
BOGOTÁ D. C., 09 de abril de 2020 — Agencia de Noticias UN-
Con base en esta teoría, a través de un método descriptivo en el que se aplicó la “Encuesta hospitalaria sobre cultura de seguridad del paciente”, de la Agencia de Investigación y Calidad de la Atención Médica (AHRQ), la magíster en Salud Ocupacional Sindy Álvarez, de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), generó una serie de recomendaciones que buscan la mejora continua de los centros médicos.
Sobre el entendido de que en algún momento cada uno de nosotros ha sido paciente, familiar o conocido de alguna persona que ha requerido asistencia hospitalaria, la magíster Álvarez decidió analizar cómo opera el cuidado en el Hospital Universitario Nacional de Colombia (HUN), el cual revisó el informe para aplicar los cambios pertinentes.
En el estudio se observó una tendencia a la neutralidad, aspecto que debilitaría la toma de decisiones y el empoderamiento del personal asistencial para asumir posturas críticas y reflexivas en torno a la seguridad del paciente.
También se percibieron debilidades en la estandarización del protocolo de entrega y recibo de turno para minimizar fallas en la transferencia de información de las actividades diarias. Así mismo, se vio la necesidad de examinar las relaciones enfermero-paciente, médico-paciente y auxiliar de enfermería-paciente.
El instrumento, implementado por medio de los profesionales activos en las labores diarias del HUN en el primer semestre de 2017, permitió analizar cuatro dimensiones que, paralela y transversalmente, midieron: 1) el trabajo en equipo, 2) las vías de aprendizaje, 3) la comunicación bidireccional interna y externa y 4) la dinámica en reporte de fallas, para generar un informe cualitativo y cuantitativo pionero para el Hospital.
En las dimensiones de recurso humano, comunicación y retroalimentación sobre cultura de la seguridad se presentaron las mayores oportunidades de mejora, según la escala utilizada.
Por otro lado, se evidenció un bajo número de reportes anuales presentados por quienes participaron en el estudio, lo cual, según la investigadora, resulta fundamental cuando se trata de buscar la mejora.
La magíster también advirtió que optimizar la cultura de seguridad requería de una evaluación previa de esta, de la percepción y del manejo que se le da a los incidentes y eventualidades.
Planes esenciales
La seguridad del paciente es un tema relevante hoy para la salud pública de todo el mundo, de manera que los planes de acción para procurar ambientes eficientes y exentos de peligros se vuelven esenciales dentro de las instituciones.
La cultura de seguridad y cuidado del paciente se puede resumir en importantes elementos básicos: valores individuales y grupales y trabajo y objetivos en conjunto. Es un concepto que involucra a todos los profesionales del sector salud.
“Este elemento es un componente esencial a la hora de diseñar estrategias de mejora que reduzcan al máximo los errores y situaciones desfavorables para los pacientes en relación con la atención que reciben y en la que está evidentemente implicado el personal de salud” menciona la magíster Álvarez.
Después de publicar el estudio, el HUN ha generado dos mediciones adicionales posteriores con las cuales ha podido realizar un análisis comparado con el que periódicamente se evalúa el progreso y los aspectos que siguen siendo materia de oportunidad de mejora para la institución.
Recomendaciones
La coyuntura actual exige cuidados preventivos y medidas radicales para la mayoría de la población mundial en pro de evitar convertirse en potenciales pacientes. “Las instituciones prestadoras de servicios de salud y contención se deben preparar y capacitar para atender la eventual emergencia en nuestro país”, recomienda la magíster.
En ese sentido, es necesario concentrar esfuerzos para garantizar canales efectivos de reporte de eventos, ya que el autorreconocimiento de posibles fallas y el autocontrol son clave para mejorar.
El estudio recomienda que la identificación, el reporte y el análisis de eventos incluyan la participación activa del personal asistencial, para favorecer la comunicación y la instauración de acciones preventivas y correctivas a corto, mediano y largo plazo.
