IMAGINARIO MODERNO SOBRE LAS RELACIONES DE PAREJA DE LOS JÓVENES
Minuto a Minuto

Índice del artículo

 

 

MODELO LIBERADOR

 

La vida social histórica y culturalmente está inclinada al deseo y anhelo de libertad; es decir, durante siglos el ser humano se ha puesto a pensar y reflexionar sobre la libertad con respecto a los otros que de alguna manera lo han oprimido, dominado y subordinado. En este sentido, el individuo busca permanentemente su libertad, ya sea cultural, económica, política o sexual. “En otras palabras -dice Fromm-, la existencia humana y la libertad son inseparables desde un principio”.[39] Sin embargo, la idea de libertad o el discurso liberador se ha hecho popular y común en el imaginario social, a partir de dos procesos históricos ocurridos en el siglo XIX, nos referimos a la “Revolución Francesa” y la “Revolución Industrial”. Posteriormente, con el desarrollo de la ciencia y tecnología en las décadas de los 60 y 70 del siglo XX, se habla de la aparición de diversos movimientos sociales de liberación, lo que implica ser una revolución sexual y cultural cuyo derrotero es la libertad del sujeto en su complejidad. Pero ¿que entendemos por libertad o liberación?. En efecto, podemos entrar en discusiones y posiciones contrarias al definirlo, sin embargo para nosotros libertad debe ser entendido como una condición en la cual un individuo o grupo de individuos, no está culturalmente obligado, dominado e impedido para desarrollar determinadas acciones o practicas sociales. En consecuencia, la libertad sigue un itinerario de autodeterminación, ya sea de forma colectiva o individual.

 

Por lo tanto, el modelo liberador es un estilo cultural de autodeterminación con respecto al modelo o estructura tradicional. En este paradigma las relaciones de pareja de los jóvenes se caracterizan por la ruptura, rompimiento y desarraigo de las rutinas cotidianas impuesta por el orden social. Las relaciones e interacciones de las juventudes carecen de amor; es decir, el amor romántico está ausente. Las relaciones de pareja ya no tienen un contenido amoroso, sino son hedonistas y espontáneas. En otras palabras, el modelo liberador es una diferenciación cultural, un nuevo estilo de las practicas sociales de los jóvenes. El sujeto juvenil no se guía por la cuestión tradicional heredado de generaciones pasadas, ya que con el discurso liberador los individuos ya no están obligados a ser fieles, a comprometerse, al noviazgo y menos aun al matrimonio, son en términos comunes relaciones libres, sin depender de los otros, vale decir, de nuestra pareja o congenere. En síntesis, el modelo liberador está representado por relaciones casuales, temporales, espontáneas y hedonistas.

 

Para comprender y explicar este paradigma, nos concentraremos de nuevo en los aspectos teóricos de Erich Fromm, y es que este intelectual ha constituido categorías que nos permiten abordar el discurso liberador de las relaciones de pareja de los jóvenes. Fromm identifica tres formas en que se produce la desintegración del amor en la sociedad moderna. La primera hace referencia a las condiciones sociales en la que vive el hombre moderno, ya que este se ha convertido en un “autómata enajenado”,[40] y como tal busca su felicidad no con la unión amorosa con una persona, sino con el consumo y diversión que le brinda la sociedad. “La felicidad del hombre moderno -dice Fromm- consiste en divertirse. Divertirse significa la satisfacción de consumir y asimilar artículos, espectáculos, comida, bebida, cigarrillos, gente, conferencias, libros, películas; todo se consume, se traga”.[41] En la mentalidad del hombre moderno la felicidad se encuentra con la satisfacción, el consumo y la diversión, es decir con el placer y goce del momento. En este sentido, las relaciones de los individuos y colectivos de la sociedad no van tener un vinculo afectivo y amoroso en su complejidad, sino solo van hacer hedonistas. Bajo está lógica, las relaciones de pareja de los jóvenes son hedonistas, ya que el amor se ha desintegrado.

 

La segunda forma por la cual se desintegra el amor, es la aparición de un “pseudoamor”.[42] Una de las maneras en que se expresa el pseudoamor, es el amor sentimental. El amor sentimental solo se experimenta en la fantasía y no el lo real,[43] porque no existe la persona a quien amar. En esta perspectiva Fromm dice; “una pareja puede sentirse hondamente conmovida por los recuerdos de su pasado amoroso, aunque no haya experimentado amor alguno cuando ese pasado era presente, o por las fantasías de su amor futuro (...) Ese vive en el pasado o en el futuro, pero no en el presente”.[44] Los que piensan que el amor es un sentimiento están viviendo un pseudoamor, ya que el sentimiento de una persona es temporal y pasajero, lo cual no permite que construya el verdadero amor. Es una fantasía que crea el individuo, en tanto que no parte de la realidad, porque no existe un vinculo amoroso con otro sujeto.

 

Finalmente, la tercera forma por la cual se desintegra el amor es, “el amor como satisfacción sexual reciproca”[45] -de los pares-. Para explicar está cuestión Fromm hace una critica a Freud, de esta manera nos dice; “la suposición subyacente de que el amor es el concomitante de la mutua satisfacción sexual está determinado en alto grado por las teorías de Freud. Para Freud, el amor es básicamente un fenómeno sexual”.[46] Para el creador del Psicoanálisis los fenómenos mentales en su totalidad son resultado de los procesos fisiológicos, y el amor bajo está lógica es producto del instinto sexual y no tiene que ver nada con lo social; es decir, el orden y estructura de la sociedad[47] que influyen y en muchos casos determinan las mentalidades y subjetividades de los sujetos. En consecuencia, el amor es una construcción social. Por lo tanto, creer que el amor esta constituido a partir de la satisfacción sexual de la pareja, es una forma de desintegración del significado real del amor, en tanto facultad y arte de la persona.