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01 de agosto de 2019

A lo largo de su vida una persona presenta cambios en su frecuencia cardiaca por emociones como perder a un ser querido, apasionarse en un partido de fútbol y enamorarse, entre otras. Estas situaciones provocan alteraciones en el funcionamiento del corazón y para adaptarse este órgano remodela su actividad eléctrica, con el fin de compensar y mantener su función. Sin embargo, padecimientos metabólicos alteran su actividad eléctrica.

Un grupo de investigadores del Laboratorio de Fisiopatología Cardiovascular, del Instituto de Fisiología de la BUAP, observó que las ratas de laboratorio con síndrome metabólico y ratones con diabetes mellitus tienen una mayor variabilidad en su frecuencia cardiaca, efecto que de persistir desencadena arritmias y paros cardiacos.

El doctor Julián Torres Jácome, responsable de esta investigación, explicó que los cambios en el metabolismo (en este caso, la utilización de glucosa como fuente de energía) generan la disminución de la densidad de corriente en el corazón y ello produce alteraciones en el electrocardiograma.

Por consiguiente, en un diabético el primer órgano dañado es el corazón. “Como este se remodela para mantener su función, no se aprecian estas modificaciones”, comentó el también miembro del Sistema Nacional de Investigadores del Conacyt.

Además, los modelos animales jóvenes utilizados con estas patologías en el estudio (de dos a cuatro meses de edad) presentaron la misma variabilidad de frecuencia cardiaca que los ejemplares en etapa senil, en condiciones control (con ocho a nueve meses de edad). “Por eso planteamos que la diabetes mellitus y el síndrome metabólico envejecen”.

De acuerdo con proyecciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la diabetes será la séptima causa de mortalidad en 2030. Asimismo, un estudio realizado en varios países determina que 50 por ciento de los pacientes diabéticos muere de enfermedad cardiovascular, principalmente cardiopatía y accidente vascular cerebral (AVC).

¿Cómo cuantificar la variabilidad cardiaca?

Con la idea de buscar biomarcadores no invasivos, Julián Torres Jácome, físico-matemático de formación y doctor en Ciencias Fisiológicas, propuso una fórmula para medir la frecuencia cardiaca en los ejemplares de estudio. De esta manera, se cuantificaron las “manchas” apreciadas en los diagramas de Poincaré de los intervalos RR, de los electrocardiogramas de modelos animales diabéticos, y correlacionaron con la edad del animal, de acuerdo con la variabilidad de tiempo entre latido y latido. En este estudio se comprobó que la variabilidad en la frecuencia cardiaca era menor, en comparación con el grupo control.

El académico del Instituto de Fisiología expuso que a mayor edad, menor frecuencia y aumento de variabilidad. Entonces, “nos dimos cuenta que midiendo esa variabilidad podríamos decir cuánto tiempo llevaba el ratón con el padecimiento, antes de que tuviera una alteración en el riñón; es decir, se determinó la cronicidad del padecimiento”.

La doctora Alondra Albarado Ibañez, colaboradora en el Laboratorio de Fisiopatología Cardiovascular, indicó que los problemas metabólicos influyen en el sistema nervioso, lo cual coincide con la variabilidad del ritmo cardiaco. “Un diabético envejece más rápido, en comparación con una persona normal, por lo que te vuelve senil”.

Actualmente, no existe un marcador biológico para medir la cronicidad de la diabetes, de ahí la relevancia de este trabajo de investigación de académicos y estudiantes del Instituto de Fisiología de la BUAP.

Fuente: buap.mx

BOGOTÁ D. C., 30 de julio de 2019 — Agencia de Noticias UN-

Por ejemplo, aunque los suplementos y vitaminas juegan un rol importante en el mantenimiento de la salud de las personas con esclerosis múltiple ya que contribuyen a fortalecer el cuerpo, nutrir y aumentar las defensas, no se suele diferenciar entre oligoelementos, minerales o vitaminas.

“En general para los pacientes todos los suplementos entran en la etiqueta de vitaminas”, afirma Jenny Katherine Díaz, magíster en Enfermería de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), quien realizó un trabajo de campo con 10 afectados por esclerosis en Boyacá.

Según la investigadora, en algunos casos los pacientes “obtienen información sobre qué vitaminas consumir pero no tienen claro cuáles son las cantidades o medidas a la hora de consumirlas”.

