Noticias Universitaria
Minuto a Minuto

RADIO Sabersinfin.com

 

 

 

16 de octubre de 2019

Los cinco sismos severos ocurridos en la Ciudad de México a partir de 1900 han servido para incrementar la investigación, la normatividad y la práctica del diseño sísmico de los edificios, afirmó Roberto Meli Piralla, doctor honoris causa por la UNAM.

En la conferencia magistral “Efectos de los sismos del último siglo en la Ciudad de México”, en el auditorio Javier Barros Sierra de la Facultad de Ingeniería (FI), Meli enumeró los de 1911, 1957, 1979, 1985 y 2017, que causaron daños de consideración.

El también investigador emérito del Instituto de Ingeniería (II) recordó que el 7 de junio de 1911 aconteció el llamado sismo de Madero, pues coincidió con la llegada de Francisco I. Madero a la capital. Aunque su magnitud y epicentro no están claramente definidos, en la CdMx causó 35 pérdidas humanas y daños materiales en edificios públicos, escuelas, en el cuartel militar de la Rivera de San Cosme y en el Templo de la Profesa, en el centro histórico.

“Entonces no se contaba con los requisitos de seguridad sísmica en el reglamento de las construcciones. Sin embargo, había ingenieros capaces”.

Sismo del Ángel, impulso a la ingeniería

El 28 de julio de 1957, a las 2:40 horas y epicentro en las costas de Guerrero, ocurrió el llamado sismo del Ángel, pues hizo caer al suelo la escultura central de la Columna de la Independencia, relató el académico, quien ha obtenido el Premio Nacional de Ciencias y Artes en el área de Tecnología y Diseño, y el Premio Universidad Nacional en el área de Innovación Tecnológica.

En esta urbe tuvo graves efectos y pérdidas estimadas en 160 millones de dólares de la época. “Causó más de 50 muertes y tuvo un daño mayor en la Ciudad de México que en la zona epicentral. El reglamento de construcciones de 1940 incluía reglas simplistas para considerar los efectos sísmicos en las edificaciones”, consideró.

La ingeniería sísmica tuvo un impulso después de aquel temblor. El Instituto de Ingeniería se había creado un año antes, en 1956, y el posgrado en Ingeniería se concentró en ingeniería sísmica.

El reglamento de construcciones de 1940 pedía una revisión de la capacidad de resistir una fuerza lateral igual a cuatro por ciento del peso del edificio.

“En 1960 apareció el Folleto complementario como ayuda para la comprensión de la norma y el empleo de los métodos de diseño, particularmente en el comportamiento dinámico de las estructuras. En 1961 se creó la Sociedad Mexicana de ingeniería Sísmica, que contribuyó a la divulgación de las nuevas técnicas. “La normativa se fue haciendo más racional y estricta, sobre todo en la versión correspondiente al reglamento de 1978, que adoptó el formato de estados límite”, comentó.

El 14 de marzo de 1979 sucedió el llamado sismo de la Ibero, porque colapsaron algunos de los edificios de la Universidad Iberoamericana.

Causó afectaciones en Acapulco, Zihuatanejo, Ixtapa y Lázaro Cárdenas, principalmente en construcciones de adobe.

Sismo de 1985, con más daños

El 19 de septiembre de 1985 sucedió el sismo de magnitud 8.1, con epicentro en las costas de Guerrero y Michoacán. Oficialmente hubo cuatro mil 500 muertos, pero las cifras extraoficiales llegaron hasta 20 mil fallecidos.

Meli recordó que entonces ocho estaciones registraron el movimiento del terreno en el Valle de México. Hubo grandes amplificaciones de la aceleración en áreas con suelo blando, característico de la zona centro de la capital. También hubo un movimiento monocromático, con frecuencia igual a la del modo fundamental de suelo y larga duración de la fase intensa.

No había experiencias previas de un desastre de ese tamaño, lo que retardó las reacciones, el rescate de víctimas, la revisión de la habitabilidad de los edificios dañados y la reinstalación de los servicios de agua y telecomunicaciones, además de propiciar la insuficiencia de alojamientos de emergencia, subrayó.

