
03 de julio de 2020
Científicos de la UNAM trabajan en una vacuna contra SARS-CoV-2; en un tratamiento para atender a pacientes con COVID-19, con base en Dexametasona administrada vía intranasal; y en un método para detectar anticuerpos de tipo IgG e IgM contra el nuevo coronavirus, que permitirá identificar a personas que han sido infectadas y han desarrollado respuesta inmune.
El equipo multidisciplinario, en el que participan integrantes del Instituto de Investigaciones Biomédicas (IIBm) y de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia (FMVZ) de la UNAM, en colaboración con personal de institutos nacionales de salud, hospitales y otras universidades, está conformado por más de 50 investigadores clínicos y básicos (18 de ellos del IIBm), y estudiantes de distintas especialidades.
“Es un grupo transdisciplinario que puede abordar objetivos tan ambiciosos como competir con las grandes empresas en el desarrollo de una vacuna, de métodos diagnósticos y de un protocolo de tratamiento de pacientes”, afirmó Juan Pedro Laclette, investigador emérito de la Universidad Nacional.
Vacuna sintética
La labor de los expertos es coordinada por Edda Sciutto, doctora en Investigación Biomédica Básica e integrante del IIBm, y quien ha realizado estudios sobre vacunas para prevenir la cisticercosis.
La universitaria explicó que trabajan en una vacuna sintética y se evalúa la posibilidad de que ésta sea intranasal o inyectada.
“Hay vacunas basadas en el patógeno completo, y otras en algunos de sus componentes, que pueden ser recombinantes o sintéticamente producidos. En nuestro caso, identificamos regiones del virus que pudieran tener gran capacidad de inducir una respuesta inmune, con el objetivo de sintetizarlas con un alto grado de pureza. Es lo que estamos evaluando actualmente en el IIBm: su capacidad de inducir una respuesta inmune eficiente”, detalló.
En función de los resultados obtenidos se podría formular la composición óptima de la vacuna para iniciar la evaluación de su capacidad protectora y su inocuidad en un modelo animal.
Dexametasona intranasal
En breve se pondrá en marcha un protocolo clínico para evaluar un nuevo tratamiento basado en la administración de bajas dosis de glucocorticoides intranasales, en particular Dexametasona, para atender a pacientes con COVID-19.
El protocolo se realizará en conjunto con médicos del Hospital General de México, del Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía, del Instituto Nacional de Cardiología, y con investigadores de la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas del Instituto Politécnico Nacional, la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, la Universidad Nacional Autónoma de Morelos, y el Instituto de Diagnóstico y Referencia Epidemiológicos (InDRE).
El objetivo es prevenir en pacientes moderados la desregulación de la respuesta inflamatoria; en pacientes graves las complicaciones respiratorias severas que obligan a la intubación y ventilación mecánica; y en los pacientes severos reducir el tiempo de asistencia respiratoria y mortalidad.
Joselín Hernández, de la Unidad de Medicina Experimental UNAM en el Hospital General de México, donde se iniciará el protocolo con 60 pacientes, señaló que “quienes estamos en hospitales necesitamos más herramientas para evitar que las personas hospitalizadas lleguen a la unidad de cuidados intensivos, y estando ahí no mueran. Desde el inicio sabíamos que teníamos pocas estrategias y casi todas han sido copiadas del tratamiento de la Influenza A H1N1”.
Recordó que cuando les propusieron trabajar en este proyecto sabían que podía ser una buena opción, “sobre todo para evaluar si el uso de glucocorticoides puede evitar que pacientes graves no críticos progreses a pacientes críticos”, dijo.
Graciela Cárdenas, del Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía, coincidió en que el protocolo puede brindarles herramientas para tratar a pacientes con COVID-19.
Al respecto, Sciutto resaltó que si los resultados son como esperan, buscarán que la aplicación de Dexametasona intranasal se realice en otras instituciones.
