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15 de julio de 2019

La compra de agua embotellada representa un desembolso considerable para los mexicanos; tan solo en la Ciudad de México se gastan cuatro mil millones de pesos al año, y a nivel nacional la cifra alcanza los 45 mil millones de pesos, afirmó Daniel Rocha Guzmán, coordinador ejecutivo del Programa de Manejo, Uso y Reúso del Agua (PUMAGUA) de la UNAM.

El gusto por el agua embotellada es relativamente nuevo en nuestro país: hacia 1980 era artículo para las élites económicas, y con los sismos de 1985 su consumo se extendió debido a la ruptura de tubos de abastecimiento.

A partir de ahí se generaron políticas públicas de salud que recomendaban hervir el agua antes de consumirla, y en 1991, debido a una epidemia de cólera, además de hervirla se pedía clorarla; esto derivó en la aparición de marcas comerciales que ofrecían un producto seguro.

En la actualidad esta situación tiene que ver con la baja confianza que la población tiene en la calidad del agua que recibe en sus casas, expuso Rocha Guzmán.

“El agua de la Ciudad de México es confiable en sí, hasta la toma, pero hay condiciones que la hacen poco apta para consumo humano, como su almacenamiento en cisternas o tinacos; ahí pierde su calidad, y más cuando permanece estancada tiempo prolongado y no se da mantenimiento y limpieza a estos contenedores”, dijo.

Estos factores hicieron que el agua embotellada se popularizara y se cambiaran los hábitos de consumo; además, han surgido campañas que la asocian con la salud.

El agua en costos

En este producto los habitantes de la CdMx gastan cuatro mil millones de pesos al año, y a nivel nacional la cifra es de aproximadamente 45 mil millones de pesos, “casi el doble del presupuesto de la Comisión Nacional del Agua (Conagua) para 2019”, afirmó Rocha Guzmán.

No obstante, en esta metrópoli se requieren aproximadamente 90 mil millones de pesos para rehabilitar los 12 mil kilómetros de tubería que compone la red de servicio, pero para llevar a cabo esa obra se necesitaría el presupuesto de 17 años y medio del Sistema de Aguas de la Ciudad de México (SACMEX), o el equivalente a las ventas a nivel nacional de agua embotellada de dos años.

El universitario detalló que este año el Sistema de Aguas de la Ciudad de México (SACMEX) recibió un presupuesto de cinco mil 200 millones de pesos, y requiere por año una inversión de entre siete y ocho mil millones para reparación de fugas y sustitución de infraestructura.

Esta inversión es necesaria, pero también es indispensable que la población dé mantenimiento a cisternas y tinacos para que la calidad del recurso no disminuya y se comience a recuperar la confianza, concluyó.

Boletín UNAM-DGCS-489/2019

15 de julio de 2019

Los árboles proporcionan servicios ambientales como la captación de agua y producción de oxígeno; contribuyen a evitar la erosión del suelo y a disminuir los escurrimientos e inundaciones; capturan y almacenan dióxido de carbono (CO2), con lo que contribuyen a mitigar el cambio climático; también proporcionan alimento. Son fundamentales para la vida en el planeta, de ahí la importancia de proteger las superficies arboladas.

México tiene una superficie total de 195 millones de hectáreas, de las cuales los bosques (templados y tropicales) ocupan 65.7 millones (33.6 por ciento del total), con una alta biodiversidad y especies maderables valiosas.

Los árboles son parte de la arquitectura de las comunidades: muchas especies que no son arbóreas necesitan de su sombra para crecer, y sirven de hogar y refugio para diversos animales. “Si son talados, no sólo se mata al árbol, sino a muchos seres vivos que lo necesitan porque les provee de un microclima adecuado para su desarrollo”, advirtió Jorge Nieto Sotelo, investigador del Instituto de Biología (IB) de la UNAM.

Con motivo del Día del Árbol, que desde 1959 se conmemora el segundo jueves de julio, el universitario comentó que los árboles, sobre todo los de talla grande, son importantes en todos los ecosistemas naturales donde hay bosques: templados, tropicales, perenes o caducifolios, entre otros.

“En México tenemos bosques de todo tipo. Un estudio publicado en 2014 por José Luis Villaseñor, del Departamento de Botánica del IB, a partir de bases de datos y herbarios que contienen información de todas las plantas del país, determinó que existen al menos 23 mil 500 especies vegetales, de las cuales aproximadamente cuatro mil 200 son arbóreas. En el planeta, al menos la tercera parte de las especies vegetales son árboles”.

