
El biólogo Camilo Sánchez, investigador de un proyecto de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) que busca corroborar la supervivencia in vitro de especímenes y la presencia de cannabinoides en plantas del género Radula, revela que este trabajo sería el primero de ese tipo hecho con muestras colombianas.
“Los resultados de crecimiento y supervivencia en laboratorio fueron de 11 mm2 por semana. El trabajo se realizó con 9 muestras durante 10 semanas y todas tuvieron un incremento en tamaño, es decir, una supervivencia positiva”, indica el biólogo Sánchez.
Cannabinoides y humanos
La producción de cannabinoides no se restringe a las plantas; en el cerebro de los mamíferos se originan los endocannabinoides que tienen un efecto analgésico, de sedación, sensación de bienestar e incluso en el ritmo circadiano, que regula el ciclo del sueño.
“En el cuerpo humano se registran los receptores del tipo CB1 en los pulmones, el sistema vascular, los músculos y órganos reproductivos; CB2 en los huesos, brazos y piel; y CB1+CB2 en el sistema inmune, hígado, páncreas y medula ósea, y los tres tipos están presentes en el cerebro”.
Los cannabinoides más estudiados son el Delta-8-THC y el Delta-9-THC (tetrahidrocannabinol), reconocidos con efectos psicoactivos; también el cannabidiol y el cannabinol, que no son psicoactivos. El uso principal de estos compuestos es en aceites, drogas medicinales, fines cosméticos y para inducir efectos psicoactivos recreativos.
Los cannabinoides en Radula
Estos se denominan perrotetinenos y guardan gran similitud estructural con el THC. Los más importantes reportados son el bibenzyl cannabinoide perrottetineno, el bibenzil geranilado y el bibenzil iso-tetrahidrocannabinol, este último el más actual. “Los estudios en bibenziles datan de 1978 y los reportes de perrotetineno de 1994. Se han hecho estudios en 1999, 2003 y 2017, lo que evidencia que hace falta continuidad en esa área”, señala el investigador Sánchez.
A la fecha solo hay un estudio biológico en roedores con perrottetineno, de 2018, en el cual se encontró que aunque este es 10 veces menos potente que el THC sí tiene efectos antiinflamatorios, incluso su menor potencia sería beneficiosa en algunos casos, aunque el biólogo Sánchez asegura que el potencial es amplio.
Por eso es necesario adelantar más estudios que corroboren sus efectos en el cuerpo y permitan su uso seguro, y, más importante, investigaciones con muestras colombianas para ver su diversidad y usabilidad en la industria farmacéutica como antioxidante, antiinflamatorio, neuroprotector, en medicina paliativa y anticancerígeno.
Con miras a una posible explotación industrial, el investigador explica que las especies de Radula que se encuentran en suelo o en raíces de árboles tienen un crecimiento muy diferente a las expuestas en rocas, por factores como la exposición solar, y que si bien frente a la Cannabis sativa su tamaño es mucho menor, sería más aprovechable.
“En comparación con la Cannabis sativa, la proporción de cannabinoides es mucho mayor porque toda la parte estructural de la planta produce cannabinoides, mientras en el cannabis solo el cogollo produce esta sustancia”, enfatiza el biólogo Sánchez.
No es para fumarla
El investigador recalca que si una persona encuentra una Radula no debe usarla para buscar efectos similares a la marihuana, ya que, aunque sí pueden tener algún cannabinoide, al fumarlo o hacer infusión puede haber serios problemas de irritación. La investigación indica que para poder aprovechar los cannabinoides se necesitan más estudios periódicos sobre las moléculas, su efecto y las concentraciones en la respuesta del cuerpo humano.
Actualmente en el Herbario Nacional Colombiano hay 233 muestras de Radula sin identificar la especie; otras 34 especies están identificadas y muy pocas corresponden a las 32 estudiadas en el mundo con reporte de bibenziles, y no todas han reportado cannabinoides.
Por último, el investigador Sánchez señala que con este trabajo será posible pasar a una segunda fase, en la cual se buscaría la caracterización taxonómica de las muestras y de los cannabinoides que contengan.