En tanto, Laclette remarcó que la propuesta de usar Dexametasona ha sido planteada desde hace más de dos meses y medio. “Aquí hay una innovación que es la aplicación intranasal, porque permite reducir la dosis, generando menores efectos colaterales negativos sistémicos, pero un efecto local antiinflamatorio más efectivo en vías respiratorias y en sistema nervioso central”.
Detección de anticuerpos
El equipo multidisciplinario también desarrolla un ensayo para detectar anticuerpos del SARS-CoV-2; para ello han recibido sueros de pacientes con COVID-19 del Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias y del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición, que son analizados en la Unidad de Investigación con instalaciones de BSL2 plus, de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la UNAM.
Ya se tienen ubicadas cinco moléculas que pudieran usarse para detectar anticuerpos. “En algunas semanas podríamos tener resultados y solicitar a las instituciones de salud más sueros para que, siguiendo la normatividad de la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios, validar el ensayo de inmunodiagnóstico, y a corto plazo poder ofrecer a la comunidad de la UNAM y a México esta prueba para saber si alguien tuvo o no la infección”, expuso Sciutto.
Laclette subrayó que para regresar a la nueva normalidad se requiere tener una idea del estatus inmunológico de la población. “Necesitamos saber qué proporción de la población va teniendo contacto con el SARS-CoV-2; sabemos que la mayoría son asintomáticos, y a través de pruebas masivas se puede evaluar la evolución de la epidemia en el país y tomar decisiones mejor fundamentadas”.
Finalmente, Sciutto invitó a estudiantes, académicos y personal médico de los hospitales a incorporarse a estas investigaciones, pues “hay mucho por hacer”.
Boletín UNAM-DGCS-566/2020

PALMIRA, 03 de julio de 2020 — Agencia de Noticias UN-
Este término surge de investigaciones en los campos de la responsabilidad social organizacional y de la economía colaborativa, en los cuales se encuentra que las principales problemáticas existentes radican en la moralidad con la que se maneja la información en las plataformas digitales.
Así lo advierte un grupo de investigadores de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira, para el cual “el compromiso empieza desde la persona que prepara el producto y la que lo lleva, hasta el usuario”.
Según explican, en este proceso las organizaciones deben entender que a través de la responsabilidad social digital tendrán una imagen frente a los consumidores, y que si no se aborda correctamente disminuirá su reputación y sus usuarios no tendrán un vínculo de confianza.
Luisa Rengifo, José Londoño Cardozo y Melissa Avendaño Carabalí, estudiantes de Administración de Empresas e integrantes del Grupo de Estudios Neoinstitucionales (GEN) de la UNAL Sede Palmira –dirigido por el profesor Carlos Tello Castrillón–, han liderado esta discusión en la que ya empiezan a ser referentes regionales.
Para esto, han usado como herramienta principal la revisión de literatura en las bases de datos, en especial las académicas. Inicialmente hicieron una exploración sobre la economía creativa, definida en 2001 por el autor británico John Howkins, en la que encontraron que en los sectores de la economía creativa aparece la producción de software y que es allí donde se conecta con la “economía colaborativa”, su segundo concepto clave.
El tercer factor que se conecta está relacionado con la responsabilidad social, el cual se analizó a partir de la tesis doctoral del profesor Tello.
En una radiografía general, la principal problemática encontrada es que muchas organizaciones no son responsables con el manejo de los datos de las personas y las utilizan sin consultar con sus usuarios para crear bases de datos con fines publicitarios, de mercadeo, e incluso políticos.
Otros aspectos que preocupan a los investigadores tienen que ver con lo que llaman “precarización laboral”, la cual se da desde las plataformas digitales. Esto consiste en que se contrata a una persona solo por dos horas o por un servicio, por ejemplo, lo que afecta los pagos, además de que no se tienen en cuenta las condiciones de seguridad en el trabajo.
Según los investigadores, muchas organizaciones están aprovechando este modelo para disminuir costos y empezar a dejar de lado la relación empleado-empleador.
Por su parte, los trabajadores que prestan estos servicios se dejan cautivar por la idea de tener una mayor libertad en el manejo del tiempo y porque les permite tener más empleos a la vez, pero no evalúan bajo qué condiciones.
