
El estrés prolongado genera deficiencias de atención y alteraciones en el nuevo aprendizaje, y es más notorio en acciones cotidianas al tratar de recordar “a qué venía” o “dónde dejé el celular”, dijo Pilar Durán Hernández, neurobióloga de la Facultad de Ciencias (FC) de la UNAM.
“A esto se suma un fenómeno que se está presentando, que es el ataque de pánico con un disparador que pueden ser preocupaciones legítimas como que mi padre y madre están enfermos, conseguir un tanque de oxígeno, sin contacto médico, ruidos o amenazas del ambiente; estímulos que pueden generar una crisis”, comentó.
Esto genera alteraciones como aprehensión, sudoración, baja de presión e interpretaciones catastróficas que llevan a una lucha cerebral, que los psicólogos y psiquiatras tratan con terapias de acompañamiento o conductuales para el saneamiento de procesos mentales, destacó la investigadora.
Al participar con la charla “El estrés en tiempos de la COVID-19”, en el el ciclo de conferencias “Ciencia desde Ciencias”, Durán Hernández aseguró: las epidemias y pandemias, como las que afectan actualmente al mundo, no pueden ser estudiadas como fenómenos aislados de nosotros, sino como algo holístico que se refiere a lo relativo a un todo.
La especialista argumentó que debido a la pandemia la sociedad se encuentra en una nueva dinámica de vida con cambios de hábitos, incertidumbre, temores, frustración, aprendizaje acelerado de las nuevas tecnologías, así como hacinamiento familiar.
“Los chicos de licenciatura nos dicen que no terminan de entender cómo pasamos de clases presenciales a clases vía remota, que nos dejamos de ver de un momento a otro; el año pasado fue el último día que tuvimos con estudiantes y profesores y a partir de ahí empezó el distanciamiento social”.
A casi un año de duración, la emergencia sanitaria generó estrés prolongado que afecta de manera importante el cerebro, el cual manda señales al hipotálamo, a la amígdala, la corteza prefrontal, estructuras que forman parte del sistema límbico o de las emociones que normalmente se regulan por neurotransmisores.
“Es importante que tengamos un sistema nervioso sano, o que sepamos regular el estrés es muy importante, pues hay alteraciones en las citocinas proinflamatorias que están dando muchos problemas con el SARS-CoV-2, pues ha sido descrito que genera muchos procesos inflamatorios generalizados en cerebro, hígado, riñón, sistema muscular, que provoca en algunas personas que la enfermedad sea muy grave”, destacó la experta en Neurobiología del Desarrollo y Ritmos Biológicos.
Enfatizó que ser joven y sano no implica estar libre de problemas por la COVID-19, porque pese a ser asintomático esta enfermedad altera los tejidos, cuando suceden reinfecciones es probable se presenten mayores alteraciones a largo plazo, aunque de momento no se sabe cuál será el efecto.
La ansiedad produce insomnio, sueño fragmentado o pesadillas y síntomas de depresión, por lo cual es importante monitorear el sueño y su calidad.
“Al inicio de la pandemia no teníamos muchos duelos, pero hoy todos los días tenemos pena pues mi familiar, amigo, vecino, se ha ido; no lo voy a volver a ver y no pude despedirme. No se trata solo de tener pensamientos bonitos y con eso se resuelve todo; hay que darle una ayuda extra a nuestro cuerpo”, enfatizó la experta.
Recomendaciones
Durán Hernández refiere que debido a la hiperactividad cerebral las personas desarrollan distimia (estado depresivo), la cual se identifica por fatiga constante, malestar, falta de energía, irritabilidad y euforia.
Para ello, sugirió acudir al psicológico, dejar de lado el estigma de que solo lo requieren personas con problemas mentales mayores; además de relajación.
Asimismo, estructurar la higiene del sueño para regresar a un estado saludable generalizado, con un sistema inmunológico listo para combatir cualquier enfermedad; es decir, reducir los estímulos lumínicos por la noche, ya que alteran la producción de melatonina lo cual afecta el ciclo del sueño y vigilia; evitar las siestas durante el día o que sean mayores a 45 minutos, hacer ejercicio en la noche; y no consumir cafeína y alimentos pesados.

