
Sin ellas y ellos, el sistema de salud colapsaría. Están presentes en los momentos más significativos de la vida y atienden no sólo a los pacientes, sino a sus familias. Son las enfermeras y enfermeros mexicanos que este 6 de enero celebran su día.
Son indispensables por su labor, trato humano y toque terapéutico. En tiempos como los actuales, por ejemplo, estos profesionales pueden estar muy cerca del enfermo y abrazarlo; comunicarse con él, ayudarlo a respirar o a estar contacto con sus seres queridos.
Y no sólo se encuentran en los hospitales o en unidades de cuidados intensivos, sino en centros de atención preventiva, promoción de la salud o vacunación, donde se atiende al individuo sano y a la mujer embarazada. Cuidan y protegen.
Por todo ello, su labor es irremplazable y apreciada por la sociedad. Con base en datos del INEGI, la enfermería es una de las ocupaciones más respetadas y valoradas por la sociedad en nuestro país, considerado así por 41.5 por ciento de la población entrevistada, que la calificó con la máxima puntuación (10), de acuerdo con la Encuesta sobre la Percepción Pública de la Ciencia y la Tecnología en México 2017.
En nuestro país, la formación de enfermeras inició en el Hospital General de México en 1907; y el Día de la Enfermera y el Enfermero se celebra desde 1931, cuando el entonces director del Hospital Juárez de México, José Castro Villagrana, lo instituyó al considerar que su presencia era un “regalo de Reyes” para los pacientes.
La directora de la Escuela Nacional de Enfermería y Obstetricia (ENEO) de la UNAM, Rosa Amarilis Zárate Grajales, explica que existen 315 mil integrantes del personal de enfermería en el sistema de salud; casi 60 por ciento son enfermeros con nivel técnico, y alrededor de 45 por ciento tienen nivel licenciatura, o especialización, maestría o doctorado.
Ellas y ellos se encargan de atender a más de 120 millones de mexicanos, por lo que se requiere más personal e invertir en su formación, ya que sólo tres por ciento cuenta con una especialidad; además, “la situación se ha visto agravada a raíz de la emergencia sanitaria”.
Al año, refiere la directora, egresan de 20 mil a 22 mil enfermeros de todos los niveles (técnico y licenciatura); además de que son pocos se enfrentan a un mercado laboral contraído, por lo que se requieren más plazas.
En 2020, Año Internacional de la Enfermería y la Partería –definido por la Organización Mundial de la Salud, en conmemoración del 200 aniversario del nacimiento de Florence Nightingale, fundadora de la enfermería moderna–, se hizo más visible la necesidad de este personal. “Nadie hubiera imaginado que ese año iba a ser, como nunca, tan evidente y necesaria nuestra actividad”, agrega la maestra Zárate.
Ante la situación que atraviesa el país, Belinda de la Peña León, jefa de la carrera de Enfermería de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Zaragoza, agregó: son líderes en respuesta y demuestran su profesionalismo y entrega absoluta, además de su conocimiento, competencia y experiencia.
En especial, los egresados de la Universidad Nacional se distinguen por ser reflexivos, críticos, propositivos y comprometidos, por sus aprendizajes significativos, así como por los valores en los que se forman, como el respeto y la responsabilidad, recalca.
Ambas universitarias coinciden en señalar la importancia de las aportaciones que la carrera de enfermería ha hecho a la profesionalización de esa actividad y a la salud de los mexicanos.
Enfermería universitaria
El 9 de febrero de 1907, dos años después de haberse inaugurado el Hospital General de México, por solicitud expresa al presidente Porfirio Díaz, se inició la institucionalización de la primera escuela de Enfermería en México, la del Hospital General, que marcó una tendencia de formalización de los programas educativos y la oficialidad de sus certificados en control de interés público; fue el antecedente de lo que hoy es la ENEO, relata Íñiga Pérez Cabrera, profesora de la propia Escuela, en la Revista Enfermería Universitaria ENEO-UNAM (abril-junio 2010).
Una vez inaugurada la Universidad Nacional de México en 1910, al año siguiente se aprobó la integración de la enseñanza de la enfermería a su Escuela de Medicina.
