Es necesario que las personas se responsabilicen de su propia educación, apropiarse de su futuro, humanizar su sistema de relaciones, compartir y socializar los aprendizajes, lo que implica la creación de métodos para aprender a aprender
Pasar de un sistema excluyente, centrado en etapas y requisitos limitatorios a un sistema incluyente que admite todo aprendizaje y valida toda experiencia y todo saber.
Pasar de un esquema simbólico-irreferente de la educación, a uno vital, es decir, apartar los planes, programas y currícula académicos del corazón directivo de la educación y concederle este lugar y significación a aquellos desempeños que corresponden a las expectativas sociales sobre un ciudadano.
Comprometerse con la incertidumbre del futuro, a través de una visión prospectiva, es decir, traer el futuro deseado al presente y encaminar acciones estratégicas para poder tener ese futuro.
Fomentar la búsqueda del éxito colectivo a través de prácticas participativas que repercutan en el mejoramiento de la calidad de vida, por encima del éxito individual reflejado en el rendimiento aprobatorio de exámenes.
Redescubrir el aspecto lúdico de aprender y compartir los aprendizajes y los saberes, renovando la motivación del aprender al conferirle significados útiles y satisfactorios.
Promover el reconocimiento social de los aprendizajes y la certificación de los saberes independientemente de la forma en que hayan sido adquiridos.
Superar las barreras burocráticas que tipifican la educación tradicional como un sistema elitista y excluyente que propicia el ejercicio abusivo del poder.
Reconocer en cada persona su derecho a la educación permanente y su obligación de adueñarse y responsabilizarse de su propia educación. Esto exige la descentralización de la función educativa que la restituya a la sociedad y deje de considerarse como un monopolio escolar.
Fomentar una apropiación de la evaluación como parte integral del proceso educativo personal, que facilita la toma de decisiones cuando se asume un futuro como expresión de los valores sociales.
Por lo tanto, debemos voltear nuestras miradas a aquellas personas que necesitan de la intervención pedagógica adecuada, al igual que encausar los aspectos de inclusión, aprender a aprender, aprender a ser, aprender a convivir y aprender a desaprender; para propiciar cambios en nuestra visión actual.
* Rosario Contreras Rojas (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.) es Maestra en Formación Permanente, egresada del Centro Internacional de Prospectiva y Altos Estudios (CIPAE)
BIBLIOGRAFÍA.
J.L. HERRANZ, A. ARGUMOSA Trastorno con déficit de atención e hiperactividad, Neuropediatría.
E. Rodríguez-Salinas Pérez La escuela y el trastorno por déficit de atención con/sin hiperactividad (TDAH)