Influencia del usuario
Los investigadores han reconocido que existe un juego de roles en el que el usuario común y corriente también es fundamental y tiene gran influencia en la responsabilidad social digital.
Es decir, cuando alguien usa un servicio de transporte a través de una aplicación o hace una compra en un portal web, tiene la oportunidad de informar a través de comentarios y calificaciones cómo fue su experiencia con ese servicio. Al hacer esto, los usuarios deben entender que su respuesta puede ser determinante para que otras personas decidan o no adquirir dicho servicio, y por consiguiente dicha experiencia.
Esta investigación también busca poner sobre la mesa la necesidad de pensar que la responsabilidad social digital es igual de importante que la social organizacional, que es de la que más se tiene conocimiento.
Esta crisis sanitaria ha demostrado que incluso los pequeños vendedores tienen la necesidad de generar vínculos más fuertes con sus usuarios para llegar a un público más grande.
Todos los detalles de este análisis serán expuestos en el panel de este jueves 2 de julio en el VI Simposio Internacional de Responsabilidad Social de las Organizaciones (Sirso), organizado por la Universidad Nacional de La Plata (Argentina), al cual fue invitado el profesor Tello.
Fuente: agenciadenoticias.unal.edu.co

PALMIRA, 01 de julio de 2020 — Agencia de Noticias UN-
En eso coincidieron los expertos que participaron en el panel “Diseño y territorio, emergencias y conflictos” –realizado por la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira–, quienes se refirieron a la necesidad de acercarse a las comunidades para generar procesos de cambio positivo y adaptación en un escenario pospandemia, más allá de la estética o la mera creación de productos.
Al respecto, destacaron la noción del diseño pensado a partir de la vida y las acciones que se pueden referenciar a mediano y largo plazo para que este se adapte a las nuevas condiciones de vida.
Para María Eugenia Rinaudo, analista ambiental y coordinadora de sostenibilidad de la Universidad EAN, “en medio de la actual crisis estructural se deben replantear muchos procesos en los que la bioinspiración debe ser un pilar, pues se trata de cómo la naturaleza puede ser una aliada para superarla”.
En ese sentido, llama la atención sobre nuestra relación tanto con las máquinas o con la tecnología como con nuestros cuerpos y con el hábitat, y las formas de producción y de organización.
Por su parte, Giulio Vinaccia, diseñador industrial y consultor principal para la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (Onudi), menciona la importancia de que el proceso del diseño vuelva a su origen y a las comunidades.
“Hemos estado demasiados años, décadas, al servicio de minorías, y en la pospandemia el cambio positivo que podemos ayudar a crear es una transformación en esas comunidades, resolviendo pequeños problemas. Para que esto sea posible es necesario salir de las oficinas para hacer trabajo de campo y construir esa otra manera de relacionarse con clientes y usuarios”, señaló el funcionario.
Transformaciones a corto y largo plazo
Entre las herramientas y los procesos que se pueden abordar desde el diseño, la analista Rinaudo resaltó la metodología de biomímesis, la cual estudia la naturaleza y la utiliza como fuente de inspiración para encontrar propuestas innovadoras.
Todo esto, según explica, “para poder no solo diseñar a partir de las funciones y las estructuras de la naturaleza, sino incidir en cambios comportamentales de las personas”.
De esta manera será posible transitar hacia la sostenibilidad y el diseño de territorios bioinspirados. Estos procesos deberán apuntar a la identidad territorial, la cual será clave para los procesos de resiliencia y adaptación que se necesitarán en el futuro.
Alejandro Echeverry, cofundador y director del Centro de Estudios Urbanos y Ambientales (Urbam) de la Eafit, resaltó que los hábitos que se están viendo reflejados en medio de esta pandemia serán importantes para acelerar cambios y generar la posibilidad de innovar en el diseño del hábitat.
Agregó que “hoy usamos nuestras casas de formas muy distintas; solo por poner un ejemplo, los espacios son completamente flexibles: la mesa del comedor se utiliza para miles de cosas, el valor de los balcones en nuestros climas tropicales es increíble, sobre todo pensando en la vivienda social”.
