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BOGOTÁ D. C., 06 de julio de 2020 — Agencia de Noticias UN-

Así lo afirma Yuliana Andrea Agudelo Montoya, magíster en Estudios Políticos, quien con la guía del profesor Édgar Ramírez, de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Medellín, delinearon varias características del movimiento Anonymous, a partir de un estudio de caso del movimiento vislumbrado en el nodo (o célula) Anonop, en el trabajo de tesis denominado “Análisis del cibermovimiento Anonymous, estudio de caso”.

“La manera disruptiva utilizada por el movimiento, con la cual visibilizan problemas, atacan a los posibles causantes o creadores de una coyuntura –especialmente de violaciones a derechos humanos– apuntan al objetivo de una manera transgresora llamando la atención de la opinión pública y se alimentan de ella”, afirma la magíster Agudelo.

En su trabajo, destaca que se trata de “una estructura que se asemeja a un panal de abejas, por fuera puede parecer caótica, pero con un corte sagital (plano medio) se pueden ver sus estructuras y divisiones internas que permiten entender su funcionamiento”.

Este colectivo virtual trasciende la territorialización (vínculo específico creado por la conexión con un territorio) de muchos movimientos políticos y sociales, lo que le da una visibilidad internacional, que además es aprovechada por la estructura horizontal del movimiento que, aunque desterritorializado, está ligado al espacio virtual en el que actúa. Cuenta con la aprobación de muchos al mismo tiempo, mientras que otros los ven como un grupo que atenta contra la seguridad informática.

Un movimiento descentralizado

El estudio demostró que las estructuras de organización y accionar tradicionales, caracterizadas por la rigidez y centralización, quedan atrás cuando se sumergen en este ecosistema virtual, abriendo oportunidades de liderazgo interno, además de la rápida proliferación de sus objetivos y acciones que le permite alcanzar con mayor facilidad el nivel internacional a través del hacktivismo.

Estableciendo contacto con miembros activos de Anonymous que trabajan conjuntamente en Anonops y utilizando diversas metodologías de investigación, la magíster Agudelo pudo comprender con mayor claridad el modus operandi y la organización que, por lo general, se forma sin premeditación y más bien con mucho pragmatismo, atendiendo a las condiciones y al contexto inmediato.

“Debido a la naturaleza del fenómeno, se hizo una aproximación desde diferentes metodologías para dar una mirada más amplia al mundo hermético de esta organización”, agrega la magíster Agudelo.

En el desarrollo del estudio se usaron varias fuentes, literatura de la profesora Gabrielle Coleman –el proceso evolutivo del movimiento–, entrevistas, observación de dinámicas asequibles y herramientas de internet, con el fin de realizar una triangulación de la información que permitiera robustecer esta aproximación desde las ciencias sociales.

Pese a que estos grupos nacieron como agregados, carentes de líderes, voceros, estructuras jerárquicas y descentralización, las circunstancias los han hecho actuar bajo otra dinámica: se trazan algunos esquemas de jerarquía y autoridad que ostentan unos cuantos miembros, quienes por condiciones específicas son fichas fundamentales dentro del colectivo y en el desarrollo de las maniobras, por factores como alcance y conocimiento técnico.

“Las circunstancias externas también son determinantes en el comportamiento del grupo en materia de estructura y organización, en la medida en que se deben ajustar internamente para evitar los peligros legales que sus actividades suponen o las amenazas a sus repertorios de acción”, explica.

Mil caras bajo una sola máscara

Además de Anonymous –y el rostro de Guy Fawkes– que es la marca global del movimiento y de quienes parten las bases ideológicas de la comunidad, existen otros portales –o nodos– como Anonops (estudio de caso), que a través de una interfaz sencilla ofrece numerosas opciones para los miembros y usuarios que ingresen a ella, sin dejar a un lado sus propósitos arraigados de trabajar y luchar por los derechos y por el principio en el que creen: la libertad de expresión.

Si bien bajo ciertas circunstancias se cae la imagen de estructura horizontal, se mantiene a toda costa la internacionalización de ciertos objetivos, y más que eso, la desterritorialización de la lucha y el accionar.