Con la utilización de la mosca de fruta, alumnas de la carrera de Biología de la Facultad de Ciencias (FC) de la UNAM evaluaron la genotoxicidad (capacidad de ocasionar daño en el material genético) del agua de la presa La Estanzuela, en Hidalgo, donde localizaron metales pesados, el de mayor presencia fue el aluminio, además de cobre y zinc.
Su proyecto “¿El agua contaminada puede ocasionar mutaciones en los genes?”, investigación que se originó en el Laboratorio de Genética y Evolución de la FC, con la asesoría de la académica Diana Patricia Ascencio Gorozpe, obtuvo el primer lugar en el concurso Expociencias CDMX 2020, en el área de biología.
Para este estudio las universitarias aplicaron el ensayo de mutación y recombinación somática (SMART, por sus siglas en inglés) en el organismo modelo Drosophila melanogaster (mosca de la fruta), lo cual permitió evaluar la existencia de los metales.
Las jóvenes científicas en formación: Elena Flores Callejas, María Fernanda Olivares Flores, Ana Cecilia Luis Castañeda y Alejandra del Rocío Rivera Estrada efectuaron tres muestreos del agua superficial y profunda en diferentes épocas del año, de la presa ubicada en el municipio de Mineral del Chico.
A partir de las muestras del vital líquido (estándar y de alta bioactivación en concentraciones de agua del 100 por ciento y 50 por ciento) se realizó el ensayo empleando dos cruzas del insecto (modelo biólogico).
“Drosophila tiene marcadores genéticos localizados en sus alas, y si éstos se alteraban al someter a la mosca de la fruta a esa agua, implicaba que en esa presa existe un potencial genotóxico”, explicó Alejandra del Rocío Rivera Estrada.
Mediante esa metodología y la evaluación de parámetros fisicoquímicos del agua, se determinó la presencia de metales pesados en gran cantidad, principalmente aluminio, incluso que sobrepasa lo establecido por la NOM-127-SSA1-1994; también se observó cobre y zinc. Estos resultados indican que el agua de la presa es genotóxica, capaz de inducir mutaciones en el modelo biológico, acotó.
Ana Cecilia Luis indicó que La Estanzuela abastece a los municipios de Pachuca y Mineral del Chico; sin embargo, no existían estudios biológicos en torno a los parámetros fisicoquímicos, de ahí la importancia de este proyecto en Drosophila melanogaster, “pues si a ella esta agua la mutó implica que a nosotros, como seres humanos, que tenemos muchas homologías genéticas con la mosca de la fruta, nos producirá un nivel de genotoxicidad; aunque aún es necesario averiguar de qué manera”.
De acuerdo con los datos obtenidos, “es muy claro que afecta, solo habría que ver exactamente qué enfermedad o efectos tendría en la salud humana”, añadió.
A su vez, María Fernández Olivares expuso que existe evidencia de la contaminación de la presa en un estudio, por la presencia de distintos compuestos químicos. No obstante, sus efectos en modelos biológicos han sido poco estudiados, y precisamente “eso fue lo que hicimos con Drosophila melanogaster”.
Elena Flores Callejas comentó que el trabajo galardonado es un proyecto con varios años de progreso, y es parte de la tesis de licenciatura de la asesora del equipo.
Por la obtención del primer lugar en Expociencias CDMX 2020 representarán a la UNAM y a México en la International Science and Invention Fair (ISIF) 2021, que se efectuará en Indonesia en noviembre próximo.
El grupo de Biología, apoyado además por América Nitxin Castañeda Sortibrán, Guadalupe Ordaz Téllez y Rosario Rodríguez Arnaiz, también académicas de la FC, resaltó que esta experiencia es muestra del potencial que tienen las universitarias desde los primeros semestres de la licenciatura, incluso del bachillerato, y da cuenta de la calidad educativa que se imparte en la Universidad Nacional.

Este análisis partió en agosto de 2018, cuando el equipo científico recibió una solicitud para establecer la paternidad de dos mellizos varones con marcadores genéticos, por parte del presunto padre, quien sospechaba sobre el parentesco de los niños y requirió pruebas de paternidad.
