SALIR DEL CLOSET
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SALIR DEL CLOSET

Por: Jesús Tamariz Saldaña*

Bienvenidos, como ya saben, esta columna está diseñada para hablar de temas propios de la psicología de un modo digerible y comprensible para la mayoría.

En esta ocasión vamos a dar continuidad a la  serie de artículos que abordarán temas de la sexualidad y la diversidad sexual desde una perspectiva diferente y amena. Vamos a leer relatos breves que nos ubicarán en el contexto de una realidad social y sexual y nos ayudará a conocer las diferentes manifestaciones de la sexualidad.

 

 

 A esta nueva serie le hemos titulado “Sexualidad, un enfoque diverso”

Espero lo disfruten y me hagan llegar pronto sus sugerencias acerca de los temas que deseen conocer y las dudas que quieran resolver.

Entremos en materia.

-Asumirme como homosexual no fue tan difícil como creía, de hecho, ahora que lo reconozco me siento mucho más tranquilo…

Sentado en el otro sillón de mi consultorio era una muestra clara de lo que decía, tranquilo, sin tener que aparentar nada. Siendo simplemente él.

-¿Cómo fue el proceso?... Cuéntame…

-¿Todo?... Bueno…

Se acomodó con la clara intensión de hacer un largo relato y yo hice lo mismo con el objetivo de escuchar y comprenderlo lo mejor posible.

-He escuchado a muchos chavos decir que desde chicos sentían una atracción por otros niños… ¿la verdad?... A mí no me pasó así, yo viví una infancia de lo más normal; nunca me llamaron la atención los hombres. A decir verdad, tampoco las mujeres… simplemente viví y disfruté de mi infancia sin cuestionarme eso ni nada parecido… Mi familia es de lo más común y corriente… Ahora que lo pienso ese fue uno de mis problemas.

-¿A qué te refieres?

-Soy hijo único y mis padres, supongo que sin darse cuenta, depositaron muchas expectativas en mi… recuerdo que en la boda de uno de mis primos mi mamá empezó a decirme que mi boda iba a ser mucho mejor, que si el vestido de la novia, que si el banquete, o que la iglesia… Yo me limité a sonreír y a escaparme lo más rápido posible para evitar que siguiera con sus planes y me dijera hasta con quién me debía casar.

-Debió ser incómodo para ti…

-Ese era parte del problema, de algún modo ya me había acostumbrado porque sus embates eran frecuentes… hasta los 22 años el que no tuviera novia parecía gustarle a mi mamá, yo era su niño y así me trataba…Pero después de los 22 empezó el ataque, con que… ¿Cuando voy a conocer a tu novia?, que si ya quiero tener nietos, o que ya me voy a morir y quien te va a atender, que si no me gustaría que te quedaras solo, y más expectativas por el estilo que yo no me sentía ni remotamente capaz de cumplir…

-¿Y cómo controlaste la situación?

-No lo hice, de hecho la situación me controló a mí siempre, de mil formas traté de “curarme” para poder darle gusto a mi mamá… Acudí a la iglesia “arrepentido de mis pecados” esperando que Dios se apiadara de mi y me quitara esto que yo sentía como una maldición… llegué a preguntarle a un médico si podía “hormonearme” porque yo creía que mi homosexualidad se debía a una carencia de hormonas en mi cuerpo; cosa que, desde luego, no fue así.

-¿Cómo fue que te diste cuenta de que eras homosexual, si, como dijiste, no lo sentiste desde chico?

-Para mi fue toda una revelación… estaba en la prepa y fuimos a nadar todos los cuates; ese día, para mi sorpresa, me pesqué observando los cuerpos de mis compañeros, de los hombres, y cuando menos lo pensé ya tenía una erección tremenda… también había chicas pero no fueron ellas las que lo provocaron, fueron ellos, porque justo los miraba y me daba cuenta de lo hermoso de sus cuerpos mojados y lo ceñido de sus trajes de baño cuando sentí mi erección. Ese día no pasó nada más, lo disimulé y me fui a bañar y vestirme antes que nadie para no ser descubierto y no pasó de ahí, aparentemente, porque desde entonces no pude ver a mis amigos del mismo modo. Medio año después tuve mi primera experiencia sexual con un chico del que me había enamorado y que afortunadamente se me declaró, porque yo nunca lo hubiera hecho, constaté que era cierta mi atracción y desde entonces luché por no serlo porque yo sabía que era malo y me imaginaba una vida llena de calamidades y despreciado por medio mundo.

-¿Cómo fue que te aceptaste finalmente?