Los grupos organizados por el Instituto de Ingeniería para la evaluación de daños hicieron levantamientos de daños de los edificios, zonificación de 15 zonas dañadas y organización de brigadas para cada una, con un formato único.

El mismo 19 de septiembre, pero de 2017, ocurrió un sismo magnitud 7.1 en los límites entre Morelos y Puebla.

Fue un evento de falla normal con epicentro en Axochiapan, Morelos. Aunque sismos de este tipo y magnitud han sido frecuentes en la zona de Puebla, Morelos y Guerrero, por ser el epicentro más al norte de lo habitual, ha sido el primero de falla normal que ha causado daños en la Ciudad de México, explicó Meli.

El experto señaló que los daños de este temblor se han concentrado especialmente en las construcciones religiosas de los estados cercanos al epicentro, afectando tanto templos del siglo XVI como construcciones más modernas.

En sus conclusiones, dijo que la mayoría de las estructuras colapsadas y dañadas son antes de 1985, con el 90 por ciento de los daños en edificios de menos de ocho niveles. “El 51 por ciento de las estructuras mostraron haber tenido problemas del suelo o cimentación, mientras que los daños principales han ocurrido en muros de relleno o de fachada y columnas de concreto”.

Boletín UNAM-DGCS-732/2019

16 de octubre de 2019

Con la finalidad de crear biomateriales que puedan utilizarse para la recuperación física de las personas, un grupo multidisciplinario de investigadores de las facultades de Ingeniería Química (FIQ), Medicina y Ciencias Químicas (FCQ) de la BUAP creó unas prótesis compuestas que tienen la función de reparar en su totalidad fracturas o imperfecciones de los huesos largos.

Marco Antonio Morales Sánchez, investigador de la FIQ y responsable de este proyecto, explicó que generalmente “los defectos provocados en los huesos por accidentes o enfermedades, como osteoporosis o cáncer, son tratados con prótesis de titanio, cuyo costo va de 10 mil hasta 30 mil pesos, y el de la cirugía más de 80 mil pesos; aunado a esto el mismo cuerpo las absorbe, por lo que el paciente tiene que tomar medicamento para evitar un envenenamiento por metales”.

Por ello, en este trabajo se buscó recrear la forma de los huesos a través de modelos de computadora, para que esos moldes fueran impresos en 3D en biopolímeros que pueden ser absorbidos por el cuerpo humano, como el ácido poliláctico (PLA), utilizado como hilo para las suturas en cirugía.

Una vez que estos andamios fueron impresos se recubrieron con calcio, lo que dio como resultado un material compuesto o mixto, el cual fue probado en ratas y sometido a un análisis dentro del tomógrafo computarizado industrial del Centro Avanzado de Pruebas Analíticas no Destructivas de la BUAP.

“Gracias a los datos y medidas cuantitativas que arrojó el tomógrafo comprobamos que la composición del material tiene una gran similitud a la de un hueso real, también corroboramos que el calcio está bien pegado al biopolímero, además de que el tamaño de los poros se encontraba en un rango de 400 a 600 micras, algo que no había sido explorado anteriormente en procesos biológicos para la reconstrucción de huesos”, señaló el investigador.

Una vez que la prótesis fue implementada en los animales se realizó la primera prueba con el tomógrafo, donde las imágenes mostraron una notable diferencia entre el biomaterial y el hueso; sin embargo, en la segunda prueba, realizada 28 días después, ya no se notaba la diferencia entre la prótesis y este.   

Por su parte, Jorge Cerna Cortez, director de la FCQ, unidad académica responsable del centro, señaló que gracias a la tecnología con la que cuentan fue posible un seguimiento de la recuperación de los huesos de los ratones, sin la necesidad de sacrificarlos o de hacer cirugía en cada prueba, de tal forma que el animal era introducido en el tomógrafo para ser escaneado, a una baja intensidad de rayos x, para comprobar el grado de regeneración.