Lo anterior debe surgir de las necesidades y realidades del personal que se encuentra en atención directa a pacientes, brindando soporte y validez a cualquier estrategia que se pretenda instaurar.
“El cuidado del paciente implica la responsabilidad de familiares, personal, y por supuesto de los mismos pacientes; nos corresponde a todos aportar un grano de arena y contribuir a su seguridad, sobre todo en situaciones inesperadas y de gran atención como la que vivimos actualmente”, concluye la magíster Álvarez.
Fuente: agenciadenoticias.unal.edu.co/

08 de abril de 2020
Aunque ningún país estuvo preparado para la pandemia, los avances en ciencia y tecnología han sido determinantes en el abordaje de la COVID-19, afirmó Susana López Charretón, del Instituto de Biotecnología (IBt) de la UNAM.
En su participación en el programa “La UNAM responde”, transmitido por TV UNAM, la viróloga resaltó que no hay un solo país en el orbe que haya estado preparado para esta pandemia. Lo podemos ver en naciones tan distintas a la nuestra como Estados Unidos, que aun con su presupuesto en ciencia e investigación, están siendo golpeadas; sin embargo, es notorio que los avances en esas disciplinas han influido para enfrentarla.
La investigadora, especializada en rotavirus y divulgadora de temas de virología, expuso que hasta el momento sólo se cuentan con prototipos o modelos de vacuna contra la COVID-19. “Para lograr una, tomará al menos un año, debido al rigor de los ensayos clínicos”.
El mundo sin una vacuna es lo que estamos viviendo, y debería ser muestra de su importancia para combatir diversos padecimientos, subrayó.
Aunque se han hecho públicas algunas fórmulas o medicamentos relacionados con el avance de una presunta inoculación, recomendó no consumirlos, pues ya se han presentado algunos casos de envenenamiento por la autoprescripción sin conocimiento.
Mantener la calma, necesario
López Charretón reiteró que el problema mayor en este momento es la infodemia, porque la cantidad excesiva de información nos abruma y altera.
“Se deben tomar precauciones, pero sin temor, pues hay personas que no salen ni de su habitación, y esa no es la idea. Tenemos que reforzar el cuidado de quienes tienen un sistema inmunológico debilitado, porque si se contagian, podrían ameritar hospitalización. No sólo hay que guardarnos, sino mantener la calma, pues las gotas de saliva que transmiten el virus no viajan más de dos metros, y el virus no está en el aire”, explicó.
La universitaria hizo un llamado a no caer en pánico, y aclaró que las cifras que se presentan a diario no son únicamente de personas infectadas, sino también de quienes ya transitaron por la enfermedad.
Finalmente, indicó que “todos somos susceptibles de contraer el virus, porque no contamos con anticuerpos, pero cuenten con nuestra Universidad, nosotros podemos coadyuvar en las soluciones, porque contamos con expertos en técnicas de biología molecular”, finalizó.
Boletín UNAM-DGCS-313/2020

08 de abril de 2020
Mezclar varios productos de limpieza creyendo que así obtendremos mejores resultados en el aseo y desinfección del hogar o lugar de trabajo, puede ser dañino para la salud, alertó Carlos Antonio Rius Alonso, académico de la Facultad de Química (FQ) de la UNAM.
La gente combina cloro, vinagre, agua oxigenada y alcohol, pero muchos no son compatibles y pueden producir sustancias que nos afectan, explicó.
Rius Alonso destacó que cada producto está elaborado con ciertas especificaciones y cumplen con su función, sin necesidad de combinarlos. Uno de los más utilizados es el cloro, muy eficiente para desinfectar superficies.
“Para trapear pisos o limpiar paredes se puede usar en una solución diluida de 20 mililitros en un litro de agua, pero no debe mezclarse con otros productos de limpieza, y el área debe ser ventilada. Lo que sí se puede hacer es limpiar con cloro, dejar que se evapore el agua y posteriormente trapear con un limpiador multiusos”, dijo.
