
13 de julio de 2020
En el Laboratorio Nacional para Plantas en Condiciones Controladas (PlanTECC), de la Escuela Nacional de Estudios Superiores (ENES) León, expertos realizan mediciones de la eficiencia fotosintética de las plantas; servicios para su crecimiento; detección de sus enfermedades; caracterización de cepas microbianas; análisis genómicos, bioinformáticos y de biología molecular.
Estas acciones se llevan a cabo con equipos únicos en el país, y con ello la Universidad Nacional impulsa el uso de la biotecnología como una herramienta para resolver las necesidades del campo, afirmó Harumi Shimada Beltrán, responsable del laboratorio.
El objetivo es que los productores sepan que hay otras formas no tradicionales de resolver los problemas de los cultivos, e impulsar la biotecnología, “que nos puede dar mucha información sobre los patógenos y para el mejoramiento genético de las plantas”, dijo la doctora en Ciencias y especialista en biotecnología de plantas.
Además, continuó, el laboratorio tiene invernaderos y cámaras de crecimiento donde se pueden realizar estudios controlados, repetibles para empresas y/o productores.
“La gente asocia la biotecnología con las plantas transgénicas, pero es mucho más que eso, es un área que se puede seguir impulsando en el país para mejorar la producción agrícola”.
Un enfoque del PlanTECC es la caracterización fisiológica de las plantas. El fenotipeo estudia sus caracteres, en los que se puede ver y/o medir, por ejemplo, el tamaño del fruto y la hoja, y esto se relaciona directamente con los genes. “Esto puede ayudar a mejorar la cantidad de productos”, explicó.
Si se puede entender cómo los genes tienen un efecto en la producción del fruto, entonces se puede ayudar a cambiar la producción; si se entiende cómo funciona un patógeno, se pueden ampliar las herramientas para controlarlo, detalló.
En este espacio universitario, un investigador estudia el microbioma (ambiente de microorganismos) del suelo donde crece el maíz, para entenderlo y mejorarlo, y lograr un desarrollo óptimo.
Otro grupo trabaja con microorganismos benéficos para las plantas, que les ayudan a crecer, mientras otros equipos analizan patógenos como la Phytophthora y los nematodos, los que más afectan a la agricultura.
“Brindamos asistencia principalmente en el Bajío, pero los servicios bioinformáticos podemos ofrecerlos en todo el país, incluso a nivel internacional. Estamos en un área agrícola importante y en la que los productores sufren para mantener sus cultivos sanos”, subrayó la especialista.
PlanTECC inició actividades en 2016 y es un esfuerzo interinstitucional entre la UNAM, el Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav) del Instituto Politécnico Nacional, unidad Irapuato, así como del Centro de Investigación y Asistencia en Tecnología y Diseño del Estado de Jalisco (CIATEJ).
En el caso del área de laboratorio, a cargo de la UNAM, hay ocho expertos en agrogenómica, que también realizan actividades de docencia en la licenciatura de Ciencias Agrogenómicas, en la ENES León, y con estudiantes del posgrado de Ciencias Biológicas y Ciencias de la Sostenibilidad, de la Universidad Nacional.
Además, forma parte del Laboratorio de Investigación Interdisciplinaria de la ENES León, certificado con la ISO 9001-2015. “PlanTECC une esfuerzos de instituciones importantes en biotecnología agrícola para dar impulso a los productores. Es un área que debe promoverse, pues si se aporta conocimiento, el efecto será positivo”, concluyó Shimada Beltrán.
Boletín UNAM-DGCS-587/2020

MANIZALES, 13 de julio de 2020 — Agencia de Noticias UN-
De este subproducto de procesos industriales de la leche se obtiene polihidroxibutirato (PHB), un biopolímero con propiedades físico-químicas que funciona como sustituto de plásticos derivados del petróleo como el polietileno y el polipropileno.
El grupo de investigación Procesos Químicos, Catalíticos y Biotecnológicos, de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Manizales, realizó el proceso de separación del PHB, para el cual utilizó una bacteria grampositiva, microorganismo nativo sin modificaciones genéticas y que no presenta sustancias tóxicas para el ser humano.
Para el proceso se utilizaron varias técnicas por medio de las cuales se determinó que el método de ultrafiltración, a partir de una membrana de celulosa-acetato, permitía retirar las principales proteínas insolubles. Con esta técnica se obtuvo una remoción de proteína del 95 %, lo que indica baja concentración de nitrógeno y mejor producción de PHB.
