
01 de junio de 2020
Para enfrentar los brotes de dengue, investigadores del Instituto Politécnico Nacional (IPN) desarrollan un bioinsecticida a base del género Lupinus, capaz de controlar al mosquito Aedes aegypti desde su fase de larva y disminuir sensiblemente el número de hembras que son las transmisoras de la enfermedad, ya que de acuerdo con datos de la Secretaría de Salud, se reportaron más de 10 mil 200 casos confirmados en todo el país durante el 2019.
El Secretario de Educación Pública, Esteban Moctezuma Barragán, ha destacado que en la Nueva Escuela Mexicana, los planes y programas de estudios cuentan con una orientación integral en el que el conocimientos de las ciencias y humanidades, así como la promoción de estilos de vida saludables y el cuidado al medio ambiente, entre otras, serán vitales en el aprendizaje y en el desarrollo de innovaciones que contribuyan al bienestar de todos los mexicanos.
El Centro de Desarrollo de Productos Bióticos es donde se genera este avance tecnológico, por ello, el Director General del IPN, Mario Alberto Rodríguez Casas, ha reconocido la labor del Ceprobi, por el trabajo científico consistente e innovador que desarrollan en áreas como la biotecnología vegetal, el uso y conocimiento de plantas de interés económico, el aprovechamiento de biomoléculas, el manejo agropecuario de plagas y enfermedades, nutrición y alimentos funcionales, así como gestión, manejo y conservación de patrimonio paisajístico, con lo que día a día refrenda el compromiso de contribuir con soluciones efectivas a los problemas de Morelos y de México.
El Maestro en Ciencias, Raúl Simeón Michi Flores, explicó que esta planta posee propiedades insecticidas que pueden ser aprovechadas en el control de la plaga, de acuerdo con un estudio integral de especies mexicanas del género Lupinus a cargo de su asesora, la doctora Kalina Bermúdez Torres.
Pionera en el estudio de Lupinus en México, la doctora Bermúdez Torres inició su investigación con la parte taxonómica, para descubrir que la planta contenía metabolitos secundarios como flavonoides y alcaloides quinolizidínicos, los cuáles poseen propiedades insecticidas y pueden ser de gran utilidad para controlar al mosquito Ae. aegypti, principal vector de transmisión de enfermedades como dengue, chikungunya, zika y fiebre amarilla.
Por ello, Michi Flores, Maestro en Desarrollo de Productos Bióticos, se planteó la posibilidad de controlar al mosquito desde su fase larvaria con la finalidad de disminuir la población de hembras ya que a diferencias de los machos, se alimentan de fuente sanguínea y cuando pican a una persona enferma ellas también se infectan con el virus, lo que desencadena una serie de señalizaciones que provocan un aumento en la agresividad del insecto y el consecuente contagio.
El investigador politécnico manifestó que al realizar varios experimentos con el extracto de los alcaloides quinolizidínicos en poblaciones de mosquitos en distintas fases de desarrollo, se obtuvieron resultados muy alentadores en cuanto a la relación por sexo ya que prevalecieron los machos sobre las hembras.
“Durante la fase experimental observamos que al aplicar el extracto de la planta en el agua, disminuyó la movilidad de las larvas y conforme crecían, una distrofia en su desarrollo. Esto nos permitió determinar que es mejor controlar al insecto desde un ambiente acuoso antes de que se transforme en su fase adulta”, detalló.
Indicó que en la actualidad se combate a la plaga por medio de control larvario con los insecticidas denominados Temefos o Clorpirifós, compuestos que utiliza la Secretaría de Salud con aproximadamente 30 días de efectividad en agua pero cuya fórmula contiene órgano-fosforados u órgano-clorados, respectivamente, químicos con elevada residualidad.
Añadió que a diferencia de los compuestos químicos, el extracto de la especie Lupinus campestris, también conocido como mazorquilla o alfalfilla, es amigable con el medio ambiente, ya que su residualidad es muy baja y su efectividad es mayor pues alcanza hasta los 35 días y tiene efectos antes de los 14 días y no a los 18 como con los insecticidas comerciales.
De acuerdo con Michi Flores, quien ya cuenta con una primera solicitud de patente ante el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI), sobre el uso de la sustancia activa, ahora trabaja en la formulación para colocar el producto en los estanques o cisternas que estén abiertas y así evitar la propagación de los mosquitos transmisores de enfermedades, desarrollo factible de ser patentado.