Lilián Andrea Casas Vargas, doctora en Ciencias - Biología de la UNAL, relata que cuando hay casos muy difíciles o se quiere estar seguro del resultado, el Laboratorio realiza otros marcadores. En este caso, hicieron uno conocido como “panel de cromosoma Y”, teniendo en cuenta que los mellizos son del género masculino.
Explica que se trata de una herramienta bastante utilizada en pruebas de filiación parental. “El cromosoma Y se segrega solo por la línea paterna, y lo hace en bloque de una generación a otra, nunca cambia”.
Entonces, al no cambiar, se espera que esos marcadores de cromosoma Y sean completamente idénticos al del padre. En este caso, se observa de nuevo el perfil genético coincidente con uno de los mellizos, mientras que con el otro se identificaron 14 de 17 no coincidencias, lo que corroboró la exclusión.
La genetista señala que como un procedimiento establecido en el laboratorio, cuando llega un caso de paternidad y este arroja como resultado la exclusión se repite todo el proceso para estar seguros de que no haber tenido errores técnicos, así llamaron de nuevo a los usuarios, se tomaron otras muestras, se realizaron los mismos procedimientos y se confirmó el caso, cuyo reporte, por su rareza, fue publicado en la Revista Biomédica del Instituto Nacional de Salud.
En Colombia, la superfecundación heteropaternal –como se le conoce de manera especializada al caso de mellizos de padres diferentes– es un fenómeno extremadamente raro que se produce cuando un segundo óvulo, liberado durante el mismo ciclo menstrual, es fertilizado por un espermatozoide de un hombre diferente en relaciones sexuales separadas.
Aunque en el país la magíster en Genética Humana María Luisa Judith Bravo Aguiar presentó un caso de este tipo, este no se publicó en una revista científica, y aunque se cita como ejemplo en el libro La verdad genética de la paternidad, no profundiza en el hallazgo. “Desconozco si en otros laboratorios hayan encontrado casos como este”, menciona la doctora Casas.
El profesor William Usaquén Martínez, director del Grupo, indica que “en el país se realiza un promedio de 11.000 pruebas de paternidad al año. Aunque se trata de un procedimiento sencillo, esta posee una carga emocional muy grande por el tipo de implicaciones sociales y culturales que tiene. Los dictámenes de filiación dejan ver una serie de prejuicios todavía latentes en la sociedad colombiana frente a temas como la maternidad o la sexualidad, por ejemplo”.
Hace 52 años el problema de la paternidad irresponsable alcanzó tales dimensiones, que por primera vez el Estado colombiano empezó a preguntarse sobre los derechos de los niños no reconocidos. Así, creó el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) para encaminar las acciones hacia dichos fines. Uno de los derechos instaurados fue el de la identidad, por cuanto es un componente básico de la personalidad jurídica y se encuentra en la Constitución Política.

Víctor Magaña Rueda, investigador del Instituto de Geografía (IGg) y experto en Cambio Climático, urgió a pasar a otro nivel en los esquemas de protección civil, manejo del agua y recursos naturales, a fin de estar mejor preparados para prevenir desastres y emergencias sanitarias como la que hoy se vive.
En este objetivo, consideró, “es necesario aprovechar lo que los investigadores de la UNAM y otras instituciones académicas desarrollan, y ver cómo verdaderamente, en definitiva, establecemos ese puente de comunicación entre los que toman decisiones, los que tienen el conocimiento para el beneficio de todos. Ese es el gran mensaje que nos dejan la pandemia, el cambio climático y muchas otras cosas”.
Estimó que existe mayor vulnerabilidad de riesgos porque se construyen ciudades sin pensar en los peligros que se enfrentarán, y entonces se acumulan los desastres, ya sean inundaciones, falta del vital líquido o enfermedades por calor.
Para Magaña Rueda es posible prevenir y disminuir los impactos de los fenómenos naturales, “¿cómo? Entendiendo cómo funciona el clima”.
Enfatizó que se suele confundir el calentamiento global, un proceso que requiere de múltiples años de estudios, con la variabilidad climática que implica las variaciones de un año a otro; es decir, que un año puede ser más cálido y otro más lluvioso.