Además asegura que se debe dar una profunda reflexión sobre el consumo, lo cual tendrá grandes implicaciones en diferentes dimensiones del diseño.
Sin embargo, Manuel Lecuona, Ph. D. en Bellas Artes y experto en gestión de diseño en la empresa, asegura que el “diseño realmente puede estar operando como constructor del imaginario que hablaría de cómo establecer planes en todos esos sectores, dándole una configuración a través de todo su instrumental y pasar de lo formal al pensamiento”.
Esta idea del aporte desde el pensamiento es apoyada por Andrés Sicard, experto en cultura y diseño y docente de la Escuela de Diseño Industrial de Facultad de Artes de la UNAL, quien considera que “el diseño también tiene la posibilidad de volver a poner nuevos significados de palabras que han estado gastadas”, pues es allí donde existe una oportunidad para poder renombrar, nombrar o recuperar denominaciones de ciertas cosas que han perdido valor.
Fuente: agenciadenoticias.unal.edu.co

03 de junio de 2020
Para reducir riesgos de infección por SARS-CoV-2, el Instituto Politécnico Nacional (IPN) recomienda a especialistas y estudiantes de odontología extremar precauciones durante la atención dental, debido a que es complicado mantener la sana distancia entre ellos y los pacientes, por ello es imprescindible reforzar las medidas higiénicas, así como la desinfección de instrumentos y materiales que se emplean en la práctica clínica porque están en contacto directo con fluidos de la cavidad oral.
En ese sentido, el Secretario de Educación Pública, Esteban Moctezuma Barragán, ha señalado que la población debe entender en su justa dimensión la profunda transformación que vive México en su sociedad, aunado a fortalecer una cultura de la salud, que será promovida mediante una escuela renovada, que responda a la Nueva Normalidad.
Por su parte, el Director General del IPN, Mario Rodríguez Casas, ha referido que esta casa de estudios otorga una formación basada en la ciencia y la tecnología, con habilidades y valores humanísticos y sociales.
En tanto que el Jefe de la carrera de Odontología del Centro Interdisciplinario de Ciencias de la Salud (CICS), Unidad Santo Tomás, Ernesto Cuauhtémoc Sánchez Ayala, destacó que actualmente la atención está restringida, pero, en cuanto lo permita el semáforo en color verde, será imprescindible reducir el número de citas por día y espaciarlas para desinfectar la unidad dental, realizar cambio de bata, cubrebocas y guantes, así como reemplazar las piezas rotatorias e instrumental.
El especialista en salud bucal subrayó la importancia de que únicamente se atienda a las personas con temperatura inferior a los 37.5oC. “Por el cuidado de todos será necesario que los pacientes porten cubrebocas durante su estancia en la sala de espera, se laven las manos al llegar y salir de consulta y al ingresar desinfecten su calzado en un tapete específico para ello”, apuntó.
El catedrático del IPN mencionó la conveniencia de que los odontólogos vistan pijama quirúrgica y utilicen bata, gorro y cubrebocas desechables (que deberán cambiar después de atender a cada paciente), así como careta y dobles guantes, ya que la distancia entre los pacientes y ellos es muy corta y el riesgo de contagio es mayor.
“Es muy importante que los odontólogos cuenten con varias “piezas de alta velocidad” (instrumentos rotatorios) estériles, ya que éstas giran a una velocidad entre 100 mil y 450 mil revoluciones por minuto y al hacerlo emiten presión de aire y agua para facilitar la realización de cavidades en los dientes. Esto genera salpicaduras de saliva o sangre y por ello este instrumento debe estar totalmente estéril”, indicó.
También es importante, dijo, proteger con una película plástica la unidad dental, la pieza de alta velocidad y la lámpara. “Para reducir el riesgo de infección por SARS-CoV-2, es conveniente desinfectar con cloro diluido o alcohol al 70 por ciento esos emplayes después de atender a cada paciente”, expuso.
