
Actualmente, los fármacos benznidazol y nifurtimox que se usan para tratar la enfermedad de Chagas causan diversos efectos secundarios severos, lo cual ocasiona que muchas veces no se concluyan los tratamientos y la afección evolucione, ante ello, científicos del Instituto Politécnico Nacional (IPN) diseñan moléculas para inhibir enzimas esenciales del parásito Trypanosoma cruzi (T. cruzi) -que causa la patología-.
El doctor Gildardo Rivera Sánchez, titular del proyecto realizado en el Centro de Biotecnología Genómica (CBG), destacó que, por lo menos 10 de las moléculas -diseñadas In sílico a partir de herramientas bioinformáticas-, mostraron su eficacia contra T. cruzi, ya que in vitro tuvieron una actividad biológica similar o superior que los fármacos de referencia.
Resaltó que los estudios se llevan a cabo con el apoyo de los científicos Benjamín Nogueda Torres, de la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas (ENCB) del IPN, Emma Saavedra Lira, del Instituto Nacional de Cardiología Ignacio Chávez, y Adriana Moreno Rodríguez, de la Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca, quienes profundizarán los estudios en el modelo In vivo.
El especialista, con 10 años de experiencia en el estudio de la enfermedad de Chagas, dijo que los tratamientos actuales no son específicos contra T. cruzi, al generar especies reactivas de oxígeno causan la muerte del parásito, pero ese mecanismo de acción también daña a las células sanas del organismo. “Por ello, las moléculas en diseño serían una buena alternativa para generar fármacos selectivos contra el microorganismo y con bajos efectos adversos para el ser humano”, agregó
Rivera Sánchez apuntó que contar con nuevos tratamientos representa una opción para alrededor de un millón de mexicanos que padecen tal afección, la cual se considera que está “desatendida” al tener una prevalencia en poblaciones de bajos recursos y, por ello, la industria no invierte en el desarrollo de éstos, ya que serían caros y los enfermos no los podrían pagar, sin embargo, mediante el reposicionamiento de fármacos se pueden producir medicamentos económicos.
Indicó que paralelamente al diseño de las moléculas, realizan un estudio de reposicionamiento de fármacos -ya probados para su comercialización por agencias regulatorias-, para identificar un uso terapéutico diferente para el que se crearon. Como parte de ese estudio, recientemente evaluaron tres moléculas hipoglucemiantes de venta libre que tienen un efecto de inhibición del proceso de infección del parásito.
“Como resultado del reposicionamiento de fármacos el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI) otorgó la patente de uso de los medicamentos piperacilina y terfenadina para el tratamiento de la enfermedad de Chagas. Asimismo, están en trámite 12 solicitudes más para obtener también las patentes de uso”, informó.
El mal de Chagas se transmite al humano generalmente por el piquete de la “chinche besucona” (infectada con T. cruzi), es endémico de América Latina y consta de tres fases de infección, en la primera hay síntomas como fiebre y signo de romaña (inflamación de los párpados), la fase indeterminada suele ocurrir sin sintomatología, y la etapa crónica se manifiesta después de 15 o 20 años de adquirir la infección, la cual ya ha generado cardiomiopatías y agrandamiento del colon, entre otras complicaciones.
El catedrático, adscrito al Sistema Nacional de Investigadores (SNI) Nivel 3, consideró que encontrar nuevos tratamientos contra esta patología es importante, ya que los actuales se deben administrar de manera continua durante tres a seis meses, pero los efectos adversos generan desapego a éstos; al disminuir los síntomas se piensa que ya hubo una cura, pero la afección pasa a la fase indeterminada y después a la crónica, en la que ya es difícil revertir las complicaciones.

A las propiedades sellantes, anestésicas y antibacterianas del cemento de eugenolato de zinc –combinación de óxido de zinc y eugenol–, idóneas en el alivio del dolor y de la inflamación pulpar, se suma la de inhibir la acción de un receptor celular que influye en la sensibilidad dentinal.
