
BOGOTÁ D. C., 03 de julio de 2019 — Agencia de Noticias UN-
Este es uno de los resultados a los que llegó Diana Paola Gamba Díaz, magíster en Fisiología de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), quien evaluó en niños en edad escolar de dos ciudades –a diferente altitud sobre el nivel del mar– los niveles de leptina salival, hormona relacionada con el control del apetito, además de otros marcadores de riesgo de enfermedad cardiovascular y su posible relación con parámetros nutricionales y bioquímicos.
Se evaluaron 151 niños de Bogotá (alta altitud) e Ibagué (media altitud) con una edad promedio de 8,2 años, en los que se observó que el peso y la talla fueron más bajos en la población de alta altitud, mientras que en saliva se obtuvieron niveles de leptina superiores en los niños que habitan a menor altitud, y triglicéridos más elevados a mayor altura.
“La leptina se produce a nivel del tejido adiposo, y se supone que entre mayor cantidad de este tejido se presente se genera más de esta hormona que ayudaría a reducir el apetito. El problema es que los estudios han demostrado que a pesar de que esta aumenta no cumple la función esperada”, explica la investigadora.
Es por esta relación con el aumento de peso que dicha biomolécula podría servir como un indicador de riesgo cardiovascular. El asunto es que este y otros marcadores medidos en el estudio –como los niveles de triglicéridos, tipos de colesterol y glucosa– generalmente se miden en muestras de sangre.
Agrega que “todas esas moléculas las medimos en saliva, porque se ha visto que en este fluido también se alcanzan a presentar y es una muestra que se toma mediante un método menos invasivo que puede ser usado en niños o adultos mayores. Sin embargo no contamos con resultados que nos permitan definir si están elevados o normales”.
El propósito de la investigadora es brindar información que pueda servir como referencia para este objetivo, como parte de un proyecto financiado por la Universidad Antonio Nariño titulado “Prevalencia de obesidad y factores asociados”.
El estudio se centró además en la población infantil debido a que se busca identificar tempranamente el riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares, una de las mayores causas de muerte en todo el mundo, para tomar medidas preventivas que permitan evitar que dicho riesgo se convierta en una realidad.
Influencia de la altitud
A partir de esos resultados, la investigadora Gamba concluyó que la altitud puede influir en la presencia de factores de riesgo cardiovascular, parámetros antropométricos y de crecimiento, ya que se observaron diferencias significativas entre los niños de Bogotá e Ibagué, los primeros con peso y talla más bajos.
Así mismo, el metabolismo de lípidos y carbohidratos se ve afectado por esta condición medioambiental, aumentando algunas concentraciones de biomoléculas en saliva. Por ejemplo, a mayor altitud mayor nivel de triglicéridos, y a menor altitud mayores concentraciones de leptina.
Se trata de factores que, según la investigadora, pueden ir de la mano de la ingesta de alimentos, que se vería modificada con la altura, posiblemente por la disponibilidad de los productos consumidos.
En cuanto a los niveles de actividad física, se encontró que casi el 49 % de la población estudiada presentó sedentarismo, aunque el nivel de actividad física moderada en los niños de Ibagué fue mayor frente a los niños de Bogotá.
Aunque no se encontraron diferencias significativas en las moléculas analizadas en saliva entre ciudades, en el estudio se sugiere la posibilidad de considerar la medición de estas variables como pruebas diagnósticas de riesgo cardiovascular, dada la reducción de costos y la facilidad para tomar este tipo de muestras.
Este primer análisis que se realiza en Colombia evaluando tales moléculas en saliva y correlacionándolas con el estado nutricional de los niños a diferente altitud, necesitaría estudios posteriores para determinar valores normales de referencia, advierte la magíster.
Fuente: agenciadenoticias.unal.edu.co

02 de julio de 2019
En el mundo, cada año se arrojan al océano entre cinco y 13 millones de toneladas de plásticos, y para 2050 la cantidad aumentará cinco veces, aseguran investigadores del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología (ICML) de la UNAM.
