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21 de mayo de 2019

Los ciberataques ponen en peligro la seguridad y economía de una o varias naciones, incluso pueden afectar la salud y economía de las personas; sin embargo, “es exagerado decir que podrían desatar una conflagración mundial”, afirmó Fabián Romo, director de Sistemas y Servicios Institucionales de la Dirección General de Cómputo y de Tecnologías de Información y Comunicación (DGTIC).

computadoras, tabletas, teléfonos inteligentes, dispositivos como cámaras, alarmas, sensores de puertas, biométricos o médicos, están conectados a Internet, pero su capacidad de procesamiento y memoria es limitada, al igual que sus medidas de seguridad. Por eso, los ciberataques dirigidos a ellos pueden ocasionar daños severos.

“Son fácilmente manipulables, así que una vez programados como si se tratara de dispositivos zombis, siguen una instrucción simple que puede causar un desastre a nivel de comunicación en Internet”, aseguró.

Por ejemplo, si los sistemas de salud, protección civil y bancarios que dependen de las comunicaciones vía Internet fueran objeto de ciberataques, los servicios que brindan estarían en riesgo de sufrir un colapso”, subrayó.

Medidas de seguridad

El propósito de un malware o un virus informático que contamina archivos, es violentar la seguridad de computadoras, tabletas y teléfonos inteligentes, y abrir huecos de seguridad para que cuando se orqueste un ataque global –conocido también como ataque de día cero– no haya capacidad de reacción si el usuario no activó ninguna medida de seguridad, como un antimalware o un antivirus.

Así, la información y los datos del usuario se verán alterados y su dispositivo podrá formar parte de un ejército cibernético que lance un ataque a sistemas centrales. “A los atacantes les gustan estos sistemas centrales porque saben que, si los vulneran, afectarán muchos servicios, especialmente gubernamentales y bancarios”.

En opinión del actuario, en México no todas las instituciones han implementado medidas de seguridad cien por ciento confiables.

“Bancos, organismos de seguridad pública y universidades cuentan con seguridad en sus redes y en su conexión a Internet. Para garantizar la protección de datos y de sistemas informáticos, y la estabilidad de la operación de los dispositivos conectados a la red, estas instituciones siguen una serie de protocolos, normas y recomendaciones nacionales e internacionales, pero otras entidades todavía son vulnerables porque en las redes públicas hay puntos desprotegidos”.

Es importante que el usuario sea consciente de los riesgos de trabajar con sistemas de información a través de las redes públicas y privadas. Por lo que se refiere a la Universidad Nacional, desde hace tiempo tiene un área específica de seguridad de la información que organiza congresos y seminarios, y publica documentos y revistas para tratar de cumplir con esa labor de concientización.

“En situaciones críticas, el hilo se rompe por la parte más delgada, y es precisamente el usuario quien no pone en práctica todas las medidas de seguridad, aunque, la red a la que está inscrito o dónde está conectado tiene mucho que ver”.

Nuevos riesgos

El desarrollo de las tecnologías trae consigo nuevos riesgos. Una persona que tiene un celular austero, que sólo sirve para hacer y recibir llamadas, y para mandar mensajes escritos, que va a la ventanilla de un banco a depositar o sacar dinero, y que casi no utiliza su tarjeta de crédito, corre menos riesgos que quien está rodeado de tecnología y todo lo hace en línea, incluso la compra de la despensa semanal y sus citas con el médico.

Por lo regular, los ciberataques van dirigidos a servicios que contienen directorios de usuarios: gran cantidad de identificaciones con cuenta, contraseña, nombres, apellidos y domicilios, y en el caso de sistemas bancarios, números de cuenta, transacciones y saldos, entre otros.

El hacker entra en un sistema, recupera la información, o parte de ella, y elige a los que le convengan por su naturaleza o algún objetivo puntual; a continuación, los reemplaza, se mete con sus contraseñas en el sistema y usa sus datos personales para hacer fraudes.

“Puede robar una cuenta de Facebook, ingresar en el sistema de esa red social como si fuera el usuario y hacer ingeniería social, que implica decir a los contactos que lo secuestraron y necesita que le depositen dinero en algún lugar; pedir a las mujeres tomarse una foto desnudas para apoyar un movimiento de lucha contra el cáncer de mama; o ingresar en los sistemas bancarios, vaciar los fondos y comprar criptomonedas para ocultar quién se los está llevando”, explicó Romo.

