TRASTORNO POR DÉFICIT DE ATENCIÓN E HIPERACTIVIDAD
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Para cumplir bien el papel que les corresponde, los padres necesitan:

  • Un diagnóstico temprano de la situación en la que se encuentra su hijo/a
  • Información clara de qué es el Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad.
  • Información sobre el grado de afectación de su hijo.
  • Tener presente que el problema tiene solución, pero que, de no tomar las medidas oportunas, irá creciendo en los próximos años.
  • Disponer del asesoramiento adecuado sobre aspectos educativos generales.
  • Recibir instrucción directa sobre el tratamiento general del niño y específica sobre pautas de actuación en casa.

La familia es un medio indispensable para poder apoyar a un niño con dicho trastorno.

LA ESCUELA. 

En clase los docentes debemos tener en cuenta lo siguiente:

 Poner límites educativos correctos, adecuado a la capacidad del niño.

 Crear buenos hábitos de estudio.

 Modelar conductas reflexivas.

 Reforzar su autoestima.

 Generalizar la utilización de autoinstrucciones.

 Favorecer el contacto controlado con otros niños.

 

EL TRATAMIENTO DEL TDAH

 

No se puede hablar de “un tratamiento”  para esta condición,  sino de un programa de tratamiento incluyente que debe abarcar uno o más de los siguientes puntos: (1) la educación de la persona afectada, sus familiares y maestros acerca de la naturaleza del TDAH y su tratamiento; (2) terapia o modificación conductual en el hogar y en la escuela; (3) farmacoterapia; (4) intervenciones dirigidas a remediar las dificultades en el lenguaje, motrices, en el aprendizaje o psicológicas que pudieran estar presentes; y (5) adaptación o revisión del programa escolar, conjuntamente con el desarrollo de una comunicación efectiva entre padres y maestros. 

 

El segundo hecho es que aunque la terapia conductual y la farmacoterapia son los componentes de tratamiento que producen el grado mayor de mejoría en los síntomas, no se ha encontrado tratamientos que “curen” el TDAH. La mayoría de las personas continúa presentando el trastorno o síntomas importantes del mismo en la adultez (Barkley, 2006). Por tal razón, el objetivo general del programa de tratamiento debe ir más allá del control o supresión de los síntomas del TDAH y estimular el desarrollo psicológico saludable de la persona. Este objetivo se logra trabajando con las fortalezas, desarrollando habilidades y enseñando a manejar la condición.

Para una modificación conductual eficaz es necesario diseñar un ambiente estructurado, dar mandatos efectivos, establecer prioridades, definir las conductas a modificar y manejar en forma sistemática las consecuencias positivas y las consecuencias negativas que las conductas identificadas pueden tener para el niño.

Estructurar, organizar y dar mandatos efectivos. El niño con el TDAH necesita desenvolverse en un ambiente familiar o escolar relativamente estructurado. Este tipo de ambiente le facilita al niño apreciar qué comportamientos son o no adecuados para una situación dada, y anticipar las consecuencias que tienen estos comportamientos.

 

Establecer prioridades y definir las conductas deseadas. Es necesario seleccionar bien, con el asesoramiento adecuado, las conductas a manejar o modificar, una vez que se haya completado una evaluación abarcadora del niño. Estas deben ser dos o tres conductas que puedan ser observadas por los padres en el hogar o por las maestras  

La opinión del niño en cuanto al comportamiento a modificar asegura su envolvimiento en el cambio de conducta deseado y aumenta las oportunidades de éxito 

Uso de consecuencias positivas.

 

 Las personas demuestran la tendencia a aprender o a llevar a cabo aquellas conductas que tienen consecuencias favorables para ellas. Llamamos  refuerzo a estas consecuencias positivas. Estos pueden ser una expresión de reconocimiento (por ejemplo: ¡gracias por recoger los materiales!), algo tangible apreciado por el niño (por ejemplo:  comprarle una revista de su interés) o una actividad deseada (por ejemplo: oportunidad de ver la televisión). Es necesario entender que lo que es un reforzador para una persona puede ser algo neutral para otra e incluso algo desagradable para una tercera. Por lo tanto, hay que seleccionar aquellas consecuencias o reforzadores que motiven a la persona. Este hecho recalca la importancia de involucrar al niño en el tratamiento.