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BOGOTÁ D. C., 12 de febrero de 2020 — Agencia de Noticias UN-

Así lo estableció Claudia Patricia Rodríguez Hidalgo, magíster en Ingeniería de Materiales y Procesos de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Medellín, quien estudió el efecto que tendría incorporar de forma conjunta una proporción de arcilla calcinada y caliza, sulfato (SO3) y clínker en cantidades menores a las convencionales.

“Si reducimos el factor clínker en cualquier formulación de cemento mitigamos las emisiones de CO2, pero también tratamos de que cumpla con un buen nivel de servicio y que siga siendo de uso masivo, por eso necesitamos balancear lo que quitamos con materiales alternos, que tienen otros beneficios”, explica la investigadora.

Para su estudio empleó dos arcillas de bajo grado denominadas como A y B, con la caolinita como el mineral representativo en su composición. Ambas se caracterizaron en su estado natural y después de calcinarlas para identificar su condición de máxima reactividad.

“Después empezamos a ver qué le hacían las arcillas calcinadas al material con las adiciones comunes del cemento –como caliza, sulfato y el mismo clínker– para entender cómo se da la sinergia entre esos participantes”, detalla la investigadora, quien preparó mezclas en proporciones coherentes a las empleadas en la industria.

De estas mezclas se evaluó su resistencia a la compresión, si es manejable, si se endurece lo suficiente en tiempos razonables y su durabilidad, entre otros aspectos. Además se hicieron pruebas de calorimetría, relacionadas con la capacidad del cemento para reaccionar y emitir calor cuando la mezcla entra en contacto con el agua. “Esto es importante porque, por ejemplo, al hacer un vaciado, muchas veces se debe adicionar incluso hielo para que el calor que se libere no sea tan fuerte que agriete las estructuras”, explica la investigadora Rodríguez.

Producto resistente

Entre los resultados de la experimentación se evidenció que aunque el clínker fue el factor más importante para el desarrollo de resistencias mecánicas a edades tempranas, y la arcilla calcinada no tuvo mucho peso a durante los días 1 y 3 días, la resistencia a la compresión sí se volvió significativa mientras avanzó la hidratación, llegando a ser comparable en magnitud al clínker.

En cuanto a la liberación de energía, se encontró que esta era mayor en las mezclas con arcilla que en un cemento sin adiciones, y respecto a la durabilidad del material, se determinó que este cuenta con una red de poros más fina que no permite que agentes dañinos entren, lo que lo hace más perdurable.

Las mejoras en el desempeño son proporcionales al contenido de arcilla calcinada, un hallazgo importante para, en un futuro, proveer a la industria de la construcción de materiales de calidad más sostenibles, que pueden alcanzar una reducción de emisiones de CO2 entre un 15 y 30 %.

Fuente: agenciadenoticias.unal.edu.co

11 de febrero de 2020

El origen de las cabezas colosales olmecas no es africano, como se rumora desde hace 150 años, sino mesoamericano, afirmó Ann Cyphers, académica del Instituto de Investigaciones Antropológicas (IIA) de la UNAM, quien junto con sus colaboradores han realizado estudios de ADN mitocondrial que comprueban la identidad de los olmecas, la civilización más antigua de estas tierras.

La experta recordó que las teorías del origen africano y las migraciones transoceánicas están muy enraizadas en el imaginario colectivo, por lo que “ha sido muy difícil sacudirnos de estas ideas”.

Ann Cyphers, descubridora en 1994 de la más reciente de las 17 cabezas olmecas conocidas hasta ahora, hallada en el sitio arqueológico de San Lorenzo Tenochtitlan, en Veracruz, explicó que esta tesis data de 1869 y fue propuesta por José María Melgar y Serrano, quien reportó la primera cabeza colosal (llamada de Hueyapan), en lo que hoy es Tres Zapotes, Veracruz.

“Entonces no se sabía de la existencia de la cultura Olmeca, y Melgar propuso que los rasgos de las esculturas correspondían a personajes de Etiopía, gente de raza negra, más que nada por las facciones del rostro. De ahí nació esa especulación y se formó una polémica que nos persigue en la arqueología olmeca”.

Para la investigadora, las facciones anchas y achatadas de los rostros de las cabezas colosales se explican porque los tronos de los gobernantes, que eran grandes prismas, fueron reciclados para hacer las esculturas.