Recordó que recientemente, la NASA informó que el 2020 fue el año más cálido, superando el récord establecido en 2016 en menos de una décima de grado, lo que explica los incendios forestales en Australia, Siberia y la costa oeste de Estados Unidos, además de que muchos continuaron durante la temporada de huracanes del Atlántico.
“Entender la variabilidad del clima de un año a otro es relevante, pero no por el contexto de los récords, y nunca se había visto con esa tendencia; sino para aprender a manejar mejor nuestro territorio y darle mayor seguridad a la población”, insistió el investigador.
Detalló que los estudios por la presencia de La Niña indicaron aumento en las posibilidades de que el otoño fuera particularmente seco en la zona norte del país, pero en la región de Chiapas anómalamente húmedo. Las últimas grandes inundaciones en Tabasco suscitadas en 1999, 2007 y 2020, estuvieron relacionadas con ese fenómeno climático.
No obstante, aseveró que en este caso, por ejemplo, ante la falta de previsión en materia de protección civil, se explica que los fenómenos no se habían presentado con tal magnitud.
“Es decir, lo que se comenta es que nunca había llovido tanto como ese año y, efectivamente, llovió mucho, pero no se considera el hecho de que las cuencas están cada vez más deterioradas, los cauces de los ríos están demasiado asolvados, se autorizan asentamientos irregulares, así como un escaso manejo de las presas”, expuso Magaña Rueda.

En este momento no se podría afirmar que el aumento de los casos reportados se deba a dicha variante, ya que se requeriría de una muestra viral secuencial, proceso que puede durar varios meses.
Así lo asegura el médico Carlos Saavedra, infectólogo, epidemiólogo y profesor titular del Departamento de Medicina Interna de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), quien explica que “desde el inicio del segundo pico epidémico hasta enero hemos visto que con las cuarentenas se pudo frenar la velocidad de transmisión, entonces es poco probable que la variante surgida en Inglaterra explique los cambios en Colombia”.
Sin embargo, señala que eso no significa que se pueda descartar que esta variante haya llegado al país, aunque confirmarlo tomaría mucho más tiempo.
“No hablamos de cepas, porque el comportamiento no es particular ni distinto. Se sigue produciendo el mismo cuadro clínico, pero se presentan más casos, que se pueden atribuir solo a una serie de cambios que tiene el virus. Mientras no se afecten las propiedades vitales de este no tendremos mayor problema sobre la afectación a la vacuna”, subraya.
Por su parte, el médico Manuel Antonio Vargas Córdoba, magíster en Virología y profesor titular del Departamento de Microbiología de la Facultad de Medicina de la UNAL, menciona que “al comparar los datos actuales con los de hace cuatro o cinco meses se evidencia que el porcentaje de mortalidad sigue afectando a los mismos grupos etarios, por lo que se puede decir que la rapidez con la que se están contagiando cada vez más personas en el país es consecuencia del comportamiento humano”.
En ese sentido, afirma que el cuadro clínico sobre el comportamiento del virus en el mundo no ha cambiado.
Restricciones para controlar picos
En el marco de la charla “Covid-19: un año después, retos y esperanzas”, del programa #SaludUNALContigo, se recordó que, según el Instituto Nacional de Salud (INS), desde el inicio de la pandemia hasta el 21 de enero de 2021 han fallecido en Colombia 50.981 personas, lo que significa que cada 9 minutos ha muerto un paciente, y en los últimos 10 días ese tiempo se ha reducido a 4 minutos.
Los picos epidemiológicos están directamente relacionados con la eficiencia de la transmisión del virus, por lo que las diferentes medidas de contención pueden ayudar a controlarlos, pero no a evitarlos, ya que esto solo ocurrirá cuando se alcance la inmunidad de rebaño.
Alcanzar esta inmunidad requiere que se infecte el 90 % de las personas ya sea de forma natural por contagio del virus o por la vacunación a toda la población.
“Pensar en una inmunidad consecuencia de un contagio total de los colombianos nos costaría cerca de 500.000 muertes. Actualmente se han reportado 50.000 fallecidos que han dejado impactos sociales, emocionales y económicos incalculables ¿Cómo sería perder ese 0,5 % de la población?”, reflexiona el profesor Saavedra.