El uso irresponsable de esos desechos rebasa cualquier esfuerzo de manejo adecuado, situación que se agrava por la acción bacteriana, el oxígeno atmosférico, la radiación ultravioleta y la fuerza mecánica de las olas, que provocan que el 99 por ciento del plástico se fragmente en partículas minúsculas e imperceptibles (de uno a cinco milímetros), conocidas como microplásticos, que afectan a las especies marinas y, en consecuencia, a todo el sistema biológico.
En México, y en la mayoría de los países de Latinoamérica, el estudio de microplásticos es incipiente, lo que hace difícil diagnosticar los daños que se producen. “Ya se han encontrado estas partículas en organismos acuáticos, por lo que inferimos que no sólo contaminan nuestros mares, sino también los alimentos marinos que consumimos, lo que representa un riesgo para la salud humana”, detalló Jorge Feliciano Ontiveros Cuadras, investigador del ICML.
Para promover el estudio de microplásticos en 14 países de la región, la Unidad Académica Mazatlán del ICML, con auspicio del Organismo Internacional de Energía Atómica (IAEA, por sus siglas en inglés), forma parte del proyecto “Fortalecimiento de la vigilancia y respuesta regional para entornos marinos y costeros sostenibles”.
El equipo de trabajo, conformado por Ana Carolina Ruiz Fernández, Jorge Feliciano Ontiveros Cuadras, Joan Albert Sánchez Cabeza, Raquel Briseño Dueñas, Federico Páez Osuna y Sergio Rendón Rodríguez, académicos del ICML, con la colaboración de Lorena Ríos-Mendoza, de la Universidad de Wisconsin Superior, en Estados Unidos, impulsaron el estudio para analizar, de diciembre de 2018 a enero de 2019, la arena de seis playas del sur de Sinaloa, y el agua superficial del Estero de Urías y la bahía de Mazatlán.
“Son de los primeros esfuerzos para estudiar la situación de estas partículas en nuestro país; estamos convencidos de que debemos conocer la magnitud del problema para implementar acciones que permitan reducir su ingreso a nuestras playas y sistemas acuáticos”, dijo Ontiveros Cuadras.
Microplástico en las playas
Los resultados indicaron que la concentración de microplásticos en las playas del sur de Sinaloa oscila entre una y 10 partículas por kilogramo de arena. Estos valores preliminares son considerablemente menores que los registrados en zonas costeras de otros países, como Estados Unidos (entre 13 y 51 partículas por kilogramo), Taiwán (entre cuatro y 532) y Alemania (entre 14 y 532 partículas por kilogramo).
En las aguas superficiales alrededor de Mazatlán, el promedio es de 2.3 partículas por metro cúbico, equivalente a una tercera parte de la concentración promedio registrada para el norte del Golfo de México (6.0 partículas m-3), y una décima parte en comparación con otros sitios del mundo, como Corea del Sur (211 partículas m-3).
“Pese a las bajas concentraciones, se confirma la presencia de estos contaminantes en nuestros ecosistemas costeros, así como su disponibilidad para ser transferidos al ser humano a través del consumo de recursos pesqueros”, revela el informe.
Los investigadores alertaron que las escorrentías con desechos plásticos se incrementan sustancialmente con las lluvias, por lo que es necesario continuar con el monitoreo de arenas y agua de mar durante la próxima temporada de lluvias, a fin de evaluar el estado de la contaminación en Mazatlán.
Como resultado del proyecto, se divulgó la carta compromiso “Por un Mazatlán Libre de Plásticos”, para alentar la participación ciudadana, del sector público, académico y privado, y generar un marco legal que limite el uso de plástico, además de llevar a cabo una labor de concientización y educación ambiental, de la que ya se obtuvieron las primeras firmas de apoyo.
Boletín UNAM-DGCS-467/2019

01 de julio de 2019
El México actual es inconcebible sin las aportaciones de los ingenieros para su desarrollo; casi todo lo que poseemos, usamos o disfrutamos fue ideado por ellos. La ingeniería es una profesión liberal; no es ciencia ni arte, aunque participa de ambas vertientes, afirmó Gonzalo López de Haro, secretario general de la Facultad de Ingeniería (FI) de la UNAM.