De acuerdo con la última actualización epidemiológica de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), durante los ocho primeros meses de 2019 se registraron más de dos millones 29 mil casos de dengue en la Región de las Américas, superior al total registrado durante todo el año en 2017 y 2018.
Fuente: ipn.mx

28 de mayo de 2020
Una careta facial completa (máscara-careta) para uso del personal de salud, con nivel de protección que cubre las necesidades requeridas en ambientes de consulta, atención y quirúrgicos, fue diseñada en el Laboratorio Nacional de Manufactura Aditiva y Digital (MADiT), con sedes en el Instituto de Ciencias Aplicadas y Tecnología de la UNAM, y el Tecnológico de Monterrey, en colaboración con el Centro de Investigación Médica Aplicada (CIMA) del Hospital General “Dr. Manuel Gea González”.
Para su elaboración se utilizó material de baja rugosidad, resistente a múltiples agentes desinfectantes; puede sanitizarse varias veces sin que pierda transparencia, se manche o se rompa. También, se consideraron factores como las necesidades del personal médico, materiales bioseguros y procesos de manufactura adaptables a diversas condiciones y cantidades de producción en nuestro país.
Siguiendo una estrategia de desarrollo rápido de productos, en un lapso de siete días el MADiT obtuvo el diseño de una careta de protección facial completa, avalado por médicos del Hospital Gea por otorgar una barrera física ergonómica, ligera y funcional, y ser un equipo de protección útil para realizar sus labores diarias de forma cómoda y segura.
Denominada “GEA-MADiT”, la careta sirve como barrera protectora del rostro completo (desde la parte baja de la barbilla hasta la parte alta de la frente), ofrece ajuste perfecto a diversas formas de cara y cubre los costados.
El diseñotambién permite su fácil integración con equipos de protección personal requeridos por protocolo, como cubre bocas, gafas de protección y gorros quirúrgicos.
Es de baja rugosidad y por ser resistente a múltiples agentes desinfectantes permite al personal médico sanitizarla varias veces. El material bioseguro utilizado es PET-G, reciclable, por lo que puede ser reincorporado al flujo de materiales PET, contribuyendo así al cuidado del medio ambiente y a la visión de una economía circular de materiales.
Además, fue diseñada para fabricarse por múltiples procesos: con herramientas de corte manual para casos de emergencia; corte láser para mediana demanda; y suajado para proveer altas cantidades. Así, puede ser manufacturada en pequeñas, medianas o grandes cantidades.
Los participantes en el desarrollo de “GEA-MADiT” acordaron liberar el diseño bajo una licencia de “reconocimiento no comercial”, para que los interesados en ayudar con esta solución de protección personal, tanto de la iniciativa privada como de la sociedad civil, puedan hacerlo sin fines de lucro. El licenciamiento y transferencia del diseño incluyen acceso a información complementaria para facilitar su correcta manufactura.
La careta se desarrolló sin fines de lucro, pero en virtud del interés que generó entre la sociedad en general, los desarrolladores crearon el sitio https://bit.ly/3d4q2wo con instrucciones y tutoriales sobre cómo elaborarla a pequeña, mediana y gran escala, cómo armarla y colocarla.
Donación de 14 mil cartas
Con el apoyo de las compañías Eastman y Laminex, que aportaron 1.3 toneladas de láminas de PET-G, se logró donar más 14 mil caretas a instituciones públicas de salud, como los hospitales generales “Dr. Manuel Gea González” y de México “Dr. Eduardo Liceaga”; los hospitales de la Mujer y Juárez de México; el Instituto Nacional de Perinatología y el Centro de Alta Especialidad “Dr. Rafael Lucio”.
De igual manera, a hospitales públicos y organismos de seguridad pública en diversos puntos del estado de Nuevo León. Se estima, con base en las descargas de este diseño, que se ha generado un impacto en producción de hasta 50 mil caretas “GEA-MADiT”en el país.
Las que han sido entregadas están revestidas de una película de protección, lo que brinda seguridad al personal médico de que está recibiendo un producto nuevo para su protección. Aunque fueron diseñadas para este segmento, su uso es recomendable entre la sociedad civil, pues contribuiría a reducir contagios en combinación con cubrebocas y las medidas de higiene indicadas por la autoridad.
