
Científicos del Instituto Politécnico Nacional (IPN) contribuirán a mejorar la calidad de la leche mediante el desarrollo de un inoculante (preparado microbiológico) a partir de bacterias ácido lácticas provenientes del pulque, frutas fermentadas y vegetales, que se aplica al forraje para evitar la contaminación por hongos, aumentar en los rumiantes la digestibilidad de las fibras y, por ende, lograr mayor aprovechamiento del alimento e incrementar la calidad y cantidad de la producción láctea.
En ese contexto, el Secretario de Educación Pública, Esteban Moctezuma Barragán ha subrayado la importancia de impulsar proyectos con impacto social, desarrollados desde las instituciones de educación superior, que beneficien a las comunidades y permitan el desarrollo del país.
El director del proyecto desarrollado en el Centro de Investigación en Biotecnología Aplicada (CIBA) Tlaxcala, Guillermo Cruz Nicolás, destacó que la importancia de desarrollar el inoculante biológico es evitar la generación de micotoxinas (producidas por hongos) en el forraje. “Las micotoxinas se acumulan en los tejidos animales (carne), también pueden secretarse por la leche y contaminar derivados lacteos. Afectan al sistema inmune y algunas son cancinogénicas para animales y para el humano”, afirmó.
El investigador politécnico señaló que el aditivo biológico se elaboró luego de evaluar 130 bacterias ácido lácticas, de ellas se seleccionaron 30 y finalmente se constituyó un consorcio con cuatro, que mostraron las mejores propiedades para producir la mayor calidad y cantidad de distintos ácidos orgánicos que, además de acelerar el proceso de fermentación, brindan al forraje aromas a cítricos, por lo que su consumo es agradable al paladar de los rumiantes y no se desperdicia el alimento.
El maestro Guillermo Cruz Nicolás detalló que el inoculante se elaboró bajo el programa de la Maestría en Biotecnología Productiva, en colaboración con la empresa Nutek S. A. de C. V. y mencionó que las bacterias ácido lácticas son más sensibles a cambios en el medio ambiente, por ello es necesario colocarlas en una matriz o excipiente para conservarlas mejor.
“Actualmente evaluamos algunos azúcares, emulsificantes y leche descremada para fabricar el vehículo de conservación idóneo para mantener el inoculante en buen estado hasta por dos años. Una vez que tengamos estandarizada la formulación iniciaremos el proceso para el registro de la patente y con el apoyo de la empresa podríamos diversificar su uso para mejorar la calidad de la producción de lácteos”, advirtió.

El riesgo es alto y el contagio no es un juego, sino una vía que puede conducir a la muerte, advirtieron especialistas del Hospital Universitario de Puebla (HUP) ante la posibilidad de un rebrote de COVID-19 por la temporada invernal y las fiestas decembrinas. En ese centro hospitalario, por ejemplo, en los últimos 15 días hay un incremento significativo de casos, como resultado de la movilidad durante el Buen fin.
El virus del COVID-19 se puede encontrar en un centro comercial, en la plazuela, en un parque, en el zócalo de la ciudad, en la fonda donde comen, en la tienda de la esquina, o bien en la propia casa cuando llega una visita sin importar que sea un familiar o amigo muy cercano, señalaron los médicos especialistas del HUP Cuauhtémoc Romero López y Maximino Nava Betanzos, quienes hicieron un llamado a la población y a los universitarios para evitar reuniones y salidas en lugares concurridos.
De acuerdo con información oficial, en Puebla la COVID-19 es la tercera causa de muerte, sólo por debajo de enfermedades crónico degenerativas, como diabetes o padecimientos cardiacos. El número de defunciones en el estado a causa del coronavirus es de poco más de 5 mil 300 desde que inició la pandemia.
En el HUP, por ejemplo, el incremento en las dos últimas semanas de pacientes contagiados de COVID-19 mantiene casi al límite a la unidad destinada a estos enfermos. La preocupación de los médicos es alta porque existe la posibilidad de un repunte mayor, ocasionado por las aglomeraciones que dejó el Buen fin, o bien, por las reuniones que se realizarán en diciembre.
Al respecto, Cuauhtémoc Romero López, jefe de la Unidad de Medicina Crítica del HUP, advirtió que de no haber restricciones en este mes, en enero habrá un desbordamiento de casos que se complicarán con los de influenza, porque ambas enfermedades clínicamente se parecen y el problema es que cada una genera distintos efectos en la salud; lo apropiado entonces es no jugar con la suerte, comentó.