Para la ultrafiltración, el lactosuero se sometió a un tratamiento térmico a 115 °C por 15 minutos. “Con esto se consigue precipitar las proteínas menos solubles para luego realizar la filtración por la membrana, y por último se esteriliza el lactosuero desproteinizado para usarlo como medio de cultivo”, explicó Juan Carlos Higuita, coordinador del grupo de investigación.
En desarrollo del estudio se encontró que la concentración de PHB es del 70 %, lo que demuestra la alta posibilidad de utilizar el lactosuero ultrafiltrado como un sustrato viable para la producción de biopolímero.
Alternativa ambiental
Aunque el petróleo es considerado como una materia prima esencial en muchos procesos industriales, uno de sus derivados: los plásticos sintéticos o polímeros, presentan serios problemas de contaminación, por lo que las investigaciones para encontrar sustitutos son muy importantes.
Uno de ellos es el lactosuero, subproducto de los procesos industriales que retiene cerca de un 55 % de los componentes de la leche, como la lactosa, proteínas solubles, lípidos y sales minerales.
Según La Federación Colombiana de Ganaderos, en 2018 la producción de leche cruda fue de 6.717 millones de litros, de los cuales se obtuvieron 4.000 toneladas de queso para la comercialización, lo que deja cerca de 3.600 toneladas lactosuero residual, el 45 % de las cuales se desecha en las fuentes hídricas.
“El lactosuero posee una alta carga orgánica, ya que genera alrededor de 350 mg/L de demanda biológica de oxígeno (DBO) y cerca de 680 mg/L de demanda química de oxígeno (DQO), valor equivalente al de las aguas negras producidas en un día por 450 personas”, explicó el investigador Higuita.
En este sentido, el uso del lactosuero como materia prima para obtener biopolímeros permitiría reducir la disposición final de este residuo en fuentes hídricas o suelos.
Fuente: agenciadenoticias.unal.edu.co

Los predominantes son C. gloesporoides y C. acutatum, los cuales representan alrededor de un 50 y 30 % de las muestras analizadas, respectivamente. El otro 20 % lo constituyen las especies C. tropicale y C. fruticola y otros aislamientos a la espera de su plena identificación.
La antracnosis se ha convertido en una limitante para la producción de aguacate Hass, ya que las características climáticas de las zonas donde se produce este fruto (alta humedad y temperatura) son propicias para el desarrollo del complejo de patógenos que la causan.
Así lo explica Francy Johana Ceballos Burgos, joven investigadora y estudiante de la Maestría en Bioinformática y Bioestadística de la Universidad Abierta de Cataluña. Ella participa en las investigaciones que se realizan dentro del proyecto “Incremento de la competitividad sostenible de ladera en el Valle del Cauca, occidente”, administrado por la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira y financiado con recursos de regalías.
Para los investigadores lo primordial ha sido empezar con la identificación y caracterización de los agentes que causan la antracnosis. Para ello se recolectaron muestras de tejido de árboles enfermos, se aislaron y los hicieron crecer en un medio de cultivo. Luego se realizaron cultivos monospóricos, y de estos obtuvieron lo que denominan “cultivos puros genéticamente”.
Cuando estos se logran empieza la caracterización morfológica –color de la colonia en caja de Petri y tamaño, entre otros aspectos– y molecular, “porque algunas especies son muy similares en la morfología, entonces es difícil hacerlo por microscopía; ahí se usa caracterización molecular”, explica el profesor Carlos Germán Muñoz, de la UNAL Sede Palmira y supervisor de los trabajos de investigación del proyecto.
También se realiza una caracterización de patogenicidad, es decir, su capacidad de causar enfermedad, y por último evalúan su resistencia a fungicidas.
Dentro de la variedad de especies que presenta el hongo identificado, diversos aislamientos muestran resistencia a muchos de los fungicidas comúnmente usados por los agricultores. Sin embargo, con los resultados obtenidos hasta el momento los investigadores identificaron dos productos que presentan un alto grado de eficacia en el control de la enfermedad.
El primero es un producto biológico, que es la bacteria Bacillus subtilis (raza QTS 713), y el segundo es uno químico: la molécula Procloraz.
Estas pruebas, realizadas en laboratorio, son un importante acercamiento para contribuir a controlar este problema que afecta la producción de los agricultores.
El próximo paso será probarlos en fase de campo para mirar su eficacia a nivel de parcela, la cual se hará dentro de un plan de manejo integrado de enfermedades con prácticas como el monitoreo y las podas tempranas, entre otras.
