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02 de mayo de 2019

Formar niños felices, más que competitivos, debe ser primordial, afirmó Carime Hagg Hagg, quien aseveró que los infantes de hoy son más independientes y aprenden a tomar decisiones con mayor rapidez que sus padres cuando eran pequeños.

La académica de la Facultad de Psicología (FP) de la UNAM indicó que la curiosidad natural les permite interactuar fácilmente con las nuevas tecnologías, que les ofrecen ventajas para desarrollar habilidades, pero no deben ser utilizadas como “nanas” modernas, pues tienden a aislarse y dejan de lado el impulso de otras capacidades.

En el marco del Día del Niño, que se festeja este 30 de abril, reconoció que a los niños de ahora les tocó un estilo de vida donde el contacto entre padres e hijos es menor, así que deben resolver problemas por ellos mismos, y eso les ha dado autonomía, situación que puede ser benéfica.

En los seres humanos, como en la mayoría de las especies, la infancia es un periodo de aprendizaje, pero debe ser divertida. La prueba-error, las tristezas, alegrías y convivencia social son fundamentales para el desarrollo, pero motivarlos a ser los mejores siempre, y en todo, con altas expectativas y exigencias, no es tan positivo.

Los retos actuales

De acuerdo con el INEGI, en México hay 39.2 millones de niños y adolescentes de cero a 17 años, que representan 32.8 por ciento de la población general.

Considerados el futuro de la humanidad, Hagg resaltó que los niños de hoy enfrentan retos como los problemas de interacción social. “Si bien es cierto que aprenden a seguir instrucciones a más temprana edad para armar un lego o acceder a un juego en una tableta, se les dificulta la interacción personal, lo que implica problemas para cumplir reglas, y a veces no comprenden que los adultos deben ser una autoridad a respetar”.

La convivencia se aprende en el hogar, tener hermanos obliga a pensar en el otro y en el bien común, y muchos pequeños no tienen hermanos, así que no entienden las normas de convivencia. “Por ejemplo, los juegos de memoria o de mesa no son su fuerte, aunque son sencillos y lúdicos, porque deben aceptar que hay otros jugadores y deben esperar su turno”.

La situación se acentúa porque están aislados y deben resolver por sí mismos problemas o escenarios cotidianos, como llevar o no algo de comer a la escuela.

Además, debido a que en la actualidad ambos padres deben ingresar al mercado laboral, la vida de sus hijos gira en torno a la escuela, donde comen, interactúan, toman talleres y aprenden otras habilidades.

“No tomar alimentos en casa rompe con una rutina familiar que establece hábitos y es un escenario para compartir experiencias. Puede haber convivencia en casa, pero ese momento en particular es importante para platicar de la cotidianidad con los padres, y ahora se está dejando de lado”, añadió la impulsora de la lectura en las escuelas.

Finalmente, Hagg recomendó no sobrecargar con exigencias a los niños: los impulsan a ganar medallas, practicar uno o varios deportes y disciplinas, e inmiscuirse en actividades artísticas, entre muchas otras actividades.

“Los padres deben considerar que la atención que se les brinde será clave para que aprovechen lo mejor del mundo moderno, sin dejar de sentirse amados. Hay niños con pocos hábitos y responsabilidades, y eso a futuro los convertirá en adultos con dificultades para interactuar, trabajar en equipo o tener un espacio laboral adecuado y compartirlo; además, tenderán a ser más tiranos”.

Boletín UNAM-DGCS-292/2019

PALMIRA, 30 de abril de 2019 — Agencia de Noticias UN-

Después de 75 días de haber aplicado el material en el suelo degradado, la relación de absorción de sodio pasó de un rango “elevado” a “ligero moderado”, en una mejora comparable a la reflejada por el tratamiento convencional con yeso o cal. Este resultado, obtenido en condiciones de invernadero, se da gracias al contenido de silicio de la tierra de diatomeas, elemento que ayuda a remover el sodio del suelo.

Así lo aseguran Sara Edith Rosero Serrano y Alain Nicolás Céspedes Martínez, estudiantes de Ingeniería Agrícola de la Universidad Nacional de Colombia (U.N.) Sede Palmira, quienes analizaron el potencial de este insumo como alternativa natural para reducir la degradación de los suelos.

“A diferencia del yeso o la cal, por lo general la tierra de diatomeas se emplea para controlar plagas en cultivos de hortalizas. Encontramos que también sería aplicable para reducir el exceso de salinidad por sodio en los suelos agrícolas, un problema importante en el Valle del Cauca”, afirma la estudiante Rosero, y precisa que esta se consigue en comercios de Boyacá, entre otros departamentos.

Según un informe de Cenicaña de 2013, en Colombia el 7,7 % del suelo degradado químicamente ha perdido calidad por los altos niveles de salinidad. De hecho reporta que 87.000 km2 de suelos tienen niveles de sal fuera de proporción, área similar a la que ocupa todo el departamento de Caquetá. 