En el proceso de producción de las mascarillas para donación también participaron las empresas Mandarina Design (proceso mediante corte láser), Comercializadora de Arte y Diseño Guvimex, y Suajes Daicot (para el desarrollo del proceso de fabricación por suajado). Personas de la sociedad civil hicieron donaciones y voluntarios ayudaron en la preparación de los paquetes para su entrega.
Boletín UNAM-DGCS-462/2020

27 de mayo de 2020
Un grupo de científicos del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología (ICML) de la UNAM, liderado por Francisco Alonso Solís Marín, encontró restos de pepinos de mar en una ofrenda de la diosa mexica Tlaltecuhtli, en el Templo Mayor, en la Ciudad de México.
Junto con el arqueólogo mexicano Leonardo López Luján, director del Proyecto Arqueológico Templo Mayor, los expertos ya habían encontrado en 2011 restos de equinodermos (invertebrados marinos que tienen espinas en la piel), y ahora descubrieron las espículas que formaban el esqueleto interno de un pepino de mar.
“Por el confinamiento no hemos podido seguir buscando en los polvos de otras ofrendas para saber si hay más, pero lo más probable es que sí. Al principio pensábamos que se trataba de un hallazgo fortuito, pues tres de las especies de pepinos de mar encontradas son muy pequeñas, y podrían haber estado dentro de bases de corales que fueron arrancados, sin embargo, la cuarta especie hallada alcanza tallas mayores a los 20 centímetros de largo, de manera que indudablemente fue capturado para ser parte de la ofrenda”, dijo.
A través de pinturas, se sabe de la existencia de buzos mexicas que extraían productos del mar, y que mediante corredores eran llevados desde las costas del Pacífico hasta Tenochtitlán, resaltó el universitario.
Gran ofrenda
López Luján señaló que el monolito de la diosa Tlaltecuhtli es el más grande en la historia de la cultura mexica, y alberga gran cantidad de objetos y ejemplares de plantas, aves, mamíferos y organismos acuáticos.
“Han sido más de 12 mil los objetos recuperados de la ofrenda 126; en las otras no encontramos ni la mitad. Hallamos más de 15 especies de equinodermos asociados a las ofrendas del Templo Mayor, entre ellas seis estrellas de mar, tres especies de erizo, cuatro especies de galleta de mar, un biscocho de mar, estrellas quebradizas y cuatro pepinos de mar”, recordó Solís Marín.
Al igual que otros pueblos mesoamericanos, los mexicas acostumbraban enterrar grandes ofrendas en sus principales lugares de culto. La asociada al monolito de Tlaltecuhtli está compuesta por cuatro mil restos orgánicos que representaban la cosmogonía; esta actividad ritual se realizó durante el gobierno de Ahuízotl (1486-1502). Se cree que los animales eran sacrificados al momento del rito, y mientras más dotada era la ofrenda, la deidad era más respetada, detalló.
En 2011, el universitario y su equipo de investigación se percataron de la existencia de estrellas de mar en la ofrenda, tras analizar material pulverizado y reconstruir parte de sus esqueletos; también hallaron espinas pequeñas de ofiuros, pero este año, de una cucharada cafetera de polvo de las excavaciones descubrieron las espículas que formaban el esqueleto interno de un pepino de mar.
Pepinos de mar
Francisco Alonso Solís, también curador de la colección Nacional de Equinodermos del ICML, comentó que los pepinos de mar (holoturias) existen en el planeta desde hace 400 millones de años; en la actualidad se conocen cerca de mil 700 especies, que habitan en casi todos los ambientes marinos, sobre todo en aguas saladas poco profundas de los arrecifes coralinos. En México viven en todas las costas del país.
“Son importantes porque son los arquitectos del fondo marino. A través de su cuerpo pasan toneladas de arena en un año, son los responsables de que esté floja y no la sintamos como si fuera cemento; ellos remueven el sustrato y eso es importante ecológicamente, porque meten oxígeno en la arena para que otros animales sobrevivan”.
Científicos han validado que estos animales son fuente potencial de compuestos de alto valor agregado con propiedades terapéuticas, como péptidos bioactivos, vitaminas, minerales, ácidos grasos y colágenos, entre otros. En años recientes se descubrieron en ellos efectos benéficos para la salud, como la curación de heridas, neuroprotectores, antitumorales, anticoagulantes, antimicrobianos y antioxidantes.