Este hallazgo abre una puerta terapéutica de alta demanda en odontología, si se tiene en cuenta que, según el último Estudio Nacional de Salud Bucal IV-2013-2014 (ENSAB IV), el 70 % de la población colombiana reportó haber presentado sensibilidad en alguna ocasión.
La profesora Paula Alejandra Baldión, directora de la línea de Biología y Mecánica de Materiales del Grupo de Investigaciones Básicas y Aplicadas en Odontología (Ibapo) de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), explica que la sensibilidad o hipersensibilidad dentinal –motivo de consulta frecuente en odontología– se asocia con una disminución de la calidad de vida de los pacientes. “Se presenta como un dolor espontáneo, corto, transitorio y agudo que perciben los pacientes cuando ingieren alimentos o se cepillan los dientes”.
Por su parte la odontóloga Karen Lorena Latorre Mora, magíster en Ciencias - Farmacología de la Facultad de Ciencias de la UNAL, agrega que la hipersensibilidad se manifiesta ante diversos estímulos externos como cambios drásticos de temperatura, consumo de sustancias ácidas o alimentos dulces, y después de tratamientos odontológicos como el blanqueamiento dental.
Afirma además que “aunque en el mercado existen productos como cremas dentales ‘desensibilizantes’, geles o barnices, no se está tratando el problema desde su origen, por lo que es necesario identificar cómo se genera la sensibilidad dental para resolverlo”.
Señales dolorosas de alerta
El receptor de potencial catiónico transitorio V1 (TRPV1 por sus siglas en inglés) se encuentra en los odontoblastos, principales células de la pulpa dental que forman la dentina como un tejido duro permeable que conforma la mayor parte de la estructura de los dientes.
“Los odontoblastos son a los dientes lo que las neuronas al cerebro: las células encargadas de transmitir señales de alerta frente a diferentes estímulos”, añade la profesora Baldión.
El receptor es una proteína que funciona como canal iónico por medio del cual, cuando entran elementos (iones) como el calcio o el sodio, se activan y desencadenan la señal dolorosa.
La magíster Latorre menciona que en su investigación se demostró que los TRPV1 se activan ante diversos estímulos externos como los mencionados.
Las investigadoras aseguran que dicha respuesta se puede inhibir con algunas sustancias, entre las cuales probaron el eugenol, usado tradicionalmente por los odontólogos como material de obturación temporal, sedante pulpar, cementante provisional y apósito quirúrgico.
Según la profesora Baldión, una ventaja de este hallazgo es que ya existe un material sintetizado, no hay que crearlo ni buscarlo. “Pensamos introducirlo en forma farmacéutica o presentación comercial conveniente para aplicarlo clínicamente. Una alternativa sería en forma de barniz –para pincelarlo sobre el diente– para que así genere su efecto desensibilizante”.
Modelo in vitro
El objetivo del estudio es determinar la expresión, localización y actividad funcional del receptor de dolor TRPV1 en un modelo in vitro de células similares a odontoblastos humanos; el trabajo fue desarrollado en 2018 por la profesora Baldión como tesis doctoral.
En ese trabajo se demostró que los odontoblastos obtenidos son similares a los “originales”, es decir que cumplen funciones como producir dentina, por ejemplo, y tienen capacidad de reparación.
Con dicha certeza se procedió a identificar el receptor y después a verificar que este respondía o se activaba con diferentes estímulos. Se realizaron pruebas de estimulación térmica –con altas temperaturas–, de pH –con sustancias ácidas y básicas–, y químicas –con capsaicina, que es un componente del ají.
Cuando se comprobó que el TRPV1 reaccionaba a los estímulos, se adelantaron pruebas de desensibilización. Esto se logró tras una exposición de 20 minutos a concentraciones de 603,5 y 1.000 micromolares (μM) de eugenol.
Para las investigadoras, el hallazgo contribuye a la construcción de un modelo de estudio del dolor pulpar orientado a ofrecer alternativas terapéuticas.

