
Las personas que padecen Síndrome de Piernas Inquietas (RLS, por sus siglas en inglés) tienen de 70 a 95 por ciento de probabilidad de sufrir trastorno de movimiento periódico de las extremidades durante la noche, lo cual a su vez puede provocarle insomnio y otras alteraciones físicas y cognitivas.
Así lo dio a conocer Rafael Santana Miranda, responsable de la Clínica de Trastornos del Sueño de la Facultad de Medicina (FM), quien explicó que el RLS está íntimamente relacionado con manifestaciones de dolor profundo, tensión muscular, calambres a nivel de pantorrillas que se producen al estar en reposo, lo cual disminuye o desaparece en cuanto se reinicia el movimiento de las piernas, precisó.

El origen de este padecimiento puede ser diverso, el más común es por deficiencias en el metabolismo del hierro. Por ejemplo, cuando un paciente presenta problemas ginecológicos, gastrointestinales o deficiencias nutricionales, insuficiencia renal, que implican en su mayoría pérdidas insensibles de tejido hemático (pequeños sangrados).
La recuperación de esas pérdidas, precisó, requiere de la sospecha clínica, la confirmación mediante pruebas de laboratorio, el control de la causa subyacente y el tratamiento restitutivo, lo cual no es una tarea fácil.
Esta deficiencia provoca trastornos de movimiento durante el dormir, dado que el hierro no sólo sirve para la formación de hemoglobina, sino que está asociado con la formación de neurotransmisores que tienen que ver con el movimiento, señaló el somnólogo.
De modo que buena parte de quienes lo padecen mueven involuntariamente las piernas y los brazos al dormir, situación que les va a generar fragmentación del sueño por múltiples despertares, microdespertares y cambios de fase.
Dichas alteraciones de asocian con el desarrollo de enfermedades cardiovasculares y metabólicas. Pero también con sintomatología diurna con bajo rendimiento físico, cognitivo y cambios en el estado de ánimo, puntualizó.
El maestro en rehabilitación neurológica indicó que no hay tanta diferencia en la presencia de este síndrome entre hombres y mujeres, y en algunos países se ha encontrado que existe una prevalencia de tres a 10 por ciento de la población.
Consideró que estos problemas deberían diagnosticarse desde el primer nivel de atención para que evitar que se compliquen; es decir, “el médico general, por ejemplo, debe indagar si las causas del insomnio secundario a probables trastornos de movimiento, son consecuencia de deficiencias nutricionales, otras enfermedades como las gastrointestinales o insuficiencias”.
El RLS en los niños es muy curioso porque ellos piden a sus padres les den masaje en los pies antes de dormir y así logran conciliar el sueño. Cuando duermen con otro hermano la queja de éste es que lo patea o no deja de moverse, dijo.
Santana Miranda destacó la importancia de hacer una buena anamnesis, exploración física y apoyo de estudios de laboratorio y gabinete para diferenciar los trastornos de movimiento de otros padecimientos como la epilepsia, trastornos de ansiedad, insuficiencia venosa o arteria en extremidades, así como trastornos comprensivos a nivel medular u otro tipo de enfermedades que cursan con dolor en extremidades.
Tratamiento
Después de hacer un diagnóstico, basado en la clínica y estudios complementarios, podemos dar un tratamiento que incluya el suministro del nutriente, si se padece de anemia; o un neuromodulador o un agonista dopaminérgico si es el caso, explicó.
En todos los trastornos del dormir se recomienda una adecuada higiene del sueño con honorarios regulares, buenos hábitos en la alimentación y un estilo de vida saludable que incluya realizar alguna actividad física de manera regular, precisó.
“También se debe evitar el consumo alto de activadores; somos de los países que consumen más cantidad de refresco y cafeína para tratar de mitigar la deuda que tenemos de sueño. Es un hecho que como sociedad no dormimos las horas que debemos de acuerdo con nuestro grupo de edad, género y condición”, concluyó.