El maestro Cuauhtémoc Sánchez precisó que en la Clínica de Odontología, ubicada en el CICS, Unidad Santo Tomás, en donde se atiende a integrantes de la comunidad politécnica y a población abierta, se realizarán adecuaciones para evitar contagios. “La primera medida será reducir el número de pacientes y atender únicamente a personas con cita programada”, agregó.
Refirió que se contará con dos filtros, uno a la entrada de la unidad académica y otro para ingresar a la clínica, en los que se tomará la temperatura de los pacientes, se colocarán tapetes sanitizantes y alcohol en gel en la sala de espera y en la clínica, así como divisiones de acrílico entre cada unidad dental, las cuales se desinfectarán después de atender a cada paciente, los maestros y estudiantes deberán portar los uniformes y la protección antes descrita. Además, se promoverá mediante carteles la conservación de la sana distancia en la sala de espera, en la que únicamente se podrá permanecer 15 minutos antes de la cita.
El profesor politécnico subrayó que como parte de las estrategias institucionales se evitarán aglomeraciones en la clínica, mediante la reducción de profesores, alumnos y pacientes. Además, puntualizó, se solicitará a quienes asistan a consulta no llevar accesorios como relojes, aretes, anillos, pulseras, uñas largas y no se permitirá el uso de celulares durante su estancia en dichas instalaciones.
Fuente: ipn.mx

01 de julio de 2020
La utilización de plasma de convalecientes no es un método nuevo; el primer reporte fue hace más de un siglo, en octubre de 1918, y aunque los resultados sobre este son variables, en plena pandemia representa una ruta para tratar a pacientes con el virus SARS-CoV2, así lo consideró la doctora Indiana Torres Escobar, responsable de la Academia de Infectología de la Facultad de Medicina.
“En el 2003, cuando apareció el primer SARS empezaron a registrarse investigaciones al respecto y se mostraron resultados prometedores con el uso del plasma, igual se probó con el virus del MERS, e incluso con el ébola, con el que los resultados fueron mejores; no obstante, hay que tener claro para qué serviría el plasma en una situación como la que vivimos con el COVID-19”, declaró.
Para entender la técnica del uso de plasma, la doctora Indiana Torres explicó que una persona cuenta con dos tipos de inmunidad: la natural y la artificial, las cuales pueden ser activas o pasivas. La inmunidad natural pasiva es con la que nacemos, es decir, la que trasmiten las madres a sus hijos; mientras que la natural activa se produce cuando una enfermedad se desarrolla y se generan anticuerpos cuando el organismo reconoce la enfermedad.
En cuanto a la artificial activa, señaló que un ejemplo son las vacunas, pues a partir de su aplicación se generan anticuerpos. A su vez, la inmunidad artificial pasiva es aquella en la que los anticuerpos se pasan directamente, a esta corresponde justamente la utilización del plasma de convalecientes.
“En teoría, al tener los anticuerpos del plasma de una persona que padeció la COVID-19, se podrían emplear para prevenir y para tratar, pero realmente se está utilizando para reducir la mortalidad al tratar a pacientes graves con el plasma de pacientes que ya vencieron la enfermedad. Parte de la inmunidad que se generará a mediano o corto plazo, que da la posibilidad de neutralizar el virus, evitando que se replique”, añadió.
Continúa la experimentación
La doctora Torres Escobar destacó que el problema con el uso del plasma son los anticuerpos neutralizantes que no son desarrollados en la misma cantidad por todas las personas que tuvieron la enfermedad y que no han sido estudiadas las diferentes manifestaciones clínicas que tienen los pacientes con COVID-19, además, las cantidades de plasma y el mejor momento de aplicación no están todavía establecidos, por lo que se desarrollado diversos protocolos.
La investigadora recordó que la utilización del plasma no sólo se ha empleado para el SARS-CoV-2, también para los virus H1N1 y H2N5, y en todos los casos los resultados han sido totalmente variables.