Para apoyar en la implementación de programas de conservación de la diversidad biológica del desierto chihuahuense, investigadores del Instituto Politécnico Nacional (IPN) emplean técnicas moleculares para la identificación y caracterización de especies vegetales en estado vulnerable debido al comercio ilegal, cambios de uso de suelo y condiciones ambientales adversas.
El Secretario de Educación Pública, Esteban Moctezuma Barragán, ha manifestado que la SEP está comprometida a impulsar el desarrollo sostenible, que en la época presente se ha evidenciado como un factor indispensable no sólo para el bienestar sino para sustentar la vida en el planeta.
En el Laboratorio de Biomedicina Molecular del Centro de Biotecnología Genómica (CBG), liderado por el doctor Mario Alberto Rodríguez Pérez, la investigadora Lihua Wei lleva a cabo la secuenciación de los fragmentos amplificados de ADN (denominados códigos de barras de la vida) de tres familias de plantas desérticas: Fagaceae, Agavaceae y Cactaceae.
La doctora Wei explicó que los códigos de barras de la vida son secuencias cortas de ADN estándar provenientes de genomas nucleares u orgánulos que permiten identificar de una manera rápida y precisa material desconocido para entender la diversidad genética y nomenclatura taxonómica de las especies.
“Los códigos son asignados a una especie de planta en particular; este código es único, por lo tanto se utiliza para identificar, de manera precisa, la planta, órganos o tejidos de la misma”, agregó.
Dijo que una de las barreras técnicas para la implementación de un programa de conservación es la correcta identificación y caracterización morfológica de las plantas o de partes del material vegetal. De ahí la necesidad de avanzar en la secuenciación para concretar la identificación, diversidad genética y sistemática molecular de las especies.
Conjuntamente con el Dr. Miguel Ángel Pérez Rodríguez del Departamento de Botánica, de la Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro (UAAAN) de Saltillo, Coahuila, se lleva a cabo la colecta, identificación del material y extracción del ADN que se usa para amplificar las secciones correspondientes a los códigos de barras de la vida mediante una técnica llamada Reacción en Cadena de la Polimerasa (PCR).
La doctora Lihua Wei comentó que en el CBG del Politécnico se realiza la secuenciación de los productos de PCR (amplicones). “Mediante estudios bioinformáticos, las secuencias resultantes son analizadas para determinar si los códigos de barras de la vida son capaces de separar las especies estudiadas. Cuando éste es único, se le asigna un número de identificación del código”.
La científica politécnica informó que el equipo de investigación ha recolectado 160 muestras de 32 especies diferentes: cuatro especies de agaves, 16 especies de cactáceas y 12 especies de encinos. Indicó que llevaron a cabo la extracción del ADN y verificaron su calidad.
Expresó que los resultados permitirán la construcción de una base de códigos de barras de la flora del desierto chihuahuense, aplicarlos para la separación de las especies y lograr el descubrimiento de especies muy emparentadas. Este conocimiento, finalizó Lihua Wei, impactará en la conservación y manejo de la riqueza biológica de la región.

Las nubes magnéticas generadas, aun durante erupciones de baja energía del Sol, deberían considerarse en el estudio del clima espacial por tener el potencial de redireccionar rayos cósmicos que podrían devastar satélites de comunicaciones, reveló un estudio encabezado por Alejandro Lara Sánchez, del Instituto de Geofísica (IGf) de la UNAM.
Para el trabajo, el investigador utilizó los datos que arrojó el observatorio High Altitude Water Cherenkov (HAWC), instalado en Puebla, el cual estudia los objetos astrofísicos más energéticos del Universo, como son los rayos cósmicos de alta energía (partículas subatómicas), que viajan a velocidades cercanas a la de la luz.
La importancia de estudiar el clima espacial radica en que se ha mostrado que durante grandes tormentas solares, los flujos de partículas de alta energía del Sol pueden dañar los satélites y naves espaciales.
