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MANIZALES, 28 de junio de 2019 — Agencia de Noticias UN-

Con la hélice diseñada por Juan David Villegas, estudiante de Ingeniería Electrónica de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Manizales, se obtendría energía eólica, solar y se aprovecharía el agua por dos vías: una, a través de la lluvia, y la otra con la instalación de un condensador que captura el líquido del aire.

El novedoso prototipo, denominado Generador Hidrohelic, es un híbrido que obtiene el recurso en simultánea del sol y del viento, con la posibilidad de almacenar el agua resultante de las precipitaciones y la condensación.

Este proyecto autosuficiente es una alternativa para los más de 1.700 municipios de Colombia que no tienen acceso a la energía eléctrica, pues solo es necesario instalar el artefacto para encender de ocho a diez bombillos distribuidos en diferentes habitaciones y conectar incluso una nevera.

Dentro de la investigación, el desarrollador indagó sobre la capacidad que tienen los espejos de reflejar la radiación solar y obtener más energía que instalando paneles solares convencionales. Por esta razón, en su diseño se instalaron los reflectores y paneles en una hélice que aprovecha el viento, con una batería que recolecta el recurso conseguido por medio del movimiento del viento y de los rayos del sol.

La estructura de la hélice está formada por paneles solares; el diseño cuenta con agujeros que permiten el paso del agua lluvia, lo que provoca el movimiento no solo a través del viento sino también del líquido, que al chocar con el artefacto activa el movimiento de las aspas para obtener energía aprovechando todos los estados climatológicos que se puedan presentar.

El estudiante propone instalar la hélice en los techos de las viviendas que no cuentan con el servicio de energía eléctrica; el prototipo, que mide 2 m de alto, puede proveer el recurso en una casa, incluyendo la conexión y el funcionamiento de algunos electrodomésticos.

Con la integración de los diferentes sistemas de recolección de energía eléctrica se busca incrementar la eficiencia de los prototipos fotovoltaicos o solares convencionales, de los cuales solo se obtiene el 15 o 20 % del rendimiento y alcanzar niveles de 60 % en la recolección de este recurso aprovechando la radiación, el agua lluvia y el viento.

Sin facturas, cobros, o red eléctrica, este prototipo brindaría una mejor calidad de vida en zonas rurales del país en las que no existe el servicio, o es intermitente.

Según las proyecciones del estudiante, el artefacto tendría un precio estimado de 1,5 millones de pesos.

“La materialización e implementación de este proyecto tendrá un gran impacto en la sociedad, debido a que está pensado para que sea de bajo costo y que provea soluciones integrales a personas de bajos recursos que viven en zonas apartadas y de difícil acceso”, comentó el desarrollador.

El proyecto, liderado por el estudiante Villegas, se realiza a través del aula STEM de la UNAL, en la que convergen diferentes disciplinas enfocadas en ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas, que al integrarse logran resultados interdisciplinarios.

Fuente: agenciadenoticias.unal.edu.co

27 de junio de 2019

Uno de cada seis mexicanos que migra a Estados Unidos cuenta con estudios de licenciatura o posgrado (maestría y doctorado), afirmó Camelia Nicoletta Tigau, del Centro de Investigaciones sobre América del Norte (CISAN) de la UNAM.

En el año 2000 había en la Unión Americana 269 mil con licenciatura, ahora la cifra se aproxima a 700 mil, y la tendencia es ascendente, aún con el discurso de Donald Trump, de que la migración calificada daña a los trabajadores locales, resaltó.

Es importante separar la postura gubernamental de la empresarial en Estados Unidos, porque algunos profesionistas sí han sido favorecidos por su preparación académica y tienen más posibilidades de ser contratados.

“Hemos visto casos de migrantes que cuentan con posgrado y al cruzar la frontera se desempeñan como taxistas, pero eso ocurre sólo los primeros meses, pues generalmente se insertan laboralmente de manera adecuada”, subrayó.

Reconoció que la descalificación se da más en migrantes que sólo cuentan con licenciatura, no así con quienes tienen posgrado: “hay diferencias enormes teniendo uno u otro grado académico”.