Con relación al SARS-CoV-2, dijo que el 20 de febrero de este año se dio a conocer por primera vez la asociación del uso del plasma de pacientes convalecientes con una reducción importante de la carga viral, además de modificaciones en el impacto que el virus tiene en el aparato respiratorio y sobre las citocinas, que son la respuesta inflamatoria que el organismo tiene a partir de la inserción con el virus.
“Lo que se observó fue una disminución en las estancias hospitalarias y la mortalidad, por lo que se planteó que el uso del plasma de convalecientes, a través de una transfusión, podría ser beneficioso para los pacientes”.
Cómo se obtiene el plasma y los protocolos
Indiana Torres indicó que para obtener el plasma hay que realizar un procedimiento llamado aféresis, el cual consiste en lograrlo cuando la sangre que se extrajo se introduce en una máquina y a través de un centrifugado se separa el componente elegido y el resto se devuelve al donante.
“Más o menos se obtienen entre 400 y 600 mililitros de plasma por paciente, lo que podría ser utilizado para dos o tres personas, dependiendo de la cantidad que se vaya a transfundir. En México, el 20 de abril de este año, la Secretaría de Salud emitió lineamientos técnicos para realizar protocolos de investigación relacionados con el uso del plasma para tratar el SARS CoV-2, lo que fijó las bases para los comités de ética y para las instancias correspondientes.”
Los protocolos implican que los donantes deben estar recuperados de COVID-19, a fin de garantizar que ya no son portadores del virus. Asimismo, deben tener anticuerpos suficientes para ser utilizados; también garantizar que en los laboratorios donde se recolecte el plasma haya médicos que traten COVID-19, quienes deben pedir la autorización a pacientes y familiares, además de vigilar la protección de los receptores del plasma, a fin de evitar que adquieran otro tipo de contagios.
Los inconvenientes
A pesar de que la utilización del plasma representa un método que aún no está aprobado, ha dado resultados prometedores, de ahí el llamado de la Secretaría de Salud para exhortar a la donación de plasma. La doctora Indiana Torres aclaró que los resultados hasta este momento no son concluyentes, pues, entre otras cosas, los ensayos serológicos que permiten determinar la cantidad de anticuerpos con los que se puede saber cuál fue la respuesta inmunológica de una persona, tienen resultados variables.
“Según lo que sabemos hasta este momento, cada persona tiene una respuesta inmunitaria diferente al adquirir el SARS-CoV-2. Quedan preguntas sobre la dosificación, los tipos óptimos de anticuerpos, el momento de la administración, etcétera. Hay más de 20 estudios que ya han presentado resultados preliminares con la aplicación de distintas dosis —de 200 a 300 ml de plasma—, pero no todos los resultados son similares”.
Recalcó que efectivamente hay evidencia en la reducción de morbilidad y mortalidad con el uso del plasma, pero este no necesariamente es inocuo, porque la transfusión puede provocar afectaciones pulmonares o a nivel circulatorio, además de un posible empeoramiento del daño tisular.
“No hay consenso científico aún porque no están totalmente entendidos algunos fenómenos relacionados con los anticuerpos o la inmunidad endógena, entonces hasta ahora los riesgos siguen, pero una cosa que sí es importante es que los resultados son altamente prometedores, además de que hasta este momento no se puede decir que a través de la transfusión se pueda transmitir el SARS CoV-2, debido a que se trata de un virus respiratorio”.
En México, sobre todo en el norte de la República, pero también en Puebla, distintos centros ya trabajan con esta técnica, lo que conlleva a un proyecto nacional de uso de plasma que aún está en etapa experimental. Estas investigaciones se encuentran reguladas por el CONACyT y por la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios.
“Todo lo relacionado con COVID-19 está en un proceso de conocimiento, es decir, hay muchas cosas que apenas se están estudiando, los reportes son muy variados porque la respuesta inmunológica en cada paciente ha sido distinta, lo que sí es importante es que las personas que ya se recuperaron puedan donar plasma al Centro Estatal de la Transfusión o bien donde fueron atendidos”, concluyó la especialista.
Fuente: buap.mx