Sin embargo, el trabajo de Lara Sánchez evidencia que no se deben menospreciar los producidos por tormentas solares relativamente débiles, porque se pueden formar nubes magnéticas las cuales funcionan como embudos que redireccionan rayos cósmicos galácticos y podrían afectar los satélites de comunicaciones.
“Esto abre un camino que debemos explorar para tener cuidado desde el tema de clima espacial. Debemos estudiar qué tanto realmente puede afectar un flujo de estas partículas en satélites. Ya está bien conocido el efecto de los rayos que se producen en el Sol, en la tecnología”, explicó.
Espiral magnética
El experto en ciencias espaciales añadió que los rayos cósmicos son partículas que se observan y estudian desde hace aproximadamente 100 años. Se sabe que se presentan en eventos energéticos del Universo, por ejemplo, durante la explosión de una supernova.
“Siempre están llegando a la Tierra y su flujo es constante. Desde que se descubrieron se notó en ellos periodos de aumento, que no se sabía si tenían un origen solar, o el campo magnético de la Tierra”, precisó.
A partir de que fueron descubiertos se estudia la disminución del número de rayos cósmicos durante algunas tormentas solares, lo que se conoce como decremento Forbush.
Sin embargo, existe un fenómeno diametralmente opuesto, es decir, se registra incremento del número de rayos cósmicos sin la presencia evidente de tormentas solares, que hasta ahora no tenía explicación clara.
Lara Sánchez y su equipo analizaron uno de estos aumentos de rayos cósmicos ocurrido en 2016, que compararon con numerosos instrumentos terrestres y espaciales, así como con la ayuda de simulaciones numéricas. Se reveló que dichos incrementos tienen su origen en la desviación “ordenada” de partículas, causadas por nubes magnéticas asociadas a las tormentas solares. Con este hallazgo, el equipo encontró la respuesta al fenómeno de los incrementos de RC que había permanecido como un enigma durante décadas.
El experto en clima espacial detalló que de manera permanente el Sol eyecta (expulsa) parte de su material atmosférico al medio interplanetario. A veces, estas eyecciones solares tienen su campo magnético ordenado, en forma de una espiral, lo que se conoce como nube magnética.
“En estos casos no se necesita una gran explosión; este evento fue “mediocre” en términos explosivos, no llamó la atención porque era un evento pequeñísimo, pero su estructura helicoidal magnética viaja canalizando partículas en una sola dirección. Si hubiera un satélite en el eje de esta nube magnética, podría verse dañado de la misma forma que si se tratara de una explosión del Sol mucho más intensa”, consideró el experto.
Los resultados de este trabajo fueron publicados en el Astrophysical Journal, y actualmente, Lara Sánchez y su equipo realizan una estadística, de eventos similares, captados por HAWC entre 2016 y 2020 para generar una base de datos que les permita confirmar el modelo.

La presencia de murciélagos de nariz larga (Choeronycteris mexicana) en el Zoológico de Chapultepec, fue documentada recientemente por expertos del Instituto de Ecología (IE) la UNAM.
Rodrigo Antonio Medellín Legorreta, investigador del Laboratorio de Ecología y Conservación de Vertebrados Terrestres de dicha entidad académica, explicó que si bien se han acreditado más de 20 especies habitando cerca de la Ciudad de México, es curioso que los de nariz larga se localizaran tan adentro de la urbe.
“Este hallazgo en Chapultepec es fascinante porque indica que los murciélagos han podido penetrar mucho más a la mancha urbana de lo que hubiéramos pensado. Ya el año pasado un par de mis alumnos encontraron en un agave floreciendo, en Tlalpan y Viaducto Piedad, y ahí detectaron murciélagos polinívoros”, relató el experto.
En 1994 esta especie fue incluida en la Norma Oficial Mexicana como amenazada, igualmente los murciélagos magueyeros, los cuales, mediante un programa de rescate, se logró recuperarlos.