Reutilizar los tronos era importante, pues además de ser un símbolo del gobernante, con ello se evitaba traer más rocas de otras poblaciones. Como querían que la cabeza fuera lo más grande posible, acomodaban la imagen del gobernante en el prisma y el rostro se deformaba.

“Eso aclara en gran medida el porqué de las facciones comprimidas. Se entiende, por ejemplo, la nariz y la boca anchas, pues ninguna cabeza tiene elementos salientes, todo está compacto, pegado, es parte del prisma”.

Estudios de ADN

En excavaciones realizadas durante años en los sitios olmecas y al estudiar científicamente diversas piezas de esa civilización, los arqueólogos universitarios no han encontrado artefactos africanos; ésta es una primera línea de investigación que descarta el origen en aquel continente.

La segunda línea contempla estudios de ADN, que antes no se podían hacer porque no había entierros olmecas, “los que se habían encontrado estaban hechos polvo. Pero hallamos algunos en San Lorenzo Tenochtitlan, y Enrique Villamar Becerril, colaborador de mi grupo, hizo el estudio de ADN mitocondrial”, detalló.

Al respecto, Villamar indicó que se muestrearon dos entierros: uno en Loma del Zapote (que data de mil 200 antes de Cristo) y otro en San Lorenzo (mil antes de Cristo). “De esos dos individuos se tomó muestra ósea de costilla y se sometió a un procedimiento para obtener su ADN mitocondrial, el linaje que proporciona la madre a un individuo, porque es más factible recuperarlo de restos arqueológicos”.

Así logró la clasificación de esa información genética, denominada haplogrupo. “La diversidad genética del ADN mitocondrial se puede clasificar según las similitudes que hay en varios individuos, y ellos pueden compartir algunas mutaciones que los hacen diferentes a otros individuos en diferentes regiones geográficas del mundo”.

Esas diferencias permiten definir a qué grupo pertenecen, y así el ADN mitocondrial se clasifica en haplogrupos. “Obtuvimos el haplogrupo de estos dos sujetos y supimos que pertenecen al A, uno de los más abundantes entre las poblaciones fundadoras e indígenas de América. Si hubieran sido africanos, el haplogrupo sería L, que es característico de esas poblaciones”, resaltó.

Además, remarcó Cyphers, si hubiera material genético africano en los olmecas, no sólo se vería en los entierros, sino en las poblaciones posteriores, pues el haplogrupo L (que aquí no se encontró) se hubiera conservado. “En 300 entierros mesoamericanos de distintas épocas no está presente”.

Sobre el hallazgo de la cabeza colosal 17, comentó: “buscábamos viviendas y de repente apareció, fue como un sueño. Cada cosa nueva contribuye a cambiar la percepción que se tiene de cómo era esa cultura”.

Al describir a los olmecas, Cyphers dijo: fueron “la primera civilización de Mesoamérica, gobernantes poderosos; en una palabra, una civilización”.

Boletín UNAM-DGCS-116/2020

10 de febrero de 2020

En el mundo la incursión de las mujeres en la ciencia es del 30 por ciento, y en México este proceso ha sido más lento. Según datos de la UNESCO, sólo ese porcentaje opta por estudios superiores dentro del campo de las ciencias exactas y naturales, tecnología, ingeniería y matemáticas, refirió Norma Blázquez Graf, del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades (CEIICH) de la UNAM.

En la Universidad Nacional la matrícula es mitad y mitad, y en algunas carreras ellas son mayoría, como Medicina, donde alcanzan más del 60 por ciento. “En la Facultad de Ciencias, en Biología, también hay más mujeres, pero en carreras como Matemáticas hay muy pocas, y en Ingeniería alcanzan el 19 por ciento”, puntualizó.

A propósito del Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, que se conmemora este 11 de febrero, expuso que “ya se logró que ellas estén al 50 por ciento en la matrícula universitaria en muchos países, pero en la parte laboral no se ha alcanzado esa proporción, y en los puestos de decisión mucho menos, pues a nivel global su presencia es de 15 a 20 por ciento”.

La diferencia de participación por áreas continúa en los puestos más importantes, que son ocupados por hombres, y las mujeres no siempre están representadas proporcionalmente, pues las dirigen hombres aunque sean carreras ‘femeninas’, dijo Blázquez Graf.

Según datos de la ONU, a nivel mundial la matrícula de estudiantes femeninas es particularmente baja en tecnología de la información y las comunicaciones, con tres por ciento; ciencias naturales, matemáticas y estadísticas, con cinco por ciento; y en ingeniería, manufactura y construcción, con ocho por ciento.