El cloro en su estado natural es un gas, y comprimido se vuelve líquido; para que pueda disolverse en agua se utiliza una solución alcalina con hidróxido de sodio o sosa y se forma el hipoclorito de sodio, detalló el universitario.
“Para uso en casa, el hipoclorito de sodio está al cinco por ciento, y si se mezcla con algún ácido como limón, vinagre o productos de limpieza que contengan ácido clorhídrico, se neutraliza la sosa que contiene y genera cloro gaseoso, que es altamente tóxico. El cloro es muy oxidante, produce quemaduras graves, paros respiratorios y afecta las mucosas de la nariz, boca y pulmón”, advirtió el académico del Departamento de Química Orgánica de la FQ.
Otra de las sustancias que no se debe mezclar con el cloro es el alcohol, pues al combinarlos se obtiene cloroformo, compuesto químico que detiene el diafragma, principal músculo encargado de la respiración, lo que provocaría un paro respiratorio. Además, apuntó el universitario, el cloroformo es tóxico para el hígado y a largo plazo podría producir cáncer en este órgano.
En cuanto a los limpiadores con amoniaco, al ser combinados con cloro generan grandes cantidades de cloraminas, que además de ser muy tóxicas pueden producir problemas pulmonares y daño al hígado. Las cloraminas por sí mismas y en cantidades muy pequeñas no causan problema, precisó.
“Las cloraminas y el cloroformo son sustancias que tienen hepatotoxicidad y se ha comprobado que son cancerígenas; seguramente la afectación no se presentará de inmediato, pero su uso continuo tendrá un efecto acumulativo y a largo plazo generará problemas como cáncer de hígado”, subrayó Rius Alonso.
Un producto más que no debe ser mezclado es el agua oxigenada, pues junto con el cloro forma cloratos o percloratos, que se utilizan en los explosivos: “Si se combinan se formarán cloratos y por la reacción exotérmica, que genera calor, podría haber una explosión”.
Además, la mezcla de agua oxigenada con vinagre también puede ser explosiva, pues se oxida el ácido acético y se obtiene ácido peracético, utilizado en reacciones de polimerización, y debe ser manejado con mucho cuidado.
El académico recomendó evitar el uso de alcohol para limpiar pisos, pues es altamente inflamable.
Finalmente, resaltó que el jabón y el alcohol son ideales en esta contingencia por COVID-19.
Los jabones líquidos resultan adecuados para limpieza de manos, puertas, paredes y demás, y el alcohol, “aunque es muy efectivo, a largo plazo puede generar algunos problemas como dermatitis, pues elimina la grasa de las manos y si se resecan es una entrada para otros patógenos, bacterias o levaduras que pueden provocar otros problemas”.
Boletín UNAM-DGCS-314/2020

BOGOTÁ D. C., 08 de abril de 2020 — Agencia de Noticias UN-
Estas estructuras electromagnéticas que presentan características físicas no encontradas en la naturaleza han permitido optimizar las tecnologías ya existentes, y además trabajar en nuevas ideas.
Motivado por la implementación de esta tecnología, el ingeniero electrónico Pablo Emilio Camacho Prieto, de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), adelantó una investigación que permite acercar un poco la academia a este campo. Su trabajo consistió en evaluar un metamaterial que denominó “coco-chanel” –porque su figura es similar a la de esta reconocida marca de cosméticos–, el cual tiene la propiedad de ser transparente al campo electromagnético.
“El objetivo del trabajo fue evaluar el coco-chanel como posible sensor de campo eléctrico. Aunque normalmente para esta aplicación se usa una estructura conocida como dipolo eléctrico, que refleja parte de las ondas, esto no ocurre con el coco-chanel, que por ser transparente al campo electromagnético tiene mínimas reflexiones . Entonces, en teoría, podríamos obtener medidas más confiables de campo eléctrico utilizando esta estructura”, asegura el ingeniero.