“Hemos notado que los contagios aumentan después de fiestas, celebraciones nacionales, etcétera, y así los casos aparecen entre una o dos semanas después del evento, por eso todavía estamos esperando los contagios que deriven del Buen fin y eso nos preocupa porque la capacidad hospitalaria está llegando al límite”.
Fue en julio de este año cuando el HUP habilitó una unidad especial para atender a pacientes COVID-19, con espacio para 18 camas. Desde que inició la pandemia, hasta octubre han atendido a poco más de 600 personas, 187 han requerido hospitalización y casi 70 han fallecido. Desde la semana pasada esta unidad registró un incremento abrupto llegando a una ocupación de 17 camas; de estos casos cuatro fueron dados de alta y dos fallecieron en esta semana.
“Hay una ligera predominancia de mujeres; la mayoría presenta problemas de diabetes, hipertensión o fallas renales, pero también hemos tenido personas ‘saludables’ que han fallecido. De esta forma, nos acercamos a los 70 integrantes de la comunidad universitaria fallecidos por esta pandemia desde que se habilitó la unidad, algunos de ellos activos, pero en su mayoría jubilados”.
Respecto al costo que enfrentan los pacientes COVID, estos pueden llegar a gastar de 35 mil hasta más de 100 mil pesos diarios por hospitalización, dependiendo de la institución en la que se encuentren, esto debido a la cantidad de equipamiento, medicamentos y personal que requieren las unidades COVID. En el HUP, por ejemplo, la unidad ocupa por turno de cinco a seis médicos y 10 enfermeras, además de personal de intendencia y mantenimiento.
Falsas sensaciones
El doctor Cuauhtémoc Romero, quien también es miembro de la Comisión Institucional para el Seguimiento y Evaluación para la Pandemia por el SARS CoV-2, enfatizó en la autoprotección ya que hasta el momento no existe un tratamiento cien por ciento efectivo y lo único que en realidad se puede hacer es continuar con las medidas de lavarse las manos constantemente, evitar tocarse la cara, usar de forma correcta el cubrebocas, las gafas y careta, pero sobre todo mantener la sana distancia.
“Las medidas de distanciamiento y la no movilidad son la única forma real de cortar la cadena de transmisión, es decir, los contagios dependen de cómo nos comportemos. Las personas parecen no estar conscientes de esto y siguen reuniéndose, saliendo de compras, aprovechando ofertas de productos innecesarios y causando aglomeraciones que se convierten en focos donde se transmite fácilmente el virus”.
Esto se debe a muchos factores, pero también implica, dijo, que la población está confiada por falsas sensaciones, es decir, si pisan un tapete con cloro piensan que no meten el virus a una casa o negocio, o bien usan el cubreboca pero constantemente lo tocan o se descubren la nariz cuando en realidad el virus entra por cualquiera de las mucosidades, así que las medidas preventivas no deben relajarse. Ahora más que nunca hay que protegerse, señaló.
“Generalmente pensamos que se trata de una reunión sólo con la familia, con pocas personas, pero la verdad es que no hay control de qué hizo cada uno de los que asisten, y aunque el contagio no ocurre el mismo día, lo cierto es que la cantidad de virus crece en el organismo después de 2 a 3 días del contagio y así se transmite más fácilmente”.
Otra falsa sensación es la ingesta de productos o medicamentos que refuerzan nuestro organismo; el doctor Romero reconoció que si bien existen productos efectivos que fortalecen la capacidad de respuesta del sistema inmunológico, eso no quiere decir que por eso se pueda evitar el contagio por COVID-19.
“Las personas no deben confiarse ni tener la falsa sensación de estar totalmente protegidos. La persona más joven que hemos atendido en el HUP fue una mujer de 22 años y falleció. Hemos perdido a muchos compañeros que podían aportar mucho al desarrollo de la sociedad y a la propia Universidad, es muy lamentable que mueran académicos brillantes, trabajadores responsables e incluso estudiantes que todavía tenían mucho que dar”.