Con este proyecto desarrollado por los investigadores será posible fabricar prótesis que tengan la cualidad de volverse parte de los huesos, sin complicaciones futuras, además de regenerarlos, y que estén a un precio accesible para la gente que las necesite. 

Los primeros resultados sobre este trabajo, basados en las pruebas de resistencia de las prótesis en un cuerpo, fueron plasmados en el artículo Polylactic acid/sodium alginate/hydroxyapatite composite scaffolds with trabecular tissue morphology designed by a bone remodeling model using 3D printing, que recientemente fue publicado en el volumen 54, de la revista Journal of Material Science.

Los investigadores planean escribir un segundo artículo en el que se muestren los resultados de los análisis obtenidos con el tomógrafo, acerca de la fusión de la prótesis con el hueso.

Marco Antonio Morales Sánchez, doctor en Física Aplicada por la Facultad de Ciencias Físico Matemáticas de la BUAP, señaló que el siguiente paso es crear implantes que puedan ser probados en personas que han sufrido accidentes en los que sus huesos han quedado severamente dañados, con la intención de que puedan recuperar la movilidad.

El proyecto ya cuenta con un registro de solicitud de patente ante el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial. Gracias a este, en 2017 ganaron el Premio Nacional de Ingeniería.   

Fuente: buap.mx

BOGOTÁ D. C., 15 de octubre de 2019 — Agencia de Noticias UN-

El nombre científico de este insecto es Spodoptera frugiperda, una plaga de gran importancia económica en Colombia debido a que llega a causar pérdidas de hasta el 35 % en los cultivos de maíz y en porcentajes menores en los de arroz, caña de azúcar, sorgo y algodón.

Esta situación llamó la atención de Daniela Alejandra Álvarez Yepes, magíster en Ciencias - Química de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Medellín, quien evaluó la capacidad controladora que podrían tener los árboles Swietenia macrophyllaSwietenia mahagoni (caobas) y Carapa guianensis (andiroba) sobre los biotipos –o razas– que existen de Spodoptera frugiperda y que atacan los cultivos de arroz y maíz.

La investigación sobre los árboles mencionados, que se pueden encontrar en el campus de la UNAL Sede Medellín, fue dirigida por las profesoras Tatiana Lobo Echeverri y Clara Inés Saldamando Benjumea.

El insecto, denominado gusano cogollero de maíz, porque se alimenta principalmente de esta planta, presenta además diferencias en su susceptibilidad a insecticidas como lambdacialotrina y metomil y a componentes producidos por la bacteria Bacillus thuringiensis, generalmente usados para su control; en estos casos, el biotipo de arroz es más resistente a los insecticidas, y el del maíz al microorganismo.

Esta diferencia en susceptibilidad representa un problema si se tiene en cuenta que ambos biotipos han adquirido resistencia a insecticidas sintéticos –que representan además un riesgo para el ambiente y la salud– y a plantas transgénicas.

Ensayos de laboratorio

El estudio de la magíster partió de la recolección de hojas y tallos de las ramas más jóvenes de estos tres arboles maderables, material que se secó y se llevó al laboratorio para obtener sus extractos en un proceso en el que se sumergen en alcohol y luego se evapora esta solución que se vuelve una especie de pasta.

Los extractos de las tres plantas se evaluaron en dos ensayos: uno para comprobar si podían matar al insecto (insecticida), y el otro sobre cómo se puede evitar que el animal se alimente de la planta al identificar la presencia del compuesto o, si lo come, generar retrasos en su desarrollo a pupa y a polilla (antialimentarios).

Como el propósito también era ver si entre las dos razas o biotipos se presentaban respuestas diferentes a los extractos, los tres se evaluaron tanto en el del arroz como en el del maíz. Esto se complementó con la evaluación química de las moléculas involucradas en los procesos para combatir la plaga.

De las tres plantas se encontró que las fracciones de diclorometano de los tallos de C. guianensis y de S. macrophylla tuvieron mayores efectos sobre el insecto; la última resultó más exitosa. En el biotipo de arroz, la mortalidad en las larvas fue mayor, con efectos sutiles sobre el ciclo de vida del insecto. Por el contrario, el biotipo de maíz vivió hasta seis días más que los controles cuando se alimentó de las diferentes muestras de S. macrophylla, tanto de hojas como de tallos.