El investigador del Instituto Politécnico Nacional (IPN), Abdú Orduña Díaz, trabaja en el desarrollo de biosensores ópticos y electroquímicos para detectar microorganismos patógenos, los cuales permitirán generar pruebas rápidas portables para el diagnóstico temprano de enfermedades gastrointestinales causadas por bacterias como Escherichia coli y Salmonella thypimurium, que tienen amplia incidencia en México, sobre todo en regiones que no cuentan con condiciones adecuadas de salubridad.
Al respecto, el científico del Centro de Investigación en Biotecnología Aplicada (CIBA) Tlaxcala, destacó que para determinar que un cuadro diarreico es causado por E. coli o Salmonella thypi se realiza un cultivo de heces que requieren dos o tres días, mientras que, con los biosensores desarrollados en el IPN, el resultado se obtiene en sólo dos minutos, lo cual permitirá que los médicos prescriban tratamientos específicos contra la bacteria en cuestión y controlen la evolución de la enfermedad.
El experto en tecnología avanzada y en óptica precisó que con la colaboración de investigadores de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP); de la Universidad Autónoma de México (UNAM); del Instituto Nacional de Astrofísica, Óptica y Electrónica (INAOE) y del Hospital Infantil de México “Federico Gómez”, la fabricación de los biosensores tiene un importante avance.
“Consideramos que en el mediano plazo las pruebas rápidas podrán ser una realidad y a partir de una pequeña muestra de sangre, saliva u orina se haga una detección temprana y se traten de manera específica pacientes vulnerables como niños y personas de la tercera edad, cuyo sistema inmune es frágil y se deteriora en corto tiempo con los cuadros diarreicos. Asimismo, se pueden emplear para detectar contaminación bacteriana en alimentos que a simple vista tienen buen estado”, puntualizó.
Explicó que actualmente desarrollan biosensores ópticos y electroquímicos para detectar E. Coli, construidos a partir de una oblea de silicio, en una pequeña sección de 0.5 por 0.5 centímetros o de algún otro material semiconductor, en la que acoplan -mediante un proceso denominado funcionalización e inmovilización- un anticuerpo específico para que reconozca al agente patógeno. “Si queremos incrementar la sensibilidad algunas veces se incorporan nanopartículas de oro”, agregó.
El doctor Orduña Díaz, adscrito en el nivel I del Sistema Nacional de investigadores (SNI), detalló que anclar el agente biológico (anticuerpo) al material semiconductor conlleva un proceso muy delicado y complejo, ya que se debe cuidar que tal unión no provoque reacciones químicas y que únicamente atrape a la bacteria en cuestión.
Refirió que los biosensores ópticos y electroquímicos tienen el mismo fin, pero el primero funciona mediante un haz de luz que, al incidir sobre la muestra, genera una señal en forma de un espectro o alguna imagen generada de esta detección; mientras que en el segundo se pasa corriente eléctrica a través del transductor usando dos electrodos, antes de colocar la muestra bacteriana y después, a fin de evaluar los cambios de la corriente eléctrica y a partir de ello hacer una interpretación de las señales.

La UNAM es la única institución de Latinoamérica que participa en una iniciativa internacional de 15 instituciones de Europa y América, que investiga cómo se desplazan y toman decisiones los primates para conseguir sus alimentos de manera más eficiente e incluye las tres especies que viven en México y que se encuentran en riesgo de extinción.
Gabriel Ramos Fernández, del Instituto de Investigaciones en Matemáticas Aplicadas y en Sistemas (IIMAS) de la UNAM, forma parte de este grupo de especialistas que indaga las rutas de forrajeo de los primates en su hábitat natural, un trabajo para el que retoman las observaciones realizadas por pares en investigaciones efectuadas con anterioridad.
El grupo identificó bases de datos existentes sobre 164 poblaciones de primates del mundo y sus condiciones ambientales que podrían ser utilizadas para estas investigaciones, publicando sus resultados iniciales en la revista iScience.
