
BOGOTÁ D. C., 22 de junio de 2019 — Agencia de Noticias UN-
Así lo expuso el profesor Ricardo Moreira Chaolub, de la Universidad Federal de Río de Janeiro, uno de los invitados internacionales al “Curso de formación de alto nivel en el campo de biotecnología” impulsado por el Centro Argentino Brasileño de Biotecnología (CABBIO) y organizado por la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) con financiación de Colciencias.
En el evento “Microalgas como materia prima para la producción de biocombustibles” participaron estudiantes colombianos de diferentes ciudades, extranjeros provenientes de Argentina, Brasil y Paraguay, además de docentes de los departamentos de Biología, Química e Ingeniería Química y Ambiental de la UNAL e invitados de Estados Unidos, Brasil y Argentina.
“Para usar las microalgas se debe elegir bien la especie, entre las cerca de 30.000 conocidas. Las peores estadísticas creen que hay cerca de 72.000 especies y las más optimistas alcanzan el millón”, señaló el profesor Moreira, y agregó que ante esta inmensa variedad se deben definir criterios de selección según lo que se quiera producir.
Otro desafío identificado por el profesor brasilero se refiere a la fotorrespiración, un proceso que suele ocurrir cuando se cultivan microalgas en un ambiente cerrado, en el que la tendencia es a empobrecer la presencia de dióxido de carbono (CO2) porque se consume por la fotosíntesis, mientras que producción de oxígeno aumenta.
“Las enzimas van a usar mucho más oxígeno que CO2 y por distintos efectos el aumento de la temperatura favorece la fotorrespiración, lo que disminuye la eficiencia de la fotosíntesis, la formación de biomasa, y ende la producción de biodiésel”, explicó el docente.
Otro punto en el que trabajan los investigadores interesados en la producción de biodiésel a partir de microalgas es en optimizar la penetración de la luz en cultivos densos, lo que, según el profesor Moreira, ha intentado resolverse infructuosamente con microalgas mutantes con pigmentos que les permiten absorber la luz en cantidades menores.
“Es necesario intentar otras mutaciones u otras alternativas; por ejemplo en laboratorio se ha experimentado con cultivos densos en los que se instala plástico con luces led debajo, iluminando el cultivo por dentro”, comentó el docente, quien ha adelantado investigaciones en las que se ha identificado que las luces led azules pueden favorecer el crecimiento y la producción de betacarotenos en las microalgas.
Pero si la poca luz afecta los cultivos, el exceso de ella también resulta perjudicial para la fotosíntesis, pues “afecta una de las proteínas del aparato fotosintético, lo que se conoce como fotoinhibición”, detalla el profesor, y señala que es un tema que también se ha enfrentado con mutaciones en las plantas o con mecanismos como filtro que limiten el paso de la luz.
Un campo en exploración
Como la producción de biodiésel a partir de microalgas aún es un campo que no se ha consolidado, el profesor Alejandro Pablo Arena, de la Universidad Tecnológica Nacional de Mendoza (Argentina), propuso un acercamiento al tema desde metodologías como el análisis del ciclo de vida, que sirve para saber si un producto que se quiere impulsar es más sustentable que otro.
“La única base científica para responderlo es con un método que considere todos las procesos que ocurren en el ciclo de vida de ese producto, desde que se saca la materia prima de la mina, se procesa, se transporta, se fabrica y se usa su producto y al final termina su vida útil”, explicó el docente.
Para el caso específico de la producción de biodiésel con microalgas, en la que todavía no hay una producción en masa y queda mucho por mejorar para pasar de una escala de laboratorio a una industrial, el docente asegura que el análisis de ciclo de vida sirve para reconocer si, por ejemplo, se está consumiendo más energía que la que el producto da y dónde habría que mejorar la tecnología para que pueda ser una fuente energética válida en el futuro.
Fuente: agenciadenoticias.unal.edu.co

BOGOTÁ D. C., 22 de junio de 2019 — Agencia de Noticias UN-
Este indicador fue abordado por Sandra Milena Latorre Chiquillo, magíster en Neurociencias de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), quien se encargó de describir los patrones de motilidad ocular involucrados en el reconocimiento de rostros, en particular el materno, en lactantes prematuros por medio del Eye Tracker, un dispositivo no invasivo empleado para investigar procesos cognitivos desde la atención visual y espacial para la percepción de objetos, la memoria y el lenguaje.
El enfoque de este estudio se basa en que, tradicionalmente, las evaluaciones para identificar factores asociados con el riesgo de alteraciones en el desarrollo de los bebés se centran en aspectos como los reflejos, el desarrollo motor y el lenguaje, y no brindan información sobre las etapas más tempranas del recién nacido.