La endometriosis es una enfermedad que ocurre cuando el tejido endometrial que normalmente crece y se desarrolla dentro del útero, prolifera y se instala más allá en tejidos como los ovarios, la cavidad peritoneal u otras áreas. Se calcula que alrededor del 15 por ciento de las mujeres en edad reproductiva, y entre el 30 y 40 por ciento de las que tienen infertilidad, pueden tener este padecimiento.
Científicos de la Unidad de Investigación en Reproducción Humana de la Facultad de Química (FQ) de la UNAM y el Instituto Nacional de Perinatología (INPer), estudian el tejido uterino que en una situación normal es sensible a hormonas como el estradiol y la progesterona, pero en el caso de la endometriosis se registra una “insensibilidad” a esta última, encargada de regular actividades relevantes para el funcionamiento de las células uterinas.
Ignacio Camacho Arroyo, integrante del equipo de investigación, explicó que el crecimiento de tejido endometrial fuera del útero genera muchos problemas en la mujer. Algunos síntomas son dolor intenso durante los sangrados menstruales, las relaciones sexuales, y hasta cuando se orina o defeca, además de que es causa frecuente de infertilidad.
Se trata de un padecimiento importante en términos de salud reproductiva y afecta de manera sustancial la calidad de vida de la mujer, porque prácticamente todo el tiempo presenta dolor, el cual puede llegar a ser incapacitante, refirió el universitario.
La endometriosis es un padecimiento multifactorial que se asocia a factores genéticos o al inicio de la menstruación a edad temprana, aunque también se observa cierta relación con un índice de masa corporal bajo, con aspectos de dieta, o ciclos menstruales menores a 26 días.
De igual modo, con problemas de desarrollo y un fenómeno llamado menstruación retrógrada; es decir, cuando el flujo menstrual en lugar de ir hacia la vagina, va de regreso e invade otros tejidos.
El tratamiento para la enfermedad, de entrada, es la cirugía, porque se deben extirpar las regiones donde el tejido uterino ha invadido. Sin embargo, muchas veces se presenta el problema de la reincidencia.
“Aunque en otro nivel, esto lo podemos comparar con algún tipo de cáncer; en éste, las células malignas invaden otros tejidos, en lo que sería la metástasis, y también en muchas ocasiones después del tratamiento hay reincidencia. En el caso de endometriosis es similar; una cirugía exitosa cambia la vida de la mujer, pero en algunos casos, a pesar de ello, se vuelve a registrar crecimiento de células endometriales fuera del útero”.
Respecto a sus hallazgos, el científico explicó que los mecanismos moleculares por los cuales se da la insensibilidad del tejido uterino a la progesterona, se desconocen.
Para que una hormona actúe debe interactuar con proteínas que se llaman receptores; en el caso de la progesterona ellos se ubican dentro de la célula y en su membrana. “Ya se sabía que los receptores en el interior celular están alterados, pero se desconocía por completo lo que ocurre con los membranales”.
Sus resultados han sido publicados en las revistas internacionales Frontiers in Endocrinology y Biomed Research International. En primera instancia, “lo que hicimos fue caracterizar si existían o no estos receptores y cómo estaba su expresión; es decir, qué tanto se producían. Encontramos que el tejido endometriósico, no sólo el que está fuera del útero (ectópico), sino el que está dentro (eutópico) pero que tiene características diferentes al normal, tienen una menor cantidad y expresión de receptores membranales a progesterona.
Esta puede ser una de las razones por las cuales el tejido no responde a la progesterona, porque no existe el número adecuado de proteínas con las que la hormona puede interactuar y ejercer sus efectos, precisó Camacho.
Ahora, el científico y su equipo de colaboradores trabajan para determinar cómo sería posible aumentar la cantidad de receptores a progesterona en la membrana de las células.