Las instituciones que intentan comprender cuánto saben los primates de su entorno son:
El Centro para el Estudio Avanzado de la Conducta Colectiva, de la Universidad de Konstanz, en Alemania, coordinador del trabajo; las universidades de Ámsterdam y Leiden (de Holanda): Oxford, St Andrews y Oxford Brookes, (de Reino Unido); Montpellier y París, (de Francia); Rochester, Salisbury y Austin Texas (de Estados Unidos); y la UNAM, de México; además del Real Zoológico ARTIS de Holanda; el Grupo Escocés de Investigación de Primates del Reino Unido; y el Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva de Alemania.
El objetivo es “observar el comportamiento de los animales y, con eso, inferir sus capacidades cognitivas, entre las cuales podría estar la formación de mapas de su entorno, lo que les permite viajar de manera más eficiente entre parches de alimentos”, precisó Ramos Fernández.
Por ejemplo, continuó, se ha documentado que en la selva de África los chimpancés monitorean los árboles importantes en su dieta y, en cuanto detectan las primeras frutas, cambian sus rutas de forma que visitan a los demás de esa misma especie en el momento en que las frutas están maduras.
“Los chimpancés, quizás a través de un proceso que involucra cultura, conocen bien su entorno y pueden predecir cuándo habrá fruta y de qué especie. Se están anticipando de alguna manera en su comportamiento a las fluctuaciones naturales de su entorno que pueden ser bastante complejas”, consideró el investigador.
Aporte mexicano
De las poblaciones identificadas en el estudio se da seguimiento a tres especies que habitan en México: dos de monos aulladores, y una del mono araña, en lugares como Los Tuxtlas, Veracruz; la Selva Lacandona y Palenque, en Chiapas; y la Península de Yucatán.
El mono araña (Ateles geoffroyi) está entre las 25 especies en mayor riesgo de extinción en el mundo; el aullador (Alouatta palliata) está en menor peligro, porque hay varias poblaciones en diversos países; y el saraguato o mono aullador negro (Alouatta pigra), el cual es considerado vulnerable debido a los retos que enfrentan las poblaciones en la Península de Yucatán.
“Las principales amenazas que sufren las tres especies son la pérdida de hábitat por la transformación hacia otros tipos de uso, la tala de selvas para su conversión a la actividad ganadera o desarrollo urbano; en la península de Yucatán la amenaza principal es el desarrollo de los centros turísticos de la Riviera Maya que se han ido comiendo la selva, la cual sigue siendo particularmente importante para los monos araña y los saraguatos negros”, expuso el investigador.
Retomar experiencias
El primer paso de los expertos fue localizar aquellos trabajos que desde hace tiempo han seguido a los primates conforme se van moviendo en condiciones naturales, donde se toma la posición de un individuo por varios periodos y se tiene información sobre lo que hacen en su camino, refirió.
Para ello, realizaron una encuesta a más de 200 grupos de investigación en el mundo para saber qué tipo de datos tienen, en qué periodo los recabaron, cuántas especies y grupos, entre otros aspectos.
“Es importante utilizar estos datos porque en muchos casos ya no se van a poder colectar, debido a que las poblaciones o los recursos ya no existen. Hay lugares en África o Latinoamérica, por ejemplo, donde debido a las condiciones sociopolíticas ya no se puede entrar; es una propuesta para aprovechar los datos que ya no se podrán colectar. Aun así hay poblaciones en las que se puede monitorear a los individuos con drones”, ejemplificó.
El experto del posgrado en Ciencias de la Sostenibilidad, de la UNAM, puntualizó que si con eso es posible hacer mapas sobre las rutas de alimento, en lugares donde hay abundancia del mismo, se puede ver qué tan eficientes son las rutas de los animales.
En el trabajo, detalló, se identificaron estudios generados en el orbe, de 1970 a la fecha, sobre 164 poblaciones de primates; seleccionaron solo aquellos que usaron dispositivos GPS –los cuales a veces se colocan en los animales- o en aquellos donde los investigadores siguen a los animales y obtienen una gran variedad de información contextual, además de la posición de los primates conforme se van moviendo.

