POSITIVISMO Y EVOLUCIONISMO SOCIAL: ENTRE LA REFORMA JUARISTA Y EL PORFIRIATO
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POSITIVISMO Y EVOLUCIONISMO SOCIAL:

ENTRE LA REFORMA JUARISTA Y EL PORFIRIATO.

Por: Ximena Franco Guzmán*

 

   En esta entrega hemos decisivo abordar el tema del Positivismo Mexicano. Para hacerlo, tendremos que hablar de dos filósofos europeos: Auguste Comte (1789- 1857) y Herbert Spencer (1820- 1903). El primero, padre del positivismo; el segundo, del evolucionismo social.

 Las doctrinas de estos pensadores fueron repensadas desde la realidad mexicana de mediados del siglo XIX y principios del XX. Son precisamente los “positivistas mexicanos” quienes retoman a Comte y Spencer para moldear el carácter político del país.

 

   La pretensión de los positivistas mexicanos fue siempre la de transformar la realidad nacional, tan convulsa por aquellos años. Buscaron incidir directamente en cuestiones políticas, y lo lograron. Dentro de los pensadores afectos a esta corriente podemos encontrar nada menos que a Gabino Barreda y Justo Sierra. Barreda es el creador de la Escuela Nacional Preparatoria, y el cerebro detrás de su plan de estudios, en el cual se educaron generaciones de mexicanos. Justo Sierra llegó a ser ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes durante el porfiriato, entre otros cargos. El primero de estos pensadores mexicanos representa la primer etapa del positivismo mexicano, a la que más propiamente se le denomina como “positivista”. Sierra, por su parte, representaría a la segunda fase del positivismo mexicano, mejor conocida como “cientificista”.

 

 Dada la importancia de los acontecimientos históricos nacionales en el desarrollo del pensamiento positivista mexicano (llamamos así genéricamente tanto a la primera como a la segunda etapa), y dada la influencia determinante que sobre él ejercen las ideas de Comte y Spencer, resulta imposible exponer esta corriente mexicana de pensamiento sin antes esbozar las ideas centrales del positivismo comtiano y del evolucionismo social desarrollado por Herbert Spencer, además de explicitar la situación histórica que atravesaba nuestro país.

 

 Rompiendo o deseando romper definitivamente con el pasado[1], los pensadores mexicanos positivistas emprenden una labor intelectual que, en buena medida, configurará la futura identidad política de la nación.

 

Comenzaremos primero por exponer de manera sintetizada las principales tesis comtianas y spencerianas, al menos hasta donde nos sea pertinente abordarlas para comprender mejor el alcance de su influencia para el positivismo mexicano. Después presentaremos las características centrales del positivismo mexicano, intercalando en dicha presentación la situación histórica que enfrenta cada etapa.

 

Auguste Comte y Herbert Spencer: Positivismo y Evolucionismo social.

 

EL POSITIVISMO DE AUGUSTE COMTE

 

Ciencia vs Teología. El método científico y sus premisas.

 Uno de los aspectos que vale la pena resaltar, por su importancia dentro del positivismo comtiano, es el rechazo de las tesis y doctrinas teológicas, a favor de las científicas positivas. El punto central de esta cuestión descansa sobre la consideración de las leyes naturales, descubiertas por las ciencias a través del método positivo, como las verdaderas ordenadoras y únicas capaces de explicar el devenir de la realidad, dejando de lado como retrógradas, falsas y oscuras las explicaciones teológicas al respecto, entre ellas la de la divina providencia, la creación ex nihilo, el hombre como criatura de Dios.

 

 Lo apodíctico de la ley es descubierto por la razón en la incesante repetición de los fenómenos que, inductivamente, logra mediante la experimentación justificar empíricamente la validez de la ley. El método positivo de Comte es en realidad el método adoptado por las ciencias positivas de la época y está conformado principalmente por tres momentos: observación, experimentación y comparación. Se reconoce, sin embargo, el alcance finito e imperfecto del intelecto humano, por lo que las leyes y en general todo el sistema del conocimiento no se considera absoluto, sino relativo.

 La única posible unidad o sistematicidad de las ciencias la da el método, no los principios ni las doctrinas. Es la aplicación del mismo y único método la que llevará a cabo la tarea de la homogeneización de las doctrinas. La relevancia política de esta idea se verá más adelante. La ciencia sustituirá en la doctrina comtiana a la teología en su papel explicativo del mundo. Pero además, a esta confrontación entre teología y ciencia o espíritu positivo, subyace unan idea mucho más importante dentro del pensamiento de Comte: 

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