“Queríamos buscar una forma de anticiparnos lo más temprano posible a los riesgos sobre el desarrollo neurológico. En la literatura encontramos que en los últimos años han surgido investigaciones relacionadas con los movimientos oculares en trastornos comportamentales y psiquiátricos, mientras que las evaluaciones tradicionales no permiten anticipar un posible retraso mental o problemas psiquiátricos en niños tan pequeños”, comenta la investigadora.
Además destaca que una de las habilidades cognitivas tempranas de los bebés es el reconocimiento de rostros y de la mamá, dado que cuando nacen tienen desarrollado su sistema propioceptivo, lo que indica que ya reconocen a su propia especie, saben que son humanos y cómo está conformada su cara.
A partir de esos antecedentes, la magíster realizó un estudio con lactantes prematuros tardíos del programa Madre Canguro del Hospital San Ignacio de Bogotá, a los cuales se les presentaron estímulos visuales en tres tareas de preferencia visual y reconocimiento de rostros y de objetos.
Cuando los bebés cumplían dos meses de edad corregida (tomando en cuenta la fecha prevista de parto original) se hacía el primer registro a partir de tres tareas: una de reconocimiento de rostro, en la que se les exponía a un objeto y al rostro de la mamá; en la segunda se les presentaba el rostro de la mamá nítido (a color) y en contraste (blanco y negro), por indicaciones de maduración visual, y en la tercera se les exponía el rostro de la mamá y el de una mujer diferente.
“Cada estímulo se ponía por 20 segundos con un tiempo de descanso de cinco segundos entre cada uno para evitar fatiga visual”, detalló la investigadora Latorre, y añadió que antes de presentar el estímulo se hizo una fase de calibración y del sensor del equipo con la pupila del bebé para evitar ruido, de manera que la lectura de cada movimiento fuera más precisa.
El segundo registro se hizo a los tres meses de edad corregida con las mismas pruebas, y al finalizarlas se les compartieron a las madres los videos de registro para que ellas también evidenciaran las reacciones de los bebés ante las tres tareas aplicadas.
“En la primera generalmente escogían el rostro de la mamá, en la segunda variaban, algunos escogían el rostro nítido y otros el de contraste, y en la tercera tarea –en la primera evaluación– escogieron el rostro de la mamá; a los tres meses prefieren el rostro nuevo”, explica la investigadora, y señala que esta evidencia de desarrollo también motivó a las madres a continuar participando en el estudio.
Entre los resultados obtenidos se destaca la observación de cambios en los patrones oculomotores de los bebés entre los dos y los tres meses de edad corregida al realizar la tarea de reconocimiento de rostros. Uno de los cambios de patrón se da en cuanto a la amplitud de los movimientos, con predominio de saccadas (movimiento en el que el ojo se desplaza de un punto al otro como en un salto) a la edad de dos meses y de microsaccadas (pequeños movimientos durante la fijación visual) a la edad de tres meses.
Indicador prometedor
Este trabajo aporta una aproximación al comportamiento oculomotor y el reconocimiento de rostros como herramienta temprana de evaluación de riesgo en el desarrollo neurológico en bebés prematuros. De esta manera se podrían detectar tempranamente alteraciones y tomar las acciones terapéuticas encaminadas a mejorar el desarrollo.
Otro aporte del trabajo es la caracterización de los patrones de movimientos saccádicos y microsaccádicos en reconocimiento de rostros como una prueba sencilla de motilidad ocular que se puede aplicar tempranamente a manera de indicador de desarrollo visomotor y cognitivo.
Según explica la investigadora, es necesario realizar investigaciones posteriores direccionadas a conseguir una caracterización de las demás edades, para poder hacer una “tabla de desarrollo” de las características fisiológicas de los movimientos oculares y conseguir algún tipo de evaluación que se pueda hacer más tempranamente, que identifique cuándo un niño está mirando o no a su mamá, por qué lo hace y cómo lo hace.
Fuente: agenciadenoticias.unal.edu.co

21 de junio de 2019
En el Laboratorio de Síntesis y Modificación de Productos Naturales, de la Facultad de Ciencias Químicas de la BUAP, se ha logrado modificar de manera exitosa la estructura de más de 20 sustancias derivadas de carbohidratos y esteroides para potencializar hasta 150 veces más su efecto antitumoral en el tratamiento de algunos tipos de cáncer.
La doctora Penélope Merino Montiel, quien encabeza este proyecto, señaló en entrevista que para su investigación emplea carbohidratos y esteroides naturales que modifica con la intención de preparar nuevos fármacos con mayor potencia y menores efectos secundarios.
