
BOGOTÁ D. C., 18 de febrero de 2020 — Agencia de Noticias UN-
Este fue una de las conclusiones a las que llegó Jorge Mario Madera Ramos, magíster en Ingeniería de Sistemas de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Medellín, quien desarrolló un modelo computacional que permite evaluar la factibilidad económica del cambio de vehículos con motor de combustión interna a eléctricos en el transporte de carga en Colombia.
Esta herramienta aporta un análisis que les permite a las empresas del sector revisar varios escenarios y casos de aplicación para plantear en qué momento es adecuado adquirir vehículos eléctricos para el transporte de carga en Colombia, un interrogante que deben responder para seguir funcionando en las actuales y nuevas regulaciones ambientales.
El investigador se guio por curvas de proyección de los costos de fabricación del kilovatio, las baterías de iones de litio y el precio de los vehículos según su autonomía a lo largo de los años en comparación con el de los de combustión interna, además de plantear escenarios en los cuales se evaluaba el recorrido de cierto kilometraje al día y la variación del precio del combustible.
“Con esta combinación de variables creamos los escenarios y comenzamos a evaluar cómo se comportaría en 10 años el flujo de caja del costo por tonelada al transportar una mercancía con esos tipos de vehículos”, detalla el investigador Madera, y añade que los escenarios se contemplaron priorizando el peso transportado, por un lado, y los kilómetros recorridos, por el otro.
Al comparar esta proyección con el costo logístico de la operación del transporte de carga se encontró que en Colombia la velocidad del cambio de los vehículos de combustión interna por eléctricos depende especialmente del comportamiento del costo de fabricación de las baterías y de las operaciones en las que se desempeñen los vehículos.
Las operaciones en las que el peso no es la restricción más importante presentan mayor factibilidad económica y de rapidez que aquellas en las que el peso es importante. Esto se debe en especial a que los vehículos eléctricos son más pesados que los de combustión interna, por las baterías necesarias para su funcionamiento, restándole espacio a la carga que puedan llevar.
Por otro lado, si se colocaran de manera permanente restricciones de circulación de al menos seis horas a la semana para los vehículos de combustión interna, los eléctricos resultarían más económicos que estos antes de 2025 para operaciones en las que el peso es la restricción más importante, pues no tendrían que dejar de operar ante las contingencias ambientales.
Cómo hacer la transición
A partir de su investigación, el ingeniero Madera plantea varias recomendaciones para las empresas de transporte de carga interesadas en empezar a hacer el cambio por estos vehículos más sostenibles, sin afectar la rentabilidad de su operación.
“Las empresas interesadas en mitigar su huella de carbono deberían evaluar en qué tipo de operaciones se encuentran, si son de mayor volumen de su carga o del peso, y desarrollar una configuración de vehículos acorde para que empiecen a implementarla”, asegura el magíster, y agrega que el análisis realizado partió de la premisa de que el precio de los carros eléctricos tenderá a disminuir, como sucede con el ingreso de nuevas tecnologías.
Otra recomendación es enfocarse principalmente en operaciones urbanas, porque en rutas de largas distancias aún no se cuenta con la infraestructura de electrolíneas necesarias para garantizar la carga de los vehículos en el camino y su autonomía aún es inferior a la de los de combustión interna.
Fuente: agenciadenoticias.unal.edu.co

18 de febrero de 2020
Hasta ahora, no hay evidencia que vincule a los murciélagos con el coronavirus que afecta a miles de personas en China, afirmó Rodrigo Medellín Legorreta, investigador del Instituto de Ecología (IE) de la UNAM, quien aclaró que ningún grupo animal hace más por nuestro bienestar que los murciélagos, “ellos tocan cada día de nuestra existencia con sus beneficios”.
“Con las prácticas que se realizan en ese país y el uso de fauna silvestre, se exponen a patógenos con los que antes los humanos no teníamos contacto. Hemos invadido muchos ecosistemas, y las especies que ahí habitan tienen derecho a permanecer, y nosotros debemos proteger a los distintos organismos y sus hábitats”, remarcó.
