ALFONSINA URANGA ENSEÑANDO LITERATURA
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Pasaban las semanas, los meses y con ellos las clases de Literatura Hispanoamericana y Alfonsina sentada atrás, sin entender  la temática del curso y ahora agregaba a su situación, los desvelos, no por leer y estudiar, sino porque  le dio por la bohemia; cantaba  música folklórica en un grupo universitario que ensayaba  martes y  jueves de 9 a 12 de la noche  y tenía presentaciones públicas  los fines de semana tanto en la capital de su país, como en  otras ciudades de Centroamérica. Además, se sumaba el despertar de muchas inquietudes: las amorosas, por un lado y las  preocupaciones sociopolíticas, por otra. Eran los sesentas. Huelgas  universitarias, bombas lacrimógenas, compañeros presos, gobiernos militares, reuniones clandestinas, poesía subversiva: pinceladas de toda una época que estaba allí rodeando el diario vivir de una generación estudiantil. 

Mientras Alfonsina  cabeceaba,  oía lejana la voz del maestro Mejía que  hablaba acerca de cómo  el escritor  transformaba con su pluma  la realidad americana., “ Hernán  Cortés escribía entusiasmado al rey Carlos V  informándole de cómo eran estas tierras y estos hombres del nuevo mundo”. En otro momento, lo escuchó  decir que “Bernal Díaz del Castillo  no había visto antes  una ciudad tan grande y maravillosa como Tenochtitlan” y que ese sentimiento de asombro y encantamiento lo expresaba a través de  ciertos recursos estilísticos. Igual lo escuchó decir de Alonso de Ercilla  de cómo con el  uso de los adjetivos, éste lograba  dar a los lectores  una idea del soldado español cruel y desalmado.  

La cosa cambió cuando estudiaron  a Sor Juana Inés de la Cruz y ella creyó  que ahora sí comenzaba el orden en el curso. El primer examen mensual  la dejó completamente fría. Antes de estudiar  en esta escuela, había estado acostumbrada, y con mucho éxito, a los retos  del tipo de  “verdadero y falso”, a la relación de columnas o a la selección de la mejor respuesta. Ahora, la situación había cambiado. El maestro Mejía  le entregó cuatro hojas en blanco y así sin mayores  explicaciones,  dictó: “Hernán Cortés, Bernal Díaz del Castillo y Sor Juana Inés de la Cruz: tres poetas hispanoamericanos”.

Fue tanta su sorpresa y su frustración que años después, aún recordaba con nitidez ese momento y así  lo  relataba a sus compañeros profesores

_A los dos primeros – los descarté porque no eran poetas ni, mucho menos, hispanoamericanos. Eran soldados españoles, conquistadores. Eso interesaba a los que estudian Historia.  Yo estaba estudiando Literatura y por eso  me enfilé a contar, con mi letra bonita,  vida  y obra de Sor Juana.  

Por supuesto que a Alfonsina le fue muy mal  en esta primera prueba.  Algunos compañeros salieron bien, otros, no tanto. Era la primera  vez que  reprobaba un examen  en su vida de estudiante, “Como verán,  me ha dolido mucho  esta experiencia “, comentó, años después, a sus alumnos  en Querétaro. 

Alfonsina no comprendía las disertaciones de su  maestro cuando éste hablaba de las características de la  narrativa y de cómo la mirada del navegante y de  los conquistadores transformaron, a través del lenguaje,  la realidad  (paisaje y hombre) que  tuvieron frente a sus ojos.  

__” Estaban haciendo literatura” - decía el maestro Mejía. 

“Y ¿qué es hacer literatura?”– se preguntaba ella  incesantemente. 

A Alfonsina se le hizo muy difícil entender todo esto, pero disfrutaba la voz varonil del maestro Enrique. Le encantaba la riqueza de su vocabulario, la emoción con que éste exponía  la temática de cada tarde, aunque, a veces, se quedaba dormida. 

El resultado del primer mes fue desastroso : tres cursos reprobados. ¡Insólito!!!! ¡¿Quién iba a creerlo?! Alfonsina Uranga siempre había sido una de las mejores alumnas de la clase, pero ahora se le estaba presentando un gran dilema: cambiar su estilo de estudiar. Y es que no había otra posibilidad. La Escuela  Superior no permitía dos materias reprobadas en un semestre.

No tuvo más alternativas que comprar libros, leer con más atención los textos asignados, ir  a la biblioteca con más asiduidad, estudiar  con sus compañeros, ir a asesorías y darle más tiempo a sus lecturas.  Poco  a poco las cosas cambiaron y, finalmente, Alfonsina se graduó.