El ejercicio de esta disciplina implica un buen juicio profesional: “luchamos permanentemente contra la incertidumbre, ante la ocurrencia de fenómenos naturales extremos, situación que debemos prever desde las etapas de diseño, lo que hace compleja nuestra función”.
Con creatividad y compromiso han contribuido al desarrollo y progreso del país. “En la Facultad estamos orgullosos de nuestros egresados, que con una sólida base científica y buena formación práctica han logrado materializar importantes desarrollos”, dijo en el marco del Día nacional del ingeniero, que desde 1974 se conmemora cada primero de julio.
Entre otras muchas labores, “perfeccionan y crean infraestructuras para la solución de problemas de la vida diaria, diseñan equipos, planean o dirigen operaciones”.
La UNAM, pionera en la formación de ingenieros
La ingeniería es una profesión al servicio de la sociedad, y aunque sus campos de acción son diversos, es realmente poco conocida. “Representa un gran abanico de especialidades. Actualmente la FI imparte 14 carreras”.
Hace 50 años no había muchas opciones en México para estudiarla; las dos instituciones precursoras son la UNAM y el IPN, pero en la actualidad las escuelas de ingeniería y el sistema tecnológico nacional se han consolidado en todo el territorio.
“Anualmente en México se titulan alrededor de 100 mil ingenieros, y en la FI alrededor de mil 700”, dijo.
“Hay gran variedad de orientaciones y buenas escuelas en el país, pero la Facultad de Ingeniería sigue siendo la mejor opción por su tradición, la formación de sus profesores y el equipamiento e infraestructuras con que cuenta. Los indicadores nacionales así lo señalan”.
La FI tiene alrededor de 14 mil estudiantes: cerca de 12 mil en licenciatura y aproximadamente mil 500 en maestría, doctorado y especialización. Cada año ingresan dos mil 500 alumnos.
Con una planta académica cercana a los dos mil profesores, técnicos y ayudantes, aspira a que sus egresados hagan del conocimiento algo práctico, “para que como profesionales participen en la resolución de problemas, diseñen obras y equipos, y planeen y dirijan operaciones”, subrayó López de Haro.
Al referirse al Día Nacional del Ingeniero, comentó que la idea de esta conmemoración fue impulsada, al inicio de la década de los 70, por Eugenio Méndez Docurro, ingeniero mexicano y exsecretario de Comunicaciones y Transportes.
“Es una fecha para reconocer el esfuerzo de los ingenieros, que todos los días se dedican a resolver desafíos y a proporcionar mejores condiciones de bienestar para la sociedad”.
Boletín UNAM-DGCS-463/2019

02 de julio de 2019
La capacitación en la prestación de un servicio público es un factor que determina la calidad y la eficiencia en el resultado final, es por eso que la Facultad de Ingeniería de la BUAP signó este día un convenio de colaboración con el organismo público descentralizado Carreteras de Cuota-Puebla (CCP), para realizar un diplomado en “Transporte Urbano y Conformación de Empresas de Transporte”.
En el marco del Día del Ingeniero en México, el director de la Facultad de Ingeniería, Fernando Daniel Lazcano Hernández, señaló que la Universidad tiene una responsabilidad social que al coordinarse con otras entidades, como CCP, puede dar respuesta a las necesidades de usuarios, concesionarios y transportistas, para cambiar el modelo tradicional de este servicio.
Al referirse al citado convenio, refirió que “la intención es profesionalizar tanto a los conductores como a los dueños del transporte en temas como la administración de empresas, normatividad, mantenimiento de unidades, estándares de calidad y responsabilidad social, para que brinden mejores condiciones para este servicio”.
Por su parte, el director general de CCP, Ramón Madariaga Rumoroso, destacó que en la actualidad el esquema “hombre camión” ha dejado de ser funcional, por eso es necesaria la actualización, además de emigrar a otros sistemas empresariales, como el BRT (Bus Rapid Transit), que faciliten la optimización y calidad del servicio, pero también permitan un mejor aprovechamiento y administración empresarial.
