El nacionalismo mexicano instrumentado con impresionante decisión desde 1929 hasta 1982 y como ideología impuesta por el Estado crea una sociedad muy sumisa , no participativa, acostumbrada al autoritarismo; crea una sociedad muy desigual, fragmentada.
El nacionalismo como sentimiento popular, aflora con un amor inmaduro, amor de adolescente, amor que desconoce las verdaderas potencialidades del ser nacional, amor irresponsable, amor sin compromisos.
¿Continúa intacto el viejo nacionalismo mexicano o ya se están presentando señales de un nuevo rumbo? México vive una permanente tensión entre la tradición y la modernización, entre lo que Bonfíl Batalla llama el México Imaginario- el México del VI Informe del gobierno salinista, el del progreso, el de la igualdad jurídica de todos los mexicanos, y el México profundo- el México que padecemos día a día, el México que presenta una abismal polaridad socioeconómica, el México del norte y el México del sur, el México de millones de pobres y millones de desempleados..Dos Méxicos tan distantes, tan distintos.
Roger Bartra, Roger Bartra es doctor en sociología por la Sorbona de París y se formó en México como etnólogo en la Escuela Nacional de Antropología e Historia, en su interesante libro Oficio mexicano nos señala que México vive tensiones que lo desgarran: el país está harto de Modernidad, pero sediento de modernización. La modernidad ha creado un México que, desde la Constitución, desde el discurso oficial, defiende los derechos humanos , invoca y provoca un nacionalismo pasivo, cuyos fundamentos son héroes ( Hidalgo, Morelos; Juárez); acciones ( la lucha revolucionaria , la expropiación petrolera, la revuelta zapatista); sentimientos (respetos a los símbolos patrios, la soberanía nacional, un callado sentimiento antinorteamericano y el grito septembrino de ¡VIVA MEXICO!, que en medio de un escenario tan confuso y hoy lo es más, han sonado tan huecos, tan carentes de sentido) .
Desde hace muchas décadas se ha dicho que México está sediento de modernización , esto es, sediento de un desarrollo de las estructuras económicas, políticas y socioculturales que permitan una participación activa y abierta de la población en el rediseño de un proyecto de nación, más justo, más equitativo. México está sediento ciudadanos y de ciudanización de muchas de sus instituciones, sobre todo, de las que imparten justicia.
A partir de 1989 y caída la tensión que generó la bipolaridad Este/Oeste, México se ve obligado a insertarse en el nuevo orden mundial, un orden cuyo eje central es el comercio, la globalización económica.
Y así tenemos todo un movimiento gubernamental de desnacionalización en diversos sentidos, primero con Miguel de La Madrid y después, con mayor ímpetu, con Salinas de Gortari: privatización de las empresas nacionales, promoción de la inversión extranjera; apertura el mercado al comercio exterior, y los norteamericanos pueden ser ahora socios y hasta amigos.
Sin duda, desde entonces, desde la entrada a la Globalización, hemos asistido a una de las crisis más profundas de la historia de México. De un México cerrado -cuyo viejo nacionalismo, generó una voluntad sumisa en favor de una estabilidad política, pasamos a un México abierto, a un México que no estaba preparado ni con valores, ni con acciones, ni con un estilo ad hoc para competir con eficiencia en el terreno de la productividad , ni en el terreno de la democracia real, participativa.
Si bien en el terreno de lo económico se dieron pasos de acuerdo con las demandas del modelo neoliberal, en lo político no se dieron las acciones pertinentes para caminar por el sendero de la democracia.