Esta problemática obedece tanto al origen natural de los suelos como a las intervenciones humanas, entre ellas el uso indebido de fertilizantes, el riego con agua no apta y la falta de control en la implementación de prácticas de mecanización como el arado con tractores y otras herramientas.

Los agricultores incorporan cal y yeso como tratamiento para sus suelos sin realizar diagnósticos previos sobre las necesidades específicas de sus cultivos o sin hacer seguimiento a los resultados de tal enmienda. 

El exceso de sales de sodio en el suelo provoca la pérdida de su estructura, por lo cual se compacta y deja de ser propicio para cultivar, pues no permite el crecimiento de las raíces ni el paso del agua, el aire y los nutrientes. “Este fenómeno, conocido como sodicidad, altera el equilibrio físico, químico y microbiológico del suelo”, explica la estudiante.

Con la enmienda de tierra de diatomeas también se mejoraron los indicadores de densidad aparente, el pH y la conductividad eléctrica, lo que favorece el nivel de salinidad del suelo.

Estudio de muestras de Palmaseca 

Para desarrollar la investigación –dirigida por el profesor Édgar Madero, de la U.N. Sede Palmira– se tomaron muestras de suelo a 40 cm de profundidad en el corregimiento de Palmaseca (Palmira), descrito como una zona con problemas de salinidad en sus suelos.

“Evaluamos la salinidad, el intercambio catiónico (capacidad del suelo para almacenar nutrientes), el pH y la conductividad eléctrica, y los resultados reflejaron la degradación”, asegura la estudiante Rosero.

Según describe, cuando las muestras de suelo estaban húmedas se veían como una sola masa, y cuando estaban secas se veían como una piedra. Al pasar de estados húmedos a secos, y viceversa, estos cambios pueden romper las raíces a medida que el suelo se contrae o se expande. “Son condiciones que no permiten la absorción de nutrientes, y como no dejan avanzar las raíces, mantienen limitada el área de donde las plantas obtienen los elementos necesarios”, detalla.

Después de estos análisis las muestras se pasaron por tamices y un rodillo para uniformizar el tamaño de sus partículas sólidas; se utilizaron 3 kg del material para establecer cultivos de habichuela en tres tratamientos diferentes. En el primero, que sirvió como testigo o referente, solo se intervino con riego y fertilización; en el segundo se realizaron estos procesos después de haber mezclado el suelo con tierra de diatomeas, y en el tercero se implementó una enmienda con yeso –tratamiento convencional– antes de aplicar el agua y el fertilizante. Después de 75 días de tratamiento se realizaron estudios físicos-químicos a las unidades experimentales.

La investigación es un punto de partida para evaluar los resultados en otro tipo de suelos y dosis de tierra de diatomeas, además de abordar un análisis económico de la alternativa, sostienen los estudiantes.

Fuente: agenciadenoticias.unal.edu.co

BOGOTÁ D. C., 29 de abril de 2019 — Agencia de Noticias UN-

De los cerca de 5,6 billones de colillas que se producen en el mundo cada año, unos 95 millones (16 toneladas al año) se generan en Bogotá, según un informe del proyecto Libera, de la ONG Sociedad Española de Ornitología SEO/BirdLife.

Jeimmy Roxana Peña, magíster en Ciencias – Química de la Universidad Nacional de Colombia (U.N.), afirma que los residuos del cigarrillo representan un riesgo toxicológico para el medioambiente tanto por su composición como por la cantidad de sustancias químicas que retiene el filtro y parte del tabaco cuando este entra en combustión.

Agrega que “de este proceso se generan alrededor de 4.000 compuestos, de los cuales al menos 50 son carcinogénicos, como nitratos, cianuro de hidrógeno, amonio, acetaldehído, formaldehído, benceno, fenoles, piridinas y monóxido de carbono”.

Gracias a su investigación ahora se sabe que es posible realizar un tratamiento que no representa un peligro, pues por las acciones de Pleurotus ostreatus se pueden transformar sustancias químicas en sustancias benéficas para el hongo.

Pleurotus ostreatus, conocido como champiñón ostra o pleuroto en forma de ostra, es una especie de hongo basidiomiceto del orden Agaricales. Se distribuye en gran parte de las zonas templadas y es comestible, pues es una fuente de selenio, esencial en el metabolismo humano, que además tiene efecto antioxidante y protege contra algunos tipos de cáncer.

Estos hongos son protagonistas de la micorremediación, una forma de recuperación medioambiental que usa microorganismos (biorremediación) para degradar o retener los contaminantes en el ambiente, estimulando la actividad enzimática y microbiana para reducir toxinas. Por eso algunas cepas dan buenos resultados para degradar gases neurotóxicos como el sarín, clasificado como “arma de destrucción masiva”.