En nuestro territorio, el ecosistema de mayor diversidad es el de bosques templados. El Valle de México es una de las zonas urbanas más grandes del mundo, y está enclavada en uno de los ecosistemas más diversos del país, “hecho del que ni el ciudadano común, ni los mismos biólogos, se han percatado”.

Tala indiscriminada

A pesar de su importancia, la tala indiscriminada de árboles es un proceso que ocurre todos los días en México, incluso en los lugares más remotos del campo. “Es una destrucción continua de la superficie forestal en entidades que poseen una gran riqueza natural”, afirmó Nieto Sotelo.

Los bosques mesófilos de montaña o de niebla son los que disminuyen a mayor velocidad por la deforestación. En comparación a las áreas boscosas de ese tipo que existían hace 100 años, hoy se registra menos del 10 por ciento. “De seguir con ese ritmo, en una década no habrá árboles como encinos y pinos, o helechos arborescentes”, señaló el especialista en biología molecular y genética de plantas.

Lo mismo ocurre con las selvas. Se estima que en Chiapas sólo queda entre 15 y 20 por ciento de la cobertura natural, el resto son ranchos ganaderos o cafetales; en tanto, en Tlaxcala sólo queda 15 por ciento de la vegetación nativa, mal protegida y con muchos daños.

Reforestación inteligente

Reforestar no es lo mismo que restaurar, esto último implica estudiar las especies que había en determinado lugar para tratar de devolverlas, mientras que la reforestación muchas veces es la sustitución de especies nativas por otras exóticas; es decir, no es una herramienta de conservación integral.

Todos los árboles son útiles, incluso los exóticos, pero debe fomentarse la regeneración de los que son propios del territorio para que los ecosistemas no se alteren, aconsejó Nieto Sotelo.

“Cuando se siembran árboles en centros urbanos, por costumbre se hace bajo una idea meramente estética o por capricho, sin saber su procedencia, lo que provoca mayor presión al lugar para mantenerlo vivo, y con ello se rompe el equilibrio ecológico”.

Un ejemplo fue la siembra de eucaliptos a principios del siglo XX, y posteriormente de jacarandas. “Aunque se hizo de manera bien intencionada, estas especies no son nativas; algunas ya se volvieron invasivas y empezaron a sustituir a las nativas, sobre todo en bosques naturales, lo que empobrece los ecosistemas”.

En ciudades mexicanas el promedio de especies vegetales exóticas en parques públicos es cercano al 75 por ciento; es decir, sólo 25 por ciento son nativas, el resto pertenece a otras regiones de América, a Asia, África o Australia. “No hay nada contra ellas, el problema es que su uso impone otro tipo de cuidados e impactos por su relación con las demás plantas, animales y microorganismos del suelo que habitan”.

El universitario pidió ser más conscientes y plantar sólo variedades nativas, “empezar a conocer la belleza propia de nuestra naturaleza. En el país existen más de cuatro mil especies arbóreas diferentes, ¿qué necesidad tenemos de traer otras de lugares lejanos?”.

Los árboles nativos no requieren cuidados especiales, incluso las hierbas epífitas o terrestres asociadas a ellos están adaptadas al clima del lugar, y cuando llueve aprovechan al agua, mientras que en tiempo de sequía echan mano de la humedad del suelo, el rocío y el viento. Aportan más servicios ecosistémicos que las especies exóticas, finalizó.

Boletín UNAM-DGCS-484/2019

13 de julio de 2019

En México, los problemas de tiroides afectan a tres de cada mil mujeres mayores a 50 años (dos por ciento). Las que están en el rango de edad entre 40 y 50 años son consideradas el grupo de riesgo, y las que superan los 50 deben hacerse una prueba de tamizaje o perfil tiroideo, recomendó Sergio Alberto Mendoza Álvarez, académico del posgrado de la Facultad de Medicina (FM) de la UNAM.

Sin embargo, “en muchas ocasiones los pacientes no perciben que algo pasa con su cuerpo, hasta que la sintomatología se hace más evidente con el paso del tiempo, y eso impide el diagnóstico y tratamiento oportunos, afirmó.

Entre otras funciones, la tiroides controla la frecuencia cardiaca, temperatura corporal, motilidad intestinal y metabolismo. El principal trastorno que la afecta se denomina hipotiroidismo, que consiste en la producción insuficiente de hormona tiroidea, y algunos de sus síntomas son intolerancia al frío, piel seca, anemia, cabello quebradizo, enlentecimiento de los latidos del corazón, afección renal, alteraciones en el estado de ánimo y capacidad de reacción lenta.