Pero en la actividad antialimentaria, ni C. guianensis ni S. mahagoni tuvieron efectos significativos, mientras que S. macrophylla tuvo un efecto moderado sobre ambas plantas.

Los resultados implican que hay una actividad diferenciada de los extractos de la caoba y la andiroba sobre los dos biotipos, que se podrían implementar en el desarrollo de otras herramientas de control de este insecto que por ser selectivas pueden ser menos nocivas para otros organismos benéficos, como mariposas y abejas, que cohabitan con el gusano cogollero.

Fuente: agenciadenoticias.unal.edu.co

15 de octubre de 2019

Alrededor del 80 por ciento de las infecciones graves ocurren en menores de dos años. En México, a partir de la vacunación obligatoria, disminuyeron significativamente los casos de enfermedades prevenibles, como polio, sarampión y viruela. No obstante, Haemophilus influenzae continúa siendo un patógeno de infecciones en edades pediátricas, como otitis, sinusitis, conjuntivitis, bronquitis y meningitis.

A pesar de la existencia de una vacuna contra el mismo, el antígeno solo protege contra el serotipo b. Es así como Alejandro Carabarin Lima, profesor investigador del Instituto de Ciencias de la BUAP (ICUAP), incursiona en el desarrollo de una vacuna para proteger a los infantes de este organismo comensal, tanto de cepas capsuladas como no capsuladas, que se encuentra en el tracto respiratorio de los humanos.

Desde 1931 se conocen seis serotipos capsulares, a, b, c, d, e y f. La cápsula evita el reconocimiento de la bacteria por el sistema inmune, por lo que este tipo representa el mayor factor de virulencia, causando enfermedades sistémicas, como presencia de bacterias en la sangre y septicemia (complicación de una infección). Además, hay serotipos no capsulados que provocan enfermedades localizadas; sin embargo, en años recientes se ha demostrado que H. influenzae no capsulado también produce infecciones sistémicas.

Ante la duda de cómo este patógeno no capsulado evade la respuesta inmune para llegar al torrente sanguíneo, el nivel I del Sistema Nacional de Investigadores propuso que este bacilo podría utilizar a una proteína denominada enolasa, para adherirse, invadir y diseminarse en el organismo.

“Observando la respuesta que tiene la enolasa en Trypanosoma cruzi (parásito que desencadena la enfermedad de Chagas), buscamos si esta misma enzima tendría una participación similar en la patogénesis de H. influenzae”.

Desde hace tres años y en colaboración con la doctora Rosa del Carmen Rocha Gracia, del Centro de Investigaciones en Ciencias Microbiológicas del ICUAP, Carabarin Lima indaga en el desarrollo de una vacuna eficaz contra los serotipos capsulados y no capsulados de Haemophilus influenzae.

A partir de ADN de la bacteria, el gen que codifica a la proteína enolasa se clonó, expresó, purificó y se realizaron ensayos para observar su probable respuesta inmune. “Las pruebas in silico (por computadora) demostraron que esta proteína presenta regiones que podrían ser reconocidas por el sistema inmunitario (linfocitos T y B), llamadas epítopes, para generar una respuesta humoral y celular”.

Este mismo resultado se está comprobando experimentalmente en modelos animales (murinos). El siguiente paso será probar la efectividad de la vacuna contra los diferentes serotipos.

El desarrollo de un antígeno implica una fuerte inversión económica, ya que se trabaja biología molecular e inmunología en modelos animales. Asimismo, la obtención de resultados es un proceso lento que depende del comportamiento de los ejemplares.

“Estamos en la fase inicial de la investigación. Tenemos que caracterizar totalmente la respuesta inmune y validar las poblaciones celulares que se generan, así como las citocinas inducidas (proteínas que regulan la función de las células que las producen sobre otros tipos celulares). Lo anterior, conllevará a conocer el mecanismo de protección inmunológico generado por la vacuna”, expuso Alejandro Carabarin Lima, integrante del Cuerpo Académico BUAP-CA-98 “Interacción Microorganismo Hospedero”.

