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Adolfo Martínez Sánchez
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José Ortega se encuentra abrumado por el poder de las circunstancias y para conjugarlo con la libertad, con frecuencia, recurre a magistrales comparaciones, casi siempre tomadas del arte. El artista necesita someterse a unas trabas, un destino, y su libertad creadora es la chispa mágica que da vida a lo inerte. Así:”El poeta apoya en la fatalidad de la rima y del ritmo la elástica libertad de su lirismo.”
Para cerrar estas líneas sobre la libertad considero oportunas algunas consideraciones del filósofo y profesor mexicano, Agustín Basabe. Y ello por dos razones: porque en estos momentos de marcada vocación internacional de los pueblos no debe faltar la aportación de este gran continente, por el peso específico que tiene en la cultura de Occidente; y en segundo lugar, por la visión fundamentalmente espiritualista que tiene este autor, considerado y respetado en estas tierras y al otro lado del inmenso mar.
Agustín Basabe, en el tema que nos ocupa, parte de una línea clásica, en su doble vertiente agustiniana y tomista e intenta conjugar y armonizar la existencialidad y la esencialidad del hombre. Con diferentes planteamientos a los utilizados por los anteriores pensadores, llega a las mismas conclusiones: Nuestra vida está por hacer, y por lo tanto, ante el abanico de posibilidades no puede elegir entre dos acciones; se trata del ser integralmente considerado el que debe ser elegido y en ese obrar tiene, para nuestro autor, su fundamento la libertad. En este punto del análisis, Agustín Basabe se diferencia de los anteriores al establecer la necesidad de la libertad para que los actos sean susceptibles de ser moralmente valorados. Es evidente que para él hay movimientos involuntarios y orgánicos que escapan al control del hombre, pero se dan otros de los que es plenamente responsable, y para que dicha responsabilidad sea imputable es necesaria la libertad. “Mi yo está ordenado a la libertad”, dice, de forma rotunda, el filósofo mexicano. Pero también aparecen, como en anteriores casos, las limitaciones. Ni siquiera podemos hablar de libertad de pensamiento, de forma absoluta. Díganme ustedes, quién de nosotros no está influenciado, a la hora de estructurar su pensamiento y en el momento de manifestarlo, por mil circunstancias-las circunstancias de Ortega y Gasset-, el tiempo histórico, el lugar, los medios de comunicación, la familia, la religión y tantos otros.
Ser libre no es hacer cada uno lo que quiere. Eso tiene otro nombre: libertinaje. Ahí estaría el límite de los actos humanos en cuanto a la
Libertad se refiere.
Finalmente, me gustaría recalcar que los tres pensadores colocan la esencia de la libertad en la “interioridad”.
3. Progreso.
De la interpretación de la cultura se deduce la concepción de libertad y de ambas es fácil colegir qué se entiende por progreso. Vaya por delante que no estoy en contra del mismo, aunque en algún momento pueda dar esa imagen. Recuerden ustedes la cita de Platón y el espectacular despegue del progreso tecnológico de finales del siglo XVIII. Sería bastante pueril y lejos de toda lógica contemporánea no ver y admitir el progreso de la humanidad en transportes, medicina y comunicación, entre otros. Pero también en máquinas de guerra poderosamente destructivas, en tecnologías que están alterando nuestro sistema terrestre. Nuestros ríos ya no son tales; son simplemente nauseabundas cloacas. Los mares, y sobre todo el Mediterráneo, empiezan a ser fabulosas tumbas de la vida marina. Y así podríamos continuar enumerando una lista espeluznante de los “logros” del mal llamado progreso.
Habría que defender y propugnar el progreso en una doble dirección:
3.1. Progreso tecnológico. El hombre se entusiasmó con el espacio sideral y se olvidó de la tierra. Parece incuestionable que es necesario invertir el procedimiento, o al menos aprovechar los conocimientos adquiridos en las investigaciones espaciales para aliviar tantas miserias humanas.
A estas alturas de la civilización es necesario un revulsivo de las conciencias en el mundo entero, para detener el actual rumbo de la historia y posteriormente reconducirlo de manera que el progreso redunde en beneficio de la humanidad y no sirva exclusivamente para mantener e incrementar el poder de unos pocos países en detrimento de la mayoría.