No sólo es por dólares

Tigau, quien cumple una década como especialista sobre el tema de la migración calificada en el CISAN, y quien se ha desempeñado como investigadora visitante del Baker Institute for Public Policy, en la Universidad Rice, en Texas, indicó que ha encontrado médicos que han sido formados en la UNAM, con más de 25 años en Estados Unidos, y allá han revolucionado la ciencia y la hematología.

“Permanecieron ahí no sólo por las oportunidades profesionales, también por las circunstancias de la vida, pero principalmente por no haber tenido un entorno profesional adecuado en México”, precisó.

De continuar las medidas restrictivas en nuestro país en materia de ciencia y tecnología, “hay que considerar qué efectos tendrá en la migración calificada”, remarcó.

“Aquí algunos se preguntan si vale la pena hacer un posgrado, estudiar más; claro que sí, las estadísticas demuestran que los posgraduados ganan más, pero no es sólo asunto de sueldos por lo que migran, es también por el ambiente profesional, el apoyo para hacer ciencia dura, los laboratorios, equipos de trabajo, la no violencia”.

Tigau concluyó que existen mexicanos calificados que dan prestigio al país, aun estando en el extranjero.

Boletín UNAM-DGCS-456/2019

26 de junio de 2019

Los bosques tropicales, también conocidos como selvas, son los ecosistemas terrestres más biodiversos del planeta, con más del 50 por ciento de todas las especies de microorganismos, hongos, plantas y animales. Son fundamentales para la regulación del ciclo del agua, evitan inundaciones, reducen los efectos del cambio climático producido por el hombre, contribuyen a reducir riesgos de derrumbes y deslizamientos, y ofrecen múltiples recursos alimenticios y medicinales, por ejemplo.

No obstante, también son los más amenazados. En México se estima que se ha perdido más del 70 por ciento de las selvas que el país tenía a lo largo de las costas del Golfo de México, del Océano Pacifico y en la Península de Yucatán. Como en la mayor parte de la América tropical, esa pérdida es resultado, principalmente, de la deforestación para la conversión de selvas a sistemas agropecuarios, sobre todo aquellos que son extensivos para el desarrollo de monocultivos.

“Su pérdida y degradación contribuye a la llamada sexta extinción masiva de especies, y de perderlas habrá complicaciones graves para la humanidad, pues su función es vital para la existencia de los seres humanos”, alertó Miguel Martínez Ramos, del Instituto de Investigaciones en Ecosistemas y Sustentabilidad (IIES) de la UNAM.

En el marco del Día Internacional de la Preservación de Bosques Tropicales, que se conmemora hoy, 26 de junio, el universitario añadió que la humanidad es parte integral de los ecosistemas, y sus actividades cotidianas los impactan, generalmente de manera negativa, y con ello se afecta la salud del planeta, pues si se suman las acciones de los casi ocho mil millones de habitantes, se tendrá una maquinaria que transforma todo.

Por ejemplo, los ecosistemas con alta diversidad natural, como las selvas, han sido reemplazados por sistemas industrializados para la producción de alimentos que los seres humanos y animales domésticos (incluidos gallinas, cerdos, cabras, borregos y vacas, entre otros) consumen a diario.

Pero con políticas públicas adecuadas y el trabajo con comunidades locales se puede lograr un balance entre la conservación de selvas y la producción de alimentos, afirmó el académico. “Es posible crear paisajes en forma de mosaicos, donde se incluyan selvas maduras y secundarias, así como sistemas agroforestales y silvopastoriles que combinen el desarrollo de plantas y animales de interés agropecuario con la biodiversidad nativa de cada región, con bases agroecológicas”.

Los científicos aportan conocimiento para contribuir a la conservación de la diversidad biológica de cada región, tomando en cuenta la producción, biodiversidad y capacidad de renovación de las selvas bajo diferentes escenarios de manejo de paisajes en mosaico, subrayó. De esta manera se impulsan acciones para reducir problemas ambientales como la pérdida del suelo, la contaminación de mantos acuíferos y las emisiones de dióxido de carbono.