Ya no hay enfrentamientos directos en una latitud física, sino que las operaciones y misiones tienen lugar en un espacio abstracto en el que todos pueden ser actores, perpetradores o víctimas.

Fuente: agenciadenoticias.unal.edu.co

06 de julio de 2020

De las aproximadamente 40 especies de coral que habitan en el Caribe mexicano, más de la mitad están afectadas por el síndrome blanco, enfermedad producida por patógenos que no se han identificado plenamente y que ha causado la pérdida de más del 90 por ciento de las poblaciones en algunas clases, como el de pilar o laberinto, alertó Lorenzo Álvarez Filip, del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología (ICML) de la UNAM.

El investigador de la Unidad Académica de Sistemas Arrecifales explicó que es tan devastadora, que podría acabar con corales y sistemas arrecifales, lo que impactaría severamente a familias marinas asociadas, y a servicios ambientales clave que brindan, como ser una barrera natural contra huracanes y la energía del oleaje. Este padecimiento, dijo, “vino a cambiar la integridad ecológica y física del Caribe mexicano”.

El síndrome blanco provoca la muerte de pólipos coralinos (tejido vivo de las colonias) y deja expuesto los esqueletos, creando el efecto de manchas blancas que rápidamente avanzan por toda la colonia, hasta matarla por completo en unas pocas semanas. Se ha visto que puede moverse de un coral a otro mediante el agua, lo que la hace muy contagiosa y letal, detalló.

De acuerdo con una investigación del universitario y su equipo, hay factores que empeoran la calidad del agua marina, como el aporte de contaminantes y el incremento en la temperatura, lo que expone a los corales a más estrés y aumenta sus probabilidades de enfermar.

Los primeros registros de esta afección son en Florida, Estados Unidos (2014), donde muchas colonias de distintas especies murieron rápidamente, y en cinco años se extendió a lo largo de sus costas. Para 2018, en México comenzó a notarse este fenómeno en Puerto Morelos, en Yucatán.

Se cree que los barcos de carga y cruceros turísticos pudieron ser un posible medio de propagación entre países, pues llenan sus cisternas en un puerto y cuando arriban a otro sueltan el agua, liberando el patógeno. También se sospecha que los turistas pudieron transportar la infección en su equipo de buceo, resaltó Álvarez Filip.

Monitoreo y recuperación

Los expertos de la UNAM descubrieron en 2018, en Puerto Morelos, que el 50 por ciento de las especies estaban dañadas, y después de unas semanas muchas colonias habían muerto; el síndrome blanco siguió creciendo y al cabo de pocos meses avanzó a lo largo del mar Caribe, hasta llegar a la frontera con Belice, a finales de 2019.

“En Puerto Morelos hicimos un seguimiento por ocho meses y al finalizar este periodo la enfermedad disminuyó, pues prácticamente mató a todos los corales susceptibles. Nos dimos a la tarea de verificar cómo este evento había afectado la capacidad de construir arrecife, es decir, qué tanto carbono de calcio seguían produciendo los corales, y nos percatamos que las pérdidas fueron muy graves”, subrayó el experto de la UNAM.

El síndrome blanco ya está en casi todo el Caribe, y lo más probable es que continúe su propagación por toda la región, hasta llegar al Atlántico Occidental (África del oeste).

Ecosistema debilitado

Álvarez Filip reconoció que cuando llegó esta enfermedad los corales ya estaban en condiciones adversas debido a presiones como el cambio climático, la contaminación marina y el escaso tratamiento de aguas residuales, factores de estrés que los debilitan continuamente.

“La conservación de los arrecifes mexicanos es responsabilidad de la academia; de los gobiernos, en cuanto al buen manejo de los recursos naturales; y de la sociedad, a través del cuidado del medio ambiente”.

Además de ahondar en el conocimiento del patógeno que ha provocado este daño, en la siguiente fase de su estudio los expertos de la UNAM analizarán cómo alterará al ecosistema la pérdida de los corales, y la repercusión en los servicios ecosistémicos que brindan. También se ocuparán de divulgar esta “tragedia ambiental” para influir en las políticas públicas y lograr acciones en favor de la biodiversidad mexicana.