Del murciélago trompudo se conoce poco, su distribución es amplia porque va del sur de Estados Unidos a casi todo México, sobre todo en las regiones subtropicales y llega hasta Guatemala, El Salvador y un parte de Nicaragua, precisó el ganador del Premio Whitley a la Conservación de la Naturaleza.
“Sabemos que se alimenta del néctar y polen de las flores, parece ser migratorio porque de repente aparece y desaparece de zonas en particular, pero no sabemos a qué corresponden sus movimientos; sus colonias son muy chiquitas, de una docena o dos, entonces este proyecto nos da oportunidad de aprender más sobre la especie y cómo ayudarla”, explicó.
El también profesor de la Universidad de Columbia relató que los murciélagos de nariz larga también han sido avistados en el Jardín Botánico de la UNAM donde hay agaves y cactus floreciendo, así como cazahuates.
El reciente avistamiento de los murciélagos se dio en los cactus columnares que crecen en el hábitat de la hiena café dentro del Zoológico de Chapultepec.
Tras su pista
Tras recibir apoyo de los titulares del zoológico, los expertos colocaron cámaras trampa en el zoológico de Chapultepec, las cuales revelaron la presencia de los mamíferos. Y entonces se preguntó el investigador universitario: ¿cómo encontraron esos cactus en medio de la Ciudad?
Por ello, cuando la pandemia lo permita iniciará un proyecto de investigación que revisará mensualmente su presencia en los jardines botánicos de la UNAM y de la Ciudad de México; así como en los zoológicos de Chapultepec, Aragón y de los Coyotes.
Al abundar sobre la investigación, dijo: “En esos cinco lugares haremos monitoreos para ver cuándo llegan los murciélagos, cuándo se van, cuánto alimento tienen disponible, si hay agaves floreciendo, si hay cactus floreciendo, si hay cazahuates floreciendo, que son las plantas que les dan de comer”.
El proyecto, estima Medellín Legorreta, permitirá aprender más sobre la biología de esta especie, las necesidades para su conservación y cómo ayudarla para que se recupere y se retire de la lista de especies en riesgo.
Los murciélagos cumplen un papel importante en la naturaleza, destacó, porque en su mayoría comen insectos (polillas, mosquitos, palomillas, escarabajos, chinches, etcétera), su presencia elimina plagas y es un servicio que debe ser reconocido.
Algunos se alimentan de tejocotes, capulines y frutos naturales en los ecosistemas de la ciudad, lo que permite la distribución de las semillas; otros del néctar de las flores que favorecen el crecimiento y florecimiento del tequila, mezcal y los agaves en general.
Ciencia ciudadana
Medellín Legorreta refirió además el plan para invitar a la sociedad –una vez que las condiciones sanitarias lo permitan– a participar en los proyectos de ciencia ciudadana, con el objetivo de que instalen comederos de colibríes y plantas amigables con los polinizadores, ya que también estos lugares son visitados por murciélagos e insectos que ayudan a la biodiversidad.
“Pueden marcar en qué nivel quedó el comedero en la noche y dónde está en la mañana, si bajó mucho tienen murciélagos y que nos lo reporten. Tenemos mucho qué hacer, es una actividad bonita, que involucra a la familia, pónganle atención a su jardín”, enfatizó.

Los huertos urbanos (colectivos y familiares) permiten afrontar los problemas ambientales de la urbanización, contribuyen a la sostenibilidad local de las ciudades, y mejoran la alimentación y economía de quienes se dedican a cultivar, aseguró Ana Isabel Moreno Calles, académica de la Escuela Nacional de Estudios Superiores (ENES) Morelia de la UNAM.
En las ciudades de México y Morelia, dijo, esta práctica de huerto urbano familiar es antigua, pero también hay modalidades ligadas a movimientos agroecológicos y programas gubernamentales recientes, como es el caso de los huertos colectivos.
La población migrante del campo, continuó, tiene conocimientos agrícolas y al migrar a la ciudad es frecuente que cultiven en espacios pequeños. También sucede que crecen sobre zonas que eran agrícolas y conservan los huertos originales en los nuevos contextos urbanos.