Un hongo biodegradador

La investigación se hizo con colillas de cigarrillo recolectadas en el Departamento de Química de la U.N. Luego se estudiaron los compuestos químicos como la cantidad de carbono y nitrógeno, para validar si se podían utilizar como medio para cultivar el hongo. Después de varios ensayos los residuos se esterilizaron durante dos horas para erradicar bacterias.

“Se obtuvo un buen crecimiento de los hongos. Logramos determinar que estos pueden degradar gran parte de la colilla. A partir de ahí analizamos las sustancias químicas presentes en ese medio, en el vitelio del hongo, que son las “raíces”, y en su cuerpo, para identificar qué sustancia estaba transformando y qué tanto incorporaba en su cuerpo”, comenta la magíster.

Por ejemplo se encontraron bajos niveles de plomo, entre los límites de toxicidad permitidos para un alimento, ya que este es uno de los metales pesados más contaminantes y que está presente en las colillas.

La aplicación de los procesos de biorremediación sobre residuos contaminantes como las colillas de cigarrillo es un método viable ya que representa costos de aplicación menos elevados que los convencionales como la incineración y la extracción con solventes.

“Los hongos tienen la ventaja de poseer un poderoso pool enzimático que degrada, biotransforma y mineraliza los compuestos químicos asociados con las colillas de cigarrillo”, concluye la investigadora.

Fuente: agenciadenoticias.unal.edu.co

30 de abril de 2019

La mala alimentación; trastornos gastrointestinales; incremento de consumo de café, alcohol, tabaco; dolores musculares; migrañas; resfriados frecuentes; insomnio; enfermedades mentales como depresión, ansiedad y neurosis; ausentismo; relaciones interpersonales distantes; incremento de conflictos familiares, incluido el divorcio, son consecuencia de malas condiciones laborales.

Así lo afirmó Erika Villavicencio-Ayub, coordinadora e investigadora de psicología organizacional, de la Facultad de Psicología (FP) de la UNAM, quien resaltó que “en los últimos 20 años se han normalizado las malas condiciones de trabajo y el impacto en la salud es, en muchos casos, irreversible”.

En México, trastornos psicosomáticos, emocionales, comportamentales y físicos como el síndrome burnout (desgaste), tecnoestrés y adicción al trabajo, además del acoso laboral, lo demuestran.

Según la OCDE, 43 por ciento de los mexicanos padece estrés laboral, siendo el país con mayores índices a nivel global; además, somos los que más número de horas trabajan a la semana, pero con los menores índices de productividad, refirió.

Las jornadas inflexibles y prolongadas, de hasta 55 horas a la semana; trayectos a la oficina de cerca de dos horas; sobrecarga de tareas; condiciones laborales inadecuadas como iluminación, espacio, equipo; clima laboral negativo; jefes con liderazgo deficiente; acoso laboral o mobbing; e incapacidad para manejar los conflictos, son las principales razones.

Trastornos laborales

De acuerdo con estudios efectuados por Villavicencio-Ayub, y con base en diversas estadísticas realizadas en los últimos años, 35 por ciento de los mexicanos son considerados adictos al trabajo (principalmente los empleados de 29 a 48 años de edad); 85 por ciento de las empresas recompensan este trastorno, confundiéndolo con compromiso y efectividad laboral.

La adicción se vuelve más común por el uso inadaptado de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC): estar conectados mediante dispositivos móviles, correo electrónico y redes sociales la mayor parte del día, incluso de la noche, fines de semana, vacaciones, y aún enfermos, incrementa entre cinco y 20 horas de trabajo a la semana.

Derivado de ello emergen nuevas ‘adicciones’: al WhatsApp, la tecnoadicción, la infoxicación y el tecnoestrés, que empiezan a ser preocupantes por el acelerado crecimiento de las TIC.

“En nuestros estudios encontramos que el tiempo dedicado a estas aplicaciones, mentir sobre cuánto se usan, presentar alucinaciones o vibración fantasma (creer que se reciben notificaciones cuando no es así) y el síndrome de abstinencia si no se tiene acceso al wifi o se acaba la batería, afectan las horas de sueño, el cuidado personal, la alimentación y relaciones interpersonales. Pero es más grave cuando el individuo se aísla, baja su desempeño laboral y no consigue limitar su uso”, subrayó la universitaria.

A esta situación se suma el alto índice del síndrome burnout: 40 por ciento de los trabajadores mexicanos lo padecen, y sus síntomas son agotamiento físico y emocional, indiferencia ante los clientes o compañeros de trabajo, insatisfacción personal y frustración, y casos –ya reportados– de Karoshi (muerte por infarto al miocardio derivada de la sobrecarga laboral).