Fuente: buap.mx

14 de octubre de 2019

En México, más de un millón de personas padecen la enfermedad de Chagas, que afecta principalmente al corazón y las neuronas. Es una afección silenciosa y desatendida, ligada a la pobreza y a las viviendas sin piso firme.

En nuestro país se registra en Veracruz, Oaxaca, Chiapas, Yucatán, Morelos y el Estado de México. Actualmente afecta a 21 países de América Latina y en el mundo hay entre seis y siete millones de personas infectadas, 100 millones están en riesgo y por su causa ocurren 12 mil muertes al año, señalaron especialistas de la UNAM y de la Secretaría de Salud.

Ocasionada por el parásito Trypanosoma cruzi, que llega al torrente sanguíneo mediante la picadura de la chinche besucona, puede expresarse después de 10 o 20 años de ocurrida la picadura, y causa insuficiencia cardiaca.

En conferencia de medios en la Facultad de Medicina (FM), a propósito de la conmemoración de los 110 años del descubrimiento de esta afección, Margarita Cabrera Bravo, coordinadora de Ciencias Básicas de la FM, destacó que este padecimiento ocurre en 21 países de América Latina, con mayor frecuencia en Argentina, Brasil y México.

Corazón y neuronas

En el auditorio Fernando Ocaranza, Paz María Salazar Schettino, jefa del Departamento de Microbiología y Parasitología de la FM y quien encabeza un grupo de trabajo con más de 50 años de labor en el área, comentó que el parásito puede invadir cualquier célula de nuestro cuerpo, excepto el eritrocito (célula sanguínea), “pero tiene predilección por dos tipos de células importantes: el músculo y la neurona”.

En el corazón el parásito destruye las neuronas del haz de His, una formación intracardiaca consistente en un fino cordón de naturaleza muscular que forma parte del sistema de conducción del corazón. “Esto ocasiona alteraciones del ritmo cardiaco”, explicó.

Cuando afecta al músculo, llega a producir un adelgazamiento del ventrículo izquierdo, produciendo un aneurisma, y puede provocar la muerte.

Respecto a las manifestaciones clínicas, Salazar indicó que éstas son disnea (ahogo o dificultad para respirar), taquicardia y palpitaciones. Para el tratamiento antiparasitario específico solamente existen dos fármacos, ambos con efectos tóxicos.

La universitaria recomendó controlar las chinches al interior de las casas mediante el mejoramiento de la vivienda (especialmente piso firme), educación para la salud y empleo de insecticidas.

Para las especies que viven fuera de las casas pueden usarse mosquiteros y mallas en puertas y ventanas, y tener control biológico.

Por último, Yurika Manuel Valencia, del Centro Nacional de Programas Preventivos y Control de Enfermedades, de la Secretaría de Salud, señaló que a 110 años de su descubrimiento, la enfermedad de Chagas es considerada la parasitosis más grande de América Latina.

En el país se han identificado 39 especies vectores, y por lo menos 21 de ellas se han encontrado infectadas con el parásito Trypanosoma cruzi. “Las condiciones de la vivienda en muchas áreas del país favorecen la presencia del transmisor y el riesgo de adquirir la enfermedad”.

Actualmente, explicó, la Secretaría de Salud tiene en marcha el Programa de Acción Específico para la Vigilancia, Prevención y Control de la Enfermedad de Chagas, que incluye una visión de control integrado.

Contempla dos tratamientos para eliminar al parásito y disminuir la probabilidad de desarrollar complicaciones crónicas, así como contribuir a la interrupción de la cadena de transmisión.

En los últimos seis años, la Secretaría de Salud ha otorgado el tratamiento a unos dos mil pacientes, que representan el 41 por ciento del total de casos notificados en el mismo periodo, concluyó.

Boletín UNAM-DGCS-718/2019

  1. Facebook
  2. Twitter
next
prev
next
prev

Hay 586 invitados y un miembro en línea

  • Mino DBlanc