HACIA UN NUEVO NACIONALISMO MEXICANO
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Ningún pueblo en América Latina expresa con tanta vehemencia y pasión su amor patrio como el pueblo mexicano. ¿Cuáles son las fuentes nutricias de tan entrañable sentimiento?. ¿Cómo afirma el mexicano su identidad? ¿Qué es eso de ser mexicano? 

HACIA UN NUEVO NACIONALISMO MEXICANO

Por: Melba Julia Rivera[1] 

Ningún pueblo en América Latina expresa con tanta vehemencia y pasión su amor patrio como el pueblo mexicano. ¿Cuáles son las fuentes nutricias de tan entrañable sentimiento?. ¿Cómo afirma el mexicano su identidad? ¿Qué es eso de ser mexicano? 

La identidad del mexicano comienza a hilvanarse desde la época novohispana, como un sentimiento que se afinca en la búsqueda de una raíz que sostenga la diferencia entre los nacidos en esta tierra y los españoles peninsulares. Sin duda, el culto a la virgen de Guadalupe - con un ritual salpicado de creencias y prácticas indígenas- coonstituirá la columna vertebral que animará la conciencia de un pueblo mestizo. Igualmente, lo indígena se valorará como otro factor de identidad.  

Después de realizadas las luchas independentistas, la idea de la igualdad jurídica entre todos los mexicanos constituirá el eje de identidad. Es Juárez y la Constitución de 1857. Y aunque la realidad desmentía en los hechos esta ideología, ningún gobierno, en lo sucesivo, se atrevió a plantear algo diferente. Y así, frente a la ley, todos los mexicanos son iguales.  

Durante  el Siglo XX, el nacionalismo mexicano surge con una fuerza incontenible, alimentado por una nueva ideología: la Revolución Mexicana. De tal manera que el sentimiento de amor patrio se expresa como una desconfianza hacia los países desarrollados y, por ende, con cierta dosis de xenofobia: un sentimiento antinorteamericano ( por aquello de las intervenciones estadounidenses); igualmente, se expresa con una política de nacionalizaciones: un sistema ejidal, un control estatal sobre el petróleo, limitaciones a la inversión extranjera, un Estado fuerte, interventor y protector cuyo poder es legitimado por su origen revolucionario y su amplia base popular. 

En consecuencia, el Estado revolucionario mexicano crea una ideología (el nacionalismo revolucionario) para convocar a la unidad entre los mexicanos. Dentro de este esquema surge y se consolida el partido que se erige como el heredero legítimo de la Revolución Mexicana: el PRI. Con la fusión Estado, partido y gobierno se instrumentan estrategias para movilizar a amplios sectores de la población alrededor de ciertos principios que figuraban en la Constitución de 1917: derechos del trabajador, la educación obligatoria y laica, la soberanía sobre el petróleo y el sistema ejidal como forma de tenencia de la tierra en favor de los campesinos.   

A la sombra de la Revolución mexicana, la escuela primaria sería el principal medio para uniformar a los mexicanos en cuanto a su modo de ver la historia y sus héroes ( la mitología mexicana): el concepto de soberanía, centrada en la idea de salvaguardar la integridad territorial y poner a salvo la ideología derivada de la Revolución Mexicana. 

Por otro lado, el PRI, como partido de estirpe revolucionaria, se estructura, se organiza y se fortalece con la inserción del sector obrero y campesino. También crea -en simbiótica relación con el gobierno- una gigantesca burocracia oficial, de tal manera que el Estado, el gobierno y el partido revolucionarios tendieron sobre la nación mexicana un manto tricolor de protección y de control. Esto hizo del PRI el partido mayoritario de México. 

Si alguna voz se alza en contra, automáticamente pasa a la oposición, porque “ Todo se arregla dentro del partido, nada fuera de él”. Y esa voz en contra suena y huele a “ antimexicano”, a “antinacionalista.”. Así, con esta oposición no se tendrá ninguna consideración, deberá ser eliminada.

 

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