Además, los pacientes pueden presentar voz ronca –sin que haya dolor de garganta o fiebre–, cara abotagada y estreñimiento. “Todas son manifestaciones clínicas que deben tomarse en cuenta, pues la enfermedad no se manifiesta con un solo síntoma”, advirtió.

No obstante, subrayó el especialista en medicina interna, no hay una cultura de prevención para estas alteraciones, que se presentan en una proporción de tres mujeres por cada varón. “Deben tratarse con oportunidad por ser una glándula endócrina que rige la mayoría de las funciones vitales de nuestro organismo. Si no funciona de manera correcta, todo el organismo se perturba”.

La probabilidad de padecerlos se incrementa con la edad, hasta llegar a 14 por cada mil mujeres de 75 a 80 años, y se ha registrado 10 por ciento de los casos en población general mayor a 60 años. En hombres la proporción es de 0.6 por cada mil.

Mendoza Álvarez explicó que el hipotiroidismo se divide en primario y secundario; el primero, debido a tiroiditis de Hashimoto, es el más común, con 99 por ciento de los casos.

El secundario aparece cuando en la hipófisis se produce una cantidad insuficiente de hormona liberadora de tirotropina (estimulante de la tiroides).

Quienes sufren de hipotiroidismo suelen tener bajos niveles de sodio o prolactina alta. “En 99 por ciento de los casos, la tiroiditis de Hashimoto se considera la primera causa de hipotiroidismo en zonas con adecuada ingesta de yodo, como es el caso de México; pero en aquéllas donde hay deficiencia de yodo es la primera, pues este nutriente es fundamental para la síntesis de las hormonas tiroideas”.

El universitario puntualizó que el control de la mayoría de pacientes con hipotiroidismo primario es mediante la sustitución de la hormona tiroidea. “Se suministra de manera exógena por medio de un medicamento y con ello pueden vivir de manera normal y controlada por muchos años”.

Cuando hay sospecha de hipotiroidismo, se debe realizar un ultrasonido de tiroides para saber si existen nódulos; de ser así es necesaria una biopsia para determinar si hay células malignas. El tiempo de evolución del hipotiroidismo o del nódulo no siempre se relaciona con una mayor o menor probabilidad de cáncer, aclaró.

Por último, Mendoza Álvarez advirtió que si hay datos clínicos que sugieran la enfermedad es preciso acudir al médico para practicar un perfil de tiroides y observar la estructura de la glándula, a fin de identificar si hay algo que deba ser estudiado a profundidad, como un nódulo tiroideo, y para iniciar de manera oportuna el tratamiento y evitar complicaciones cardiovasculares o renales.

Boletín UNAM-DGCS-482/2019 

15 de julio de 2019

Científicos del Instituto Politécnico Nacional (IPN) descubrieron propiedades en la cáscara de naranja, que permiten remover hasta el 95 por ciento del cromo (Cr) en aguas residuales contaminadas con metales pesados, desechadas en el proceso industrial para el curtido de piel.

La investigación, que se realiza en la Unidad Profesional Interdisciplinaria en Ingeniería Campus Guanajuato (UPIIG), consiste en evaluar la capacidad de bioadsorción que tiene la cáscara de naranja, para eliminar metales pesados. Para ello, se han hecho pretratamientos que han dado como resultado diferentes porcentajes de remoción de este contaminante.

El coordinador del proyecto, José Alfredo Hernández Maldonado, señaló que en el caso del cromo trivalente Cr (III) se logró, a través de distintos pretratamientos (que van desde la aplicación de acetonas y metanol hasta hexano) la remoción de hasta el 95 por ciento del metal pesado y, en el caso del Cromo hexavalente Cr (VI), el mayor porcentaje de remoción alcanzado fue del 79 por ciento.

“Los pretratamientos más efectivos fueron aquellos en los que la cáscara de naranja fue sometida a temperaturas muy altas. De esta manera fue posible obtener los cálculos de parámetros termodinámicos que dieron los mejores resultados”, explicó.

El investigador politécnico destacó que para comprobar las propiedades de la cáscara de naranja fue necesario aplicar las pruebas de Isoterma de adsorción, análisis cinético y estudios de desorción de cromo.

Actualmente, el equipo de investigación trabaja en el desarrollo de un sistema de biofiltro con cáscara de naranja, que se colocaría al final del proceso de curtido de piel, ya que ese es el punto en el que hay mayor concentración de partículas de cromo.

El prototipo utiliza contenedores de acrílico conectados a tubos de PVC por donde circula el flujo de las aguas residuales. “Para los ensayos se utilizaron soluciones de cromo trivalente Cr (III), elaboradas en el laboratorio, así como aguas de residuo proporcionadas por una curtiduría, ubicada en el municipio de León, Guanajuato”, aseguró.