Para argumentar los beneficios de esta práctica en orbes, la universitaria se refirió al proyecto de investigación DGAPA-PAPIIT “Agricultura y Agroforestería Familiar y Social en México”, que realiza en conjunto con los estudiantes de ciencias ambientales Karla Guzmán, Aldair Valencia, Vianey Rangel y del posgrado en Ciencias de la Sostenibilidad, Katia Moreno, cuyo objetivo es identificar, describir y comprender las aportaciones de estas disciplinas a la sostenibilidad de las ciudades.
“En el caso de la Ciudad de México, a partir de búsquedas bibliográficas, consultas en redes sociales y sugerencia de expertos, identificamos 40 huertos colectivos, a partir de los cuales construimos una tipología de huertos colectivos urbanos. Se seleccionaron 19 huertos con base al número de miembros que lo manejaban, que tuvieran una edad de al menos un año, disposición para colaborar en el estudio y la disponibilidad para la evaluación”, sostuvo.
Detalló que la valoración se llevó a cabo a partir de entrevistas a profundidad y observación participante, se identificaron factores que los impulsan o limitan: diversidad biológica, capacitación de las personas participantes, estabilidad social y económica, acceso al espacio y apoyo financiero, y riesgo de contaminación.
El grupo de investigación llegó a la conclusión que los huertos colectivos urbanos contribuyen a la sustentabilidad local a través de procesos, como la creación de empleo, recuperación de conexiones con la naturaleza, transmisión del conocimiento, prácticas experimentales y beneficios a la salud, entre otros.
Además, impulsar esta actividad es de gran aporte a fin de mantener el conocimiento de distintas plantas que se usaban para mejorar la alimentación, la salud y los entornos. Sugirió que en estos momentos de pandemia puede ser una oportunidad valiosa para contribuir a acrecentar la relación en las familias y con ello, fortalecer el tejido social.
Cultivo para el autoconsumo
De acuerdo con Moreno Calles, los huertos se pueden instalar en las azoteas, terrenos baldíos, camellones, en el patio, corredor de la casa, y la siembra se puede hacer, incluso, en una cubeta, maceta, huacal, cajón de madera, por ejemplo.
Existe poca información en el manejo agroforestal (árboles con cultivos) en el contexto de ciudades, de ahí que es relevante iniciar el mapeo de diversos alimentos, plantas medicinales u ornamentales con lo cual se podría suplir la comida procesada o de uso básico por autoproducción; los huertos urbanos se tornan hoy en día más importantes como objeto de estudio, recalcó la experta.
Para la especialista, estos espacios de producción permanecerán en el futuro “porque siempre requeriremos alimento y un buen manejo de residuos orgánicos”. Por tanto, se debe seguir con la exploración del cultivo para autoconsumo, a fin de mejorar la producción de alimentos, plantas medicinales y ornamentales.
“La contribución de huertos urbanos puede estar en una estrategia diversa en contexto de una autosuficiencia global con recursos de distintos lugares, tratando de acortar las distancias del consumo, pensando en consumir a productores locales más cercanos”, aseveró.
La también responsable del Laboratorio de Estudios Transdisciplinarios Ambientales en la ENES Morelia recomendó: para hacer un cultivo de autoconsumo se puede iniciar con lo que se tenga a la mano; es decir, con las verduras o frutas que hay en casa, de las cuales se pueden obtener las semillas o propágulos (papas, por ejemplo), depositarlas en la tierra y regarlas para que rindan frutos, hojas comestibles y semillas.
“Lo interesante es que mucho del material que tenemos en nuestra casa son residuos orgánicos, por tanto podemos usarlos para generar el sustrato (tierra) que se necesita para sembrar. En caso de no tener un espacio, una alternativa puede ser alguna maceta vieja, un huacal, una caja o incluso una cubeta para empezar a hacer nuestro cultivo”, dijo.
Moreno Calles sugirió sembrar los productos que más se consumen en México: jitomate, tomate, chile, calabaza, pepino, chayote, zanahoria, epazote, papa, cebolla, betabel, lechuga, camote, ajo, nopales y algunas plantas aromáticas con las que pueden conjuntarse.