En el país existen experiencias comunitarias donde se utilizan los recursos naturales de manera sustentables. Ejemplo de ello son los programas de manejo del bosque, basados en una renovación natural del ecosistema: se extrae la cantidad de madera que no implique un problema para la recuperación, y ésta se usa para la manufactura de muebles o de otros productos que ayuden a mantener la estabilidad económica, como ocurre en algunas comunidades de Michoacán (en San Juan Nuevo Parangaricutiro) y Oaxaca (en Ixtlán de Juárez).

La ecología como ciencia

México es uno de los países de Latinoamérica donde la ecología como ciencia se ha desarrollado de la mejor manera. Los programas de licenciatura, maestría y doctorado en el área permiten formar a profesionales e investigadores que podrán contribuir a solucionar problemas ambientales.

Es primordial la formación de jóvenes para realizar trabajo interdisciplinario, encaminado a la solución de problemas comunes a través de la confluencia de diferentes disciplinas. Es el caso del desarrollo sustentable, con un balance entre la producción y conservación en áreas rurales y urbanas.

La ecología aún debe avanzar, reconoció Martínez Ramos. “Lo que pasa dentro y fuera de las reservas debe entenderse de la mejor manera para enfrentar problemas ambientales y evitar la pérdida de ecosistemas y biodiversidad; deben ser estudiados de manera integral, con enfoques sociales, económicos, políticos, culturales y ecológicos, y con la participación de las personas involucradas”.

Existen acuerdos internaciones que establecen objetivos para alcanzar un equilibrio entre conservación y deforestación en zonas tropicales, que se pueden establecer a nivel nacional, estatal y municipal. Al respecto, el universitario habló de la necesidad de difundir información sobre el beneficio ambiental de estos ecosistemas, que puede ir de la mano con desarrollo económico para los mismos pobladores y, por ende, para el país.

Boletín UNAM-DGCS-454/2019

27 de junio de 2019

Investigadores del Instituto Politécnico Nacional (IPN) desarrollaron una aplicación móvil para alertar a la población sobre las zonas geográficas con altos índices de contaminación electromagnética, producida por redes de comunicación inalámbrica como WiFi y telefonía celular, que en 2018 registró casi 70 millones de usuarios en México.

El Doctor en Ciencias en Computación de la Escuela Superior de Ingeniería Mecánica y Eléctrica (ESIME), Unidad Zacatenco, Marco Antonio Acevedo Mosqueda, señaló que la telefonía móvil es una tecnología inalámbrica basada en una amplia red de radiobases, que trasmiten información mediante señales de radiofrecuencia. Existen más de 1,4 millones de estaciones de base en todo el mundo y la cifra está aumentando de forma considerable por el surgimiento de nuevas tecnologías, recalcó.

Advirtió que en México se ha abordado poco sobre el impacto que los campos electromagnéticos causan en el cuerpo y, aunque no se ha comprobado que causen una patología específica, se sabe que el uso excesivo del teléfono móvil (celular y WiFi) produce un efecto térmico. Además, estudios recientes mencionan que las ondas electromagnéticas de estos sistemas de comunicación alteran las ondas del cerebro.

A partir del proyecto multidisciplinario Desarrollo de aplicaciones para equipos móviles que alertan al ser humano de la exposición a los campos electromagnéticos, un grupo politécnico de especialistas registró ante el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI) una aplicación móvil para medir los niveles de señal emitidos por redes WiFi.

La herramienta está dirigida a los usuarios finales con el objetivo de brindar una herramienta de consulta que pueda ser desplegada directamente en su dispositivo móvil con sistema operativo Android. Tiene la ventaja que utiliza la información de GPS del dispositivo y despliega los niveles de señal emitidas en la zona en la que se encuentre. Dichos datos se envían a un servidor central de forma sencilla y controlada.

Este desarrollo integra además una aplicación web de gestión y consulta. Está pensada para trabajar con usuarios, monitores, zonas de monitoreo, casos de estudio, registros de monitoreo, niveles recomendados por las normas oficiales y documentación informativa complementaria.