La ENEO nació en el marco legal de la Ley Orgánica de 1945 de la Universidad, y no fue sino hasta 1966 que se adoptó el sistema de créditos, se estructuró el plan de estudios por semestres y, finalmente se hicieron los trámites para la aprobación de la licenciatura en Enfermería y Obstetricia, el 15 de febrero de 1968, se añade en la publicación.
La mayoría de los profesionales del país en esta área han egresado de la UNAM en sus diferentes niveles de formación, señala Zárate Grajales, de ahí la importancia de la Universidad en la formación y profesionalización de esta actividad en México. “Esta fue la primera Universidad y escuela que inició la formación de enfermeras en niveles profesionales, de licenciatura”.
Asimismo, se cuenta con la licenciatura en enfermería en el Sistema de Universidad Abierta y Educación a Distancia, cuya meta es profesionalizar a las enfermeras que ya trabajan en el sistema de salud, con nivel de formación técnica y bachillerato, y complementan créditos para obtener ese nivel académico.
Hace poco menos de 20 años sólo había cerca del 20 por ciento de enfermeras profesionales; hoy representan casi el 45 por ciento. El cambio ha sido sustantivo, porque había más auxiliares que profesionales, y eso se logró revertir con el apoyo de la Universidad de la nación, dijo la directora.
Actualmente en la UNAM se forman enfermeras y enfermeros en la Escuela Nacional de Enfermería y Obstetricia y en las FES Zaragoza e Iztacala; además, un buen número de escuelas incorporadas a la Universidad Nacional implementan sus planes de estudios.
Excelencia en la enseñanza
La ENEO es la instancia universitaria más relevante en el país y una de las dos más importantes de América Latina, junto con la Escuela de Enfermería de la Universidad de Sao Paulo, Brasil, explica Rosa Amarilis Zárate.
Está acreditada por el Consejo Mexicano para la Acreditación de Enfermería (COMACE), actualmente se ofrecen dos licenciaturas: Enfermería, y Enfermería y Obstetricia. De igual modo, tiene la acreditación de la Comisión Interinstitucional para la Formación de Recursos Humanos para la Salud, un grupo colegiado de la Secretaría de Salud, y del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología para los programas de posgrado. “Estábamos transitando a una acreditación internacional antes de la emergencia sanitaria. Además, nos encontramos en proceso de aprobación de un proyecto de doctorado en enfermería en donde participamos con otras entidades”.
La ENEO es Centro Colaborador de la Organización Mundial de la Salud para el Desarrollo de la Enfermería en la Región de las Américas desde 1997, y cuenta con el Programa Único de Especializaciones en Enfermería, con 15 especializaciones.
Iniciado en 1997, es el proyecto educativo más consolidado de especializaciones en el país para enfermería, que recibe alumnos de México, Colombia, Costa Rica, Ecuador, España, Paraguay, etcétera. “Funciona de la mano del sistema de salud, y los alumnos se forman con las enfermeras, los médicos especialistas y los expertos en diversas áreas del conocimiento”.
Ejemplo de ello son las especializaciones de enfermería cardiovascular, en el Instituto Nacional de Cardiología; infantil, en el Instituto Nacional de Pediatría y el Hospital Infantil de México Federico Gómez; o perinatal, en el Instituto Nacional de Perinatología y el Centro de Investigación Materno Infantil, entre otras. “Tenemos más de 30 sedes de las especializaciones en entidades como Guanajuato, Guerrero, Yucatán y el Estado de México”.
La ENEO tiene el mejor centro de enseñanza clínica avanzada –para licenciatura y posgrado–, el cual cuenta con simuladores de baja y alta fidelidad. Se planea mejorar la formación de los docentes en los próximos años y se promoverá su certificación. También se pretende incrementar la movilidad de estudiantes al extranjero, cuando esto sea posible, y lograr que los planes de estudio continúen acreditados.
Además de la aprobación por los cuerpos colegiados universitarios del proyecto de doctorado, que implica el desarrollo de la investigación institucional, y donde participarán varias entidades (las FES Zaragoza e Iztacala, así como el Instituto de Investigaciones Antropológicas), la ENEO cuenta con programas de posgrado consolidados, profesores en el Sistema Nacional de Investigadores e investigación de primer nivel. Con todo lo anterior se estaría en posibilidades de transitar de escuela a facultad, expresa Zárate Grajales.
