
MANIZALES, 10 de julio de 2020 — Agencia de Noticias UN-
La técnica fue propuesta por el Grupo de Investigación en Procesos Reactivos Intensificados con Separación y Materiales Avanzados (Prisma) de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Manizales, que empleó la técnica conocida como salting-out o precipitación con antisolvente.
Se trata de una operación comúnmente usada en la industria farmacéutica por permitir altos rendimientos, pureza de los productos y rapidez de reacción.
“Con el proceso salting out, también conocido como precipitación salina –usado para extraer proteínas– se modifica la solubilidad de una sal presente en solución con la inclusión de un agente antisolvente (agua y orgánicos) u otra sal, lo que permite separar más facilmente la nueva sal (sulfato de sodio) de la mezcla”, explicó el profesor Miguel Ángel Gómez García, del Departamento de Ingeniería Química de la UNAL Sede Manizales.
Para el desarrollo de la investigación se utilizó como antisolvente 0,5 gramos de etanol, con el fin de garantizar que la solubilidad del cloruro de sodio sea lo suficientemente alta para llevar a cabo la disociación de los iones y que la solubilidad de sulfato de sodio sea muy baja para que permita su precipitación.
En Colombia las importaciones de sulfato de sodio en 2018 superaron las 219.000 toneladas, provenientes principalmente de China, Francia, Brasil, Rusia, Islas Vírgenes, Estados Unidos y España, por un valor de casi 11 millones de dólares.
“Con esta nueva técnica se prevé la producción del 20 % de las importaciones de sulfato de sodio al país, para lo cual se debe tener un proceso continuo de trabajo las 24 horas del día y los 365 días del año, y se deben tener disponibles 1.057,2 kg/h de cloruro de sodio y 887,2 kg/h de ácido sulfúrico”, detalló el profesor Gómez.
Planta de producción
Como parte de la investigación se estructuró la puesta en marcha de una planta de producción, en la cual se consideró el precio de las materias primas y productos incluido el transporte o flete y un seguro de mercancía.
El costo capital total asciende a los 9.790 millones de pesos. Dentro de este se incluyen los costos del montaje, instalación, tuberías y accesorios, instrumentación y control, instalaciones eléctricas y construcciones civiles.
“Desde el punto de vista económico se considera un proceso rentable, debido a que se obtiene un margen de ganancias cercano a los 650 millones de pesos/mes. Según esta utilidad es posible recuperar la inversión inicial (costo total de capital) en un lapso de 1,5 a 2 años. Además, podría satisfacer un gran sector del mercado interno colombiano”, añadió el docente.
Producción de sulfato de sodio
El sulfato de sodio es la forma natural más común de las sales de sodio. Sus formas minerales más usuales se pueden encontrar en depósitos masivos de sales solubles, como los lagos salinos y playas del mundo.
En la industria mundial de químicos, la mayor parte del sulfato de sodio se obtiene por la extracción minera de materiales ricos en sodio y sulfato como las sales naturales. Los materiales son extraídos por remoción directa o por extracción mecánica. Después de un pretratamiento, las fuentes de sodio se purifican con ayuda de lavados continuos, evaporaciones y disoluciones-cristalizaciones; para la extracción de estas sales minerales se necesitan solventes agresivos, los cuales son dañinos para el medioambiente.
Con la técnica propuesta por la UNAL Sede Manizales se disminuye el consumo energético, el tamaño y número de los equipos y los costos de operación y de servicio.
Fuente: agenciadenoticias.unal.edu.co

10 de julio de 2020
Investigadores de la UNAM demostraron científicamente la validez del método artesanal empírico para medir la adecuada cantidad de alcohol en el mezcal.
Este proceso ancestral consiste en vaciar, con un carrizo, un chorro de la bebida en una jícara y observar cuánto tiempo se mantienen las burbujas en la superficie.
Tras conocer este método, los expertos lo estudiaron en laboratorio, con bases teóricas de física de fluidos, experimentos y modelos numéricos del tiempo de vida de las burbujas, con lo que además de comprobar su efectividad, se abre la posibilidad de utilizarlo, por ejemplo, para identificar mezcal adulterado.