“Por ahora no sabemos cómo se pueden regular, cómo producir más de esos receptores. Primero debemos saber qué hormonas regulan al tejido y cómo. Cuando lo sepamos podremos diseñar una estrategia farmacológica para tratar de incrementar esos u otros receptores”, dijo el experto.
Este es uno de los aspectos por los cuales tiene importancia la investigación básica, por las posibilidades terapéuticas que se pueden tener, en este caso, ante una enfermedad que afecta tanto la calidad de vida de las mujeres en edad reproductiva.
Al mismo tiempo, el grupo científico realiza investigaciones para saber cómo cambia la organización de la cromatina (el ADN en el núcleo celular, importante en términos de la regulación de los genes), en las células del endometrio, y determinar cómo influye para que se presente o no la expresión de ciertos genes.
De igual manera, analiza cuál es el papel que tiene el microbioma, la serie de bacterias y microorganismos que se encuentran en el útero, para que se presente la endometriosis. “Ya podemos comenzar a caracterizarlos y ver qué diferencias hay respecto a una mujer que no presenta la enfermedad”.
Los estudios se llevan a cabo en colaboración con los académicos de la FQ, Marco Antonio Cerbón Cervantes y Ricardo Vázquez Martínez; Elizabeth García Gómez, catedrática de Conacyt en la Unidad de Investigación en Reproducción Humana; y Diana Medina Bastidas, del INPer.

El 31 de diciembre una gran serpiente, cuyo cuerpo tiene un kilómetro de largo aproximadamente, desciende del cerro Dainzú marcando el fin del año, narra Robert Joel Markens, del Instituto de Investigaciones Estéticas (IIE) de la UNAM.
Esta es solo una de las historias que cuentan los pobladores de San Mateo Macuilxochitl de Artigas Carranza, comunidad zapoteca ubicada en las faldas del cerro que mantiene gran parte de sus tradiciones, las cuales son recuperadas por el arqueólogo y antropólogo de la UNAM.
Estos y otros relatos serán presentados próximamente por el investigador de la UNAM en un libro que reúne varios de sus hallazgos en la zona arqueológica de Dianzú los cuales logró vincular con las historias que forman hoy parte de la tradición zapoteca.
Markens está interesado en preservar estos relatos para que las futuras generaciones oaxaqueñas conozcan que por la migración, muchas comunidades se están perdiendo.
Su labor en la zona inició cuando la Secretaría de Comunicaciones y Transportes ampliaba la carretera Panamericana y los residentes de la zona le contaron sobre tesoros de monedas de oro, grandes pozos de agua y de un tianguis que a media noche se revela dentro del cerro solo a los lugareños.
“Estas creencias están relacionadas a prácticas prehispánicas, la gente de Macuilxochitl es descendiente de los zapotecos prehispánicos y el cerro era el eje político religioso de la gran comunidad política de la época de 500 a 800 años después de Cristo”, detalló el experto.
Al revisar la etnografía del valle de Oaxaca, de pueblos como Mitla, Markens y su equipo entendieron que estos relatos giran en torno a la cosmovisión zapoteca, cuyo centro es el cerro sagrado al ser símbolo de un sinfín de recursos de la naturaleza que sostiene la vida en la comunidad local.
Los pobladores llaman al cerro El Dueño, precisa, pues de ahí obtienen agua y maíz, es hogar de los animales en el entorno, lo cual da sentido al hecho de considerarlo como su principal sustento y el ente que hace posible la vida de la comunidad.
Cada 3 de mayo los lugareños de Macuilxochitl y de la zona llegan a la cima para darle gracias y pedirle su apoyo. El cerro es entonces un ente sobrenatural que está a cargo de todos los recursos almacenados en el sitio; por eso, cuando alguien cosecha su milpa o recoge leña sobre las laderas, primero se le debe pedir permiso, detalló Markens.
La figura de El Dueño habla de la organización política del mundo antiguo zapoteco, refiere el universitario, pues el gobernante en el mundo prehispánico se presentaba ante la multitud como el custodio de la abundancia almacenada en el cerro sagrado.
