Noticias Universitaria
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30 de marzo de 2020

Al administrar dosis específicas de propóleo en modelos animales (ratones) con úlceras pépticas, investigadores del Instituto Politécnico Nacional (IPN) comprobaron que esta sustancia resinosa producida por las abejas tiene propiedades gastroprotectoras, ya que es capaz de disminuir el tamaño de las lesiones, detener la hemorragia y regenerar el tejido.

Mediante esta investigación, que se realiza en la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas (ENCB), en colaboración con la Facultad de Estudios Superiores (FES) Iztacala, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), se constató que el propóleo tiene efecto superior al omeprazol, porque actúa como protector y además repara las capas superficiales y profundas del tejido.

El grupo de investigación, liderado por la doctora Leticia Garduño Siciliano y el estudiante de doctorado Porfirio Alonso Ruiz Hurtado, busca ofrecer una alternativa natural (fitofármaco) a las personas con gastritis, ya que actualmente hasta un 50 por ciento de la población en México está en riesgo de desarrollar úlcera gástrica.

Los especialistas politécnicos refirieron que los antiinflamatorios no esteroideos (aines) son fármacos que a nivel mundial ocupan el cuarto lugar en la generación de gastritis medicamentosa, por ello usaron Indometacina (fármaco de ese tipo) para generar úlceras en el modelo animal y probar el efecto del propóleo.

Al evaluar el compuesto en distintas dosis observaron que disminuye la secreción de ácido gástrico. Con la dosis más baja se corroboró reducción del daño y con dos dosis más elevadas confirmaron un efecto superior al omeprazol, ya que el proceso inflamatorio disminuye y el propóleo además incrementa la producción de moco gástrico, que protege naturalmente al estómago contra el ácido para realizar el proceso digestivo que existe en este órgano.

Los investigadores comentaron que existen publicaciones científicas sobre las propiedades antiinflamatorias, cicatrizantes y bactericidas del propóleo, pero hasta el momento no hay referencias bibliográficas de su efecto gastroprotector; por ello, anunciaron que en breve publicarán los resultados en una revista arbitrada de prestigio internacional.

La aportación de los investigadores de la FES Iztacala, María Margarita Canales Martínez y Marco Aurelio Rodríguez Monroy es hacer la determinación fitoquímica de los componentes del propóleo, para identificar las moléculas que realizan el efecto gastroprotector.

Los científicos politécnicos señalaron que en la segunda parte del proyecto se dilucidará el mecanismo de acción mediante el que el propóleo estimula que las prostaglandinas incrementen la producción de moco gástrico, además se indagará cómo ocurre la disminución del proceso proinflamatorio, lo cual a su vez ayuda a reducir el estrés oxidativo en el tejido. Realizarán estudios de toxicidad para garantizar la inocuidad del producto y estandarizarán la concentración y las dosis adecuadas para el tratamiento en humanos.

Fuente: ipn.mx

MANIZALES, 27 de marzo de 2020 — Agencia de Noticias UN-

La máquina creada está indicada para el hogar, e incluso “se puede usar como método de prevención, ya que el compresor permite inyectar aire caliente, efectivo para combatir el virus”.

Además el aparato está equipado con un sensor que indica con un pitido cuando la persona está respirando, por lo cual también funciona como un detector de signo vital, ya que dejará de sonar cuando no detecte inhalaciones.

Así lo explica el profesor Jorge Hernán Estrada Estrada, director del Departamento de Ingeniería Eléctrica, Electrónica y Computación de la UNAL Sede Manizales, creador de este desarrollo.

El prototipo consiste en un compresor que inyecta flujo de aire con una presión de 20 o 30 pulgadas por cm2 de manera segura, sin altas presiones ni flujos que le causen daño al usuario.

Los respiradores mecánicos suministran aire a presión enriquecido con oxígeno, lo que mantiene vivo al paciente mientras las defensas del cuerpo hacen el proceso de desinflamar los pulmones, de ahí que sean tan importantes para tratar el coronavirus.

“Esta presión entra a los pulmones en la fase de inhalación, lo que asegura que no haya pérdidas, ya que si se inyecta cuando el paciente está exhalando este no recibe lo necesario para su recuperación”, detalla el profesor Estrada.

El prototipo tiene un sensor que detecta la más mínima inhalación del cuerpo para enviar el aire combinado con oxígeno, generando una perfecta sincronía entre la toma de aire y la descarga de presión.