Uno de los retos estuvo en la fabricación del metamaterial, ya que originalmente su tamaño es de unos cuantos milímetros. Por ello fue necesario aumentar sus dimensiones, para poder fabricarlo en el laboratorio del grupo de investigación.
Para comparar el coco-chanel con el dipolo eléctrico se midieron la reflexión y transmisión de ambas estructuras, medidas que indican su capacidad para absorber ondas electromagnéticas.
“Una mejor absorción permite medidas más exactas del campo eléctrico. Debido a que la reflexión en el coco-chanel tiende a ser cero, su absorción debe ser mejor que la del dipolo eléctrico, y por ende sus medidas de campo eléctrico deben ser más exactas”, explica el investigador.
Sin embargo los resultados no confirmaron la hipótesis. En el caso estudiado, el metamaterial no presentó ventajas significativas frente al dipolo eléctrico. Aun así, esto no quiere decir que la hipótesis sea falsa. Los resultados sugieren que si se disminuye el tamaño del coco-chanel, se conseguirá obtener una estructura que cumpla con el objetivo inicial.
La investigación deja las bases para trabajos futuros. Por un lado, para continuar el estudio de este metamaterial como sensor de campo eléctrico, y por otro, también se pueden considerar aplicaciones relacionadas con el campo de las telecomunicaciones, tales como las redes 5G.
Fuente: agenciadenoticias.unal.edu.co

07 de abril de 2020
Las personas en los medios de transporte también son responsables de la dispersión de patógenos, desde la peste bubónica hasta el coronavirus, afirmó Jorge Velasco Hernández, del Instituto de Matemáticas, unidad Juriquilla de la UNAM.
Una epidemia depende, entre otros factores, de la capacidad del virus de reproducirse y la densidad de la población, así que entre más grande sea una ciudad, hay más sujetos propensos a contagiarse, subrayó.
Velasco Hernández detalló que los patógenos se mueven con las personas por las rutas de transporte, ya sean aéreas, terrestres o marítimas; por ello los modelos matemáticos pueden mostrar cómo se ha dispersado el coronavirus.
En México, la mayor parte de la población se mueve en transporte terrestre, y aunque las distancias son cortas, viaja gran cantidad de personas en un espacio cerrado, condiciones que proporcionan a un patógeno la oportunidad de transmitirse y moverse a otras localidades.
En la calle o el trabajo, por cada persona infectada se contagiarán, aproximadamente, entre dos y tres más. “Si a un individuo con síntomas lo encerramos con otros 50 en un camión, que carece de sistema de ventilación y circulación de aire eficaz, el número de infectados puede ser de cuatro a cinco”, precisó el universitario.
Cuando estamos en un espacio cerrado y hay muchas personas, la capacidad infecciosa es mayor, porque el contacto se incrementa; lo mismo pasa en el transporte público, enfatizó.
Precisó que un avión con 300 pasajeros, que recorre en tres horas y media cuatro mil kilómetros, dependiendo del tamaño de las ciudades que conecta y el volumen de la población, puede ser muy significativo para un contagio.
“Las simulaciones matemáticas pueden determinar el posible efecto de una infección al arribar a una urbe, en función de la cantidad de su población”.
De ahí que el investigador universitario recomiende que en estos días se viaje lo menos posible, y si se sale de casa, que sea por razones estrictamente necesarias y extremando las medidas de seguridad.
“Medidas como el distanciamiento social y no salir del hogar han sido estudiadas mediante modelos matemáticos, y se ha demostrado que son eficaces para contener contagios, pues esta ciencia es capaz de explicar cómo se dispersan los virus”, dijo.
Superdispersores
En el caso del coronavirus, se ha sabido de personas que contagian de 10 a 20 más; a estos sujetos se les llama superdispersores, “afortunadamente son muy raros”.
Un superdispersor llega a serlo por el riesgo que representa si, por ejemplo, al estar enfermo se encierra con 50 personas en un camión durante siete horas, o en un avión con 250 viajeros, durante 11 horas, concluyó.
Boletín UNAM-DGCS-310/2020