En el periodo 2009-2013 se atendieron en Colombia 3.462 personas con diagnóstico de esclerosis múltiple, lo que equivale a una prevalencia nacional de 7,52 por 100.000 habitantes, con las cifras más altas en Bogotá (16,25/100.000), Quindío (13,03/100.000) y Risaralda (11,18/100.000).

Los cuidados más comunes que se encontraron en el estudio convergen entre lo popular y lo tradicional, con tendencia a la modernización. Por ejemplo, en cuanto a las vitaminas, estas se consumen a través de alimentos como el pescado. También están los productos como omega 3 y 6, Ensure, aceite de hígado de bacalao o Centrum advance, porque notan que su salud mejora, sobre todo evitando fatigas.

“En Alemania las vitaminas se utilizan en un 54 %, lo que representa el mayor porcentaje sobre otros tipos de medicina complementaria; algunos tienen una base biológica y no son útiles en el tratamiento de esta enfermedad sino que, por el contrario, pueden tener interacciones con los medicamentos convencionales”, comenta la investigadora.

La esclerosis múltiple es una enfermedad neurodegenerativa. El cuadro clínico es consecuencia de las lesiones en el sistema nervioso central. La desmielinización o pérdida de mielina es el acontecimiento principal. Luego están las lesiones que dan lugar a debilidad, fatiga, pérdida de fuerza, alteraciones de la visión, temblor, disfunción vesical, intestinal y sexual, dificultad para caminar, inestabilidad, dolor, alteraciones emocionales y deterioro cognitivo.

Para tratar de aliviar estos dolores, además de las vitaminas también están las dietas. Algunos participantes explicaron que, en un primer momento, la enfermedad los marca con algún síntoma, como no poder ver o caminar, por lo que llevan una dieta saludable hasta que sientan alguna mejoría y después toman una decisión sobre su nutrición priorizando su bienestar.

Una de las personas del estudio comenta que “después de que me diagnosticaron y empecé con el tratamiento tuve una gastritis crónica tenaz, entonces […] comía saludable y todo me hacía daño, así comiera bien o comiera mal, pero así que coma alguna otra cosa no; me gusta hacerme mis buenas ensaladas, comer buena proteína”.

Técnicas para sentirse bien

Además de utilizar yerbas como salvia de Castilla y marihuana para dormir, descansar y disminuir el dolor y el impacto físico que causa la enfermedad en el cuerpo, los entrevistados también practican otras técnicas de relajación como pintar mándalas, recibir masajes, meditar y encender velas.

“Con respecto a la meditación, esta es una manera de buscar tranquilidad y disminuir la tensión emocional y la irritabilidad; contribuye a la restauración de la salud emocional”, según le contaron a la investigadora algunos participantes de la muestra.

Así mismo, las personas con esclerosis comentaron que tener animales domésticos es una forma de obtener felicidad y sentirse útiles; cuidar a los animales restaura la salud emocional y física por la conexión que existe con ellos. Por ejemplo, uno de los entrevistados que vive en un área rural, apoyó a su madre en el cuidado de cabras y ovejos.

Igualmente, “uno de los colaboradores usaba de manera ocasional las aplicaciones tecnológicas como Lumocity brain, Mindfulness o meditación, que estimulan las partes del cerebro con ejercicios de lectura, comprensión, memoria, atención y sesiones de meditación.

Otras actividades como ceremonias religiosas o encomendarse a un santo son prácticas que realizan junto a sus familias, un soporte vital para poder enfrentar la incertidumbre y los cambios abruptos de la enfermedad.

Sin embargo la investigadora comenta que el género marca una diferencia en la ejecución del cuidado por factores culturales, “el rol de conyugue afecta a las dos ambas partes, pero más a los hombres que a las mujeres. De ellas, las que convivían con su esposo no recibieron cuidado por parte de este, lo que llevó a la separación”.

“En la variedad está la mejoría que enmarca el conjunto de cuidados populares utilizados por las personas con esclerosis. Por eso, para la práctica de enfermería, los hallazgos del estudio son un primer paso del reconocimiento de la cultura para que a futuro sean consideradas en la construcción de intervenciones en planes de cuidado de nuestra profesión, concluye la investigadora.

Fuente: agenciadenoticias.unal.edu.co

30 de julio de 2019

En el mundo, alrededor de mil millones de personas viven con alguna discapacidad (aproximadamente 15 por ciento de la población total). Según la Encuesta Mundial de Salud, de ese total 110 millones tienen dificultades significativas que afectan de manera severa sus actividades diarias.