En este proyecto también participan las investigadoras de la UPIIG: Rosa Hernández Soto, María Mercedes Salazar Hernández y Alba Nelly Ardilas Arias, así como los alumnos de posgrado: Laura Patiño Saldívar, Estefanía Joaquín Medina, David Mata Villegas, Samuel Marías Burgos, Gabriela Orozco Guerra, Alexis Espinosa Sifuentes, Carolina Ceballos Aguilera y Jessica Rojas Maldonado.

Fuente: ipn.mx

BOGOTÁ D. C., 13 de julio de 2019 — Agencia de Noticias UN-

La marchitez vascular es una de las enfermedades predominantes y más destructivas en el cultivo del tomate, cuyo control ha dependido mucho del uso de plaguicidas. “Es considerada como una de las plagas más devastadoras, ya que ocasiona pérdidas que pueden alcanzar hasta el 60 % de la producción y el 80 % del rendimiento”, explica la investigadora Magda Gómez, magíster en Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL).

Este hongo ocasiona amarillamiento en la planta, retraso del crecimiento, pudrición en las raíces, lesiones en el cuello y la base del tallo; está clasificado entre los diez fitopatógenos (agentes que generan enfermedades en las plantas) más importantes, desde el punto de vista científico y económico.

Según la investigadora, los daños que ocasionan los fosfitos, como agentes inductores de resistencia, estimulan la producción de fitoalexinas y de genes relacionados con la defensa: “los fosfitos tienen un papel como potenciador de diferentes procesos metabólicos en las plantas, mediante los cuales se mejora tanto el rendimiento y la calidad como las respuestas a condiciones ambientales”.

Con el silicio ocurre algo similar, ya que este incrementa los niveles de enzimas antioxidantes, la producción de compuestos que evitan el desarrollo de hongos (antifúngicos), y la inducción de genes asociados con defensa, que activan importantes vías de señalización, como aquellas relacionadas con los ácidos salicílico y jasmómico y el etileno.

Una alternativa para los horticultores

El propósito de este trabajo era establecer un método de inoculación efectivo para el modelo tomate, además de evaluar el efecto de los fosfitos y el silicio en la reducción de la severidad ocasionada por el patógeno a nivel in vitro y en planta. Para eso, se obtuvieron 119 aislamientos de cuatro regiones productoras de tomate: Cundinamarca, Boyacá, Antioquia y Caldas.

Durante la investigación –realizada en invernaderos y en los laboratorios de Microbiología Agrícola del Centro de Investigación Tibaitatá, de la Corporación Colombiana de Investigación Agropecuaria (Agrosavia)– se evaluaron algunos cultivares de tomate resistentes a tres razas de Fusarium oxysporum, con el fin de identificar aquellos resistentes a la marchitez y buscar mediante un análisis molecular la presencia de genes de resistencia en dichos cultivares.

“Realizamos pruebas de patogenicidad (capacidad de un organismo de producir enfermedad) en plantas de 30 días, con híbridos comerciales de tomate y variedad susceptible, inoculando el patógeno. Los resultados indican que los primeros síntomas de la enfermedad se evidenciaron después de seis días de la inoculación”, comenta la magíster.

Se evaluaron tres sustancias bioactivas con fosfitos: potasio, calcio y silicio. Con los fosfitos de potasio a concentraciones mayores a 1.000 ppm (partes por millón) se encontró que el crecimiento del patógeno se inhibió entre un 70 y 99 %; con el fosfito de calcio a concentraciones mayores a 50 ppm se inhibió el crecimiento en un 70 %; y con el silicio a concentraciones mayores a 5.000 ppm se presentó inhibición en un 77 %.

Sin embargo en las plantas infectadas (inoculadas) con el patógeno la sustancia bioactiva más eficiente fue el fosfito de potasio, por su consistencia en las réplicas biológicas, con un 42 % de eficacia sobre el patógeno.

El control de las enfermedades en el cultivo ha dependido mucho del uso y la aplicación de fungicidas de síntesis química, que generan resistencia de los patógenos y cuya consecuencia es un detrimento de los recursos y la salud de las personas; por eso se evaluó la actividad de sustancias bioactivas de origen biótico (plantas o microorganismos) y abiótico (sustancias químicas).

Para la investigadora, “este es insumo para nuevas investigaciones en el uso del método de inoculación para otras plantas, además del uso de sustancias bioactivas, como fosfitos y silicios que permitan mitigar el efecto negativo del patógeno Fusarium en suelos y plantas de otros cultivos”.

Fuente: agenciadenoticias.unal.edu.co