“Si te quiero, no te visito”
En el mismo sentido se pronunció el especialista en Epidemiología del HUP, Maximino Nava Betanzos, quien se sumó al llamado para que la población, y en especial la comunidad universitaria, se mantenga alerta y no reduzca las medidas de contención, a pesar de la necesidad que sienta de reunirse con la familia o salir a una normalidad que no puede ser la misma que había.
“Las infecciones se dan en las reuniones familiares o porque salimos, tenemos que entender que las cosas deben ser diferentes a lo que hacíamos. Lo más importante siempre será conservar la salud y aunque no negamos que la economía juega un papel importante, nunca estará por encima de la vida. Contener el COVID-19 no depende de la capacidad hospitalaria, depende de qué tan responsable se comporte la gente”.
Desde el inicio de la pandemia, el coronavirus no se ha podido controlar por su alta capacidad de contagio y patogenicidad. Insistió en que si bien el índice de mortalidad no es tan alto, la mayoría de los pacientes de COVID sufren afectaciones no sólo en pulmones, algunos tienen secuelas renales, cardiacas o intestinales, lo que provoca que regresen para recibir rehabilitación por dolores musculares, de articulaciones, problemas digestivos o neurológicos.
Nava Betanzos recomendó también atender a la sintomatología desde los primeros días y acudir al médico de manera inmediata para poder recibir tratamiento de forma temprana y evitar daños en órganos o incluso complicaciones mayores que provoquen la muerte del paciente.
“No podemos pensar que la normalidad de antes es la que podemos tener hoy, eso no es posible. Lo correcto ahora es: si te quiero mucho, no te visito”.

Desde hace 21 años, el Grupo de Biotecnología Animal de la Facultad de Ciencias Agrarias investiga la genética de poblaciones, y en el estudio “Variación genotípica y fenotípica de poblaciones de especies de peces reófilas presentes en el área de influencia del proyecto Hidroituango”, analiza la variabilidad genética durante su construcción.
En dicha investigación, adelantada con Empresas Públicas de Medellín (EPM), se evalúan muestras y datos recolectados entre 2010 y 2014, antes de la construcción de la presa.
“Eso nos permitió conocer la variabilidad genética de 14 especies de peces migratorias antes del desvío del río para la construir la represa”, indicó la profesora Edna Márquez, bióloga que lidera el estudio desde 2014.
Ahora avanzan en otros proyectos para medir esa variación genética e identificar cuántos grupos genéticos distintos existen dentro de cada especie, en el área de influencia de la hidroeléctrica.
“Tenemos muestras después de la construcción y estamos generando información para ver cómo cambió la diversidad genética que había respecto a la actual, un punto de referencia que no tiene la mayoría de proyectos hidroeléctricos ni siquiera en Suramérica”, dijo la docente.
En síntesis, reitera que ya se tiene claridad sobre la diversidad y grupos genéticos de 14 especies migratorias antes de la construcción y actualmente se genera información para 18 especies en el segundo momento, o posconstrucción, no solo en medio natural sino también en piscícolas donde se tienen unos bancos vivos.
Dentro de un nuevo convenio de EPM y la UNAL Sede Medellín, desde 2019 se evalúa la calidad genética de individuos confinados en dos estaciones piscícolas, para avanzar en investigaciones que favorezcan la conservación de especies.
Esos peces mantenidos en bancos in vivo (piscícolas) también se están caracterizando para tener información sobre su diversidad, y que en la eventualidad de que sea necesario liberar algunos al medio, tener certeza de que tienen la calidad genética para estar libres y que no causen daño a la población natural.
El propósito principal es asegurar que se mantenga la diversidad genética de poblaciones de peces de interés pesquero y especies endémicas de interés ecológico, como sardinas del género Astyanax, y cuchas de los géneros Hypostomus y Panaque, entre otras.
Los estudios permitieron conocer aspectos biológicos de especies endémicas de Colombia que no se habían estudiado y descubrir nuevas, como el bagre-sapo (Pseudopimelodus magnus), la más grande del género, y el cola negra (Pseudopimelodus atricaudus).
En el estudio con 14 especies de peces colectadas antes de empezar el proyecto de la represa, por su área de distribución se creía que su ruta de migración atravesaba la zona de construcción del embalse. Sin embargo, luego del análisis se sabe que solo cuatro de estas especies tenían la capacidad de pasar dicha zona: bocachico (Prochilodus magdalenae) pataló o jetudo (Ichthyoelephas longirostris), capaz (Pimelodus grosskopfii) y bagre sapo (Pseudopimelodus magnus).