“Celebramos este esfuerzo conjunto para hacer que la base -es decir, ‘el hombre camión’- se organice de mejor manera y se fomente la creación de empresas en las que puedan participar los sistemas masivos de transporte, los cuales creemos son el futuro de las grandes metrópolis, como es el caso de Puebla”.
Este diplomado, el cual inicia este fin de semana y concluye el 16 de noviembre, consta de 120 horas de trabajo, distribuidas en cinco módulos. Los temas que abordarán son mejores técnicas empresariales, administración de empresas de transporte público y masivo, así como mejores prácticas profesionales, entre otros.
Fuente: buap.mx

01 de julio de 2019
Científicos de la UNAM crearon un parche que potenciará el proceso de recuperación por quemaduras en la piel. Hecho a base de productos naturales, libera fármacos, reduce el tiempo de cicatrización y mejora la calidad de la piel nueva; además, su consistencia transparente permite monitorear la lesión de manera no invasiva.
En México, cada año alrededor de 120 mil personas –equivale al cupo del estadio azteca– sufren heridas en la piel por agua caliente, electricidad, sustancias químicas o fricción. Más del 60 por ciento son niños de cuatro a cinco años de edad que tienen incidentes en casa, específicamente en la cocina (por agua hirviendo), o durante las vacaciones, indicó Gerardo Leyva Gómez, académico de la Facultad de Química (FQ).
“Las lesiones en la piel requieren de periodos prolongados para sanar; usualmente son difíciles de controlar con medicamentos debido a la severidad por la extensión dañada y por la profundidad de la quemadura, factores que pueden provocar la muerte de los accidentados” explicó Leyva.
Para reducir el tiempo y los altos costos que implica el cuidado de estos pacientes en el sector salud (30 mil pesos mensuales), Leyva Gómez y su equipo (conformado por la doctora María Luisa Del Prado Audelo y las estudiantes de Química Farmacéutico Biológica, Mónica Citlalli Guadarrama Acevedo y Raisa Alejandra Mendoza Flores) desarrollaron un material de curación de bajo costo, biodegradable y con nanopartículas que liberan antiinflamatorios y antioxidantes.
Con ello se favorece el cierre de heridas extensas provocadas por quemaduras, por ulceras por presión, arma punzocortante o pie diabético (este último requiere la aplicación de otros medicamentos para su curación).
Económico, biodegradable y transparente
La mayoría de los apósitos o sustitutos artificiales de piel que utiliza el sector salud son de importación y su costo es elevado, de tres mil a seis mil pesos por una extensión del tamaño y grosor de una hoja tamaño carta; pero los desarrollados por los universitarios, con características similares, fluctúan entre los 100 y 200 pesos.
Además, por estar hechos de un derivado de componente marino, una vez adheridos a la piel dañada se degradan en tres o cinco días.
Leyva Gómez explicó que al faltar una fracción de piel un problema recurrente son las infecciones, y las bacterias oportunistas difícilmente se pueden combatir por la resistencia que han desarrollado.
En respuesta, los científicos de la UNAM incluyeron en este apósito cutáneo nanopartículas de curcumina, que se liberan gradualmente una vez que entran en contacto con el tejido. La curcumina proviene de la raíz cúrcuma longa, con propiedades antinflamatorias, antibacterianas y antioxidantes.
En estudios recientes, Leyva Gómez y su equipo observaron que la calidad de la piel regenerada es multifactorial, pues depende del tratamiento farmacológico y quirúrgico, la etapa de rehabilitación, alimentación, edad y sexo. De la zona dañada se recobra cerca del 60 por ciento de funcionalidad, y en comparación con la piel sana, no tiene la misma hidratación, elasticidad y coloración.
“Una herida tradicional cierra en dos o tres semanas, dependiendo de la severidad, pero con nuestro apósito el proceso tardaría entre una y dos semanas, y se mejora la calidad de la piel”.
Finalmente, subrayó que el parche tiene poros microscópicos que permiten la transpiración, y por ser de material traslúcido, se pueden monitorear los procesos de cicatrización sin tocar la lesión; absorbe el exudado celular, mantiene un ambiente interno húmedo y posee flexibilidad para su manipulación.
Boletín UNAM-DGCS-464/2019