No es descalificación ni ataque: es invitación a clarificar ideas, términos y sobre todo conceptos. El esfuerzo desplegado por algunas instancias internacionales de financiamiento por retomar los procesos curriculares de los años en los que la formación del man power encaminó los procesos educativos a la creación de recursos humanos ya debería haber pasado, si estamos en la búsqueda de la recuperación del sentido humano de la existencia.
Sin embargo, no deja de ser alarmante que tales posiciones educativas sean retomadas.
* Transcripción del artículo del Dr. Luis G. Benavides Ilizaliturri, Presidente en turno del Consejo Directivo de la Universidad Tecnológica de Puebla, publicado en el número 5 de la revista oficial de la misma.
[1] He decidido utilizar la palabra castellana currículo y no la latina curriculum, pues con frecuencia el plural latino curricula se utiliza como si fuera singular femenino; y para muchos decir los curricula resulta chocante o presuntuoso.
[2] Véanse palabras como contestar, contraer, contribuir, confirmar.
[3] En francés, la palabra Compétence, significa relación justa y se refiere a la capacidad reconocida que da derecho a emitir juicios sobre alguna materia; aptitud de una autoridad para realizar algunos actos, o para ejercer jurisdicción. En inglés, competence/ competency significa capacidad igual a la requerida; propiedad o medios de subsitencia suficiente como para proveer a las necesidades o exigencias de la vida, sin lo superfluo.
Quizá al traducir estos términos al castellano se les asignó en educación un significado que no es el propio en nuestra lengua, ya que competencia en castellano significa disputa o contienda; aptitud o idoneidad, y sólo en lo jurídico, capacidad de un juez para conocer de un determinado asunto.
[4] Tal es la situación a la que está llevando la actual producción competitiva: un crecimiento en el desempleo, gracias a lo cual las macroeconomías pueden mejorar, y las empresas eficientar sus recursos.