De acuerdo con una investigación realizada en 14 países, la probabilidad de que las estudiantes terminen una licenciatura, una maestría y un doctorado en alguna materia relacionada con la ciencia es de 18, 8 y 2 por ciento, respectivamente, mientras que la probabilidad para los estudiantes masculinos es de 37, 18 y 6 por ciento.

En algunos campos las mujeres no participan debido a los estereotipos o prejuicios de género, resaltó la universitaria. “Desde pequeñas nos enseñan que no somos capaces para ciertas disciplinas, y socialmente se intenta que no nos gusten”.

Blázquez detalló que se han hecho investigaciones donde se muestra que hasta los nueve años las niñas tienen el mismo interés que los niños en área como física y matemáticas, pero conforme crecen ya no se interesan, porque la consigna de género las empuja a dedicarse al cuidado, a campos de la salud, y no a matemáticas, física o ingeniería.

Desde los juegos y los juguetes se dirige a ambos géneros a determinados saberes, y la situación se refuerza en la escuela, “donde los maestros hacen que se sigan caminos distintos en vez de estimularlos a que prueben de todo. Es importante que se les brinde la opción para que puedan desarrollarse en lo que les guste”.

Para modificar estos estereotipos, la universitaria aconsejó trabajar en igualdad de oportunidades con los infantes desde preescolar, y con los docentes para derribar prejuicios.

El conocimiento no tiene género

La participación femenina en la ciencia no es sólo cuestión de justicia social, también significa aumentar los recursos en investigación. “Cuando hay mujeres se hacen nuevas preguntas y se exploran temas con miradas distintas; el conocimiento se enriquece con la inclusión”, recalcó la investigadora del CEIICH.

El conocimiento no tiene género, pero socialmente se lo han asignado, remarcó. “En México hay avances, pero falta mucho; el mayor logro de los últimos 15 años es que las mujeres pueden estudiar una carrera y luego un posgrado, porque se ha invertido en becas, pero falta conciliar esta política con el campo laboral, porque no se han abierto plazas suficientes en nuevos centros de investigación o universidades donde ellas no queden rezagadas”.

Además, aún existe la brecha salarial. “A pesar de tener la misma formación y experiencia, las mujeres ganan menos porque el conocimiento y el campo laboral siguen siendo territorio masculino”.

El 15 de diciembre de 2015, la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó el 11 de febrero como Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, para lograr el acceso y participación plena y equitativa de ellas, su empoderamiento y la igualdad de género.

Esta conmemoración enfatiza la importancia de que las mujeres nos incorporemos a las ciencias y logremos igualdad de oportunidades en la adquisición de conocimiento, concluyó.

Dos eventos antecedieron a la efeméride: la Conferencia Mundial sobre la Mujer de la ONU, celebrada en 1995 en Beijing, China, en donde por primera vez se incluyó en la agenda de los problemas de las mujeres su derecho a la educación y la ciencia. Y la Conferencia Mundial de la Ciencia, realizada en 1999 en Budapest, Hungría, donde se contempló en la agenda científica la importancia de su derecho a la igualdad.

Boletín UNAM-DGCS-117/2020

11 de febrero de 2020

A nivel mundial la UNESCO estima que solo 35 por ciento de los estudiantes de áreas científicas, tecnológicas, de ingeniería y matemáticas son mujeres, esto a pesar del incremento de la participación femenina en los niveles de educación superior. En México, el Consejo Consultivo de Ciencias (CCC) afirma que entre 1969 y 2000 el número de mujeres en la universidad se incrementó del 17 al 50 por ciento y en posgrado creció 43 por ciento.

A pesar de estas cifras y de que históricamente las mujeres han realizado contribuciones destacadas, su participación actual en áreas como Física, Matemáticas, Ciencias de la Tierra e ingenierías aún demuestra rezago con una presencia nacional femenina de solo 20 por ciento.

En el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, su reconocimiento y participación se vincula todavía con el cumplimiento de roles que confieren a la mujer la responsabilidad, en mayor medida, de la crianza de los hijos y los deberes del hogar.

Para romper con estos esquemas, además de prejuicios que ponen erróneamente en duda sus capacidades, distintos organismos internacionales han optado por campañas que impulsen las vocaciones científicas y tecnológicas en las niñas, con el objetivo de construir colectivamente el conocimiento, desde la mirada de las mujeres y los hombres con igualdad de oportunidades.