Con el análisis de glifos y figuras encontradas en Monte Albán y sitios aledaños, Markens documentó el uso del símbolo del cerro y el jaguar como los principales relacionados a las figuras de poder en la zona.
“Esto solo se da en el valle de Oaxaca, no en otra parte y eso es lo interesante. Sin recurrir a las leyendas vigentes de los pueblos tradicionales no puedes alcanzar este tipo de análisis y es por mi preparación antropológica que tomo más en cuenta los relatos etnohistóricos zapotecos”, finalizó.

En el Golfo de México y en los ríos en que mexicanos y estadounidenses libraron diferentes episodios de la Guerra de Intervención hay aproximadamente 40 embarcaciones perdidas, testigos de esta lucha; entre ellas: el USS Somers, estudiado por especialistas del Proyecto Arqueología Marítima de la Guerra de Intervención (1846-1848) de la UNAM.
El objetivo es conocer el componente marítimo en este conflicto, así como cuestionar la idea generalizada respecto a que Estados Unidos derrotó con facilidad a México, aseguró Jorge Manuel Herrera Tovar, investigador del Instituto de Investigaciones Antropológicas (IIA) y director del Proyecto.
“Este es un barco interesante e importante en la historia de los dos países. Está en nuestras aguas y es un amargo recuerdo de lo que fue esa guerra para México. Para los estadounidenses tiene un fuerte poder simbólico porque fue un barco escuela, en el que hubo un motín y los amotinados fueron juzgados y ahorcados. En un tiempo se dijo, entre los marinos de la época, que estaba embrujado”, expuso el académico.
El USS Somers fue veloz, de gran maniobrabilidad que apoyó los ataques a los puertos, el bloqueo a Veracruz y, sobre todo, la persecución de embarcaciones que trataban de entrar o salir de este lugar.
Hay versiones que sostienen que se perdió en la persecución de una embarcación mexicana que rompía el bloqueo; otras, que fue durante una maniobra, en un momento de un gran ventarrón o una tormenta: lo único seguro es que se hundió con alrededor de 36 marinos.
Para determinar la causa del suceso y el contexto histórico, los integrantes del Proyecto de Arqueología Marítima de la UNAM estudiaron diversos archivos como el General de la Nación, y otros de Veracruz y Tabasco; así como una gran cantidad de materiales de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos y los Archivos Nacionales de la Unión Americana, además de estudiar el sitio arqueológico de este navío y reconstruir su modelo de manera digital.
Con el apoyo del Buque Oceanográfico Justo Sierra de la UNAM, en este sitio arqueológico utilizan instrumental de física marina –sonar de barrido lateral, ecosonda multihaz y perfilador de lecho marino– para generar imágenes detalladas del sitio con las que han producido una fotogrametría de muy alta resolución del naufragio.
Los investigadores preparan experimentos de ingeniería y ciencias navales para estimar cuáles eran sus capacidades reales de carga y maniobra, dónde se ubicaba su centro de gravedad, y cuáles podían ser los puntos débiles de su diseño arquitectónico.
Posteriormente construirán un modelo a escala que someterán a pruebas hidrodinámicas para determinar, con precisión, las causas de su hundimiento y entender aspectos relevantes de la construcción naval de siglo XIX.
Herrera Tovar señaló que también importante estudiar el ataque y desembarco de las tropas estadounidenses en Veracruz, pues fue una operación náutica muy significativa: “fue el desembarco militar más grande en la historia de la humanidad, hasta antes del de Normandía”.
Una guerra larga
El doctor en Arqueología Marítima explicó que los estadounidenses pensaron que esta guerra -mediante la cual arrebataron a México gran parte de su territorio, incluidos recursos como oro y petróleo y que les abrió una puerta al Pacífico y trazar rutas a Asia-, sería breve, de dos o tres meses.