“Estas especies pueden estar en corrientes arriba y abajo de la presa, información novedosa porque se creía que todas eran capaces de pasar el sitio donde ahora está la construcción”, indica la profesora Márquez.
Agrega que “cinco de las especies analizadas son de importancia pesquera y muestran señales de estar afectadas. El hallazgo muestra que están influenciadas por factores previos al proyecto de la hidroeléctrica y se deben considerar cuando se deba hacer un adecuado manejo de ellas”.
También se estudian otras especies de interés pesquero como bagre rayado, nicuro o barbudo, sabaleta, comelón, vizcaína, blanquillo, doncella, arenca y chango.
La investigación está programada para tres años y ya se tienen resultados de la fase preconstrucción que se publicarían a inicios de 2021. El interés del estudio se centra en las especies de interés pesquero y ecológico, generando datos no solo para ciencia básica sino también para la preservación y el manejo de las especies estudiadas.

Las vacunas contra la COVID-19 -13 de ellas en fase tres y varias listas para su utilización en las próximas semanas en diversos países- significan excelentes noticias; sin embargo, una vez aplicadas a la población mexicana, en lo inmediato no disminuirán el riesgo de contagio, toda vez que su efecto será visible cuando se haya vacunado a 80 millones de personas, aseguraron especialistas de la UNAM.
“Empezar el programa de vacunación en las próximas semanas no implica una disminución del riesgo, lo va a disminuir más allá del primer semestre de 2021, si se mantiene un paso de vacunación muy intenso”, afirmó Samuel Ponce de León Rosales, coordinador de la Comisión Universitaria para la Atención de la Emergencia del Coronavirus y titular del Programa Universitario de Investigación en Salud (PUIS) de la UNAM.

Precisó que el efecto de la vacunación se dará a partir de que el 60 por ciento de la población esté vacunada y se hayan aplicado las dosis completas.
Ponce de León consideró positivo contar con las vacunas; no obstante, es necesario mantener el uso de cubrebocas, higiene de manos, estornudo de etiqueta, guardarse en casa y evitar reuniones numerosas, incluso en Navidad y Año Nuevo.
En conferencia virtual de medios, María de Lourdes García García, subdirectora de Prevención y Vigilancia en Enfermedades Infecciosas en el Centro de Investigación sobre Enfermedades Infecciosas del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP), dijo que pareciera que las vacunas contra la COVID-19 son la herramienta que nos va a sacar de esta crisis sanitaria, pero eso es esperar demasiado.
La vacuna que aprobó la Organización Mundial de la Salud, cuya eficacia se estima de 70 a 80 por ciento, es positiva; sin embargo, si se vacuna solamente del cinco al 15 por ciento de la población, la protección se focaliza, alertó.
Y aclaró: “no otorga la llamada inmunidad de rebaño que nos permitiría olvidarnos del lavado de manos, del cubrebocas y de la sana distancia. Durante los siguientes dos años, por lo menos, son medidas que no debemos olvidar. La vacuna no quiere decir que mañana me puedo ir a una fiesta o a celebrar la Navidad con mi familia”.
A su vez, Mauricio Rodríguez Álvarez, académico de la Facultad de Medicina (FM) y vocero de dicha Comisión, explicó que en la vacunación inicial habrá grupos prioritarios, como personal de salud cercano a pacientes, mayores de 70 años, personas con un riesgo particular (como diabetes, obesidad e hipertensión), y elementos de seguridad (integrantes del Ejército, policías, expertos en seguridad civil en riesgos).
“La vacuna va a estar, hasta cierto punto, limitada en cuanto a la disponibilidad; la información clínica que se vaya recabando se irá ampliando y con eso irán cambiando las modificaciones de uso”, destacó.
Rodríguez Álvarez detalló: en el mundo hay alrededor de 170 proyectos de investigación que buscan obtener una vacuna, entre 69 y 70 de ellos registran avance, 13 proyectos en fase tres, y siete vacunas que tienen autorización para uso de emergencia. “Cada uno tiene una plataforma biotecnológica específica y características distintivas y casi todas tienen un esquema de dos dosis”, señaló.