En sitios impactados, llevan a cabo labores de recuperación y monitoreo continuo para incentivar la reproducción natural de las poblaciones de corales; rescatan especies para su preservación en acuarios, y a futuro reintroducirlas a sus hábitats.

Boletín UNAM-DGCS-575/2020

04 de julio de 2020

Mediante el estudio del viento solar es posible entender el comportamiento del Sol, cómo interactúa con los planetas, particularmente con el campo magnético de la Tierra. Con ese conocimiento, y considerando que hay muchas estrellas con vientos estelares propios, podríamos saber más del Universo, afirmó Xóchitl Blanco Cano, investigadora del Departamento de Ciencias Espaciales del Instituto de Geofísica (IGf) de la UNAM.

El viento solar es un flujo de partículas con cargas eléctricas positivas (iones) y negativas (electrones), expulsadas de la capa más externa del Sol, llamada corona solar. Es un plasma, un gas muy caliente e ionizado (en lugar de tener átomos, tiene iones y electrones) que se mueve por el medio interplanetario (en nuestro caso, Sistema Solar) y se relaciona con los campos magnéticos de los planetas.

“En la Tierra el campo magnético nos protege del viento solar, pero Marte y Venus no tienen, y el plasma erosiona sus atmósferas”, detalló.

Con ese viento están relacionadas las explosiones solares, pero no son lo mismo, aclaró la universitaria. “Pensemos que el viento solar es un río y encima de él se forma una burbuja de agua con propiedades diferentes, que sería el resultado de las explosiones”.

Las explosiones solares originan grandes masas de plasma, llamadas eyecciones de masa coronal, que viajan superpuestas al viento solar. Algunas explosiones solares originan eyecciones de masa coronal, que pueden modificar el campo magnético de la Tierra, pues entran más partículas cargadas a la magnetósfera (región ocupada por el campo magnético), e incrementar las corrientes eléctricas cerca de la Tierra.

Para ello, es necesario que ocurra el proceso de reconexión magnética entre la eyecta solar y el campo magnético terrestre. Si no hay explosiones, el viento solar no afecta de manera global al interior de nuestro planeta ni a su clima, subrayó.

“Sin embargo, en condiciones estables es posible que un poco de viento solar perturbe la ionósfera, en los polos, por lo que ocurren las auroras boreales; pero cuando hay una eyección de masa coronal fuerte pueden incrementarse las corrientes eléctricas dentro de la magnetósfera, con posible daño a los sistemas de telecomunicaciones”, remarcó.

Descubrimiento del viento solar

La secretaria académica del IGf destacó que las primeras evidencias de la existencia del viento solar fueron descubiertas por el científico estadounidense Eugene Parker, en 1958, con un estudio en el que predijo que la corona del Sol, al ser tan caliente, no podía estar contenida y debía expandirse.

Esta teoría no fue del todo aceptada, muchos científicos no creían que este torrente existiera; fue hasta la década de los 60, ya con naves espaciales, que se hicieron las primeras mediciones y se comprobó su presencia.

“Actualmente estudiamos los ‘choques interplanetarios’, ondas de choque que viajan en el viento solar y que afectan a las partículas y producen ondas electromagnéticas en la heliósfera. El viento solar puede propagarse lento o rápido, y cuando una corriente rápida alcanza a una más lenta crea una onda de choque”, expuso Blanco Cano.

Son encuentros sin colisiones, en donde el campo electromagnético tiene un papel fundamental en los procesos físicos. Dichos fenómenos se encuentran en todo el Universo, incluso en supernovas y estrellas distantes.

La universitaria exhortó a los jóvenes a acercarse a esta área del conocimiento, mediante el servicio social, tesis o posgrado en Ciencias de la Tierra, que imparte la UNAM.

Boletín UNAM-DGCS-573/2020

06 de julio de 2020

Ante la crítica situación por la que atraviesa el sector aeronáutico de México debido a la pandemia por COVID-19, las aerolíneas y las autoridades aeroportuarias del país requieren configurar nuevos protocolos sanitarios de manejo de pasajeros, de sanitización de aeronaves y de los espacios en los aeropuertos, además del monitoreo constante de la salud del personal aeronáutico, a efecto de que cuando concluya la contingencia, este sector recobre la confianza de los viajeros y logre reactivarse lo antes posible, aseguró Jesús Navarro Parada, especialista en aeronáutica del Instituto Politécnico Nacional (IPN).