En cuanto al acoso laboral o mobbing, “según nuestros análisis, 62 por ciento manifestó haberlo sufrido en algún momento, principalmente por parte de sus jefes (60 por ciento).

También cobra importancia el presentismo, que implica estar en el centro laboral sin ser productivo. Una de cada tres personas que sufren este trastorno es por problemas de salud que las imposibilita a desempeñarse de manera adecuada; acuden enfermos física o psicológicamente a falta de opciones para justificar sus ausencias.

Otra tercera parte pierde el tiempo viendo páginas de Internet no relacionadas con sus tareas, en chats con amigos, encuentros casuales de pasillo, salir a fumar con los colegas o pedir permiso para atender actividades personales.

“Siete de cada 10 personas se conectan a Internet en equipos de oficina, y nueve de cada 10 en sus dispositivos personales; la tecnología y sus distractores provocan que el tiempo productivo de los trabajadores se reduzca en un 40 por ciento”.

Esto evidencia que la “fórmula empresarial” ha fallado, y tiene afectaciones graves en la calidad de vida de los trabajadores, resaltó.

Urge un cambio de paradigma

Los empleados enfermos física y psicológicamente representan una baja en la productividad, y alguien estresado tiene mayor probabilidad de renunciar.

“La calidad y bienestar laboral no están garantizadas. Los involucrados esperamos ver los primeros resultados de la entrada en vigor de la NOM-035 de factores psicosociales. Éste puede ser el camino para promover espacios organizacionales favorables, pero debe ir más allá de su cumplimiento, pues ocho de cada 10 empresas se desarrollan con una cultura laboral tóxica y no atienden de raíz la verdadera responsabilidad que tienen con sus empleados”, remarcó Villavicencio-Ayub

Es indispensable un cambio de paradigma, donde se acepte que el estrés no es igual a productividad, que las empresas deben invertir en áreas estratégicas para gestionar a su talento, en capacitación de buen nivel, en la implementación de políticas que aseguren condiciones libres de violencia laboral, protocolos de no discriminación y evaluaciones de desempeño objetivas, concluyó.

Boletín UNAM-DGCS-295/2019

29 de abril de 2019

Para aprovechar los desechos agroindustriales que se producen en el país, el Instituto Politécnico Nacional (IPN), desarrolla una investigación para explotar las propiedades de la cáscara de la nuez, con la finalidad de crear un bioplástico de mayor dureza que reemplace a los que no cuentan con propiedades biodegradables.

La investigación es realizada por el estudiante de Doctorado en Alimentos de la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas (ENCB), Jesús Nicolás Bermúdez, quien explicó que con este proyecto se busca cuidar el medio ambiente. “Se estudiaron tres variedades de nuez: pecanera (Carya illinoinensis), de castilla (Juglans regia) y avellana (Corylus avellana), y se realizó la caracterización general de estas cáscaras, para darle uso en otras áreas”, acotó.

Indicó que la industria de los alimentos genera mucho desperdicio y las diferentes cáscaras de nuez no se utilizan y se convierten en desecho agroindustrial. Por ello, con las nuevas tecnologías y microscopios, se busca caracterizarlas para saber de qué están compuestas y a partir de ahí darles un uso o aplicación.

“Se eligió la variedad de castilla, porque sus características son apropiadas para obtener, mediante una molienda, nanopartículas que podrían utilizarse para diversas aplicaciones. Lo que nosotros pensamos es usarla para biopolímeros y reforzar sus propiedades mecánicas, ya que son blandos, naturales y biodegradables”, señaló.

Detalló que la cáscara de la nuez pecanera tiene cristales incrustados. “Lo que hicimos fue caracterizarlos por medio de Microscopía de Fuerza Atómica y Nanoindentación para obtener propiedades mecánicas y así describir su función dentro de la célula, que es la que da el soporte estructural de la cáscara”, refirió.

El alumno politécnico abundó que al caracterizar la estructura se toma una muestra de la cáscara de nuez pecanera, se encapsula en resina tóxica y con el equipo de microscopía que funciona con una viga cantiliver (que es de tamaño micrométrico), las muestras quedan muy pequeñas y lisas.

“En la literatura científica no hay mucha información de las propiedades físicas y mecánicas de la cáscara de nuez, por tal razón se decidió hacer una comparativa de los tipos de nueces que existen”, subrayó.

Nicolás Bermúdez indicó que esta investigación resulta de gran utilidad, porque hoy en día se usa mucho la biomimética, mediante la cual se emplean recursos naturales en la producción de materias primas. “Con este tipo de proyectos buscamos usar desechos e inspirarnos en estas estructuras para inventar nuevos materiales a partir de otros naturales”, dijo.

Finalmente, el estudiante politécnico comentó que sus resultados los publicó en la revista internacional Plant Physiology and Biochemistry y se han presentado en diversos congresos nacionales e internacionales.

Fuente: ipn.mx