“Pero la inteligencia artificial que anima a nuestras computadoras, tabletas, celulares y demás dispositivos debe ir aparejada de inteligencia humana; es decir, debemos saber cuáles son los riesgos que corremos al utilizarlos y cuáles son las medidas que hay para prevenir daños, remediarlos o mitigarlos”, finalizó Romo.

Boletín UNAM-DGCS-354/2019

BOGOTÁ D. C., 21 de mayo de 2019 — Agencia de Noticias UN-

La profesora Claudia Vaca, directora del Centro de Pensamiento Medicamentos, Información y Poder, de la Universidad Nacional de Colombia (U.N.), compartió estas impresiones en la primera sesión del segundo módulo de la Cátedra Manuel Ancízar.

En este espacio, además de hacer un recuento sobre la evolución histórica de la producción de medicamentos y de las agencias sanitarias, la docente habló acerca del proceso de estos productos para llegar finalmente al mercado y de la problemática creciente de la flexibilización de los procesos de pruebas previas.

“El punto de partida es la generación de pruebas para proteger a la población y ver si el medicamento servirá. A eso lo llamamos ‘evidencia’, y la recopilación se consigna en un expediente que se entrega a la agencia sanitaria”, explicó la experta.

El propósito de dichas pruebas es demostrar estándares como la calidad del producto, su seguridad y su eficacia, esta última después de haberse evaluado en cuatro niveles de pruebas en humanos, cuando se ha superado la fase preclínica con animales.

Después de demostrar que el medicamento no es tóxico ni mortal en animales, la fase 1 se aplica con humanos voluntarios sanos, para probar el metabolismo del fármaco y la dosis que se usaría en grupos de 12 a 24 personas.

La fase 2 se haría con pacientes enfermos –excepto si la droga es altamente tóxica– para analizar la farmacocinética y la farmacodinamia, es decir la manera como el medicamento se distribuye en el organismo y cómo se elimina, para saber el régimen de dosificación, o sea cuantas veces se tiene que suministrar.

Según la profesora Vaca, en este momento de la experimentación también se identifican eventos adversos comunes y se ajusta la dosis que se usará en la fase 3, que son ensayos clínicos aleatorios con un mayor número de pacientes, entre 100 y 1.000, según la teoría de los orígenes de los estándares regulatorios.

Menos ensayos clínicos

El problema radica en que en algunos estudios estas muestras se hacen cada vez menos. “Se sorprenderían con el número de ensayos clínicos que dieron origen a aprobación de analgésicos, por ejemplo,  con menos de 50 pacientes en fase 3”, comentó la profesora Vaca, y añadió que a pesar de que se deben tener diseños con un tiempo considerable, existen medicamentos aprobados con solo cinco días de pruebas.

“En principio deberían tener mayor duración para conocer los eventos adversos que puedan tener a largo plazo, lo que depende del fármaco: no es lo mismo para la hipertensión o para la diabetes que para el dolor de cabeza, por eso los ensayos son más cortos, pero los eventos adversos deberían vigilarse con más cuidado”, indicó la docente.

También se refirió al seguimiento de la eficacia de los fármacos a través de variables duras que muestren mejoría clínica relevante. Este problema de la industria se ha evidenciado en estudios internacionales, en los que se analizaron los fármacos para cáncer aprobados por la Agencia Europea de Medicamentos entre 2009 y 2013, y en términos de variables duras como sobrevida global, cuánto tiempo más permite vivir, y calidad de vida.

En dicho estudio se estableció que la mayoría de los medicamentos que entraron al mercado europeo no tenían evidencia del beneficio sobre ambas variables. “Con el seguimiento de un mínimo de 3,3 años después de comercializados no había evidencia concluyente de que los medicamentos hubieran extendido o mejorado la vida para la mayoría de las indicaciones que trataban”, expuso la docente.

Por eso invitó a ser escépticos con la innovación y a no invertir recursos públicos en ellas sin tener evidencia de su eficacia y seguridad a largo plazo.