Las personas infectadas con COVID-19 sufren de síntomas como tos seca, fiebre y dificultades respiratorias. Los datos preliminares indican que el 80 % de los pacientes tiene síntomas leves, pero que el 15 % puede tener síntomas graves y el 5 % críticos.

Son estos últimos pacientes quienes van al hospital y los que necesitarían el ventilador para tratar la neumonía. “El uso del respirador casero podría prevenir que el paciente se agrave y así no tendrían que acudir al hospital”, señala el docente.

Innovación con producción local

La máquina está conformada por un compresor de aire, que puede variar la presión hasta 50 libras por pulgada cuadrada; un controlador electrónico con una entrada de oxígeno, entrada de aire caliente y un sensor de flujo que es el que permite el sincronismo entre la inhalación y la inyección de la máquina. El prototipo permite inyectar el aire por una cánula que va directamente a la nariz, o por una máscara.

Los ventiladores no se producen en Colombia sino que se importan de países como Alemania, que cuentan con una fuerte industria biomédica. Con el cierre de fronteras aéreas estas transacciones se han convertido en un desafío.

El ventilador creado por el investigador Estrada se puede elaborar con materiales que ya existen o que se pueden fabricar en Colombia. “Un ventilador comercial de uso quirúrgico cuesta alrededor de 80 millones de pesos, mientras que nuestro prototipo, no invasivo, puede costar tan solo 800.000 pesos”.

El investigador ya está trabajando en las mejoras del equipo para lograr una inyección de oxígeno más puro a los pulmones.

Fuente: agenciadenoticias.unal.edu.co

BOGOTÁ D. C., 26 de marzo de 2020 — Agencia de Noticias UN-

Esta es una de las recomendaciones del profesor Jhon Jairo Bejarano, del Departamento de Nutrición Humana de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), como parte del programa Salud UNAL Contigo, emprendido por la Facultad de Medicina de la Institución para brindarle a la comunidad universitaria y al público en general charlas, conferencias y estrategias útiles para el confinamiento de 19 días declarado por el Gobierno nacional para evitar el contagio del COVID-19.

Durante la primera videoconferencia, el profesor Bejarano compartió con los asistentes aspectos sobre nutrición para tener en cuenta en tiempos de cuarentena: “como no están gastando tanta energía en el desplazamiento hacia su trabajo o en su actividad física cotidiana –como caminar rápido, trotar, o ir al gimnasio–, es necesario reducir la cantidad de alimentos que consumen, pues de lo contrario la energía que no gastarán se acumulará en unos kilos de más al final de la cuarentena”.

Sin embargo, recomendó mantener una alimentación balanceada en la que se incluyan proteína, frutas y verduras en los platos que se consumen.

Una de las dudas del público que resolvió el profesor Bejarano fue en torno a los alimentos para calmar la ansiedad que se puede presentar, no solo por el encierro sino por el que estrés generaría la crisis. Ante esto recomienda consumir frutos secos como maní, nueces, avellanas y pistachos, sobre los cuales existe evidencia científica que por su contenido de antioxidantes y ácidos grasos pueden contribuir a relajar el cuerpo.

“Pero cuidado: no solo los alimentos son los que tienen ese efecto, necesariamente se tiene que mantener un nivel de estrés bajo y analizar el entorno frente a qué cosas propician esa ansiedad”, explica el profesor Bejarano y aclara que los alimentos por sí solos no van a conseguir efectos positivos, pues la salud debe definirse desde un enfoque bio-psicosocial en el que influyen varios factores.

“La alimentación está directamente relacionada con la felicidad, pero el entorno en donde se consumen los alimentos tiene mucho que ver; no solo se trata de si comemos saludable según los estándares internacionales”, comentó el docente e invitó a que este tiempo de cuarentena se aproveche para explorar en familia la felicidad que puede brindar una buena alimentación y una vida saludable.

Alimentación responsable

El docente también aprovechó su intervención para referirse a la necesidad de hacer compras responsables a la hora de aprovisionarse de alimentos, pues no solo se trata de comer bien y saludable sino de hacerlo de manera sostenible, evitando la pérdida y el desperdicio de alimentos.

“Si tenemos la oportunidad económica de comprar muchos alimentos debemos ser conscientes y responsables de saber que esa compra la vamos a utilizar en el tiempo correspondiente”, indicó.