En la FES Zaragoza la formación de enfermeras y enfermeros comenzó en el nivel técnico en 1976, cuando se cursaban los estudios en seis semestres. La última generación en ese nivel se registró en 2001, explica Belinda de la Peña.
En 1998 surgió la propuesta de la licenciatura en enfermería y “hasta ahora llevamos 20 generaciones de egreso, con alrededor de 280 alumnos en cada una”. La carrera también se imparte en el campus Tlaxcala de la FES, donde se registra una matrícula de ingreso de 30 alumnos; en tanto que en la Ciudad de México hay de 420 a 450 alumnos de primer ingreso cada año. En 2018 entró en vigor el nuevo plan de estudios.
La carrera tiene acreditación del COMACE y ahora está en proceso la renovación, mediante la evaluación de las categorías de personal académico, estudiantes, plan de estudios, aprendizaje, formación integral de alumnos, servicios de apoyo para el aprendizaje, vinculación y extensión, investigación, infraestructura y equipamiento, así como gestión administrativa y financiamiento. Debido a la emergencia sanitaria, el proceso se retrasó, pero continuará en los próximos meses, así como la solicitud de la acreditación internacional.
La FES Zaragoza y su carrera de enfermería cuentan con la Unidad Multimedia de Morfofisiología donde se promueven proyectos innovadores, con la implementación de diversas propuestas para conjuntar las actividades de aprendizaje de los alumnos, mediante la utilización de métodos complementarios para fortalecer su formación a través de prácticas integrativas.
Datos del INEGI indican que, de cada 100 profesionales del área, 85 son mujeres. En el ámbito universitario el porcentaje es muy parecido ya que, por ejemplo, la población estudiantil de varones es de alrededor de 12 por ciento en la FES Zaragoza. La profesión es comandada por el sexo femenino, concluye la jefa de carrera.

Así lo señala Julián Felipe Porras Villamil, magíster en Infecciones y Salud en el Trópico de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), quien explica que “los médicos y el personal de salud pueden identificar erróneamente a las arañas, y por lo tanto tratar la picadura –o mordedura– de manera equivocada”.
Mientras en países como Brasil, Chile, Argentina y Perú el reporte de estos casos es obligatorio, en Colombia, aunque sí es un tema de consulta médica relativamente frecuente, no se considera como un problema de salud pública.
Esta situación hace que en el país se desconozcan las estadísticas reales de la problemática, pues hasta el momento solo existen datos de un único estudio –adelantado en 2011– en el que se describen 111 casos en humanos entre 2006 y 2010, solo para Antioquia, Cundinamarca y Valle del Cauca.
Según el magíster Porras, dicho desconocimiento no se limita solo a los casos en humanos, pues a pesar de que se sabe que los animales domésticos –perros o gatos– comparten hábitat con las arañas, no existen registros que describan las características de estos accidentes en animales.
Un ejemplo de lo mencionado por el especialista sucedió en 2019: la noche del 5 de abril, mientras estaba en su cama, Laura*, una paciente suya de 26 años, fue mordida en la mejilla por una araña. Ella golpeó la araña con el dorso de la mano y esta cayó al suelo, y su perra la ingirió.
Casi inmediatamente, Laura tuvo dolor, prurito (o irritación), inflamación (eritema) y sensación de adormecimiento en la zona de la mordida. Después aparecieron erupciones en la piel (pápula) con las marcas de los colmillos. Otros síntomas fueron diarrea, debilidad, fatiga y dolor lumbar. Su mascota, además de la debilidad, padeció salivación excesiva y vómito.
Escaso conocimiento
El doctor Porras explica que aunque se conoce muy poco sobre los efectos clínicos de las picaduras de araña, sí se sabe que la mayoría de las 40.000 (aprox.) especies descritas no son de importancia médica.
Si bien la mayoría de las picaduras de araña causan reacciones leves, algunas especies pueden causar daños locales y sistémicos graves con consecuencias duraderas, e incluso la muerte.