En el contexto de esta pandemia por el COVID-19, el Secretario de Educación Pública, Esteban Moctezuma Barragán, ha destacado que la educación es parte fundamental de cualquier solución a largo plazo, por lo que la misión es garantizar que los sistemas educativos estén a la altura de las circunstancias y contribuyan a hacer frente a la contingencia sanitaria.

A su vez, el Director General del IPN, Mario Alberto Rodríguez Casas, ha enfatizado en diversos foros que el Politécnico es una institución pertinente y de excelencia, que ha mantenido su liderazgo en una educación científica y tecnológica que aporta soluciones a los problemas nacionales, en este caso a la crisis sanitaria por el COVID-19.

El profesor de posgrado en la Maestría de Ingeniería Aeronáutica de la Escuela Superior de Ingeniería Mecánica y Eléctrica (ESIME), Unidad Ticomán, explicó la importancia del sector aeronáutico (transporte de pasajeros, comercial, civil y privado, además de la industria aeroespacial) para la economía de México, toda vez que en 2019 representó el 3.5 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), con una aportación de 1.4 millones de empleos, de acuerdo con el reporte anual de la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA).

“En abril pasado, en nuestro país la cantidad de pasajeros del transporte aéreo disminuyó en promedio un 95 por ciento. De acuerdo con estimaciones de la IATA, el año 2020 cerrará a nivel mundial con una baja de pasajeros del 60 por ciento respecto del 2019. Es el peor año en la historia de la aviación. Ninguna otra crisis tuvo esta magnitud, ni el 11 de septiembre, la Guerra del Golfo o la epidemia del ébola. Nada de eso ha tenido un impacto de este tamaño”, reconoció.

Afirmó que la industria aeroespacial en México es un sector que apenas tiene 10 años de haberse iniciado y donde se realiza la fabricación de partes de aviones. “Había crecido a ritmos promedio del 16 por ciento anual. Es una industria modelo en México, integrada en cinco clústers localizados en Querétaro, Sonora, Chihuahua, Nuevo León y Jalisco. Son muy pocos los sectores que han crecido sostenidamente en los últimos 5 o 6 años del orden de dos dígitos. En esta industria se fabrican, entre otros: los arneses eléctricos de los aviones más modernos del mundo (Boeing 787 y Airbus A380), puertas, secciones de fuselaje, componentes de motores y un sinnúmero de partes”, acotó.

Navarro Parada (quien tiene 38 años de experiencia en la industria de la aviación, es perito aeronáutico y funge como Vicepresidente del Colegio de Ingenieros Mexicanos en Aeronáutica) comentó que en la elaboración de los protocolos para el transporte aéreo se deben considerar la instalación de sistemas de sanitización con productos de última generación a lo largo de todo el proceso del transporte aéreo de los pasajeros, esto es: la recepción en el aeropuerto y en el proceso de documentación, en los mostradores donde se reciben las maletas, en las salas de última espera y áreas comunes, y especialmente en todos los espacios abordo de las aeronaves.

Además, indicó, es necesario emplear la tecnología para que todos los pasajeros realicen su documentación (check-in) de manera electrónica a fin de erradicar las filas.

Manifestó que las autoridades aeroportuarias deberán tomar la temperatura a los pasajeros, así como monitorear a toda la tripulación de la aeronave (pilotos, sobre cargos y las personas que despachan el vuelo). En los pasillos y en las salas de última espera se deberá mantener una distancia de metro y medio entre los pasajeros”.

El especialista del IPN dijo que los pasajeros y la tripulación al abordar el avión deberán tener las manos desinfectadas y portar guantes, cubrebocas y caretas. Cuando concluya la emergencia sanitaria, indicó, en los primeros meses, se espera que la demanda para viajar en avión será baja, pero va a subir lentamente.