Para validar la efectividad de sus resultados, gracias a los convenios que mantienen con otras instituciones, se realizaron ensayos in vitro en la Universidad de la Laguna, en Tenerife, España, con apoyo del doctor José Manuel Padrón, quien tiene grupos de células cancerosas de colón, mama, próstata, cérvix y pulmón, entre otras. Con estas pruebas se verifica la eficacia de la modificación que se realizó en la BUAP.
Hasta el momento, la investigadora ha logrado compuestos hasta 150 veces más potentes que los fármacos empleados en quimioterapia para el tratamiento de tumores resistentes a multifármacos. “Una vez que se obtienen buenos valores como agentes antiproliferativos, el próximo paso es lograr la especificidad”.
Actualmente, la ciencia que está detrás de los fármacos enfoca sus esfuerzos en la especificidad, que en medicina se refiere a la propiedad de identificar correctamente a un individuo o agente sano. Esta especificidad implica que el desarrollo de nuevos medicamentos, en especial los anticancerígenos, tengan un efecto en células tumorales y no en células sanas.
“Lo que intentamos es que los fármacos anticancerígenos sean específicos para que únicamente ataquen a células enfermas y no sanas, es algo complejo y ambicioso, pero trabajamos en lograr resultados favorables”, señaló la investigadora.
Esteroides con actividad anticancerígena
La doctora Merino Montiel mencionó que en el caso de los esteroides se ha demostrado que tienen la capacidad de inhibir el crecimiento de células cancerosas, por eso busca modificar su estructura para hacerlos más potentes y selectivos.
“Tomamos esqueletos esteroidales (estructuras de los compuestos) y hacemos modificaciones. Generalmente usamos los que ya tienen reportadas actividades biológicas, pero que al cambiar parte de su estructura se pueden encaminar a una mayor actividad”.
Para los carbohidratos, el trabajo a nivel molecular es el mismo, se toman compuestos comunes que son reconocidos por el organismo como la glucosa, fructuosa o galactosa, y se llevan a cabo cambios para generar una mejor respuesta biológica.
“Particularmente en el área de los carbohidratos nos enfocamos en inhibidores enzimáticos y estas enzimas objetivo son aquellas que están involucradas en ciertas enfermedades degenerativas, como el Alzheimer”, mencionó.
“En colaboración con el doctor Óscar López, de la Universidad de Sevilla, España, se ha preparado una serie de compuestos que serán evaluados como posibles inhibidores de enzimas involucradas en el desarrollo del Alzheimer, en el grupo de la doctora María Laura Bolognesi, en la Universidad de Bolonia.”
La doctora señaló que las enfermedades son multifactoriales, y por lo tanto hay muchísimas enzimas involucradas en su desarrollo, es por eso que los fármacos multidinana (aquellos que tienen varios puntos donde se pueden enlazar a diferentes enzimas) son muy interesantes para trabajar.
La investigación que se realiza en este laboratorio ha permitido la publicación de artículos en revistas arbitradas, como la European Journal of Medicinal Chemistry, una de las mejores en el ámbito de la química medicinal, así como también establecer colaboraciones con la Universidad de Tenerife y la Universidad de Sevilla, en España.
Fuente: buap.mx

21 de junio de 2019
En el mundo, aproximadamente 600 millones de adultos de 30 a 50 años de edad son propensos a sufrir dolor en la parte baja de la espalda, conocida como lumbalgia.
Este padecimiento ocurre por distintas causas y aumenta su prevalencia en la medida que avanza la edad; cuando no es tratado adecuadamente puede ocasionar recaídas frecuentes e impedir realizar actividades cotidianas, provocando periodos prolongados de incapacidad.
“Es aventurado decir que por un dolor de espalda aumente la mortalidad, como sostienen algunas publicaciones en medios digitales, lo que sí es una realidad es que se trata de un problema de salud pública, porque disminuye la capacidad laboral y provoca ausentismo”, afirmó Sergio Alberto Mendoza Álvarez, académico de la Facultad de Medicina (FM) de la UNAM.
El médico internista y profesor del posgrado de Medicina Interna de la FM añadió que quienes sufren de lumbalgia deben saber qué medidas de tipo no farmacológico pueden realizar, como ejercicios de estiramiento o flexión, para evitar deteriorar su calidad de vida. “Es un padecimiento que debe ser atendido de forma multidisciplinaria”.
La lumbalgia es el dolor en la zona lumbar, que va desde la parte inferior de las costillas hasta el pliegue inferior del glúteo. Se clasifica en aguda, subaguda y crónica; la primera, es de inicio súbito y dura menos de seis semanas; la subaguda va de seis a 12 semanas, y la crónica dura más de 12 semanas y puede ser intermitente por años.
“Los médicos de primer contacto deben saber identificar los factores de riesgo y las causas para tener un diagnóstico acertado”, subrayó el académico.
