Así, el amor y sus diversas formas de desintegración tiene como consecuencia e implicancia, el surgimiento de un nuevo modelo sobre las relaciones de pareja, nos referimos al paradigma liberador. Desde luego, esto no significa la desaparición y deterioro en su totalidad del modelo tradicional en las relaciones sociales. En este especifico sentido, va ha depender mucho del contexto y generación a la que nos refiramos; es decir, el tiempo y espacio social es su complejidad. En fin, el discurso liberador es un estilo y modo cultural de las relaciones de pareja que se caracteriza esencialmente por la ausencia, culminación y crisis del amor, lo que equivale a decir que nos enfrentamos a la desintegración del amor -en sentido especifico, el amor romántico- en las sociedades modernas. Por lo cual, el modelo liberador ha constituido relaciones de pareja temporales, espontáneas, casuales -es decir sin compromiso- y desde luego hedonistas. Es así que, Beck y Wilkinson, han denominado a esta generación “hijos de la libertad”, y es que sus acciones, discursos y practicas sociales están orientados a la búsqueda de libertad, diversión y goce personal. La perspectiva de las juventudes de hoy es la realización y autodeterminación, lo que implica, sin embargo, nuevos estilos y valores culturales que entran en conflicto con las estructuras y modelos tradicionales de la sociedad.
IMAGINARIO MODERNO “CHOQUE Y FUGA”
Sin lugar a dudas, el modelo tradicional y el modelo liberador es constituido en las acciones, discursos y practicas sociales de los jóvenes; es decir, el sujeto juvenil actúa de una manera tradicional o liberal en las relaciones de pareja que establece. En efecto, las relaciones interpersonales o de ínterindividualidad[58] de las juventudes del Perú y particularmente de la ciudad de Huancayo son: cambiantes, variables y complejas en función a la socialización referida al contexto y a la generación en cuestión, ya que estas realidades tiene particularidades y especificidades que construyen las subjetividades, mentalidades y en sentido colectivo el imaginario. Las tipos ideales -el modelo tradicional y liberador- que en párrafos atrás analizamos, son parte de la vida cotidiana de las relaciones de pareja de los jóvenes. Sin embargo, habría que explicar en primer lugar el contexto social en la que se socializa, desenvuelve y relaciona el individuo. En este nivel, estamos hablando del entorno rural y urbano.
La socialización de las personas en áreas rurales se puede abordar de acuerdo a tres aspectos: el trabajo, la familia y las tradiciones culturales de comunidad. El trabajo en el contexto rural es una obligación y mandato cultural para todo el colectivo familiar. Los niños, mujeres, abuelos y jóvenes, al igual que los varones adultos, son incluidos en el trabajo, es decir cada sujeto que compone el grupo familiar tiene una tarea o actividad ha realizar, en otras palabras, lo que se gesta es una división del trabajo. En este marco de socialización el joven -o las juventudes- tienen obligaciones y responsabilidades referidas al trabajo, y es que su socialización está permanentemente ligado a está cotidianidad. Por lo mismo, existe unidad familiar al momento de emprender cualquier actividad, ya que en las zonas rurales el principal espacio de socialización es la familia. El individuo y especialmente el joven, es educado principalmente por los abuelos (a), padres y madres, es así que su subjetividad o mentalidad es esencialmente construida por la cultura de los mismos. Por otro lado, los jóvenes rurales participan de manera activa en las tradiciones culturales de su comunidad, vale decir, se involucran en las fiestas, actividades y celebraciones de su pueblo. Estas manifestaciones culturales son heredadas y reproducidas por los jóvenes a lo largo y ancho de su vida cotidiana.
No obstante, la socialización en el entorno urbano presenta algunas diferencias con respecto al área rural. El joven urbano o de ciudad tiene a su disposición mas espacios de socialización o microsocialidades[59] en donde puede desenvolverse y relacionarse con su congeneres, de tal manera que no solo es la familia y los lugares de trabajo espacios de interacción para el joven, sino también los pares o amigos, y es que en la ciudad a diferencia del campo, los jóvenes tiene mas tiempo libre y menos responsabilices -esto es cuestionable dependiendo a que sectores sociales nos refiramos-. Las otras microsocialidades son: la calle, el colegio, los locales de diversión y los espacios de tecnóloga y comunicación (Internet). La ciudad de Huancayo como principal centro urbano de la región central del Perú, presenta una gran población juvenil, lo que hace posible la constitución de microgrupos[60] que son colectivos de pares o agrupaciones juveniles. En estos espacios el joven internaliza nuevos valores y patrones culturales; es decir, es influenciado por sus amigos para realizar y (re) crear nuevas practicas sociales relacionado a las mujeres, el estudio, el deporte, entre otros. De la misma manera, la calle es un importante espació de socialización, ya que las grandes ciudades como Huancayo están tugurizadas y (des) ordenadas en barriadas, asentamientos humanos y urbanizaciones, en donde se encuentran las calles como lugares apropiados para las relaciones e interacciones de los microgrupos. Muchas beses son las esquinas de las calles lugares para desarrollar diversas actividades como: jugar un partido o pachanguita, practicar alguna corografía, jugar voleibol -en el caso de las mujeres- y en fin son espacios en donde una “hace hora”.[61] Por lo contrario, el colegio o las academias, institutos y universidades son para los jóvenes microsocialidades en donde se educan y se aprende cultura y ciencia. Así también es un espacio para conocer nuevas personas y hacer amigos. Desde luego, en el e








