En esta ocasión se trataba de Luis Fernando, un alumno sobresaliente y a quien Alfonsina guardaba una especial estimación. “No lo disfruté” sonaba con fuerza y Alfonsina lo sintió como protesta grupal.
El trabajo consecutivo con alumnos de la carrera de Comunicación constituía un acicate muy fuerte para Alfonsina. Cómo enseñar literatura? Qué era eso de enseñar literatura? Muchas ideas sonaban en el ambiente de los libros sobre enseñanza, “pensamiento crítico, “interpretación”, “reflexión”. Pero ¿cómo lograr además de una lectura crítica y una interpretación adecuada, que los alumnos disfrutaran la lectura?¿Para qué sirve la literatura?
¿Por qué esta preocupación?. Pues un poco porque, en su plan de estudios, los alumnos estudiaban teorías de la comunicación, semiótica y, sobre todo, ya estaban leyendo a los teóricos de la Escuela de Frankfurt y se estaban acercando a teorías que hablaban del receptor y de sus procesos de interpretación, de la importancia del contexto en la búsqueda del sentido y ya se comenzaba a hablar en revistas especializadas de comunicación y de sociología acerca de la construcción social del conocimiento.
En 1986, ya estudiando una maestría en Filosofía, Alfonsina conoció la propuesta estética de Umberto Eco en Obra Abierta donde éste propone mirar la obra literaria como una metáfora epistemológica de la realidad y además, precisa que la obra literaria (así: “obra literaria”, no “texto literario”) se da en la intersección entre texto- lector (o intérprete). Estas lecturas, sin duda, le fueron abriendo el panorama para experimentar con otras estrategias didácticas.
En cierta ocasión, le tocó un grupo de excelentes alumnos. Traían fama de exigentes y de irreverentes. Ella les impartía el curso de Literatura Hispanoamericana en el formato de seminario de tres horas continuas a la semana.
Un mes estudiaron teorías literarias y los siguientes meses los dedicaron al estudio o investigación de textos y presentación de los resultados. Con este grupo, Alfonsina trabajó también, en relación con la teoría del arte, las discusiones que se han presentado para definir las relaciones entre arte y realidad, acercamiento y distanciamiento entre la realidad artística y la realidad empírica o vital.
Sin duda, estas ideas alimentaban el espíritu de Alfonsina para buscar nuevas formas de enseñar literatura. En El espacio deshabitado de Maricruz Castro leía:
__“ Hoy diríamos que el objeto artístico al ser considerado como signo y, por lo tanto, como una significación determinada en la conciencia colectiva favorece una actitud pasiva del contemplador. En cambio para Aristóteles, el objeto artístico es considerado como símbolo. Se acepta con Aristóteles la posibilidad de la variación, del distanciamiento. El arte como forma de conocimiento o forma de estudiar la realidad, el arte como símbolo de ésta”
Así que, poco a poco iban apareciendo fundamentos teóricos para sustentar el quehacer docente de Alfonsina.
“Me encantó volver a Aristóteles y revisar estas ideas le explicaba Alfonsina a una compañera. Según Maricruz Castro, de esta postura aristotélica, derivan las posturas recreativas del arte, esas posturas que exigen la participación de un receptor comprometido en la reconstrucción del sentido de la obra artística. “En cualquiera de las dos posturas (como reproducción o como recreación) se presenta la inalienable necesidad de articular arte y realidad”
Claro que estas ideas que había descubierto en El Espacio Deshabitado iban generando y arrastrando otras ideas :
“la novela realista del siglo pasado, al simular que los personajes eran seres reales y que sus historias estaban teñidas de cotidianidad, ocultó su naturaleza de lo literario. En cambio, siguiendo a las teorías recreativas la novela contemporánea muestra un afán de involucrar al lector en una actividad de reconstrucción y trata de devolver al sujeto receptor un papel significativo en la construcción del significado.