El estudio, encabezado por Roberto Zenit, del Instituto de Investigaciones en Materiales (IIM), en el que participaron José Federico Hernández, del Instituto de Ciencias Aplicadas y Tecnología (ICAT); Mónica Wilhelmus, de la Universidad de California; y Gibran Rage, tesista de Zenit, fue aprobado para su publicación en la revista Scientific Reports.
Zenit, especialista en flujos multifásicos, explicó que las burbujas sobre la superficie de un líquido aparecen en muchos fenómenos naturales. En este trabajo, reunió su interés por las burbujas y por una bebida de identidad nacional que, para elaborarse, requiere un conocimiento empírico que resulta ser muy preciso y eficiente.
“Me interesó contribuir a la validación de esta técnica ancestral a través de un estudio científico y demostramos que este método, que evalúa si el mezcal está listo para su consumo, es efectivo para medir si la proporción de alcohol en la mezcla es la correcta”, detalló.
Wilhelmus añadió que “si uno ve en distintos fenómenos de la naturaleza procesos donde las burbujas permanecen mucho tiempo, como las olas del mar, se pueden hacer inferencias, por ejemplo, del tipo de contaminantes que hay en esos medios”.
Burbujas de equilibrio
En el mezcal se da una combinación de fluidos, donde las distintas sustancias que le dan sabor contribuyen a que en esa combinación de agua y etanol haya una estabilidad inusual del tiempo de vida de las burbujas.
Según los modelos numéricos, cuando la cantidad de etanol es la adecuada, permanecen hasta 30 segundos antes de deshacerse, en vez de los cinco segundos que se mantienen si hay mucha agua o mucho alcohol.
“Esto corrobora la información empírica de los productores de mezcal, que dicen que cuando la cantidad de alcohol es la correcta, las burbujas viven más”, resaltó Zenit.
En el sector industrial, este estudio podría utilizarse para identificar mezcal adulterado, y también en la industria de la fermentación, en la que se debe controlar la cantidad de espuma de la cerveza.
“Para predecir cualquier fenómeno de la naturaleza en un proceso industrial, primero hay que entender la física. Si comprendemos qué es lo que determina que existan o no las burbujas, se pueden hacer ajustes en el proceso industrial para hacer que las burbujas vivan más o vivan menos”, finalizó.
Boletín UNAM-DGCS-584/2020

La presión social hacia mujeres con cabello afro es un racismo estructural, proveniente de las etapas esclavistas del siglo XVI, que continúa hoy en Latinoamérica y en otras partes del mundo, afirmó Metztli Molina Olmos, de la Facultad de Filosofía y Letras (FFyL) de la UNAM.
Al hablar de los avances de su estudio “El pelo afro no se toca: resistencia desde el activismo estético”, la integrante del Colegio de Estudios Latinoamericanos recordó que desde entonces se daban azotes y se trasquilaba a quienes expusieran su cabello, porque incomodaba a los demás.
Se trata de una corporalidad negada, pues los cánones de la belleza occidental indican una piel clara y el pelo liso, y quienes no los tengan sufren presión social y violencia, dijo.
“Todo lo que no se parezca a lo blanco y liso es raro, exótico, extravagante, y por eso a las mujeres con cabellos retorcijados se les intenta tocar la cabeza, y eso es violencia hacia los cuerpos y el espacio personal”, advirtió.
Historia en círculos
La prohibición del cabello afro en las leyes de trata de personas (a partir del siglo XVI) llegó a tal grado, que surgieron algunas legislaciones al respecto, para que fuera trasquilado, resaltó Molina Olmos.
“Como referente tenemos en Estados Unidos la ‘Ley de Negros’, de 1735, en Carolina del Sur, de los primeros estatutos que especificaban el tipo de vestimenta que los afroamericanos debían usar. En 1785 se implementó una en Luisiana, que estipulaba el uso de turbantes o pañuelos (sólo blancos o grises) en la cabeza para que las mujeres no mostraran su cabello”.
Estos pañuelos eran usados por empleadas domésticas, campesinas, las esclavizadas… “todo esto deriva en una corporalidad negada, porque parte de su cuerpo no podía ser utilizado, ni siquiera tener una representatividad, porque estaba prohibido mostrarlo”, remarcó.