El experto sostuvo que somos los seres humanos quienes afectamos los ecosistemas, “nos metemos en lugares donde antes no llegábamos, donde hay patógenos que antes no nos afectaban”.
Para el biólogo, los murciélagos son los animales más injustamente maltratados, y junto con otros como los alacranes, las serpientes y los tiburones, tienen una imagen negativa, que no se merecen.
Medellín Legorreta, responsable del Laboratorio de Ecología y Conservación de Vertebrados Terrestres del IE, remarcó que esos mamíferos son los controladores más importantes de plagas en cultivos de café, té y algodón; la ceiba, los agaves tequileros y mezcaleros son polinizados por ellos. Muchas frutas mexicanas dependen de esta especie para dispersar sus semillas, por lo que “es justo que les demos el respeto, cariño y cuidado que merecen por todo lo que hacen por nosotros”.
Respecto a las noticias que señalan a los murciélagos como posible origen del coronavirus de Wuhan, refirió que se trata de investigadores sin escrúpulos que culpan, sin razón, a esta especie por plagas y enfermedades. “Quienes los conocemos tenemos que defenderlos, divulgar sus beneficios para que la población no se deje engañar con seudoestudios”.
Puede ser que alguien haya tocado una planta, acariciado un animal o se lo haya comido, y pudo estar infectado con el virus, consideró. En este sentido, calificó de alarmistas y falsas esas noticias, que “sólo provocan daños a la especie. Son de los animales que más servicios ambientales ofrecen; por ejemplo, se estima que los murciélagos cada noche consumen 10 toneladas de insectos", detalló el universitario.
Si desaparecieran, en tres o cuatro meses se acabaría gran parte de las cosechas por plaga de insectos; además, se perderían frutos como la guayaba y la ciruela, porque los murciélagos son sus polinizadores.
Si eso ocurriera, México sería de los países más afectados, por ser el sexto (Brasil, Ecuador, Perú, Colombia y Venezuela) con mayor diversidad de especies de murciélagos.
Boletín UNAM-DGCS-143/2020

17 de febrero de 2020
Mediante la campaña “Un análisis, una esperanza”, investigadores de la UNAM apoyan a niños de escasos recursos para la detección temprana de leucemia, el tipo de cáncer más común entre la población infantil mexicana.
Se estima que cada año se registran siete mil nuevos casos debido a un diagnóstico tardío, la falta de seguimiento adecuado de la enfermedad durante el tratamiento y los escasos recursos tecnológicos y económicos, afirmó Gloria Soldevila Melgarejo, del Instituto de Investigaciones Biomédicas (IIBm).
En el marco del Día internacional contra el cáncer infantil, que se conmemora hoy, 15 de febrero, la también directora del Laboratorio Nacional de Citometría de Flujo (LABNALCIT) señaló que con la campaña, que inició en 2018, ya se trabaja con hospitales de la Ciudad de México para identificar a niños que necesiten este servicio en 2020.
Además, Soldevila Melgarejo y su equipo certificaron recientemente un conjunto de anticuerpos para la detección de leucemia, a un costo más bajo que los procedimientos comerciales, y ya han comenzado a ofrecerlos a médicos de toda la República.
Con la participación del IIBm y Fundación UNAM “pretendemos hacer conciencia entre la gente, que sepa que puede apoyar. En México la sobrevida de los niños con leucemia es menor a 50 por ciento, mientras que en países como Estados Unidos puede ser de hasta 90 por ciento; hay que hacer algo para igualar los números”, subrayó la investigadora del Departamento de Inmunología del IIBm.
De acuerdo con reportes de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el cáncer infantil comprende numerosos tipos de tumores, entre los más comunes están la leucemia (cáncer en la sangre), el cáncer cerebral, el linfoma (en el sistema linfático), neuroblastoma (en las células nerviosas llamadas neuroblastos) y el tumor de Wilms (renal).