Pérdidas económicas
“La antracnosis es una enfermedad de gran importancia económica porque afecta en floración (ocasiona caída de frutos que están en formación), y después es más importante en precosecha (por la baja calidad de los frutos no los reciben en las plantas de exportación) y en poscosecha”, señala el profesor Muñoz.
En poscosecha es especialmente preocupante, ya que muchas veces el fruto está bien en apariencia, pero el patógeno está latente. Entonces, al transportarlo en barco, por ejemplo, se pueden generar las condiciones ambientales que hacen que la enfermedad se desarrolle y esté “a todo furor” cuando llega al puerto.
El agricultor puede tener grandes pérdidas económicas, y según la investigadora Ceballos “la enfermedad se convierte en uno de los principales obstáculos para la exportación”.
En el Valle del Cauca este cultivo va en aumento, lo que beneficia a pequeños agricultores, ya que, por ser de exportación, genera un buen ingreso de divisas.
Según cifras del Ministerio de Agricultura, en 2019 se sembraron alrededor de 20.182 hectáreas en Colombia, las cuales produjeron 148.429 toneladas de aguacate, es decir 32.267 hectáreas más (27,7 % de incremento respecto a 2018).

13 de julio de 2020
Tras diversas acciones que iniciaron en junio en la campaña “BUAP, apoyando el bienestar social”, con la cual se brinda ayuda a habitantes de diferentes comunidades del estado afectadas económicamente por la emergencia sanitaria, se suma el funcionamiento de tres comedores comunitarios en Barranca Honda, San José El Conde y Cerro del Marqués, que atienden diariamente a más de mil personas.
Esta campaña de beneficio social está coordinada por el Centro Universitario de Participación Social (CUPS) y el Centro Universitario para la Prevención de Desastres Regionales (CUPREDER), con el apoyo de vecinas y vecinos de cada colonia, quienes comienzan actividades en los comedores a partir de las 8 de la mañana, para compartir los alimentos alrededor de la una de la tarde.
“Tenemos a mucha gente vulnerable en esta situación que estamos viviendo. Todas las personas que están aquí van cambiando porque el trabajo es un poquito pesado, pero todas apoyan, todas aportan y lo hacen con mucho gusto”, comenta Abigail Romero Rodríguez, representante de vecinos de Barranca Honda, quien además destaca la asistencia especial a personas que por algún tipo de discapacidad no pueden salir de casa.
A diferencia del comedor de Barranca Honda, el de San José El Conde funciona desde hace 8 años, pero a partir de la emergencia sanitaria por COVID-19 el servicio es gratuito y sólo para llevar, ya que antes del apoyo universitario se solicitaba una cuota de recuperación de 10 pesos.
“Estamos muy agradecidos con los donadores y la BUAP, que se preocuparon por las personas que más lo necesitan. Gracias por este proyecto tan bonito, nos ha servido mucho, y les está sirviendo mucho a las personas que más lo necesitan y no tienen trabajo, más con este problema de la epidemia”, confirma María Luisa García Hernández, responsable del comedor de San José.
El apoyo entre vecinos y vecinas ha sido fundamental en el Cerro del Marqués, donde cada semana una familia diferente se encarga de elaborar la comida junto a Cristina Aparicio, estudiante de gastronomía de la BUAP, quien realiza con otros compañeros su servicio social en el CUPS.
En las siguientes semanas los comedores seguirán operando como parte de la campaña “BUAP, apoyando el bienestar social”, además se sumarán otras acciones como jornadas de reforestación, creación de pozos de infiltración, talleres para la creación de invernaderos, elaboración de pan, huertos, gallineros familiares, sistemas de captación de agua de lluvia y atención a la primera infancia, entre otros, con el fin de otorgar a las poblaciones beneficiadas herramientas para apoyar su economía.
Cabe destacar que en la primera etapa de la citada campaña se entregaron 750 despensas en beneficio de más de 3 mil habitantes de Cerro del Marqués, Barranca Honda, Santa Cruz Cuautomatitla y Santa Cruz Xonacatepec. Además del taller de buenas prácticas constructivas en la localidad de San Bernardino Tepenene, a cargo del ingeniero Carlos Bustos, docente de la Facultad de Ingeniería de la BUAP.
Fuente: buap.mx

11 de julio de 2020
Los tumores cerebrales ocupan el lugar 19 entre todas las neoplasias, y el décimo entre las más letales. A nivel mundial, cada año se diagnostican cerca de 300 mil nuevos casos, que corresponden al 2.5 por ciento de la mortalidad por cáncer, de acuerdo con el sitio estadístico globocan 2018, refirió Aliesha González Arenas, del Instituto de Investigaciones Biomédicas (IIBm) de la UNAM.
