Síndrome de piernas inquietas, evidencia trastornos del sueño
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22 de diciembre de 2020

Las personas que padecen Síndrome de Piernas Inquietas (RLS, por sus siglas en inglés) tienen de 70 a 95 por ciento de probabilidad de sufrir trastorno de movimiento periódico de las extremidades durante la noche, lo cual a su vez puede provocarle insomnio y otras alteraciones físicas y cognitivas.

Así lo dio a conocer Rafael Santana Miranda, responsable de la Clínica de Trastornos del Sueño de la Facultad de Medicina (FM), quien explicó que el RLS está íntimamente relacionado con manifestaciones de dolor profundo, tensión muscular, calambres a nivel de pantorrillas que se producen al estar en reposo, lo cual disminuye o desaparece en cuanto se reinicia el movimiento de las piernas, precisó.



El origen de este padecimiento puede ser diverso, el más común es por deficiencias en el metabolismo del hierro. Por ejemplo, cuando un paciente presenta problemas ginecológicos, gastrointestinales o deficiencias nutricionales, insuficiencia renal, que implican en su mayoría pérdidas insensibles de tejido hemático (pequeños sangrados).

La recuperación de esas pérdidas, precisó, requiere de la sospecha clínica, la confirmación mediante pruebas de laboratorio, el control de la causa subyacente y el tratamiento restitutivo, lo cual no es una tarea fácil.

Esta deficiencia provoca trastornos de movimiento durante el dormir, dado que el hierro no sólo sirve para la formación de hemoglobina, sino que está asociado con la formación de neurotransmisores que tienen que ver con el movimiento, señaló el somnólogo.

De modo que buena parte de quienes lo padecen mueven involuntariamente las piernas y los brazos al dormir, situación que les va a generar fragmentación del sueño por múltiples despertares, microdespertares y cambios de fase.

Dichas alteraciones de asocian con el desarrollo de enfermedades cardiovasculares y metabólicas. Pero también con sintomatología diurna con bajo rendimiento físico, cognitivo y cambios en el estado de ánimo, puntualizó.

El maestro en rehabilitación neurológica indicó que no hay tanta diferencia en la presencia de este síndrome entre hombres y mujeres, y en algunos países se ha encontrado que existe una prevalencia de tres a 10 por ciento de la población.

Consideró que estos problemas deberían diagnosticarse desde el primer nivel de atención para que evitar que se compliquen; es decir, “el médico general, por ejemplo, debe indagar si las causas del insomnio secundario a probables trastornos de movimiento, son consecuencia de deficiencias nutricionales, otras enfermedades como las gastrointestinales o insuficiencias”.

El RLS en los niños es muy curioso porque ellos piden a sus padres les den masaje en los pies antes de dormir y así logran conciliar el sueño. Cuando duermen con otro hermano la queja de éste es que lo patea o no deja de moverse, dijo.

Santana Miranda destacó la importancia de hacer una buena anamnesis, exploración física y apoyo de estudios de laboratorio y gabinete para diferenciar los trastornos de movimiento de otros padecimientos como la epilepsia, trastornos de ansiedad, insuficiencia venosa o arteria en extremidades, así como trastornos comprensivos a nivel medular u otro tipo de enfermedades que cursan con dolor en extremidades.

Tratamiento

Después de hacer un diagnóstico, basado en la clínica y estudios complementarios, podemos dar un tratamiento que incluya el suministro del nutriente, si se padece de anemia; o un neuromodulador o un agonista dopaminérgico si es el caso, explicó.

En todos los trastornos del dormir se recomienda una adecuada higiene del sueño con honorarios regulares, buenos hábitos en la alimentación y un estilo de vida saludable que incluya realizar alguna actividad física de manera regular, precisó.

“También se debe evitar el consumo alto de activadores; somos de los países que consumen más cantidad de refresco y cafeína para tratar de mitigar la deuda que tenemos de sueño. Es un hecho que como sociedad no dormimos las horas que debemos de acuerdo con nuestro grupo de edad, género y condición”, concluyó.

Boletín UNAM-DGCS-1122/2020
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