Teniendo en cuenta que las frutas y verduras, por su corto periodo de vida útil, tienden a ser los productos que más se desperdician en las neveras de los colombianos, el docente hizo un llamado a generar conciencia en estos tiempos en los que se puede generar miedo e incertidumbre.

Fuente: agenciadenoticias.unal.edu.co

27 de marzo de 2020

Mejor aprovechamiento del día, ahorro económico y hasta disminución de la contaminación ambiental, son beneficios del trabajo desde casa o teletrabajo, afirmó Erika Villavivencio Ayub, coordinadora de Psicología Organizacional, de la Facultad de Psicología (FP) de la UNAM.

Ante la contingencia por la COVID-19, y la necesidad de implementar home office, la universitaria resaltó que esta modalidad puede beneficiar a las empresas por el ahorro en servicios como luz y renta de espacios, aumento de productividad y mejor ambiente.

En los empleados se optimiza la calidad vida y se logra un balance entre las labores y la responsabilidad con la familia, pues se aprovecha el tiempo de mejor manera, además de lograr ahorro económico porque disminuyen los gastos por traslados y comidas fuera de casa.

También tiene un impacto ambiental porque se reduce el uso de combustible, el tráfico y la contaminación.

En ese contexto, Villavicencio recomendó repensar el diseño de los puestos de trabajo, pues 70 por ciento de ellos ya puede realizarse vía remota. “Desde junio del año pasado hubo una reforma que incluye el teletrabajo como uno de los derechos de los trabajadores”.

Para lograr que esta modalidad sea exitosa, resaltó la necesidad de respetar los horarios y la rutina: levantarse y desayunar a la misma hora, preparar un área cómoda de trabajo, con buen aire e iluminación. “Si tienen hijos, se les deben delegar actividades de apoyo en el hogar, académicas y didácticas”.

Es importante dedicar un tiempo a recesos, para estirarse, cambiar de posición. Es aconsejable empezar con periodos cortos, de 20 minutos de trabajo por cinco de descanso, e ir alargando estos periodos paulatinamente. “Es imprescindible respetar el tiempo de la jornada y no involucrar actividades del hogar que terminen afectando el desempeño”.

De igual manera, reiteró la experta, es fundamental preparar las condiciones de nuestro espacio; no ver televisión ni escuchar música que usualmente no se oiga en la oficina para evitar distracciones; tener a la mano agua para beber y botana saludable. “Puede funcionar, pero requiere una amplia responsabilidad de los líderes y los empleados para entregar en tiempo”.

Rezago tecnológico

Villavicencio también aclaró que el trabajo desde casa tiene aspectos negativos, principalmente derivados del rezago tecnológico. Por esta razón, sólo dos de cada 10 empresas podrán enfrentar la contingencia por la COVID-19.

Los trabajadores dependen de una inversión en equipos de trabajo, la adecuada conexión a Internet y una formación tecnológica, que en muchos casos no tienen, detalló la universitaria.

“Algunos centros laborales no podrán hacer frente a esta contingencia sanitaria por esas carencias”, remarcó.

La formación de los colaboradores es un rubro a tomar en cuenta para que esta modalidad se incorpore a la vida laboral y se saque el mejor provecho. “Es importante que las nuevas generaciones ya traigan el chip del manejo tecnológico, porque así la incorporación será más sencilla”, dijo.

Salud emocional

Con el cúmulo de información sobre la pandemia de COVID-19, surgen en la población trastornos como la ansiedad y el estrés, derivados de la alta exposición a las noticias, la incertidumbre y el miedo a lo que pueda ocurrir.

Algunas conductas de desesperación incluyen compras de pánico, automedicación y distracción de las labores cotidianas, porque las personas no pueden concentrarse y ser productivas.

Por ello, Villavivencio Ayub subrayó que las empresas deben implementar un protocolo para entender y atender la protección emocional de sus trabajadores, pues algunos entran en pánico ante el distanciamiento social.

“Con el avance de los días la gente se desesperará por no salir a trabajar; si no está bien comunicada, tendrá ataques de pánico y desesperación, que deben ser canalizados. Es preciso evitar ideas irracionales, acercarse al área de recursos humanos y a sus jefes para evitar la angustia”.

Las emociones que presente cada individuo dependerán de sus rasgos de personalidad y de sus condiciones de salud mental y física, del contexto familiar, laboral y económico. “Es normal sentir ansiedad ante lo desconocido, ante la saturación de información, pero es necesario cuidar la salud mental para no tener otras afectaciones”, expuso.