La presencia de las niñas y las mujeres en la ciencia, sobre todo en aquellas denominadas STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas), implica ya un compromiso no solo de los gobiernos en todo el mundo, sino también de las instituciones de educación superior como la BUAP, que reconoce la inclusión femenina como un factor clave en el fortalecimiento y generación de nuevas competencias en el mercado laboral.

El ingreso femenino en la BUAP

En la BUAP se reflejan las tendencias nacionales e internacionales de la participación de la mujer en la educación y la ciencia. Para la matrícula de ingreso correspondiente al ciclo 2018-2019, desde el nivel medio superior a posgrado, las mujeres representaron 53 por ciento del total de los ingresos.

A pesar de que numéricamente superan a los hombres, la distribución de las mujeres en las áreas de conocimiento tiene una tendencia muy clara hacia las siguientes unidades: Administración, Derecho y Ciencias Sociales, Enfermería, Ciencias Químicas, Contaduría Pública, Estomatología, Medicina, Psicología, Filosofía, Lenguas, Artes y Arquitectura.

De las anteriores, destaca que en carreras dedicadas primordialmente a la salud y cuidado del otro, como Enfermería, las mujeres representan seis veces más que los varones; en Psicología y Estomatología los triplican; y en Medicina los duplican.

Esta tendencia contrasta con las carreras relacionadas con el área de Tecnología y Ciencias Exactas, donde la presencia masculina es mayoría. Por ejemplo, los varones triplican a nivel licenciatura a las mujeres en Computación, Electrónica, Física e Ingenierías; mientras que en Matemáticas y en Cultura Física, las duplican. En resumen, en estas áreas solo participan cerca de 700 mujeres contra más de dos mil varones.

A pesar de estas disparidades, la Universidad realiza esfuerzos para que se revalore el papel de la mujer en la ciencia y como parte de estas acciones, por primera vez en toda la historia de la BUAP, las facultades de Ciencias Físico Matemáticas, Ciencias de la Electrónica, Ciencias de la Computación, Ingeniería Química y el Instituto de Física Luis Rivera Terrazas están dirigidos por mujeres que destacan diariamente en sus áreas de investigación y también en la administración de estas unidades.

El papel de la mujer en las ciencias

La equidad de género en las áreas de conocimiento STEM aún representa un desafío, por lo que es necesario incrementar la presencia femenina en estos campos y al mismo tiempo contrarrestar su deserción en las áreas científicas.

De acuerdo con el Sistema Nacional de Investigadores en México (SNI), las académicas reducen su participación en los niveles II y III, lo que refleja un punto de quiebre en cuanto a los requerimientos que exigen estos niveles. Es de notar que las mujeres que optan por la decisión de tener hijos asumen una reducción de su tiempo dedicado al plano profesional y académico.

En la Universidad hay 533 científicos registrados en el SNI: 63 por ciento son hombres y 36 por ciento son mujeres, quienes son minoría en los totales de los tres niveles del sistema (I, II y III).

Por otra parte, en el nivel I las investigadoras representan el 44 por ciento del total de inscritos; en II, el 22 por ciento; y en el III, el 10 por ciento. En cuanto a su presencia en las áreas de conocimiento, destacan en las Ciencias Naturales, Agropecuarias, Ciencias de la Educación y Humanidades.

En las áreas de Ciencias Naturales y Agropecuarias, así como Ciencias de la Educación y Humanidades, las académicas superan numéricamente a sus pares varones, aunque solo en el nivel I del SNI.

En Ciencias Exactas, por 40 investigadores del nivel I, hay solo 13 mujeres; mientras que en el nivel II y III su participación se reduce. Del total de mujeres SNI III que hay en la Universidad, una de ellas pertenece al área de exactas: la doctora María Eugenia Mendoza Álvarez; mientras que la doctora María de la Paz Elizalde González es de Ingeniería y Tecnologías. 

Asimismo, también resaltan por su trabajo y compromiso las investigadoras Montserrat Galí Boadella y Rosalva Loreto López, de Humanidades, y Leticia María Guadalupe Quintero Cortés, del área de Ciencias Naturales y Agropecuarias, no solo por obtener el grado III del SNI, sino por su compromiso con el quehacer científico en esta institución.