Se impone una conversión de la industria de guerra en industria para la paz y el bienestar. Ni siquiera hacemos caso de la famosa frase de Cicerón: Historia, magistra vitae. Y no es necesario remontarnos a épocas que ya están en la memoria de la historia. Es más sencillo abrir simplemente los ojos y contemplar las carencias elementales de un país que hace unos años competía por la supremacía tecnológica, armamentística y espacial y hoy no dispone ni de combustible, ni de piezas de recambio, y lo que es dolorosamente dramático, ni de pan para sus hijos. O dedicamos la tecnología a auxiliar a tantos pueblos que carecen de recursos primarios de subsistencia, o tendremos que dar la razón al filósofo inglés Locke, que ya en el siglo XVIII escribió: Homo, homini lupus – el hombre es un lobo para el hombre – Sólo pensarlo me aterroriza porque supondría que la cultura no ha conseguido modificar los instintos animales más primitivos del hombre.
En definitiva se impone humanizar el progreso.
3.2. Progreso cultural. En la primera parte de mi artículo me referí ya ampliamente a la necesidad de conseguir hombres cultos y no sólo eruditos. Permítanme por último, unas líneas a modo de conclusiones. En cultura, el progreso no siempre consiste en utilizar lo más avanzado. A veces es conveniente hendir la razón en los datos históricos, en las raíces que determinaron a un pueblo y configuran su existencia y su esencia. Durante siglos se pensó en la necesidad de defender la cultura dominante, soslayando y, a veces, persiguiendo otras culturas minoritarias. Pero fíjense ustedes que dicho planteamiento fue defendido siempre por la cultura dominante identificada con el poder, mientras el progreso cultural recorría otros caminos. Bastan unos ejemplos: la lengua griega actual no evolucionó del griego clásico sino el griego común, del dialecto popular, como decían ellos. Lo mismo ocurre con las lenguas romances respecto a la lengua latina, entre las que destaca nuestra hermosa lengua cervantina. Y también en este caso acontece el mismo fenómeno: la lengua de la conquista es la lengua del poder, la de la Castilla. Pero nada se dijo ni se trajo de otras riquezas lingüísticas de la península. Tenemos por delante un gran reto en doble dirección: por un lado, recuperar, potenciar y desarrollar toda la riqueza cultural indígena y de culturas paralelas de otros pueblos del mundo latinoamericano para construir un gran marco de referencia con la cultura dominante. Pero además debemos intentar una adecuada utilización de los medios que la tecnología pone al servicio de la cultura. Y aunque no estoy de acuerdo en que una imagen vale más que mil palabras, necesitamos dar a la imagen el lugar adecuado. El éxito depende, por tanto, de la elección de la imagen. Un alumno puede, entender frente a una televisión, la belleza de un cuadro, la majestuosidad de una montaña o la miseria de un rincón del mundo, en menos tiempo y de forma más intensa que utilizando sólo la palabra.
Cultura, libertad y progreso, tres principios fundamentales que debemos inculcar en una acción coordinada y participativa en todos los factores de la comunidad educativa:
Para conseguir nuestros objetivos debemos crear un “ambiente” cultural”.
Aspiramos a que la libertad sea un bien practicable y para ello es necesario el ejercicio de la misma.
En nuestro medio no puede faltar la aplicación y desarrollo de la técnica como instrumento de progreso. Eso sí, como medio y no como fin. El objetivo de todo progreso debe ser el bienestar del individuo y de la colectividad.
Hay que humanizar el progreso y tecnificar la cultura, el humanismo, para ser cada día más libres.
Aunque todos los ciudadanos somos responsables de velar por la democracia, existen algunos que, por haber sido elegidos por el pueblo, adquieren un compromiso específico en esa ardua tarea. Si se miran en el espejo de este sencillo análisis, ¿ se verán como defensores de los principios analizados?.
*Adolfo Martínez Sánchez es amante de las letras y la educación, diputado de la Asamblea de Madrid en la I y II Legislaturas; se ha especializado en medios audiovisuales aplicados a la enseñanza. Adolfo Martínez actualmente es vicerrector de Investigación y Docencia en el Centro Universitario Interamericano (CEUNI) en Puebla, México.
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