Finalmente, Navarro Parada recalcó que el reto que tiene este sector es muy grande por su dinamismo, motivo por el cual deben de hacer sinergia con el sector turístico para lograr su reactivación lo antes posible. “Las líneas aéreas nacionales movieron al año pasado 53 millones de pasajeros. Para que las aerolíneas recuperen la confianza de los pasajeros les tendrán que ofrecer las mejores medidas de protección sanitaria posibles. Por esta situación, las instituciones de educación superior que brindan estudios en aeronáutica también deberán considerar el tema sanitario como prioritario en sus planes de estudio”.

Fuente: ipn.mx

BOGOTÁ D. C., 04 de julio de 2020 — Agencia de Noticias UN-

Este proceso transforma las sensaciones y la manera como llegan a nuestro cerebro a través de neuronas, para ser organizadas, interpretadas y procesadas.

Para la doctora Carolina López Díaz, magíster en Estructuras y Procesos del Aprendizaje y Fundadora del Club de Infancia, “en la medida en que exista una buena base de este desarrollo sensorial se asegurarán mejores procesos de regulación biológica, que llevan a controlar y organizar todas las sensaciones internas y externas para permitir un nivel de equilibrio y alerta estable. Esto permite a su vez que se genere una buena base para esos procesos de atención”.

Así lo expuso la charla “Integración sensorial y atención en tiempos de virtualidad”, del programa #SaludUNALContigo, de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL).

La principal estructura encargada del proceso de atención es el sistema reticular activador ascendente, una cantidad de redes unidas en el tallo cerebral que envía información relacionada con la integración sensorial y cómo se despliega a todas las estructuras cerebrales.

La ruta de este sistema inicia en el tallo cerebral: allí está la unión reticular, que asciende hacia estructuras de la región parietal derecha del cerebro, donde ocurre el procesamiento sensorial; de ahí pasa al lóbulo frontal, en el cual se organiza la motivación, la orientación y la conducta motora, y también permite establecer una inhibición de distractores; además proporciona el control y la dirección de la atención y modula los estados cognitivos y atencionales.

Tiempos de atención en niños

Según la especialista, aunque hay varios estudios correlacionados en cuanto al tiempo de atención en un niño, existe una postura uniforme y unificada alrededor de las edades.

Al año se espera que los niños tengan un tiempo de atención enfocada, que es lo que conocemos como “concentración”, de 2 a 5 minutos; a los dos años, de 4 a 10 minutos; a los 3, de 15 minutos; a los 4, de 20 minutos; a los 5 de 25 minutos y así sucesivamente hasta llegar a los 10 años, con 60 minutos de concentración.

“Es importante que tanto educadores y profesionales como padres de familia tengan presente esta información, ya que suelen entrar en un afán de saber si el niño está atendiendo el tiempo suficiente, refiriéndose al tiempo esperado por el adulto, pero esto no corresponde a las características madurativas y al desarrollo de la atención infantil”, manifiesta la doctora López.

Regulación del uso de pantallas

Según la especialista, un niño que duerme bien tiene mejor atención, por eso se recomienda dosificar el tiempo frente a las pantallas, debido a que durante esta exposición reciben mayor luz azul, que interviene en la producción de melatonina (hormona que se produce durante la noche y nos ayuda a dormir).

En este sentido, en los niños menores a un año no se recomienda que tengan tiempos de pantalla, pero sí que mantengan mínimo 30 minutos diarios de posición boca abajo y duerman de 14 a 17 horas. Entre el primer y segundo año de vida se recomienda que los niños estén expuestos máximo 1 hora de pantalla al día, con 180 minutos de actividad física y entre 11 y 14 horas de sueño.

Entre los 3 y 4 años se recomienda que tengan 60 minutos de pantalla, con una combinación de 180 minutos de actividad física y 60 de actividad vigorosa, y que puedan dormir entre 10 y 13 horas. A los 5 años se pueden establecer 50 minutos de hora pantalla, más 20 minutos de hora pantalla con actividad motora, y que además tengan entre 180 minutos de actividad física, 60 minutos de actividad física vigorosa y entre 10 y 13 horas de sueño.

Entre los 7 a 12 años se recomienda una hora diaria de exposición a la pantalla en compañía de un adulto; de 12 a 15 años una hora y media; y para mayores de 16 años 2 horas.

Fuente: agenciadenoticias.unal.edu.co

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