Después de insistir, conoció, con Olivia, los planteamientos de Roman Ingarden. Leían juntas unas copias de la traducción que el maestro Gerald Nyenhuis había proporcionado en un curso del doctorado en la Iberoamericana.
En la lectura, se detenían a discutir y comprender algunas ideas claves: De acuerdo con Ingarden, precisaba Olivia, en la obra literaria se pueden contemplar cuatro estratos:
a) el estrato de las formaciones lingüísticas,
b) el estrato de las unidades significativas,
c) el estrato de los objetos intencionados,
d) el estrato de los aspectos esquematizados.
En este momento- no me interesa referirme a los dos primeros niveles pues, en esto coincide Ingarden con las explicaciones que al respecto hacen los estructuralistas y esto ya lo conoces, precisaba Olivia.
Con relación al tercer nivel, el estrato de los objetos intencionados, Ingarden nos señala que estos objetos (el mundo representado en el texto) no deben confundirse con los objetos reales, puesto que éstos se encuentran totalmente terminados; mientras que los objetos indeterminados de la obra literaria necesitan ser llenados, completados por la actividad del proceso de la lectura.
De acuerdo con Ingarden- puntualizaba Olivia- el texto se abre a la vida sólo cuando es leído. Por consiguiente, es necesario considerar el despliegue del texto mediante la lectura.
- Pero ¿qué implica un proceso de lectura?, le preguntaba Alfonsina.
Olivia retomaba los apuntes y leía:
Para Ingarden, implica una actualización del texto. Y Olivia leía con mucha atención y gozo. Un texto expone algo y la significación de lo expuesto existe independientemente de las diferentes reacciones que tal significado pueda ocasionar. Ingarden es consciente de que existe un modo de leer condicionado por la época, que corresponde a una atmósfera literaria global. Sin embargo, las transformaciones de una obra en sus concreciones o actualizaciones no deben violentar la identidad de la obra en sus partes no esquemáticas, pues de lo contrario, quedaría herida la sustancia artística de la obra, de no ser así, se caería en la corriente psicologística que el mismo Ingarden rebatió, esto es, la interpretación personal o libre del lector.
La propuesta de Ingarden era atractiva, sugerente. Otro mundo se abría para Alfonsina:
“La indeterminación es propia de los textos literarios. El texto literario no explicita objetos reales determinados, ni los produce. Se distingue de la experiencia real del lector en que ofrece enfoques y abre perspectivas con las que el mundo conocido por la experiencia aparece de otra manera. Ello porque los objetos plasmados en la obra literaria son sólo una estructura esquemática que el lector completa de acuerdo con sus experiencias y su visión del mundo”.
Alfonsina estaba muy segura de que era necesario conocer lo más posible todo lo referente a la naturaleza de lo literario y así, volvía el leer más adelante, el viejo texto fotocopiado que Olivia le había regalado.
”El texto literario no se ajusta completamente ni a los objetivos reales del mundo vital ni a las experiencias del lector. Esta falta de adecuación produce cierta indeterminación. Ahí radica la especificidad del texto literario. Es decir, establece una típica oscilación entre el mundo de los objetos reales y el mundo de la experiencia del lector. Esta estructuración del texto hace posible amalgamar ambas realidades: la mental del lector y la exterior, la del mundo vital.”
Entonces, ¿Cómo enseñar a leer, comprender y disfrutar lo literario? ¿Cómo reconocer lo literario? Ingarden era su novedad en 1989 y es que Alfonsina observaba todas las posibilidades didácticas que este enfoque aportaba para su quehacer docente. Y Alfonsina subrayaba , leía y encontraba nuevas ideas.
- La obra literaria- es un objeto intencional, construido con indeterminaciones, es decir, tiene lugares vacíos que garantizan una participación del lector en la realización y sentido de los acontecimientos. El componente vacío del texto se convierte en la condición básica de la realización, concreción actualización.
Para Alfonsina, la lectura de las más recientes teorías literarias dejaban claro algunos puntos.
a) Por su afán de explicación de la totalidad, las propuestas contemporáneas buscan la convergencia. Un método apela a otro método.
b) Para comprender el fenómeno literario ( y artístico) es necesario promover el estudio del lector y sus "concretizaciones”.
¿Pero, qué tanta claridad habrá en el pensamiento de Alfonsina para poder enseñar Literatura? y ¿qué otras preguntas aún están por ser planteadas?. No lo sabemos del todo, pero sí sabemos cuál pregunta y cuál situación marcó un poco la vida de esta maestra.
“Hernán Cortés, Bernal Díaz del Castillo y Sor Juana Inés de la Cruz: tres poetas hispanoamericanos”