Finalmente, pidió hacer una lista de actividades, incluir la lectura de libros, ordenar los espacios del hogar, hacer limpieza profunda y asignar un tiempo para tranquilizar la mente.

Boletín UNAM-DGCS-264/2020

26 de marzo de 2020

Inició oficialmente la fase 2 de la epidemia de COVID-19 en el país, que implica la “transmisión comunitaria”; es decir, ya aparecieron casos que no son explicados por haber viajado ni por haber estado en contacto con un viajero.

“Este escenario ya se había anticipado en la UNAM, con la propuesta de un plan con medidas claras para implementarse y que las escuelas, universidad y sociedad pudiesen trabajar de manera más armónica para responder a esta amenaza”, afirmó Malaquías López Cervantes, miembro de la Comisión Universitaria para la Atención de la Emergencia del Coronavirus.

“Comienzan a surgir contagios que teóricamente no tenemos manera de controlar. Cuando se trataba del confinamiento de viajeros podíamos suponer que no habría contagios hacia el exterior, pero ahora que ya no sabemos quiénes son los infectados ni a quiénes están infectando, entramos en un terreno oscuro donde cuesta trabajo dimensionar los riesgos y cuáles debieran ser las formas de control”, opinó el académico.

Comentó también que tras declarar la fase 2, se circuló un oficio donde se define el cambio de lo que se considera caso de la COVID-19, y únicamente se harán pruebas confirmatorias a quienes presenten enfermedad grave, así como a uno de cada 10 personas sospechosas de padecer la enfermedad.

En el mundo se han ensayado diversas acciones desde que apareció este coronavirus, en China, a finales del año pasado; la más extrema es la cuarentena, cuando a la gente se le pide que permanezca en su casa sin salir por ningún motivo, más allá de buscar atención médica, alimentos o lo esencial para sobrevivir.

El docente de la Facultad de Medicina mencionó que si algún miembro de la familia o del grupo con el que se habita estuviese contagiado, podría contaminar a los demás dentro de la vivienda, pero no a los vecinos, a menos que haya algún tipo de contacto. Esta acción, que debiera minimizar y eventualmente cortar la cadena de transmisión, es difícil de implementar.

“Para evitar la transmisión se propuso detener todo durante dos semanas, pero esto depende de cuántas personas han sido contagiadas y desarrollarán la enfermedad. Al final de los 14 días se debe saber cuántos enfermos hay, porque si la actividad se reinicia después de este periodo, lo más probable es que quienes estén en etapa presintomática inicien de nuevo cadenas de transmisión, y entonces será difícil controlar la situación”, opinó el especialista.

Debido a ello se podría pensar en prolongar más el periodo de aislamiento para extinguir cualquier posibilidad de contagio; sin embargo –de acuedo con la estimación del doctor Malaquías--, la repercusión en términos sociales, políticos y económicos será muy alta.  Según dijo, con ello vendrá la fase 3, en la que se darán contagios entre gran cantidad de personas, y en la medida en la que este virus se deje suelto sin ninguna restricción.

Algunas recomendaciones

“Una forma de pasar esta etapa es dejar que se contagien los jóvenes, asumiendo que no desarrollarán una enfermedad severa, y que al aumentar la inmunidad del grupo de personas menores de 50 años también se va a cortar la cadena. A esto se le llama ‘inmunidad de grupo’ y lo que importaría en este escenario sería proteger a las personas que son susceptibles, como las mayores de 50 años”, consideró el académico.

Asímismo, indicó que surge la duda de con qué recursos cuenta México para atender a personas bajo estas condiciones; se tiene un escenario complejo, porque habrá dificultades de atención médica al presentarse varios casos urgentes en un breve tiempo (pico de la epidemia).

“Existe la propuesta de aplanar este pico y lo que tenemos a nuestro alcance es la posibilidad del aislamiento social, aunque no existe información que nos diga si se disminuye la movilidad en un 50 por ciento o en un 60, una posibilidad suficientemente alta de controlar la aparición de casos nuevos y diseminarlos a través del tiempo”, opinó López Cervantes.

Finalmente, el universitario refirió que es necesario abrir más la información para saber dónde se están detectando los casos de contagio comunitario, que al parecer hasta el momento son siete. Y se requieren también alertas a la población para que conozca dónde suceden cada uno de los fenómenos más importantes de la epidemia para mejorar la forma de responder ante esta amenaza.

Boletín UNAM-DGCS-262/2020