Existen varias causas de este padecimiento; el 90 por ciento se debe a procesos benignos y el 10 por ciento a hernia de disco, osteoartrosis, artritis reumatoide, tumores o infecciones. Para el diagnóstico se debe tomar en cuenta “la higiene de la columna”, factores psicosociales, actividad física, buenas condiciones laborales (menos tensión y estrés), tener el peso ideal y una buena postura.
“La mayoría de los dolores de espalda se relacionan con factores psicosociales o laborales, como obesidad, inactividad física, cargar objetos pesados, recibir golpes a causa de accidentes o por estar de pie o sentado por tiempo prolongado. Esto puede ocasionar torsión o flexión excesiva de los músculos en esa zona”, dijo Mendoza Álvarez.
Finalmente, para tener una mejor calidad de vida con este padecimiento recomendó: acudir con el médico para saber qué lo causa, suspender actividades con alta carga muscular que incrementen el dolor, mantener reposo de la carga muscular habitual, realizar actividades cotidianas de menor esfuerzo, evitar la inactividad, realizar ejercicios de flexión, extensión, estiramiento y de fortalecimiento muscular.
Boletín UNAM-DGCS-444/2019

21 de junio de 2019
Especialistas del Instituto Politécnico Nacional (IPN) realizan investigación, desarrollo tecnológico y formación de recursos humanos altamente especializados en materia de producción de biocombustibles, con la finalidad de impulsar la sustitución paulatina de los productos derivados de los hidrocarburos como petróleo, gas y carbón, ante la contaminación que provocan estos productos.
En el Laboratorio Nacional de Desarrollo y Aseguramiento de la Calidad de los Biocombustibles (LaNDACBio), del IPN, se verifica la calidad y competencia de los biocombustibles conforme a estándares y prácticas internacionales, así como de industria, empresa y áreas de gobierno.
Ubicado en el Centro Mexicano para la Producción Más Limpia (CMP+L), el LaNDACBio es uno de los cinco laboratorios nacionales que desarrollan energía en México los investigadores que lo integran han logrado estándares de calidad internacional en cuestión de bioenergéticos.
La responsable técnica del Laboratorio, Violeta Yasmín Mena Cervantes, señaló que ante los índices de contaminación es necesario desarrollar proyectos integrales de aprovechamiento de bioenergéticos que impacten a nivel nacional. En estos objetivos trabaja un grupo interdisciplinario de alto nivel con especialidades que van desde la Química Aplicada y Microbiología, hasta la Ingeniería Ambiental, Mecánica en Industrial, junto con alumnos de la Maestría en Ingeniería de Producción más Limpia y del Doctorado en Energía en el CMP+L.
El pasado 2018 se publicó en el Diario Oficial de la Federación (DOF) los lineamientos que establecen la calidad que deben de tener el bioetanol, biodiésel y la bioturbosina, por ello, el LaNDACBio pone a disposición de los interesados la asesoría y verificación de los procesos y la calidad del producto con 12 servicios de verificación, indicó Gabriel Pineda Flores, encargado del Servicio Externo.
Los servicios de consultoría, pueden integrar ---indicó -- el diseño y acompañamiento para la construcción a escala y puesta en marcha de plantas de producción de biodiésel, la evaluación integral para el aseguramiento de calidad de biodiésel y biogás, hasta la asesoría normativa y comercial para su producción, almacenamiento y comercialización en el mercado nacional y mercados internacionales con enfoque de negocios verdes y desarrollo sustentable.
“Además, ha sido calificado por la Entidad Mexicana de Acreditación con la norma ISO 9001-2015, basada en 10 principios del Sistema de Gestión de Calidad: alcance, referencias normativas, términos y definiciones, contexto de la organización, liderazgo, planificación, soporte, operación, evaluación del desempeño y mejora”, resaltó.
El LaNDACBio trabaja en coordinación de la Universidad Autónoma de Nuevo León, con la cual llevan a cabo intercambio académico y de investigación con programas y proyectos de alto impacto e infraestructura de punta en ambas sedes, desde donde han desarrollado tesis, cursos y talleres, entre otros.
De acuerdo con estudios de la Secretaría de Energía, la capacidad instalada actual para la elaboración de biodiésel en plantas productoras es de aproximadamente 4 mil metros cúbicos al año (m3/a), pero su potencial de expansión es amplio pues se calcula puede ir desde 120 mil hasta 360 mil m3/año, con un costo muy por debajo de los combustibles fósiles, si se utilizan insumos como grasas animales, aceite comestible residual y cultivos oleaginosos.
Los investigadores politécnicos coinciden en afirmar que en otros países el uso de biocombustibles ya es una realidad y en México es necesario unir los esfuerzos e impulsar políticas públicas contundentes que den como resultado una normatividad firme que potencialice el mercado de energéticos biológicos.
Fuente: ipn.mx