuvo el segundo en 2018 y el tercer lugar en 2019. Igualmente, en 2019 logró el primer lugar en el XIII Congreso Internacional de la Asociación Mexicana para el Cuidado Integral y Cicatrización de Heridas A.C.

Fase experimental

Para la realización de las pruebas, los investigadores utilizan un modelo animal murino semialopécico (sin pelo y cuya piel se asemeja a la humana), al que inducen una herida quirúrgica circular de un centímetro de diámetro para eliminar la capa superficial y profunda de la piel (epidermis y dermis). Posteriormente, irradian la herida con luz a una determinada longitud de onda (color) por alrededor de cinco minutos, para provocar un estímulo en el tejido. Tanto la fotobioestimulación como la terapia fotodinámica, fueron aplicadas en el día de la lesión y a los dos días posteriores, informa el doctor Juan Pablo Padilla Martínez.

“La luz puede activar procesos metabólicos, como la respiración celular sintetizando una mayor cantidad de energía en forma de ATP. Este aumento en la cantidad de energía de la célula favorece la proliferación y diferenciación celular, los cuales son de suma importancia en la cicatrización”, detalla la doctora Wendy García Suastegui, del Departamento de Biología y Toxicología de la Reproducción del ICUAP.

Para observar la regeneración del tejido se tuvo un grupo control sin tratamiento y tres grupos tratados con distintas longitudes de onda: luz roja, verde y azul. “Hicimos un análisis histológico del proceso de cicatrización tomando biopsias de las heridas en días clave posteriores a la lesión”.

García Suastegui, integrante del Cuerpo Académico 90 “Biología y Toxicología de la Reproducción”, destaca que los animales tratados específicamente con luz roja tuvieron un proceso de cicatrización más rápido y eficiente. “Observamos mayor diferenciación y que la matriz extracelular tenía una estructura más compleja y con componentes más diversos; es decir, mejor vascularización y organización de las células”.

La luz activa las moléculas de las células

El doctor Juan Pablo Padilla Martínez, adscrito al Centro de Investigación en Fisicoquímica de Materiales del ICUAP, indica que la luz roja tiene una longitud de onda de 633 nanómetros, la luz verde de 532 y la luz azul de 470 nanómetros. Dependiendo de la longitud de onda, la luz penetra el tejido a cierta profundidad. “Entre más corta sea la longitud de onda, la luz tiene menor profundidad de penetración, y viceversa, entre más grande sea la longitud de onda, la luz tiene mayor profundidad de penetración”.

Debido a lo anterior, la luz roja e infrarroja son las longitudes de onda más empleadas en la terapia fotodinámica y la fotobioestimulación, ya que pueden activar fotosensibilizadores o moléculas fotorreceptoras ubicadas a una mayor profundidad dentro del tejido.

Las condiciones óptimas de densidad de energía (cantidad de energía óptica suministrada a la herida, en una cierta área por un determinado tiempo) y de concentración del fotosensibilizador fueron seleccionados a partir de una prueba piloto, señala Padilla Martínez, miembro del Cuerpo Académico 91 “Fisicoquímica de Materiales”.

Cada molécula celular tiene la capacidad de responder a un estímulo luminoso diferente. La diferencia radica en la longitud de onda utilizada para activar distintas moléculas fotorreceptoras o estructuras celulares. “De acuerdo a la literatura, la luz roja activa el complejo 5 (ATP sintetasa) de la cadena respiratoria mitocondrial; los complejos 3 y 4 absorben en el espectro de la luz verde; mientras los complejos 1 y 2 absorben en el espectro azul”, explica la doctora Wendy García Suastegui.

Los académicos del ICUAP están convencidos de que la luz puede emplearse para desarrollar técnicas novedosas y de bajo costo en el tratamiento de heridas, quemaduras o úlceras crónicas, padecimientos que afligen a una gran cantidad de pacientes en los hospitales.