Comunicación capilar
Tanto el pelo afro como los turbantes tuvieron un proceso en el que se volvieron “símbolo de identidad propia y comunitaria”, ante una sociedad que les decía que tenían que usarlo porque eran esclavas, alisarse el cabello o estar acorde a los parámetros estéticos occidentales.
“El turbante tiene muchas denominaciones, depende de sus usos utilitarios y simbólicos; se crearon en el crisol de la esclavitud y también dentro de las mismas comunidades. Por ejemplo, el nudo o moño a la derecha denotaba que la portadora estaba casada, a la izquierda que estaba soltera, en la parte de atrás que estaba viuda, en la parte de enfrente que iba de fiesta o que estaba de ‘rumba’”, describió.
Una página histórica más se dio con el movimiento Black is beautiful, nutrido por el movimiento de la negritud, en los años 60, donde surgió el peinado afro como un símbolo de resistencia. No es que antes no lo fuera o no existiera, pero se reivindica este movimiento a partir de portar así el cabello, porque a finales del siglo XIX a Estados Unidos llegaron los primeros “desenrizadores”, que eran como cremas para alaciarse el cabello.
Black is beautiful alentó a muchas mujeres para que ya no se lo alisaran, sobre todo porque en ese proceso utilizaban sustancias químicas que provocaba quemaduras en la cabeza.
Al día de hoy continúa la presión social contra el cabello rizado, reiteró Metztli Molina. Los cánones de estética establecen que debe ser liso, tanto en el trabajo como en la escuela; hay casos de mujeres que desde la niñez les practicaron el primer planchado de cabello a sus hijas, y no con un artilugio, sino con productos químicos.
Por ello, en Panamá surgió el “Día de las trenzas”, que se celebra cada 21 de mayo desde 2012, a raíz del caso de una señora que llevaba a su hija con trenzas y le prohibieron el ingreso al plantel, concluyó.

10 de julio de 2020
Para combatir el robo de motocicletas, egresados del Instituto Politécnico Nacional (IPN) desarrollaron un sistema de seguridad, el cual funciona mediante dispositivos de interconexión entre el vehículo y el casco, de tal manera que al registrarse una distancia considerable entre ambos, el motor se apaga automáticamente y se bloquean todos sus mecanismos.
El Secretario de Educación Pública, Esteban Moctezuma Barragán, ha destacado que las Instituciones de Educación Superior se vinculan de manera muy clara con la realidad nacional, mediante la investigación y el desarrollo, enfocados a resolver y a atacar diversas problemáticas sociales y económicas de nuestro país.
Asimismo, el Director General del IPN, Mario Alberto Rodríguez Casas, ha señalado que la vida cotidiana ahora tiene que ver con la comunicación entre máquinas, robótica, inteligencia artificial, internet de las cosas, el cómputo en la nube, pero sobretodo con el conocimiento, de ahí la importancia de este proyecto que ofrece alternativas de solución ante hechos que aquejan a la sociedad.
Cabe señalar que el sistema de sensores, creado por Pedro Fabián Malvaez y Jonathan Mauricio Flores Monroy, egresados de la Escuela Superior de Ingeniería Mecánica y Eléctrica (ESIME), Unidad Culhuacán, no solamente apaga el motor del vehículo, también bloquea el freno mecánico delantero para impedir su arrastre, al momento que emite un mensaje de alerta al teléfono celular del usuario indicándole la ubicación de la motocicleta en tiempo real.
Explicaron que gracias a este prototipo, los delincuentes podrán avanzar sólo unos cuantos metros, lo que dará tiempo al conductor para resguardarse o solicitar apoyo de la policía y posteriormente recuperar su vehículo.
Para el funcionamiento de los dos dispositivos, uno colocado de manera discreta en el casco y otro en la motocicleta, para permitir su interconexión, los politécnicos desarrollaron un software programado con comandos, algoritmos, códigos de comunicación, y programación de acciones para el microcontrolador.
Adicionalmente este prototipo cuenta con un programa computacional en el que previamente se almacenan datos del propietario de la motocicleta, como nombre, dirección, fotografía, tarjeta de circulación, placas, número de serie y color del vehículo, toda esta información es enviada por mensaje para que la persona pueda hacer la denuncia correspondiente.