El uso de los pepinos de mar como alimento y medicina tradicional comenzó en China hace casi mil años y continúa la sobreexplotación hasta la fecha, así como en otras regiones del mundo. En algunos países ahora es ilegal su consumo, lo que lo hace un producto costoso.
En Asia, África y México se desarrollan investigaciones sobre su reproducción sexual para hacer granjas y así evitar la extracción de poblaciones nativas.
Boletín UNAM-DGCS-461/2020

MEDELLÍN, 27 de mayo de 2020 — Agencia de Noticias UN-
El grupo de investigación en Diseño Mecánico Computacional (Dimec) de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Medellín, autores de este desarrollo tecnológico, explicaron que para ensamblar esos elementos se desarrolló una carcasa ergonómica para un agarre cómodo con la mano.
Este prototipo se creó gracias al trabajo colaborativo y multidisciplinario de los estudiantes de Ingeniería Mecánica Sebastián Pineda, Santiago Múnera, Santiago Vélez y Andrés Felipe Castro, junto con Luis Fernando Gil, técnico del Laboratorio de Procesos de Manufactura, y el profesor Germán García Monsalve, del Departamento de Ingeniería Mecánica y director del grupo Dimec, adscrito a la Facultad de Minas.
En plena cuarentena, el profesor García y el técnico Gil convocaron a estudiantes a participar en el desarrollo de un prototipo para medir la temperatura de pacientes sintomáticos de COVID-19, y entre quienes respondieron se dividió el trabajo por áreas: electrónica, diseño mecánico, fabricación del prototipo y búsqueda de información. Con ellos se hicieron reuniones virtuales continuas.
Gracias al esfuerzo de los integrantes del grupo, se adquirieron los componentes para fabricar el primer prototipo con elementos relativamente económicos y comerciales, para competir con los dispositivos térmicos tradicionales.
El elemento más especializado, costoso y difícil de conseguir comercialmente fue el sensor de temperatura; se seleccionó uno infrarrojo, sin láser para evitar posible daño ocular en caso de contacto. La pantalla exterior permite observar la temperatura, en el día o la noche, y si hay exceso de iluminación se contrasta su brillo para facilitar la lectura digital.
Para el diseño asistido por computadora (CAD) y para la modelación de la carcasa se utilizó el software SolidWorks; su materialización física se llevó a cabo en prototipadora 3D. La carcasa dispone de botones para registrar la señal digital de temperatura corporal en grados Celsius o Fahrenheit y para contrastar el brillo exterior facilitando su lectura, en una pantalla digital. Además, cuando la temperatura supera los valores normales se activa una alarma sonora.
El prototipo medidor de temperatura diseñado con elementos electrónicos comerciales de bajo costo se encuentra en la etapa de optimización de funciones, diseño electrónico, seguridad, confiabilidad y disposición de sus elementos. También se espera optimizar su electrónica con circuitos impresos, para sacarlo a producción en procesos de inyección de plásticos y fabricación en serie.
En particular, se resalta la originalidad en el diseño electrónico, la programación de funciones comparativa con otros instrumentos comerciales, la utilización de tecnología para su programación y el diseño ergonómico de la carcasa.
En una segunda fase se espera mejorar el diseño y la disposición de la electrónica con pruebas de calibración confiables.
El profesor García indica que ahora siguen procesos para mejorar el componente, bajarle peso, optimizar la distribución del sistema interno de medición y la parte externa de los botones y de manipulación.
En busca de un socio
El grupo Dimec está a la expectativa de conseguir un socio para hacer producción en serie del termómetro digital, una empresa que asuma la fabricación de la carcasa por inyección de plástico y ensamble los demás componentes, para comercializar el producto.
El precio en el mercado de los termómetros digitales oscila entre 250.000 pesos los más simples hasta más de 700.000 pesos los más complejos. El costo del prototipo del grupo Dimec estaría en promedio en 350.000 pesos, según la variación del precio de los insumos en el mercado y las dificultades en la comercialización del sensor.
Estos costos tienden a abaratarse si la carcasa se fabrica en serie. Además, se busca optimizar el circuito interno y el sensor, que son los elementos más costosos, hacer una importación directa con un proveedor en China para obtener el sensor a precio módico y competitivo.