Más del 90 por ciento de los niños con leucemia en Latinoamérica muere sin recibir atención médica, afirma el organismo internacional.
Diagnóstico oportuno
Para diagnosticar esta enfermedad se requiere una inmunofenotipificación de leucemias, estudio que utiliza tecnologías de citometría de flujo para determinar el tipo de leucemia que se padece. “Se debe realizar al menos cinco veces dentro del protocolo de tratamiento y el costo promedio de cada una es de 15 mil pesos, un desembolso fuera del alcance de una familia mexicana”, resaltó la universitaria.
La experta detalló que esa prueba evalúa qué moléculas expresan las células cancerosas, y cuanto más preciso sea el diagnóstico más eficiente será el tratamiento.
“Es importante detectar si los niños tienen una recaída para que sean tratados. Son estudios complejos, con aparatos costosos y precisos, pero en el país no tenemos la cobertura para todos los pacientes, por lo que intentamos ayudar a los más desprotegidos”.
En cuanto al conjunto de anticuerpos certificado por los universitarios, explicó que la experiencia que tienen en citometría de flujo hizo posible establecer una metodología propia y abaratar los costos.
“El proceso tiene una certificación de calidad ISO 9000, el IQNet, además del sello Calidad UNAM; también colaboran expertos del IMSS Puebla y de la Ciudad de México para capacitar a personal del área de salud en la detección temprana y uso de reactivos”.
Los universitarios utilizan una combinación específica de anticuerpos que será próximamente acreditada, para poder ofrecer la prueba más allá de nuestras fronteras.
Soldevila Melgarejo detalló que la citometría de flujo es una herramienta fundamental en la clínica, pues es capaz de detectar leucemia y otros tipos de cáncer de manera rápida y con alta precisión.
Junto con su equipo del LABNALCIT, también participan en un programa nacional que permitirá revelar por qué los casos de leucemia infantil son mayores en México.
Boletín UNAM-DGCS-142/2020

BOGOTÁ D. C., 17 de febrero de 2020 — Agencia de Noticias UN-
A las dos especies nuevas se suman las otras nueve reconocidas: L. glabrata, L. guyanensis, L. rufa, L. rufipes y L. spinosa –registradas por primera vez para el país– L. huilensis, L. opita y L. piedemontana, y se confirmó la presencia de la especie L. limao para la Amazonia colombiana.
Estas abejas, aunque tienen sus propios nidos, roban alimentos y materiales de anidación de otras abejas sin aguijón, como especies de Nannotrigona y abejas productoras de miel. A este comportamiento se debe su particular nombre de “abejas ladronas sin aguijón”.
Se trata de un grupo importante cultural y económicamente, ya que diferentes comunidades las usan para obtener productos como miel, polen y propóleo, que emplean con fines alimenticios, medicinales y artesanales. Además representan un componente significativo de la diversidad de abejas colombianas, aunque la fauna nacional todavía está en vía de exploración y algunas veces identificar las especies es difícil o imposible.
Como un aporte al conocimiento de nuestra biodiversidad, investigadores del Laboratorio de Investigaciones en Abejas (Labun), de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), trabajan hace cuarenta años por conocer la diversidad de polinizadores que existe en el país, esfuerzo al que hace dos años se unió el profesor Víctor González, de la Universidad de Kansas.
Este trabajo conjunto, en el que participan el doctor González, el profesor Rodulfo Ospina –director del Labun– y el estudiante de Biología Diego Guevara, llevó a la revisión de las especies del género de abejas ladronas sin aguijón Lestrimelitta, a partir del material biológico depositado en diferentes instituciones del país y en la Universidad de Kansas.