Las alertas desplegadas por el sistema de monitoreo, permitirán a las personas conocer los lugares con altas concentraciones de radiación electromagnética para evitarlos o permanecer el menor tiempo en ellos.

Para corroborar la efectividad de la aplicación, los especialistas han llevado a cabo pruebas en la ESIME Zacatenco con buenos resultados. Actualmente no hay un sistema similar para medir la contaminación electromagnética, por lo que su desarrollo pudiera tener un gran impacto en el futuro.

En el proyecto participan, además de Acevedo Mosqueda, los investigadores de la ESIME Zacatenco, Miguel Sánchez Meraz y Federico Felipe Durán, así como la profesora Sandra Luz Gómez Coronel, de la Unidad Profesional Interdisciplinaria en Ingeniería y Tecnologías Avanzadas (UPIIITA), también del IPN.

Fuente: ipn.mx

MANIZALES, 26 de junio de 2019 — Agencia de Noticias UN-

En este proceso trabajó el ingeniero químico Roberto Arturo Agudelo, de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Manizales, con el fin de aprovechar las cerca de 22.300 toneladas de los residuos de café instantáneo que se desechan cada año en el país.

Para lograr la producción del alcohol etílico a partir de la borra de café es necesario separar dos polímeros que posee el material vegetal: la lignina y la celulosa, esta última compuesta por moléculas de glucosa, que es de donde se extrae el alcohol. Tradicionalmente este proceso se realiza a base de catalizadores inorgánicos como los ácidos, los cuales tienen un impacto agresivo y tóxico al medioambiente.

El investigador inició su proceso con la remoción de la lignina para trabajar solo con la celulosa, que es la fuente más importante de biomasa renovable disponible en la naturaleza.

A partir de la separación de estos polímeros investigó cómo obtener el nuevo insumo, indispensable en industrias como la producción de combustibles, que emplean materias primas que se agotan progresivamente, en especial el petróleo.

Obtener etanol por sacarificación y fermentación simultánea de la borra deslignificada, es decir después de la separación de la celulosa, fue la ruta que siguió el investigador para extraer el alcohol a partir del residuo del café instantáneo.

En la investigación transformó la celulosa a etanol en una sola etapa, para lo cual empleó un complejo celulolítico y un microorganismo fermentativo resistente a altas temperaturas.

Los consumidores colombianos

La empresa Kantar, experta global en comportamiento del consumidor, realizó un estudio en Colombia, el cual arrojó que los hogares colombianos gastaron más de 678.000 millones de pesos en el último año en la compra de café, equivalente al consumo de 7.907 millones de tazas. Esto significa que diariamente el residuo que se aloja en los filtros de las cafeteras sumaría una importante cantidad aprovechable y transformable en otros productos, pero por lo general termina en la basura, con lo cual se pierden todas sus propiedades y se desaprovecha su valor.

El etanol o alcohol etílico es un subproducto natural de fermentación vegetal, indispensable para fabricar productos de consumo masivo como gasolina, cosméticos, pinturas, lacas y licores, entre otros, explica el ingeniero químico de la UNAL en su tesis “Obtención de etanol a partir de la borra del café”.

Los residuos del café instantáneo están constituidos por compuestos orgánicos muy útiles –como la celulosa, la proteína cruda y la hemicelulosa– que se pueden recuperar y transformar en otros productos.

El objetivo de la investigación, además de obtener el nuevo producto, es recuperar los principales componentes de este material de desecho mediante procesos alternativos ambientalmente factibles, en procura de reducir el impacto ambiental frente al que se realiza hoy en día para obtener el etanol.

Las metodologías de innovación aplicadas en esta investigación se basan en la remoción bioquímica de la lignina, a partir del uso de enzimas provenientes de hongos y bacterias, las cuales tienen un alto potencial degradativo y son fácilmente absorbidas por la naturaleza.

El método empleado tiene la ventaja de requerir cantidades más bajas de enzima y de energía, y además se ha comprobado que la transformación al etanol funciona, y que la borra del café es una gran biomasa que se puede reciclar para obtener el alcohol de forma menos invasiva para el medioambiente.

Fuente: agenciadenoticias.unal.edu.co