Las especies de arañas más peligrosas para los humanos son de los géneros Latrodectus spp. (familia Theridiidae), conocida como viuda negra, y Loxosceles spp. (familia Sicariidae) o reclusa parda, con más de 120 especies reconocidas y distribuidas por todo el mundo.
Las picaduras que involucran a estos géneros se conocen como latrodectismo y steatodismo respectivamente, y aunque las manifestaciones clínicas son similares, en el segundo grupo suele ser menos severo.
Otro grupo importante incluye algunos Mygalomorphae (funnel-web araña).
El magíster Porras menciona que mientras las manifestaciones locales incluyen dolor, prurito, hinchazón e inflamación, los síntomas sistémicos pueden incluir dolor abdominal o torácico, náuseas, sudoración excesiva, malestar general, fiebre y dolor de cabeza. Otras especies de arañas pueden causar ampollas, úlceras, necrosis o muerte del tejido y afectación de órganos más importantes.
“En el evento de la paciente en mención y su mascota se reporta un posible caso de steatodismo, es decir una picadura leve de araña, pero aun así es importante tratarla”, señala el magíster.
Los síntomas se trataron mediante analgésicos y antiinflamatorios, y no se requirió antiveneno. Ambas evolucionaron favorablemente.
Según el doctor Porras el caso de Laura ejemplifica la importancia de abordar correctamente los casos de picaduras de araña, pues si estos se tratan como episodios graves, y no lo son, pueden conducir al uso innecesario de medidas clínicas y aumentar el costo de la atención médica.
En ese sentido, advierte que es necesario educar no solo a los médicos sino también a los ciudadanos de las áreas urbanas y rurales en su conocimiento para reducir y prevenir episodios de picadura de araña, y a la vez disminuir el miedo irracional a estos arácnidos.
* Nombre cambiado a solicitud de la paciente.

El 82 por ciento de los bosques en el mundo padece cada vez más estrés hídrico, aunado a una mayor disposición de dióxido de carbono (CO2) de la atmósfera, explicó Paul Szejner Sigal, investigador del Instituto de Geología de la UNAM.
El experto del departamento de Ciencias Ambientales precisó: es importante porque con el incremento de la temperatura en el orbe la demanda de agua en la atmósfera aumentará, proceso que queda plasmado en los árboles a nivel químico.

“Los árboles pueden registrar los cambios en el clima que se están sucediendo y por otra parte el CO2 está dejando su firma en los isótopos de carbono en la nueva materia orgánica que se incorpora a ellos”, destacó Szejner Sigal.
Desde hace ocho años Szejner Sigal trabaja en la elaboración de series de cronologías de árboles en Estados Unidos, para las cuales se extraen pequeños segmentos de la madera, que permiten revisar los anillos de crecimiento y analizarlos microscópicamente.
Tras recordar que a cada anillo de crecimiento se le atribuye un año de vida, el investigador detalló que se han podido revisar hasta un siglo de datos de los bosques de coníferas en el vecino país del norte.
Szejner Sigal comentó que para determinar que el 82 por ciento de las cronologías presentan una tendencia a largo plazo de estrés hídrico, se consideraron aquellas que proceden del sur de Chile, Europa y Estados Unidos.
El trabajo muestra que la mayoría de los bosques estudiados presentan una tendencia hacia el estrés hídrico, el cual está relacionado al aumento de la temperatura a nivel global, lo que implica que la atmósfera es cada vez más seca y compite con los árboles por el agua.
Este ejercicio, destacó, se replicará en México con una serie de muestras reunidas desde hace 20 años por el Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias, a las cuales se les realizarán análisis químicos para revisar la salud de los bosques y detectar cambios a largo plazo, ya sea climáticos o los incrementos del CO2 atmosférico.
La idea del experto en el estudio de suelo, bosques y clima es revisar el impacto del CO2 en los pinos y coníferas de nuestro país en los últimos 120 años.
Szejner Sigal hizo ver que la materia orgánica la cual están sintetizando las plantas proviene del dióxido de carbono, toda vez que a la hora de realizar la fotosíntesis las plantas capturan el gas de efecto invernadero de la atmósfera, y lo convierten en material orgánico (hojas, tallos, raíces, madera).