El número crece debido al envejecimiento poblacional y el incremento de problemas crónicos de salud, indicó Guadalupe Cañongo León, del programa único de especializaciones en trabajo social en modelos de intervención con adultos mayores, de la Escuela Nacional de la especialidad (ENTS) en la UNAM.

Aunque la edad avanzada y el riesgo de discapacidad se correlacionan, no significa que una sea sinónimo de la otra, ni que todos los adultos mayores estarán en esa condición, aclaró. Pero “es importante pasar del aspecto curativo de las enfermedades, al preventivo”, dijo.

En la conferencia “Discapacidad y vejez: implicaciones sociales y de salud”, subrayó que la prevalencia de la discapacidad es mayor en países de medianos y bajos ingresos económicos, y los sectores más vulnerables son las mujeres y ancianos.

Sus características son influidas por las condiciones de salud general y por el contexto. Sus causas son variadas; los accidentes de tránsito, las catástrofes naturales (como sismos) y la violencia son sólo algunas.

Se estima que para 2050, de los dos mil millones de personas mayores que habrá en el mundo, 80 por ciento habitará en países como el nuestro. En 2020, uno de cada ocho mexicanos pertenecerá a ese sector poblacional; en 2030, uno de cada seis, y en 2050, uno de cada cuatro tendrá 60 años o más, expuso.

“El problema no es la cantidad de personas, sino las condiciones que enfrentarán, porque llegaremos a esa edad enfermos”, resaltó.

Cuando nos referimos a la discapacidad, abundó la especialista, hablamos de una pérdida de la funcionalidad por distintas causas; en el caso de las personas mayores, esa funcionalidad es física, mental y social.

Más allá de su impacto en la salud, la incapacidad responde a un contexto social: cómo se trata a los afectados, precisó Cañongo León. “Al decirles que ya no pueden hacer nada, podríamos limitarlos; se les debe motivar para que continúen con sus actividades, independientemente de su discapacidad o edad”.

Por último, expuso que el concepto “viejismo” y las ideas negativas que tenemos sobre la vejez están equivocados y alejados de la realidad, “muchas veces son prejuicios”.

“Un ejemplo es cuando se cree que la gente a esa edad ya no aprende, no puede ayudar, está enferma, achacosa, duerme mucho y llora por todo. En el otro extremo está pensar que todos los viejitos son un amor, tampoco es verdad; entre ellos hay personas desagradables y poco colaborativas”.

Boletín UNAM-DGCS-528/2019

BOGOTÁ D. C., 31 de julio de 2019 — Agencia de Noticias UN–

Ricardo Pineda, magíster en Ciencias – Química de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), explica que el aceite epoxidado de soja le confiere al PVC estabilidad al calor y a la luz, y además como su volatilidad es nula, resiste medios acuosos e hidrocarburos.

El método diseñado por el magíster permitió encontrar una ruta que potencia la obtención de dicho compuesto, puesto que es un elastizante con menos desventajas que el plastificante de más amplio uso, y que además se ha relacionado con daños en el sistema endocrino. “El aceite epoxidado cumple con el requerimiento de tener una muy baja toxicidad”, explica.

El aceite de soja se obtiene de la semilla de Glycine soja, planta cultivada especialmente en Estados Unidos, Brasil y Argentina. El contenido en aceite de la semilla es de un 18 %.

El magíster señala que lo que se hace usualmente para obtener el aceite vegetal oxidado es mezclar aceite vegetal en un medio que tiene sustancia ácida y agua a altas temperaturas. 

Sin embargo “una innovación de nuestra propuesta fue tomar aceite vegetal en un medio que no tuviera ácido ni agua, que la temperatura fuera ambiente y seca, buscando obtener un mayor rendimiento en un menor tiempo”, indica.

Agrega que los métodos tradicionales tienen un rendimiento del 70 % en un promedio de cuatro horas, pero gracias a la metodología propuesta se obtuvo un rendimiento similar en apenas dos horas. 

Además este método “nos permitió entender que el papel del agua es menos nocivo de lo que suelen indicar, pues esta puede contribuir a disminuir la fuerza del ataque de los ácidos sobre los grupos epóxido más reactivos”.

También se observó que en el proceso tradicional de epoxidación es necesario emplear proporciones bajas de los reactivos que dan lugar a la formación de ácido peracético (ácido acético y peróxido de hidrógeno) si lo que se busca es un alto rendimiento de reacción.