Sin embargo, el conflicto duró mucho más tiempo, gracias a que la población mexicana, marinos y el ejército organizaron diferentes estrategias de defensa, pese a que carecían de recursos económicos y militares, y el país estaba políticamente dividido. En contraste, los norteamericanos contaban con buques de alto poder destructivo.
“Los mexicanos sabían que era imposible enfrentar a la flota estadounidense en mar abierto, por lo que astutamente replegaron sus naves a ríos como el Papaloapan, bajo el cobijo del Puerto de Alvarado, y también en el Grijalva, en Tabasco.
“La astucia de los oficiales mexicanos hizo que, de cierta forma, se equilibrara la balanza porque Estados Unidos no pudo meter sus barcos más grandes y poderosos a los ríos. Además, zonas estratégicas costeras del territorio mexicano se habían fortificado, desde la época del Virreinato, para defenderse de ataques marinos”.
De esta manera, cuando los estadounidenses pretenden atacar, México responde desde tierra en distintos combates náuticos anfibios.
El también profesor de la licenciatura de Antropología refirió que en diferentes documentos históricos los norteamericanos reconocen que las estrategias de defensa mexicana estaban bien articuladas y era difícil entrar a tierra.
Lo que normalmente se recuerda del aspecto marítimo de esta guerra, prosiguió, es que Estados Unidos ataca Veracruz, hay un sitio, lo bombardean, se registra una gran cantidad de muertos entre la población civil y, finalmente, el puerto se rinde y por allí entran los enemigos.
También es cierto que el Puerto de Alvarado fue atacado tres veces; en las dos primeras los invasores son rechazados y en el tercero cae el puerto porque ya no está defendido, toda vez que los soldados y voluntarios que lo protegían se trasladan a Veracruz.
Herrera Tovar y su grupo realizan arqueología marítima, histórica y de conflicto, pues estudian naufragios, campos de batalla -terrestres o náuticos-, así como arqueología del paisaje, ya que fue un elemento determinante en las estrategias.
El paisaje se estudia comparando la cartografía histórica y moderna, así como de forma directa en campo, para determinar dónde pudieron darse encuentros y también si pudo influir en la ventaja de uno u otro bando.
El Golfo de México, expresó el experto universitario, es “un gran teatro náutico de la guerra” donde hay naufragios de barcos mexicanos y estadounidenses que se perdieron en acción, incendiados o se estrellaron contra arrecifes, mientras algunos más fueron hundidos a propósito por los mexicanos para bloquear el paso a los estadounidenses.
Este es un proyecto de la Universidad Nacional que cuenta con colaboración internacional, como es el caso de la Academia Británica, el Centro de Arqueología Marítima, el Instituto Marítimo y Marino y el grupo Offshore Archaeological Research de la Universidad de Southampton, en el Reino Unido; así como de especialistas de Argentina.
Navío con mal presagio
Herrera Tovar afirmó que el USS Somers, construido en 1842, fue considerado por muchos un navío con mal presagio. En su primera travesía fue un barco escuela en el cual se dio un motín: los culpables fueron juzgados a bordo, condenados a muerte y ahorcados.
“Uno de los amotinados era hijo del Secretario de Guerra de los Estados Unidos, por lo que al regresar a la Unión Americana se desató un escándalo que provocó que la Armada se replanteara cómo entrenaba a sus oficiales y se decide que son aún muy jóvenes para someterlos a los rigores del mar y de la disciplina militar necesaria, y fundan una academia naval. Ese es el origen de la Academia Militar Naval de Annapolis, la principal de Estados Unidos”, relata.
Muchos marinos no querían abordarlo porque se decía que estaba embrujado, que aparecían los ahorcados y se les veía colgados en el mástil. Con su hundimiento creyeron que se reafirmaba el mal presagio.
“Los estadounidenses han estudiado esta guerra, esta historia, pero en general, no la discuten, pese a que es una guerra muy importante ya que su resultado influye poderosamente para constituirlos en una gran potencia mundial. México tampoco la había estudiado a gran detalle desde sus aspectos marítimos.