Fuente: buap.mx

BOGOTÁ D. C., 03 de abril de 2021 — Agencia de Noticias UN-

Así lo da a conocer el estudio realizado por el ingeniero civil Christian Orlando Enciso Suárez, candidato a magíster en Ingeniería – Geotecnia de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Bogotá, quien señala que su investigación abarcó dos problemáticas.

La primera es el poco mantenimiento y las malas condiciones de las vías terciarias o de bajo tránsito en Colombia, las cuales representan casi el 70 % de la red vial nacional, que tiene alrededor de 210.000 km.

Otra dificultad es que en el país se explota material pétreo o virgen (material de cantera que se extrae de las montañas), por lo que cada vez es más escaso, y de ahí nace la necesidad de estudiar materiales que se puedan reciclar y utilizar en ese tipo de vías.

En el estudio se reutilizó el RAP, que es el pavimento asfáltico más empleado en el medio para las vías. “Ese material se diseña para cierta vida útil, y cuando esta termina se tiene que reemplazar por uno nuevo, y el material viejo pasa por un proceso de trituración para ser reutilizado”, explica el ingeniero Enciso.

Inclusión de llantas usadas

En el proyecto de investigación –dirigido por la profesora Gloria Inés Beltrán Calvo, de la UNAL Sede Bogotá–, además del RAP se incluyeron llantas usadas como complemento, entendiendo que estas constituyen otra importante problemática en el país.

Según datos de la Cámara de Comercio de Bogotá, el 72 % de las llantas utilizadas son las que dejan las personas en el sitio de cambio; el 12 % son arrojadas en la calle u otras zonas, donde se convierten en foco de proliferación de insectos y roedores, y el otro porcentaje las utilizan para reencauchar.

En muchas ocasiones la disposición final que se les da son las quemas a cielo abierto, lo que “es terrible porque contienen caucho, acero y libera humo negro, entre otros contaminantes”, señala el ingeniero Enciso.

Resalta además que aunque ya se han hecho trabajos de aprovechamiento de llantas en vías, por lo general estas se muelen y se utiliza menos del 1 % de la llanta. En su estudio, en cambio, usó el volumen total de la llanta (solo retiró la tapa de uno de los costados), la rellenó de material y la colocó en un tramo vial experimental.

Una alternativa

La investigación concluyó que la reutilización de llantas como sistema de confinamiento fue bastante satisfactoria: en comparación con otro tramo de prueba sin llanta, se obtuvo que el tramo con llanta aumentó la capacidad de soporte en 50 %. Además el material RAP tiene un potencial drenante para construir vías.

Así mismo evidenció que –según las especificaciones del Instituto de Desarrollo Urbano (IDU) y del Instituto Nacional de Vías (Invías)– este “módulo confinado” de llanta y RAP se puede utilizar como capa de base inferior granular en vías de medios y altos volúmenes o como rodadura en vías terciarias.

Mostró además que el proceso de construcción es rápido y práctico, solo se necesitan dos personas, herramienta menor y un equipo de compactación.

Este trabajo fue realizado dentro del Grupo de Investigación en Geotecnia (GIGUN) y el Semillero de Investigación en Materiales de Carretera (SIMCA); estuvo apoyado por los Laboratorios de Geotecnia y de Estructuras de la Facultad de Ingeniería de la UNAL Sede Bogotá y fue financiado por la Dirección de Investigación y Extensión de la Institución.

Entre las fases desarrolladas, primero estuvo el diseño, la planeación y ejecución experimental, que se dio en pruebas de laboratorio. Después se diseñó y construyó un modelo físico que incluyó varios sectores de prueba con y sin inclusión de llantas. Con esto, el proyecto se llevó a una escala real en una vía no pavimentada dentro del campus de la Universidad.

Luego hubo una fase de determinación de parámetros de desempeño a partir de los sectores de prueba, y por último se planteó una alternativa constructiva a partir de estos ensayos.

Este proyecto participó en la Primera Rueda de Innovación y Sostenibilidad del Invías. Después de quedar preseleccionado, se envió una propuesta preliminar del protocolo del proceso constructivo, fase en la que se encuentra actualmente.

Fuente: agenciadenoticias.unal.edu.co
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