Sobre la estrategia que sigue nuestra nación destacó: se avanza en una iniciativa internacional en la cual convergen diversos países e instituciones, denominado COVAX. Además, se busca la vacuna directa con productores que puedan abastecer.
“México también está participando en estudios clínicos de fase tres con varias instituciones, y también hay proyectos propios que van desde la investigación básica a la investigación clínica”.
Ponce de León dijo que en medio del desastre actual de la COVID-19, cuando los casos se mantienen y aumentan en el país, las vacunas se presentan como una posibilidad real y factible de tener un impacto sobre la evolución de la pandemia en el mediano plazo.

Así lo plantea la ingeniera biológica Lina Marcela Guerra en su tesis “Avances en la remediación biológica del mercurio: hongos macroscópicos como potenciales agentes de biorremediación” para optar al título de Magíster en Ingeniería - Recursos Minerales de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Medellín.
La investigación partió de una revisión sistemática de literatura (RSL) en el mundo, usando la base de datos de Scopus sobre el uso de hongos macroscópicos, aquellos que a simple vista se ven “rojitos con pequitas blancas”.
En 33 de los artículos analizados se relaciona con la capacidad de los hongos macroscópicos para acumular, captar o concentrar metales pesados, específicamente mercurio. El 83 % de los estudios publicados entre 2016 y 2018 evidencian su capacidad para acumular mercurio, aunque el tema se concentra en pocos investigadores y pocos países.
Aunque para Europa existen datos importantes sobre acumulación y distribución de mercurio en cuerpos fructíferos de hongos macroscópicos, para África, Asia y América no hay mucha información.
Esta situación motivó la investigación para revisar los aportes científicos mundiales del uso de hongos macroscópicos como alternativa para remediar mercurio en suelos contaminados, por su abundancia, naturaleza, economía y capacidad de acumulación de metales pesados como cadmio, cobre, mercurio, plomo y zinc.
El mercurio se utiliza en minería para separar y extraer el oro de sedimentos y suelos; es un método muy usado en Colombia, en especial por la minería informal.
Sin embargo, este metal es un gran contaminante del agua, los suelos y el aire, es nocivo para el medioambiente y para la salud de cualquier ser vivo porque se bioacumula y causa enfermedades.
En zonas mineras críticas esta contaminación alcanza a los peces, la fauna y flora silvestre, con efectos consiguientes en la vida de miles de personas, tanto las que participan directamente en actividades mineras como de aquellas que viven en las cercanías.
La tesista señala que “aunque Colombia es un país con minería informal y artesanal importante y las contaminaciones de suelo por mercurio son elevadas, no hay investigaciones con enfoque de biorremediación; falta explorar más esas capacidades de los hongos, y cuáles tenemos que podamos utilizar”.
Agrega que “todas las investigaciones buscan eliminar el mercurio del agua pero no contemplan los suelos a los llegan esas aguas contaminadas, y por ende a los seres vivos, en los se bioacumula”.
Desde la ciencia se tiene la teoría, y ahora falta la experimentación: como no hay estudios de procesos o protocolos de remediación de suelos usando hongos macroscópicos como agente biológico, a futuro se abre una importante área de investigación para el desarrollo sostenible.
“Implementar un protocolo o proceso de remediación usando hongos es muy económico comparado con los procesos existentes; solo es necesario crearles un ambiente con temperatura y humedad adecuadas para que crezcan; se vigilan como un cultivo normal y ellos solos hacen el trabajo”, explicó la tesista.
Al respecto, señala que “en Colombia no se han adelantado protocolos o procesos de biorremediación ni un piloto de cultivos de hongos macroscópicos en suelos contaminados con mercurio para garantizar la descontaminación de un suelo mediante su uso”.
Así mismo faltan estudios para saber qué hongos macroscópicos existen en Colombia capaces de absorber más mercurio según las características de la zona (clima, temperatura, humedad, especificidad del suelo).
“Un hongo con potencialidad muy alta es Amanita muscaria, cuyo sombrero es rojo rodeado de puntos blancos, que según investigaciones adelantadas en Polonia y China es de los que más absorben mercurio”, subraya.
Este estudio abre una oportunidad para empezar a investigar en profundidad sobre aspectos que complementen, amplíen o mejoren los análisis realizados en el mundo y que potencien su aplicabilidad en Colombia desde la ingeniería en reparación o mitigación ambiental.