En la Universidad Nacional se realizan diversos estudios sobre los glioblastomas, tumores en las glías, células que acompañan a las neuronas en el sistema nervioso central y periférico. González Arenas y su equipo en el IIBm profundizan en los mecanismos moleculares a través de los cuales estos tumores se desarrollan; además, elaboran investigaciones en conjunto con las facultades de Química (FQ) y de Medicina (FM).
En el orbe, la mayor incidencia de tumores de cerebro se da entre personas de 60 años; en México, la media de edad es de 45 años. “Es un dato impactante, no sabemos por qué tenemos estos cánceres con una diferencia de 15 años”, resaltó.
En nuestro país están poco estudiadas la incidencia y prevalencia de estas neoplasias. Se estima que la incidencia es de 3.5 por cada 100 mil habitantes y representa la segunda y quinta causa de mortalidad por cáncer en grupos de 0 a 18 años y de 18 a 29 años, respectivamente, según el INEGI.
Según el estudio Clinical prognostic factors in adults with astrocytoma. Historic cohort, realizado por investigadores de los institutos nacionales de Cancerología, Neurología y Neurocirugía, y de la Universidad de Guadalajara, 90 por ciento de 155 pacientes mexicanos con este tipo de cánceres tuvo una sobrevida menor a 15 meses, sólo nueve por ciento alcanzó dos años y el resto tres años, refirió González Arenas.
Los cánceres cerebrales se dividen en malignos y no malignos. Los dos invaden tejido sano, pero los segundos pueden disecarse o retirarse mediante cirugía. En tanto, los malignos son altamente invasivos y crecen muy rápido.
“Los más comunes a nivel mundial son los meningiomas, la mayoría no son malignos. En segundo lugar están los de la glándula pituitaria y los terceros son los glioblastomas, que son malignos y letales”, explicó la investigadora del Departamento de Medicina Genómica y Toxicología Ambiental del IIBm.
González, quien estudia los glioblastomas, indicó que hasta ahora se desconocen factores de riesgo para desarrollarlos, y el pronóstico de supervivencia de los pacientes depende de su edad, sexo, antecedentes familiares, y si son alcohólicos.
Las afectaciones se relacionan con el lugar en que se desarrolla el tumor: en la corteza frontal, la temporal o la parietal. Los más frecuentes son los de la frontal.
“Pueden afectar la audición y la motricidad. El primer síntoma es el dolor de cabeza por un periodo prolongado y que no se quita; otros son la midriasis (dilatación de pupila), caída del párpado y convulsiones. Algunos son tan infiltrantes que llegan hasta el quiasma óptico y dejan sin visión, pero en la medida que avanzan, afectan el resto de las capacidades neurológicas”, subrayó la investigadora.
Además, hay una mayor incidencia en hombres que en mujeres, en una relación de tres a dos.
El tratamiento consiste en radioterapia y el suministro de un fármaco llamado Temozolamida, que inhibe la síntesis del ADN, por lo que ya no se pueden generar células nuevas. Este fármaco genera un metabolito activo capaz de atravesar la barrera hematoencefálica, formada por células llamadas astrocitos, que controlan el paso de sustancias tóxicas entre la circulación sanguínea y el fluido cerebral.
Suma de esfuerzos por una cura
González Arenas y su equipo han encontrado que las células cancerosas en los glioblastomas tienen un alto contenido de autotaxina, una enzima que produce un lípido denominado ácido lifosfatídico, capaz de inducir la proliferación de células, y de manera interesante, la inhibición de su mecanismo de acción disminuye hasta 30 por ciento la proliferación celular.
En colaboración con los investigadores Ignacio Camacho, de la Facultad de Química; Talia Wegman, Bernardo Cacho y Patricia García, del Instituto Nacional de Cancerología, realizan pruebas de cultivos primarios de células derivadas de glioblastomas, así como un protocolo con pacientes para encontrar un posible tratamiento para esta enfermedad.
Con el equipo de Marco Velasco, de la Facultad de Medicina, se trabaja en el reposicionamiento de fármacos autorizados por la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés), cuyos efectos ya se conocen, y se estudia si pueden tener otros blancos terapéuticos que pudieran servir para el tratamiento de tumores.
“Tenemos que poner interés en este tipo de enfermedades, pues aunque su incidencia no es tan alta como la del cáncer de mama o de pulmón, también cobran vidas. Es importante que los pacientes sepan que estamos haciendo esfuerzos”, concluyó la investigadora.
Boletín UNAM-DGCS-580/2020