“La idea fue conocer en qué regiones geográficas del país estaban y proporcionar herramientas para que otros investigadores puedan llegar a reconocer estas especies en el futuro”, explica el profesor González, quien junto con los otros investigadores se dedicó a analizar los especímenes de los repositorios del Labun, del Museo Javeriano de Historia Natural Lorenzo Uribe, de la División de Entomología de la Universidad de Kansas y del Museo de Historia Natural de Lawrence, en Kansas.
Investigación descentralizada
Aunque en el estudio se examinaron individuos de todas las regiones naturales de Colombia, la mayoría de ellos se centraron en las especies L. huilensis y L. opita, las cuales se encuentran a lo largo del valle del río Magdalena, en Cundinamarca y Tolima.
Para los investigadores, esto se debería a un sesgo de muestreo porque las principales colecciones de insectos en Colombia se encuentran en Bogotá y muchas regiones del país permanecen sin explorar.
Por eso recomiendan que otros trabajos sobre las especies colombianas de Lestrimelitta deberían tratar de dilucidar la identidad de las especies de la Costa Caribe, que para este trabajo se identificaron tentativamente como L. guyanensis.
Fuente: agenciadenoticias.unal.edu.co

17 de febrero de 2020
Ante la prohibición del uso de bolsas de plástico y otros productos de este material en la Ciudad de México, alumnas del Instituto Politécnico Nacional (IPN) presentaron como alternativa un bioplástico a base de cáscara de pepino, que además de ser resistente y degradable, sirve como alimento para cualquier tipo de animal marino ya que contiene alga espirulina.
El titular de la Secretaría de Educación Pública (SEP), Esteban Moctezuma Barragán, ha señalado que la Nueva Escuela Mexicana tiene un enfoque educativo integral. “Buscamos individuos incluyentes, con espíritus curiosos para descubrir los secretos de la ciencia y la tecnología, respetuosos del medio ambiente, innovadores y productivos, con responsabilidad social”.
Por su parte, el director general del IPN, Mario Rodríguez Casas, ha referido que esta casa de estudios otorga una formación basada en la ciencia y la tecnología, con habilidades y valores humanísticos y sociales.
Con el objetivo de reducir los niveles de contaminación por los plásticos, alumnas del Centro de Estudios Científicos y Tecnológicos (CECyT) No. 6 “Miguel Othón de Mendizábal” elaboraron con la cáscara de un pepino, almidón y glicerina una película de 70 por 60 centímetros, que puede biodegradarse en un lapso de cuatro a seis meses.
Aunque existen otros bioplásticos a base de papa o de mango, que utilizan el almidón de su cáscara, el de pepino se degrada mucho más fácil en el mar por el alga espirulina que contiene, por lo cual también puede servir como alimento para la fauna marina.
El producto denominado “Bio Cucumbis” obtuvo el segundo lugar en el concurso “Premio a los Mejores Prototipos de Nivel Medio Superior” organizado por el IPN, en la categoría Diseño para la Industria. Está dirigido al sector productivo, para la elaboración de bolsas de supermercado y utensilios desechables con este bioplástico amigable con el medio ambiente.
Las jóvenes politécnicas, de la carrera de Técnico Laboratorista Químico, utilizaron la pectina presente en la cáscara de pepino y el almidón de la fécula de maíz para fabricar el bioplástico 100 por ciento degradable.
También le adicionaron alga espirulina, ácido acético para conservarlo, agua destilada y glicerina. El costo para generar siete películas de 50 por 70 centímetros es de 65 pesos, pero podría disminuir considerablemente al incrementarse la producción y el volumen de insumos.
Las estudiantes del IPN coincidieron en que el uso de las pectinas como polímeros para la obtención de bioplásticos se debe a que son materias primas abundantes y no son tóxicas, además de biodegradables.
El proyecto estuvo a cargo de Alejandra Lizbeth García Tejeda, Wendy Yotziri de Jesús Hernández, Alondra Carballido Juárez y Amanda Paola Bueno García. Su asesora fue la profesora Aydee Elizabeth Ramírez Sánchez.
Fuente: ipn.mx