“Si seguimos incrementando la temperatura a nivel global, esta demanda hídrica en los bosques va a aumentar, y los bosques serán capaces de registrar esos cambios a nivel climático”, insistió el investigador.
Finalmente, el experto urgió en la necesidad de proteger los bosques para mantener la función mitigadora con que cuentan respecto de la fijación del CO2: entre más bosques, puntualizó, se puede captar más y formar madera.

El mural “La Creación” de Diego Rivera, los pegasos de Agustín Querol, de la explanada de Bellas Artes, y conjuntos notables de pintura y retablos del siglo XVI tienen algo en común: fueron estudiados por especialistas asociados al Laboratorio de Diagnóstico de Obras de Arte (LDOA) de la UNAM, para determinar su estado de conservación.
Este Laboratorio, que forma parte del Instituto de Investigaciones Estéticas (IIE), también problematiza cuestiones de significado, forma y materia desde la Historia del Arte, en el campo de técnicas y materiales. Es decir, es un espacio donde conviven la historia del arte y la ciencia de los materiales y en el cual expertos realizaron más de 250 proyectos para el estudio de la tecnología artística, los materiales y el significado cultural del arte y el patrimonio mexicanos.
También llevan a cabo levantamiento de dictámenes a estas obras, a partir de estudios físico-químicos y de estructura de la materia.
“Son 250 iniciativas y cada una incluye una o más obras. La mayoría pertenecen al periodo Virreinal, al moderno y en menor cantidad, son objetos precolombinos y de arte indígena”, explicó la investigadora y doctora en historia del Arte, Elsa Arroyo Lemus.
Sus investigaciones ayudan a la toma de decisiones cuando se requiere rescatar, rehabilitar, recuperar o restaurar obras de arte. Este trabajo lo realizan en colaboración con especialistas y autoridades federales responsables de la conservación del patrimonio cultural.
“Apoyamos a quienes están en el campo de batalla con esta parte que requiere de mucha innovación tecnológica”, dijo la doctora en historia del arte, Sandra Zetina Ocaña.
“También hemos aprendido a construir lenguajes comunes entre disciplinas, entre humanidades, artes y ciencias; hacemos reproducciones experimentales con artistas para corroborar hipótesis”, añadió.
En su labor cuentan con la colaboración de colegas de los institutos de Física (IF), de Química (IQ) de la UNAM, así como del Instituto Nacional de Investigaciones Nucleares y del Centro de Investigación en Corrosión de la Universidad Autónoma de Campeche, explicó el actual coordinador del Laboratorio, Manuel Eduardo Espinosa Pesqueira.
Procedencia y catalogación de obras
El LDOA ha realizado proyectos enfocados a la revisión de colecciones de museos con énfasis en su conformación histórica y las atribuciones o procedencias de obras. La exposición “Los secretos del Arte” y el proyecto vigente sobre la trayectoria artística de Sebastián López de Arteaga, son ejemplo de ello.
Los investigadores analizaron la colección del Museo de San Carlos y en particular tres cuadros: “Las siete virtudes”, “La Virgen de la leche” y una copia del famoso cuadro de Caravaggio “El entierro de Cristo”; ninguno tenía firma, sus atribuciones estaban basadas en la historiografía y se trató, con base en la tecnología y análisis científicos, de contribuir con su correcta catalogación.
La obra “Virgen de la leche” tiene además una severa alteración cromática por lo que se hizo una reconstrucción del color, a fin de que el espectador pudiera imaginarse cómo debió ser cuando el artista la terminó en el siglo XVI”, expuso Arroyo.
Intervención adecuada
Los especialistas también investigan grandes temas como la pintura mural maya, los manuscritos pintados de la época prehispánica, la pintura en acrílico, a fin de conocer cómo se trabajaron las obras en un periodo determinado, qué tintes o colorantes se usaban, o cómo ha sido la degradación de determinadas pinturas.
Así, cuando les solicitan sus dictámenes para intervenir objetos artísticos, cuentan con herramientas para entender su composición y pueden generan un impacto directo en la preservación del patrimonio cultural, explicó Zetina.