Neoplasia es el término utilizado para nombrar la formación de un neoplasma o tumor, es decir cualquier crecimiento descontrolado de células o tejidos anormales en el organismo. Este puede ser benigno o maligno, y solo cuando es maligno es considerado como cáncer.
En ese sentido, investigadores de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) trabajan en el desarrollo de un péptido quimérico capaz de impedir el crecimiento de las células leucémicas, además de bloquear las señales del ambiente local que rodea una célula (microambiente) que favorecen su supervivencia y la resistencia a fármacos.
Así lo reporta el estudio más reciente del grupo de investigación Fisiología Celular y Molecular, de la Facultad de Medicina de la UNAL, liderado por el profesor Jean Paul Vernot y adelantado en colaboración con el grupo de Oncohematología Pediátrica de la Fundación Hospital Pediátrico la Misericordia (HOMI) en el marco de un proyecto financiado por Colciencias.
La estudiante Paola Fernanda Ruiz Aparicio, de la Maestría en Bioquímica, menciona que el grupo había adelantado antes evaluaciones con el péptido en al menos 7 líneas celulares leucémicas de diferentes tipos, lo que le permitió determinar que el tratamiento tuvo un porcentaje de inhibición de su crecimiento de entre 70 y 90 %.
Su investigación consistió en probar el péptido en cultivos primarios de células de pacientes con leucemia linfoide aguda de células B (LLA-B), considerando además el papel de las células madre mesenquimales como importantes mediadores en la supervivencia de las células leucémicas.
Para el estudio se trabajó con cerca de 40 muestras de pacientes entre los 0 y 16 años diagnosticados con esta enfermedad en el HOMI. “Gracias a ese trabajo colaborativo el material contenía una infiltración alta de células leucémicas en la médula ósea (alrededor del 90 %) con lo cual estábamos seguros de que hacíamos los ensayos funcionales sobre las células malignas”, menciona la estudiante Ruiz.
Un avance en el camino
La molécula desarrollada inhibe una enzima involucrada, tanto en el crecimiento de la célula leucémica como en el soporte que brindan las células del microambiente y que favorece su crecimiento. Es decir, con la misma herramienta se pueden atacar dos blancos terapéuticos: la célula leucémica y el soporte medular.
El profesor Vernot afirma que con “respecto a los mecanismos celulares y moleculares por los cuales el péptido está inhibiendo el crecimiento leucémico se evidenció que este es útil para una tercera parte de los pacientes con leucemia linfoide aguda tipo B, un 40 % tiene efectos intermedios, mientras que un último grupo no responde al péptido. Independientemente del resultado del efecto directo en las células leucémicas, todos los pacientes se vieron afectados por el efecto del péptido sobre el soporte”.
Los resultados se publicaron en International Journal of Molecular Science, revista científica de alto impacto.
Para el científico, el tratamiento con el péptido desreguló algunas moléculas importantes para la adhesión de las células leucémicas al soporte y aumentó la sensibilidad a los tratamientos con drogas convencionales. Así confirma que se puede considerar como una alternativa por su utilización solo o en combinación con otros tratamientos.
Mayor prevalencia en niños
La leucemia linfoide aguda B es la causa más frecuente de cáncer en los niños. En Colombia se reportan de 800 a 1.000 casos nuevos de leucemia por año, y de cada 100 casos de cáncer en la población humana, 98 se presentan en adultos y 2 en niños.
Pese a que la leucemia linfoide aguda tiene una tasa de curación cercana al 80 %, en gran parte por el uso de la quimioterapia como tratamiento principal, la comunidad médica sigue alerta por los efectos adversos asociados con esta forma de tratamiento.
En los últimos años se han dado avances importantes sobre todo en el diseño de terapias más dirigidas, en las cuales es crucial la caracterización de los pacientes para seleccionar un tratamiento específico.
En este sentido aparecen los péptidos como un viajero dirigido a un punto especial y de control importante en el crecimiento y la proliferación maligna de esas células.