También “optimiza los costos en el rendimiento al ser mezclado con los plastificantes primarios, estabilizando el producto final y aumentando la acción flexible de estos”, indica.

Este aceite también se utiliza como un medio de dispersión de pigmentos y como agente enmascarante de ácido en compuestos de tinta de soya, que se emplea en productos impresos.

Fuente: agenciadenoticias.unal.edu.co

30 de julio de 2019

Tras cuatro años de investigación, integrantes del Laboratorio de Artropodología y Salud, de la Facultad de Ciencias Biológicas (FCB), identificaron especies de insectos no reportadas en el estado, algunos de los cuales están implicados en la transmisión de patógenos.

César Antonio Sandoval Ruiz, investigador de esta unidad académica, dio a conocer que al inicio de la investigación, enfocada en los mosquitos, en el estado de Puebla había 26 especies registradas y en los últimos cuatro años la cifra aumentó a 38, como resultado del trabajo realizado en la ciudad de Puebla y en la Mixteca poblana.

En la Sierra Norte, en Cuetzalan, encontraron nuevos tipos de jejenes (insectos pequeños, no más grandes que la cabeza de un alfiler), lo que aumentó la cifra de 11 a 16 especies registradas. Mientras que en el suroeste del estado, una investigación sobre los tábanos reportó al inicio solo seis especies, y más adelante 17. Actualmente se encuentran en proceso de descripción de una especie nueva para la ciencia.

Los resultados de esta investigación proporcionan información sobre qué especies están implicadas en la transmisión de ciertos patógenos, en qué épocas del año es más factible encontrarlas y en qué ambientes se presentan, de tal modo que a partir de estos es posible generar estrategias de intervención y de control, así como capacitar a médicos en el diagnóstico y tratamiento de las enfermedades causadas por los insectos.

Sandoval Ruiz dio a conocer que en la Mixteca poblana también han trabajado con flebotominos, conocidos como papalotillas, que son transmisores de leishmaniasis, enfermedad desatendida de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS) que afecta principalmente a zonas marginadas.

“Gracias a los muestreos que llevamos a cabo, no solo encontramos especies que anteriormente no estaban reportadas para el estado o el país, sino que al consultar la literatura encontramos que desde hace 50 años no se realizaban trabajos de este tipo en Puebla y la región centro de México”, señaló el investigador.

De acuerdo con la OMS, la leishmaniasis puede presentarse en cuatro formas clínicas: cutánea localizada, produce lesiones ulcerosas que dejan cicatrices de por vida y son causa de discapacidad grave; visceral, caracterizada por episodios irregulares de fiebre, pérdida de peso, hepatoesplenomegalia y anemia, y puede ser mortal si no es tratada; mucocutánea, conduce a la destrucción parcial o completa de tejido cartilaginoso de nariz, boca y garganta; y cutánea difusa, donde se presentan lesiones nodulares, dolorosas al tacto en todo el cuerpo.

El académico, quien es doctor en Ciencias por el Instituto de Ecología, A.C., mencionó que la enfermedad es curable mientras el diagnóstico y tratamiento sean en etapas primarias. Sin embargo, este padecimiento es de difícil diagnóstico porque puede confundirse con otros, como micosis.

Por ello, subrayó que a raíz de estos proyectos de investigación se están generando otros trabajos enfocados en medir los conocimientos de los médicos con respecto a enfermedades transmitidas por artrópodos, e incluso llevar a cabo cursos en lo que se capacite al personal de la salud sobre la identificación de insectos y los padecimientos que pueden desarrollar.

En este sentido, cabe señalar que el doctor Sandoval formó parte de los docentes de la FCB que capacitaron a los médicos del Centro Antivenenos del Hospital Universitario de Puebla, para identificar picaduras de animales venenosos, los síntomas y el tipo de antídoto requerido.

Finalmente, comentó que en los proyectos realizados en el Laboratorio de Artropodología y Salud participan egresados de la FCB, quienes actualmente realizan estudios de posgrado en instituciones de prestigio nacional e internacional. Allí se estudian además cuestiones de ecología para generar modelos predictivos enfocados en las enfermedades transmitidas por insectos, para identificar y delimitar áreas de riesgo, así como el efecto del cambio y uso de suelo sobre la diversidad de insectos.

Fuente: buap.mx