Un ejemplo de adecuado diagnóstico fue el realizado en los pegasos de Agustín Querol que decoran la explanada de Bellas Artes: el Centro Nacional de Conservación del INBA les llamó y los laboratorios que integran el LANCIC hicieron una evaluación conjunta para dar pautas sobre su degradación e intervención. “Cada vez nos contactan más con preguntas de conservación concretas”, agregó la especialista.
Espinosa Pesqueira, también doctor en Ciencia de Materiales, subrayó que se busca establecer protocolos previos a una intervención. “No hacemos química tradicional del siglo XIX o principios del XX sino físico-química de la estructura de la materia”.
“Es un trabajo inter, multi y transdisciplinario en el que intervienen la historia del arte, la historia, la ciencia de materiales, la física, la química, la matemática, la biología de una forma multidimensional”.
Orígenes
En el Instituto de Investigaciones Estéticas, el LANCIC tiene como antecedentes el proyecto de Pintura Mural Prehispánica, que fue coordinado en sus comienzos por Beatriz de la Fuente, quien propuso catalogar y estudiar esta pintura desde perspectivas interdisciplinarias. Para ello invitó a las restauradoras Diana Magaloni y Tatiana Falcón.
“Aplicaron el análisis de técnicas y materiales a la investigación en historia del arte para hacerse preguntas sobre un estilo, un periodo y comprender, por ejemplo, las etapas pictóricas de Teotihuacán o el desarrollo de la pintura mural en el área maya. Se vio que era un campo muy fructífero para proponer nuevas hipótesis sobre los objetos culturales”, expuso Zetina.
El otro proyecto de arranque fue la exposición “La materia del arte: José María Velasco y Hermenegildo Bustos” para lo que se realizaron estudios de imagenología, ultravioleta, microscopia y caracterización de elementos inorgánicos por medio de fluorescencia de rayos-X, a las obras más representativas de los dos artistas.
“Fue muy novedosa la exposición pues dio a conocer la difusión en México de los pigmentos sintéticos desarrollados por la química del siglo XIX, cuando los pintores empezaron a comprar materiales comerciales prefabricados como los óleos en tubo, lo que permitía pintar al aire libre”, expuso agregó la especialista.
Además, representó una oportunidad para establecer una metodología de trabajo in situ que permitía llevar el laboratorio al museo y explorar las colecciones, para dar nuevas lecturas de ellas y cuidar los objetos al limitar los riesgos por manipulación o fluctuaciones en el clima.
“Nos dimos cuenta que necesitábamos realizar de forma consistente trabajo de campo, ir con nuestras metodologías a los lugares, porque el patrimonio cultural pertenece a un contexto, a un sitio determinado”, agregó Arroyo.
En 2006 el Laboratorio tuvo su primer proyecto financiado por el Conacyt para el estudio de la pintura y retablos del siglo XVI; y entre 2006 y 2007 inició una segunda etapa en la que obtuvieron recursos del Programa de Apoyo a Proyectos de Investigación e Innovación Tecnológica (PAPIIT) de la UNAM y del Conacyt.

La niñez migrante no acompañada es un fenómeno vigente, en el que se inmiscuye desigualdad, corrupción, violencia e impunidad, elementos que pone en situación de vulnerabilidad a niños, niñas y jóvenes, alertó Rubí Castellanos Gómez, egresada de la Escuela Nacional de Trabajo Social (ENTS) de la UNAM.
Se refirió a algunos estudios que revelan la existencia de tres generaciones de la migración: la protagonizada por hombres; por mujeres; y, recientemente, niños y jóvenes.
En el caso de los varones en su afán de seguir con el rol de proveedor deciden salir en busca de nuevas oportunidades, hay quienes logran llegar al lugar de destino; otros, desaparecen o tienen éxito y algunos se olvidan de la familia que dejaron.
Ellas migran porque no encuentran oportunidades laborales, por la violencia a la que ellas y su familia se enfrentan día a día o no hay quién las ayude económicamente; algunas dejan a sus hijos a cargo de sus abuelos u otro familiar, o hay quienes se los llevan.