“Esta guerra contradice todo lo que el estadounidense cree de su sistema militar: que van a la guerra por la libertad, la democracia, la justicia y ésta fue exactamente lo contrario. Estados Unidos ambicionaba los territorios mexicanos y forzó una guerra con un vecino que no quería guerrear, que no quería ni tenía por qué vender sus territorios”, puntualizó el investigador.

A través de tecnología innovadora, no invasiva, integrantes del Laboratorio Nacional de Ciencias para la Investigación y la Conservación del Patrimonio Cultural (LANCIC), en su sede del Instituto de Física (IF) de la UNAM, determinaron que la máscara de la llamada Reina Roja, frecuentemente asociada con Tz’ak-b’u Ajaw, esposa de Pakal, fue hecha de malaquita, y que sus orejeras y ojos son de jadeíta y obsidiana.
Al ser descubierto el suntuoso entierro de quien fuera esposa de Pakal el Grande –el gobernante más importante de la ciudad maya de Palenque–, se creyó que la ofrenda funeraria era de jade.
Hoy, 26 años después, gracias a los trabajos de los universitarios, fue posible identificar su composición gracias a varias campañas de estudio no invasivo de la ofrenda funeraria (tres de ellas in situ y un análisis en el laboratorio solamente de la máscara funeraria), mediante técnicas denominadas espectroscopías Infrarroja y Raman para identificación de minerales, y de fluorescencia de rayos X para caracterización elemental.
Una segunda etapa de indagación en la máscara principal de la ofrenda se llevó a cabo con la emisión de rayos X inducida por partículas (PIXE) para un análisis elemental adicional. De esta manera, los expertos encabezados por José Luis Ruvalcaba Sil, coordinador del LANCIC, determinaron la composición de la pieza, que “sorprendentemente es de malaquita en su mayor parte y contiene jadeíta blanca en la esclerótica de los ojos”.
Además de la máscara principal, se caracterizó la composición de los demás elementos del ajuar. La mayoría de las teselas de la máscara acompañante son de cuarzo verde, mientras que las piedras verdes presentes en los pendientes, la diadema, el pectoral y el collar contienen fundamentalmente jadeíta, onfacita y albita, o una mezcla de ellos. Las cuentas verdes del tocado son exclusivamente de onfacita. Las cuentas de color amarillo anaranjado en la diadema, el collar y el pectoral fueron identificadas como cuarzo.
Los resultados de la investigación, que comenzó en el 2010 en colaboración con los arqueólogos Arnoldo González y Martha Cuevas, del Instituto Nacional de Antropología e Historia, fueron dados a conocer hace unos meses en la revista internacional Spectrochimica Acta A, e implican una selección especial y el uso de materias primas únicas para el entierro de la Reina Roja, diferentes a las utilizadas para otros gobernantes de Palenque y demás sitios mayas contemporáneos.
Luego de estas campañas de estudio, se obtuvo un resultado muy interesante “porque la piedra verde era más importante para los mesoamericanos que el oro; era uno de sus materiales más reverenciados y escasos”, explicó Edgar Casanova González, también miembro del LANCIC.
Estudio del patrimonio
Pintura rupestre en cuevas o farallones, o mural, en zonas arqueológicas, pero también sobre tabla o lienzo; objetos de lítica prehispánica; esculturas de diferentes épocas; metales; manuscritos; textiles; códices y cualquier objeto que forme parte del patrimonio cultural de México, es estudiado desde el punto de vista material con técnicas de análisis no destructivas por parte de expertos del LANCIC.
Este espacio de conocimiento tiene el objetivo de establecer metodologías de diagnóstico y caracterización de esas piezas, para saber de qué están hechas, cuáles son los procesos de degradación a que están sometidas, determinar su deterioro y planear la mejor forma de conservarlas y restaurarlas para que las generaciones futuras sigan contando con esa riqueza cultural.