La eficacia del prototipo radica en la combinación de varios sistemas como el de comunicación entre microcontroladores, bloqueo automático del freno delantero; localización GPS; comunicación GS y el de batería que alimenta todo el circuito. El fuerte consumo de energía se solucionó de manera muy fácil con la colocación de un switch para encender y apagar el sistema a conveniencia.
En el caso de que el ladrón también hurte el casco, el sistema puede ser habilitado a la distancia con solo una llamada al equipo de soporte técnico, quien luego de verificar la autenticidad del usuario procederán al bloqueo de la unidad.
Fuente: ipn.mx

09 de julio de 2020
A lo largo de 35 años, el Jardín Botánico Universitario (JBU) ha conformado cinco colecciones científicas de gran importancia a nivel estatal y regional. La más reciente, un banco de germoplasma de ocho especies de árboles que se encuentran en estado vulnerable y bajo amenaza, así lo dio a conocer la doctora Maricela Rodríguez Acosta, investigadora en esta dependencia de la BUAP.
Esta colección forma parte del proyecto Building Capacity and Implementing Tree Conservation in Mexico, el cual es financiado por la Botanic Gardens Conservation International. Gracias al apoyo de esta organización no gubernamental, el JBU recolectó un total de 53 mil 929 semillas, de las cuales 40 mil 188 están resguardadas en el banco de germoplasma de Ciudad Universitaria.
Las otras 13 mil 741 semillas están protegidas en el Centro Nacional de Recursos Genéticos, en Tepatitlán de Morelos, ya que por cuestiones de seguridad no es pertinente que todas las semillas permanezcan en un mismo lugar debido a las zonas sísmicas de alto riesgo.
De las ocho especies de semillas de esta colección, las Vibumum microcarpum, Cymbopetalum baillonii y Bernardia macrocarpaA pertenecen a la categoría de vulnerables de acuerdo con la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza; mientras que las Beaucarnea gracilis Lem y la Guaiacum coulteri están catalogadas como amenazadas, con base en lo establecido por la Norma Oficial Mexicana NOM -059- SEMARNAT 2010.
En lo que respecta a las semillas Peudosmodingium barkleyi, Beaucarnea alsonii y Yucca mixtecana, son especies raras y aún no han sido evaluadas por alguna de las dos instancias mencionadas.
Rodríguez Acosta afirmó que con este proyecto,la BUAP salvaguarda árboles del futuro, ya que es posible que en 30 años ya no existan en las zonas donde se recolectaron las semillas, debido al crecimiento urbano. Por ello se busca evitar la extinción de estas especies, para sembrarlas más adelante en lugares seguros para su crecimiento.
Estos ejemplares son almacenados a una temperatura de -20 grados en el Laboratorio de Ecofisiología y Conservación del JBU, para que puedan preservarse por más de 30 años; incluso, podrían perdurar hasta 150 años bajo las condiciones adecuadas.
Michelle Xicotencatl Lozano, responsable del área de conservación del JBU, explicó que antes de refrigerar las semillas estas pasan por un proceso sistemático en el que se limpian, se les hace una prueba de flotación en alcohol para comprobar su viabilidad, una caracterización morfológica y se asegura que no contengan humedad, entre otras pruebas que garanticen su buen estado para la preservación.
Las otras cuatro colecciones que resguarda el JBU son: Plantas vivas que alberga mil 350 especies de plantas silvestres, de las cuales 80 por ciento son nativas; Plantas herborizadas, conformada por 56 mil muestras de todo el estado de Puebla.
Además, el Herbario Histórico de la Biblioteca Lafragua, que data del siglo XX y está integrado a su vez por cinco colecciones que actualmente están siendo digitalizadas para su conservación y su consulta a nivel mundial; y, por último, la Colección de muestras medicinales de uso conocido, cuya adquisición se estima ocurrió de 1902 a 1938, es de origen alemán y cuenta con 182 frascos con plantas de gran valor médico, como la digitalis, amapola y belladona.
Todas estas colecciones biológicas están bajo la responsabilidad de Allen Coombes, curador del JBU, quien expresó que la preservación de las semillas de los árboles será un beneficio para las siguientes generaciones, así como para las investigaciones que de este esfuerzo se deriven.
Fuente: buap.mx