Mientras que la niñez migrante sola o acompañada (sobre todo por desconocidos que en el camino se hacen amigos) se hizo visible entre 2017 y 2018; ellos lo hacen porque desean reunirse con sus padres o huyen de la violencia extrema en sus comunidades.
“Los principales países expulsores de esta niñez migrante conforman el Triángulo Norte de Centroamérica. Un informe de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos respecto a la migración de niños registra que, en 2018, 44 por ciento provenía de Honduras, 42 por ciento de Guatemala, 10 por ciento de El Salvador y cuatro por ciento de otras naciones como Venezuela, Colombia y Nicaragua”, aseguró.
Agregó que esa institución informó que ese año se contabilizaron 30 mil 76 niñas y niños migrantes, de los cuales 10 mil 54 no iban acompañados. Además, 48.6 por ciento abandonó su país por violencia generada por pandillas y/o dentro de sus hogares. Existen testimonios que aseguran que las niñas salen de El Salvador por violencia sexual dentro del seno familiar; 29.2 por ciento obedece a motivos económicos y falta de oportunidades para estudiar o trabajar.
Retos
Bajo los lineamientos del Programa para la Formación de Jóvenes a la Investigación en la Licenciatura en Trabajo Social, Castellanos Gómez señaló que su trabajo titulado “La Trata de personas y su vinculación con la niñez migrante no acompañada: retos, perspectivas y consideraciones desde el Trabajo Social”, parte del supuesto hipotético que la trata de personas y la niñez migrante no acompañada se configuran como una problemática que atenta contra este sector proveniente del Triángulo Norte de Centroamérica.
El desarrollo de la investigación, indicó, la llevó a cabo a través de entrevistas con profesionales de múltiples disciplinas que intervienen con la población de la niñez migrante; también, recabó información a partir de videoconferencias, audios, informes, trabajos previos y narrativas.
“Lo que la investigación arrojó es que esto es un fenómeno que comienza a presentarse desde la primera infancia, pero tiene mayor presencia en la adolescencia. Algunos testimonios aseguran que desde los seis meses de edad ya son captados por las redes de trata de personas para diversos fines, destacando la utilización de menores en el crimen organizado, la extracción de órganos y la explotación sexual en su modalidad de prostitución y pornografía infantil”, apuntó.
Asimismo, dijo que algunas madres con tal de no ver morir a sus hijos por la violencia o la pobreza se los entregan a los polleros para que los lleven a un lugar de destino, pero algunos son entregados al crimen organizado.
Mencionó que la violencia estructural que hay en sus países orillan a los infantes a salir de sus comunidades y hay pequeños que desde los tres o cuatro años migran solos.
“Nosotros, como país, nos hemos vuelto un filtro para que los migrantes no lleguen a Estados Unidos, principal destino de los migrantes centroamericanos y mexicanos. Otro elemento es que hay legislación y protocolos de actuación para atender a la niñez migrante, pero cuando se aterrizan a la realidad no logran operacionalizarse debido a que priorizan lo jurídico sobre lo social y humano y aíslan a los niños en sedes migratorias en lo que resuelven su estatus migratorio sin tomar en cuenta a los menores de edad”, enfatizó.
Expuso que existen legislaciones que apoyan la migración, inclusive protocolos de actuación para saber cómo proceder con los infantes, pero no se cuenta con espacios adecuados para ellos, ya que parecen cárceles donde a veces no hay ni colchonetas donde puedan dormir.
“Ahora podemos hablar de una cuarta generación de migración, que se trata de toda la familia completa, porque vienen padres, hijos, abuelos, tíos… por las precarias condiciones en las que viven en sus comunidades y es necesario ser conscientes y dejar de criminalizar a los migrantes, no solo los que provienen de otros países, sino también de los propios nacionales”, dijo.
Este trabajo que recibió el sexto Premio Universitario de Tesis, nivel licenciatura (2019), por la cátedra extraordinaria de Trata de personas, a cargo del profesor Mario Luis Fuentes Alcalá, proseguirá para seguir entendiendo la complejidad de ambos fenómenos que permitan sentar las bases para protocolos de actuación centrados en el interés superior del menor.