Sin embargo, para la profesora Vaca, ni aun en el ensayo clínico más largo, controlado, con mayor número de pacientes y mejor diseñado, se puede conocer con certeza el perfil de toxicidad completo del fármaco, debido a eventos adversos muy raros que pueden escapar a dichos ensayos. 

Así mismo resaltó que otro de los problemas de la industria es el hecho de que estas fases de pruebas también se están pidiendo para los medicamentos genéricos, que no son nuevos y pueden tener incluso hasta 15 años en el mercado.

“Están bloqueando la entrada de los medicamentos y de las versiones genéricas de los biotecnológicos y les están pidiendo incluso ensayos fase 3”, señaló la profesora, y añadió que es un tema que se espera debatir en la Asamblea Mundial de la Salud, a realizarse del 20 al 28 de mayo en Ginebra (Suiza).

Fuente: agenciadenoticias.unal.edu.co

20 de mayo de 2019

Con el objetivo de mejorar la nutrición y economía de familias de escasos recursos en Puebla y otros estados, el Laboratorio de Biotecnología del Departamento de Investigación de Ciencias Agrícolas (DICA) de la BUAP brinda capacitación, además de una metodología simple y accesible, para fomentar el cultivo y producción del hongo Pleurotus ostreatus en traspatios y espacios agrícolas para su consumo.

Tradicionalmente, la agricultura en zonas de extrema pobreza es de subsistencia, ya que su mínima producción se enfoca al autoconsumo. Nuestro estado no escapa a esta realidad y la siembra de maíz y frijol de temporal no siempre cubre las necesidades básicas de sustento de cientos de familias poblanas.

Como parte del compromiso que la BUAP mantiene con la sociedad, el Laboratorio de Biotecnología, antes de Micología, estudia y produce el inóculo del hongo Pleurotus ostreatus, conocido comercialmente como seta, oreja de ratón y hongo de maguey, para que familias de escasos recursos lo cultiven en pequeños espacios, aprovechando residuos agrícolas como pajas, restrojos, cortezas de árboles o aserrín.

El hongo Pleurotus, que se caracteriza por no ser patógeno y alimentarse de materia orgánica en descomposición, como madera y residuos agrícolas, tiene un excelente perfil nutricional y según la especie alcanza diferentes rangos de proteína (10–40 por ciento), explicó en entrevista el titular de este laboratorio, el doctor Marco Antonio Marín Castro.

De acuerdo con los análisis realizados por la doctora María Elena Ramos Cassellis, en la Facultad de Ingeniería Química, este hongo contiene aminoácidos esenciales para el ser humano y lípidos en un porcentaje entre 3 y 9 por ciento, con respecto a hidratos de carbono, además de fibra. También reporta contenido de  niacina, tiamina (vitamina B1), riboflavina (vitamina B2), vitamina C y minerales como potasio, fósforo y calcio, entre otros. 

“La alta proporción de ácidos grasos insaturados y los altos porcentajes de ácido linoleico en estos hongos son un factor significativo que los hace un alimento saludable y una alternativa nutrimental en comunidades con problemas de desnutrición o donde solo se consume maíz, chile o frijol”, precisó el doctor Marín Castro.

El impacto en comunidades agrícolas

Para acceder a esta tecnología, el Laboratorio de Biotecnología genera la semilla o inóculo de buena calidad que proporcionan a  los productores a un costo muy accesible ─70 por ciento más económico que el costo comercial─, además de capacitarlos para el cuidado y aprovechamiento de este material biológico, que tiene la ventaja de reproducirse en residuos y generar un alimento que mundialmente está muy bien catalogado.

“Hay muy buenos resultados y se ha logrado difundir este cultivo en zonas con pobreza extrema como el municipio de Tepeyolotl, en la Sierra Negra del estado, así como en Xochitlán de Vicente Suárez, Ixtepec, Huachinango y Metlaltoyuca en la Sierra Norte de Puebla. También se logró producir en otros municipios como Esperanza, Santa Catarina Buenos Aires, Quecholac, San Antonio Cacalotepec, Cuyuaco y Nealtican, así como en las comunidades de Santa Catarina Tehuixtla del municipio de Atexcal y San Padro Teyuca de Tepeojuma, en  la Mixteca poblana”.