Al igual que ellas, cientos de mujeres dedicadas a la academia dentro de la Universidad trabajan todos los días para reducir las brechas que aún existen; este trabajo va de la mano con los compromisos que guarda la BUAP para que desde los niveles medio superior se formen a niñas y mujeres que encuentren en la ciencia un camino innovador, creativo y riguroso para crecer y ofrecer a su entorno nuevas soluciones.

Fuente: buap.mx

10 de febrero de 2020

Los dolores dentales son de los más frecuentes e intensos, y a los que menos atención se presta. “Nadie se muere de un dolor de muelas, pero una infección dental puede generalizarse en el organismo y causar problemas de corazón, cardiopatías severas”, advirtió Martha Victoria Díaz Gómez, académica de la Facultad de Odontología (FO) de la UNAM.

Por ello, la encargada del Departamento de Historia de la FO llamó a reforzar el cuidado de la salud dental a partir de la higiene: “los dientes deben lavarse inmediatamente después de comer, y si se come cinco veces, esa misma cantidad deben ser cepillados. También es necesario acostumbrar a los niños a la buena alimentación y a lavar sus dientes desde pequeños”.

En el marco del Día del Odontólogo, que se conmemora mañana, 9 de febrero, resaltó que en la actualidad la licenciatura de Cirujano Dentista es la novena con mayor población en la Universidad Nacional y forma anualmente a seis mil 784 alumnos en la Facultad de Odontología, las facultad de Estudios Superiores (FES) Zaragoza e Iztacala, y en la Escuela Nacional de Estudios Superiores (ENES) León, de acuerdo con la Agenda Estadística UNAM 2019.

Díaz Gómez reiteró que la salud dental es importante para la salud integral, pues en la boca se da el primer paso para la alimentación y la digestión; también participa en la función del habla, y los órganos dentarios están comunicados con todo el cuerpo mediante nervios y vasos sanguíneos.

La boca, también denominada sistema estomatognático, implica un conjunto de órganos y tejidos que permiten masticar, deglutir, hablar y pronunciar correctamente las palabras, entre otras funciones, “de ahí la tendencia de llamar estomatólogos a los cirujanos dentistas”, dijo.

Las mujeres y la odontología

La primera mujer que se tituló en una profesión en América Latina fue una dentista mexicana: Margarita Chorné y Salazar. Su padre y su hermano tenían un consultorio dental prestigiado donde ella aprendió.

“Los dentistas en esa época tenían que presentar un examen en la Escuela de Medicina. Era un camino difícil porque se estudiaba en libros escritos en inglés y francés, principalmente, y al mismo tiempo se debía trabajar en el gabinete de algún dentista con reconocimiento, que ya hubiera pasado su examen”, relató la académica.

En 1887, año en que Chorné y Salazar presentó su examen, algunos hombres vieron con recelo este avance.

Más tarde, en 1905, ingresó al Consultorio Nacional de Enseñanza Dental (origen de la FO) la primera alumna: Clara Rosas, y hoy la odontología es una disciplina con fuerte presencia femenina. En el caso de la FO, las mujeres representan el 72.5 por ciento de los dos mil 874 alumnos.

Conmemoración de los odontólogos

La patrona de los dentistas es Santa Apolonia, a quien se recuerda el 9 de febrero. Fue una mujer que vivió en Alejandría, criada en el cristianismo cuando estaba prohibido. A los 49 años fue denunciada y detenida por los romanos, quienes le pidieron renunciar públicamente al cristianismo, pero ella además de negarse, afirmó que la fe cristiana sería la que salvaría al mundo.

“Con piedras le golpearon la boca, le rompieron los dientes y le extrajeron los pedazos que quedaban. Otra versión señala que antes de dar un paso a la hoguera expresó que intercedería con el dios de los cristianos para que calmara los dolores de todos los que sufrieran problemas dentales”, narró Díaz Gómez.

En el siglo XIII, en Turín, los individuos que hacían trabajos dentales y extracciones escogieron a Apolonia como su santa patrona, y un 9 de febrero sacaron una de sus imágenes en peregrinación. Apolonia lleva en una mano una rama de olivo y en la otra una pinza, como la que se piensa que usaron para sacarle los dientes.

En Europa hay muchas iglesias con su imagen, “la gente le rezaba y le hacía novenas pata evitar los dolores dentales, pero la llegada de los antibióticos cambió todo y la santa quedó en segundo plano”, concluyó la universitaria.

Boletín UNAM-DGCS-111/2020