Fuente: agenciadenoticias.unal.edu.co

MEDELLÍN, 26 de mayo de 2020 — Agencia de Noticias UN-
En Colombia se extraen 2 millones de quilates/año de esmeraldas en promedio, lo cual genera alrededor de 21.000 millones de pesos al año en ingresos del sector minero, según la Unidad de Planeación Minero Energética (UPME). La mayoría de estas piedras se venden en bruto y en el país solo se talla alrededor del 10 %. El desperdicio del residuo en 2018 fue de 264.785 quilates, cantidad suficiente para convertirla en esmeraldas sintéticas.
Camila Sánchez, estudiante de Ingeniería de Minas y Metalurgia, señala que el objetivo es producir esmeraldas sintéticas con características similares a la original, a partir de los sobrantes de la talla, pequeños fragmentos y el polvillo de esmeralda y disco de diamante.
Una gema sintética es idéntica a la piedra natural, de un color verde intenso y con la misma estructura cristalina, composición química y propiedades físicas. Además ofrece las ventajas de ser más asequible por precio, se puede producir y comercializar a gran escala, contribuye a la sostenibilidad y a cuidar el medioambiente, y se constituye en una oportunidad ante la posible escasez del berilo.
Para el aprovechamiento se consideraron dos métodos viables: flux o hidrotermal, y con la asesoría del profesor Néstor Ricardo Rojas, de la Facultad de Minas, y de Jorge Humberto Sánchez, docente del SENA, se eligió el primero por ser el más ajustado a los requerimientos.
El método de mezcla fundida, o flux, consiste en agregar una semilla o fragmento de esmeralda natural en un medio de solvente (óxidos de aluminio, sílice, cromo). Al alcanzar casi 1.000 ºC para que se fundan, se hace enfriamiento lento a unos 4 °C por hora, lo que permite la formación de cristales alrededor de la semilla y aumenta su tamaño.
En otras palabras, explica Camila Sánchez, mediante el uso de una mufla (horno para fundición de metales) y la combinación de reactivos, se produciría una gema con un color aproximado al de la esmeralda natural originaria de Boyacá, particularmente de Muzo.
Con ese método el promedio de crecimiento diario es de 0,2 gramos a partir de semillas de 0,53 gramos aproximadamente. En la fase inicial se utilizarían 10 semillas, tomando como base ensayos exitosos; a partir del mes 1 del año 1 se usarían 20 semillas y se iría aumentando la producción hasta fabricar 60 piedras en el mes 12.
Sumando la producción de cada mes, en el primer año se obtendrían 440 piedras sintéticas; la expectativa es mantener esta capacidad durante los cinco años planteados como horizonte del proyecto.
Oportunidades de mercado
La idea del proyecto surge de una la inquietud de Jorge Humberto Sánchez, padre de Camila, quien como joyero e instructor del SENA advirtió la ineficiencia del proceso de talla, por el desperdicio del material sobrante.
Camila compartió esa preocupación con sus compañeros del Seminario de Proyectos en Ingeniería y conformaron un equipo con Andrés Mauricio Rosales, Aura María Correa, Federico Alberto Noches, Juan Camilo Monroy, Stiven Rodas y Wilder Alberto García.
De esta manera, formularon la propuesta e hicieron un estudio de mercado, lo que, sumado a la determinación de costos de producción, permite hacer un estimativo de ventas y fijar un precio de 60.000 pesos por quilate. La evaluación financiera muestra que el proyecto es rentable y que de cumplirse el presupuesto pueden tener, a partir del primer año, una utilidad de alrededor de 600 millones de pesos.
La principal competencia es extranjera, especialmente de China, que produce una muestra en dos días y cuenta con un sistema de producción mensual de 50 millones; sin embargo, sus precios en el mercado duplican al de este proyecto.
Los mayores beneficiados serían los talladores, porque venderían el residuo como subproducto, en tanto que el mercado objetivo serían las joyerías LatinPort, Alhajas, Joyas y Accesorios, de Bogotá, las de mayor demanda de material sintético en el país, y en menor medida las ubicadas en la Avenida Jiménez. También formarían parte del mercado objetivo los distribuidores de piedras preciosas y los de gemas sintéticas que obtienen su producto de importaciones.
Camila Sánchez advierte que la dificultad para desarrollar el proyecto radica en que el sector de las esmeraldas es un medio muy cerrado, lo que les impediría conseguir la suficiente materia prima que necesitan. Además, es un medio con muchos problemas sociales y de seguridad, comenta.
Fuente: agenciadenoticias.unal.edu.co