Edgar Casanova explicó que en el LANCIC-IF se emplean técnicas espectroscópicas, en su mayoría portátiles con las cuales se obtiene la mayor información posible de cada pieza de estudio, sin tomar muestras o provocar algún daño.
En esos trabajos se colabora con especialistas de los institutos nacionales de Antropología e Historia y de Bellas Artes y Literatura, así como de museos y otras universidades.
Se trata de un trabajo muy colaborativo entre las cinco sedes del laboratorio –tres de ellas en la UNAM, en los institutos de Química y de Investigaciones Estéticas, además del IF, junto con el Instituto Nacional de Investigaciones Nucleares y el Centro de Investigación en Corrosión de la Universidad Autónoma de Campeche.
Casanova informó que el grupo del IF se especializa en realizar los estudios in situ. “La gran mayoría de los equipos que tenemos son de técnicas de imagen o espectrómetros portátiles. Es decir, combinamos técnicas que utilizan luz visible, ultravioleta, infrarroja, rayos X o imagen 3D, con espectroscopías de distintos tipos, para obtener información de la composición atómica y molecular de un objeto. En algunos otros casos se necesita utilizar microscopía óptica o electrónica en el laboratorio”.
El experto refirió que en las espectroscopías se utiliza luz que interactúa con el objeto de estudio para medir su respuesta a la incidencia de esa luz; es decir, se estudia la interacción entre la radiación electromagnética y la materia. Así, al utilizar espectroscopías atómicas es posible saber qué elementos químicos están presentes, porque cada uno emite señales características que se pueden detectar.
“A veces, con saber la composición elemental, podemos inferir qué sustancia está presente; pero en ocasiones eso no es suficiente. Entonces hacen falta espectroscopías que den más información, como la infrarroja y la Raman, en las cuales uno manda un haz de luz que provoca que las moléculas del objeto de estudio vibren; la luz que se dispersa por esa vibración también es característica de los enlaces y los grupos funcionales que tiene cada molécula, y eso nos permite deducir su identidad”.
El infrarrojo, por ejemplo, es muy práctico para identificar minerales presentes en los objetos de piedra verde. Agregó que otro tipo de espectroscopía, denominada de reflectancia con fibra óptica, puede ser muy útil para identificar pigmentos y colorantes orgánicos. En este caso, obtener un espectro en una región toma menos de un segundo, aunque su procesamiento y análisis requieren de mucho más tiempo y de la comparación con bases de espectros.
El científico continuó su explicación y dijo que en la espectroscopía Raman tomar un espectro lleva de 10 a 30 segundos; en Infrarrojo, de 30 a 60, y en fluorescencia de rayos X puede demorar entre 30 segundos y varios minutos, de acuerdo con el material que se estudia. “Podemos obtener una tremenda cantidad de información en una semana de trabajo de campo, que luego se debe procesar y entender para conocer de qué están hecho el patrimonio tangible”.
Conocer la composición, y en algunos casos la estructura de los objetos, responde a preguntas que pueden ser de historia, arqueología, historia del arte, restauración y conservación, subrayó.
Actualmente, Casanova González trabaja en la identificación de un grupo muy grande de pigmentos que utilizaba Diego Rivera, “pintor muy estudiado desde el punto de vista de la historia del arte y de lo que significó para el movimiento muralista de la primera mitad del siglo XX en México, pero no tanto desde el punto de vista de los materiales que usaba”.
El proyecto comenzó en 2016, cuando el LANCIC fue invitado a estudiar la obra del artista “Sueño de una tarde dominical en la alameda central” en colaboración con Mercedes Sierra; como parte del trabajo “tuvimos acceso a la bodega del Museo Casa Estudio Diego Rivera y ahí había más de 300 colores que utilizaba. Se tomaron muestras y se están caracterizando; cuando termine la investigación conoceremos cuál era la paleta del famoso pintor”.