El doctor Marín Castro refirió que también han incidido en comunidades de los estados de Chiapas, Tabasco, Morelos y Veracruz, y participado en la difusión de este proceso a través de los programas de apoyo a la Corporación de Estudios para el Desarrollo y Sedesol, entre estos Jornaleros Agrícolas.

 Módulos rústicos de producción

Respecto al mecanismo de cultivo, el investigador señaló que se requiere un espacio de producción muy sencillo, puede ser desde una cesta hasta una cubeta de plástico. Este módulo rústico debe albergar el proceso de cultivo utilizando residuos agrícolas como bagazos, rastrojos, aserrines de madera, fibras de maguey tequilero o de bambú, pasto, pajas de cereales, tallos de cultivos de haba o huauzontle, entre otros. Lo importante es que estén secos y limpios para que el espacio pueda conservar la humedad.

“Nuestra tarea es orientar a los posibles productores y enseñarles que para cultivar estos hongos se requiere de una infraestructura mínima, por eso los sustratos pueden variar, de acuerdo con lo que el productor tenga a la mano en su región”.

El siguiente paso es agregar el inóculo a los residuos previamente tratados con vapor de agua para pasteurizarlos y al crearse el hongo este poco a poco degrade el residuo o sustrato mediante un proceso enzimático, ya que las enzimas (proteínas) van rompiendo la celulosa, lignina, etcétera.

Una ventaja que destaca en su producción es su ciclo de vida, ya que para su incubación se necesitan aproximadamente 20 días y después se inicia el proceso de formación de hongos. Se cortan a los 25 días y a los 45 se realiza un último corte, un proceso que implica menor tiempo en comparación con el ciclo de una hortaliza que tarda hasta 90 días para cosecharse.

El cultivo de este hongo, a partir de una tecnología sencilla, económica y limpia, ha permitido a familias de escasos recursos mejorar su alimentación y generar ingresos económicos de forma sencilla y segura, logrando una contribución más de esta Universidad y del conocimiento que genera en favor de la sociedad.

Fuente: buap.mx

BOGOTÁ D. C., 20 de mayo de 2019 — Agencia de Noticias UN-

Así lo determinó Eduardo Merino, magíster en Bioquímica de la Universidad Nacional de Colombia (U.N.), quien explica que la viroterapia oncolítica emplea un virus para infectar y destruir células tumorales, alternativa que podría constituir una opción terapéutica sólida contra el cáncer, uno de los primeros causantes de mortalidad en el mundo.

“Se trabajaron dos grupos de ratones con tumor: los tratados con rotavirus no presentaron una regresión tumoral, pero sí se frenó el crecimiento; además se identificó que el rotavirus genera muerte celular en el tumor”, comenta el magíster.

Precisó además que antes de trabajar con el rotavirus, este fue modificado por investigadores del Grupo Biología Molecular de Virus, dirigido por el profesor Carlos Arturo Guerrero, de la Facultad de Medicina, y adaptado a líneas tumorales.

“Probé el virus en el modelo in vivo. Primero se experimentó con el rotavirus in vitro, y se identificó su capacidad infectiva; luego se tomaron algunos ratones congénitos, a los cuales se les inhibieron ciertos componentes del sistema inmunitario, por medio de un modelo reactivo subdérmico”, comenta.

A estos ratones se les implantaron –debajo de la piel del abdomen– las células tumorales in vitro no infectadas por el rotavirus. El magíster explica que “al no haber respuesta inmune, el tumor creció en el ratón hasta alcanzar un volumen de 1,5 cm³”.

Para evaluar la respuesta del rotavirus en el tumor se aplicaron dosis muy pequeñas. Luego se hizo un seguimiento constante del volumen del tumor, el peso del ratón y todas sus condiciones características que se afectaron.

Hubo otro grupo de ratones a los que no se les inyectó el rotavirus en el tumor, sino que se les inyectaba PBS, que es una solución de sulfato.

“Se observó que a los animales a los que se les inyectó el rotavirus el tumor solo creció hasta 1,2 cm³, en comparación con los ratones con PBS, en los cuales el tumor creció más”, detalla.

Después se extrajeron los tumores de los ratones y se analizaron los marcadores de muerte celular. Se evidenció que los tumores extraídos de los animales infectados con rotavirus daban positivo para ciertos marcadores de muerte celular.

Para el magíster esta es la primera parte de una investigación más amplia que se debe continuar, ya que se necesitan estudios más avanzados de la parte inmune, incluso la de modificar las dosis, para después probar en personas con cáncer de testículo, mieloma o linfático.

Fuente: agenciadenoticias.unal.edu.co

20 de mayo de 2019

El 99.7 por ciento de los tumores de cuello uterino tienen su origen en una infección con virus de papiloma humano (VPH) persistente. De acuerdo con estimaciones, más del 80 por ciento de las mujeres se contagia con ese virus durante su vida sexual activa, pero sólo uno por ciento desarrollará cáncer, afirmó Alejandro García Carrancá.

El jefe de grupo del laboratorio “Virus y Cáncer”, en la Unidad de investigación Biomédica de Cáncer de la UNAM, expuso que las infecciones recurrentes por VPH son “como acostarnos sobre la vía del tren: aunque pase sólo una vez al día o al año, tarde o temprano lo hará por encima de nosotros, pues promueven el desarrollo de cáncer de cuello uterino”.

El avance tumoral puede tardar de 10 a 15 años, por lo que la “ventana” para detectar las lesiones y atender a las pacientes es grande. En México, el cáncer cervicouterino ocupa el segundo lugar en frecuencia de morbilidad por neoplasias malignas en la mujer, sólo después del cáncer de mama, y “no debería existir una incidencia tan alta”, resaltó

Uno de sus tipos, el VPH 16, podría infectar no sólo células epiteliales, sino las troncales normales (llamadas también “madre”); ahí podría permanecer “silencioso” y expresarse décadas después. Por eso, el equipo de investigación de García Carrancá en la Unidad de investigación Biomédica de Cáncer y el Instituto Nacional de Cancerología, procura entender cómo ocurre esa relación.

Uno de cada cinco tumores humanos son consecuencia de un “encuentro desafortunado” con un agente infeccioso; “los virus nos infectan a casi todos, pero no todos desarrollamos cáncer”, reiteró.

El investigador nacional en el máximo nivel destacó que en el caso del VPH las lesiones son fáciles de detectar y es relativamente sencillo tratarlas para así evitar el cáncer de cuello uterino, además de que hay una vacuna eficaz.

Recordó que los virus de papiloma están presentes en otras especies: peces, serpientes, cocodrilos y aves, y que ya existían antes de que aparecieran los humanos, en quienes son muy comunes las infecciones por VPH en piel y mucosas genitales.

De los 200 tipos que existen, dos terceras partes infectan la piel y producen verrugas, y una tercera parte infecta mucosas: orales, genitales y anales, y de ellos alrededor de 15 son considerados de alto riesgo, como los tipos 16, 18, 31 o 33, por ser los que frecuentemente se encuentran en los tumores, aunque algunos con incidencia muy baja.

El científico explicó que los VPH no tienen “envoltura”, sólo una cápside proteica o estructura formada por las proteínas L1 y L2, dentro de la cual se encuentra un genoma de poco menos de ocho mil pares de bases de doble cadena circular y en forma de cromatina.

Como parte de ese genoma existen dos oncogenes: E6 y E7, que contribuyen al desarrollo de los tumores. El último, ejemplificó, permite que células que ya no se iban a replicar, lo hagan; es decir, les proporciona las condiciones para duplicarse.

El material genético del virus generalmente se integra al de la célula, y aunque quedan sólo fragmentos de su genoma, invariablemente permanecen los oncogenes E6 y E7, que ahora en los tumores y líneas derivadas de ellos se expresan continuamente, remarcó García Carrancá.

El tipo 16 es el más común en prácticamente todas las regiones del mundo (con excepción del este de África, Japón y Taiwán) entre mujeres con citología normal: que no tienen cáncer. Pero también es el más presente en los tumores, hasta en 50 por ciento de ellos.

Los virus infectan cierto tipo de células; el VPH necesita un epitelio en diferenciación. Ahí las células se replican y generan copias de ADN, creando alteraciones propias de una lesión de bajo grado que se cura sola, o de alto grado, cuando sí se requiere tratamiento, finalizó.

Boletín UNAM-DGCS-347/2019