
BOGOTÁ D. C., 19 de noviembre de 2019 — Agencia de Noticias UN-
Estos resultados fueron obtenidos por Edison Albert Zuluaga Hernández, doctor en Ingeniería de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Medellín, a partir de una aproximación teórica a este material, debido a que como tiene tan pocos átomos y es realmente tan pequeño, para su estudio se requieren condiciones y equipos especiales con los que no se cuenta en el país.
Para explicar las características de estos materiales bidimensionales, el investigador explica que es como si se tomara una resma de papel, que correspondería a los materiales tradicionales en 3D, mientras que los bidimensionales corresponderían a una sola hoja de la resma, con solo un largo y un ancho que les permite tener una amplia área, lo que los hace atractivos para interactuar con otros compuestos.
Sus aplicaciones van desde dispositivos electrónicos –como cámaras y celulares– hasta celdas solares, ya que, según su composición química, pueden conducir muy bien la electricidad. Para la investigación del doctor Zuluaga se evaluó el potencial específicamente del BPO para detectar e identificar gases nocivos para la salud humana.
Se trata de un material que inicialmente se obtuvo en teoría por científicos del mundo, y cuando se identificó que era energéticamente posible, se sintetizó en un laboratorio, lo que permitió reconocer que, a diferencia de otros materiales bidimensionales, no era totalmente plano sino rugoso y con una estructura hexagonal.
“Esa rugosidad le confiere al fosforeno azul propiedades de mayor interacción con otros átomos o con otras moléculas gaseosas, y eso es lo que hacía interesante. Es en condiciones ambientales, cuando está expuesto al oxígeno, que se convierte en BPO, sobre el que se desarrolló el estudio”, explica el investigador
Dado que los óxidos metálicos se emplean mucho como catalizadores y sensores de gases, de este nuevo material se estudió su interacción con moléculas muy relacionadas con el efecto invernadero (como monóxido de carbono, dióxido de carbono, metano, óxidos de azufre y óxidos de nitrógeno) para analizar si generaban cambios en la estructura del BPO o permitían que se llevara a un atraso mayor de esas moléculas a gases menos contaminantes.
Para esto se caracterizó toda la estructura del BPO, con lo que se determinó que al interactuar con algunas de estas moléculas en diferentes posiciones se lograba que el material cambiara su estructura electrónica de semiconductor a conductor: “este cambio de naturaleza es muy importante porque permite su utilización como sensor de gas, en especial para dióxido de azufre (SO2), y posiblemente para óxido de nitrógeno (N2O)”, dijo el investigador.
Solución viable
Estos sensores se emplean especialmente en los sectores que adelantan síntesis de reacciones que puedan producir gases nocivos como los GEI, como en minas, laboratorios de química o la industria de solventes. Con ellos se puede detectar si se producen en una cantidad superior a los límites establecidos que pongan en riesgo la salud humana y el medioambiente.
Actualmente estas herramientas se fabrican a partir de óxidos de metales de transición como los que se pueden obtener del cobalto o el hierro, que tienen una alta disposición en la naturaleza, o se pueden sintetizar fácilmente en el laboratorio. La desventaja de estos materiales es que necesitan más energía y tienen una vida útil más corta que la de materiales bidimensionales como el BPO.
El doctor Zuluaga señala que aunque su trabajo se desarrolla en el campo teórico, representa la base sobre la cual se han propuesto antes nuevas estructuras posibles que luego se han sintetizado en los laboratorios a partir de la información y los cálculos realizados previamente.
Fuente: agenciadenoticias.unal.edu.co/

BOGOTÁ D. C., 19 de noviembre de 2019 — Agencia de Noticias UN-
Así lo advierte la psicóloga Edna Rocío Rincón León, magíster en Discapacidad e Inclusión Social de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), a quien la cercanía con la Asociación de Sordos de Suba la llevó a revisar el acceso a los servicios de salud mental en el escenario de la discapacidad.
Al enfocarse particularmente en la psicoterapia, que se realiza 100 % de manera verbal, propuso enseñar la lengua de señas desde la academia y vincular psicólogos oyentes que incursionen en la comunidad, tener una posición ética e intervenir en los procesos psicoterapéuticos de la población sorda.
“Al igual que las oyentes, las personas sordas se ven afectadas por enfermedades psicológicas y psiquiátricas, pero la diferencia es que para ellas no existen muchos procesos de psicoterapia en lengua de señas que les ayuden a sanar y salir del escenario de lo ‘discapacitante’ al que históricamente se les vincula”, advierte la investigadora.
En Colombia, 12 de cada 100 personas con alguna discapacidad registrada son sordas. Sin embargo, hay muy pocas investigaciones sobre el tema y en el escenario internacional la psicoterapia tiene un enfoque rehabilitador y poco pensado desde la diversidad y el reconocimiento de la lengua de señas, la identidad y la cultura sorda”, señala la magíster Rincón, quien descubrió vacíos que tiene la población sorda para acercarse a los servicios de salud mental.
Uno de ellos es la existencia limitada de cifras que muestren cuántas personas sordas sufren enfermedades mentales. Al respecto, la investigadora señala que “en la Encuesta Nacional de 2015 sobre salud mental de los colombianos, uno de los criterios de exclusión era que las personas que no hablaran español tenían una limitación para responder”, por lo cual no se cuenta con datos exactos en el ámbito de la salud mental y en el acceso a servicios de psicología, psiquiatría o psicoterapia de esta comunidad.
Otra de las limitaciones es la poca información que tienen las personas sordas sobre la piscología, las funciones del psicólogo y el porqué de la terapia.
Al respecto, en su trato con consultantes sordos, la investigadora Rincón ha podido evidenciar algunas señas dentro de la lengua que no tienen un uso común, como por ejemplo las que indican las palabras de psicoterapia, enfermedad mental, esquizofrenia, autoconocimiento, regalarse algo a sí mismo y autocuidado, entre otras fundamentales en el ámbito terapéutico.
Al respecto, la magíster señala que “el nivel que se requiere para hacer terapia en lengua de señas es superior al que se necesita para comunicarse en la cotidianidad”, de ahí la importancia de proponer señas a las palabras de uso terapéutico.
Dado que su investigación “Psicoterapia culturalmente afirmativa: una investigación implicada con la comunidad sorda” tiene un enfoque participativo, algunos de sus consultantes sordos han propuesto estrategias como que el psicólogo sea también sordo, ya que tiene conocimiento directo con la lengua de señas y por tanto no hay necesidad de un intérprete.
En su trabajo como psicóloga de personas sordas, la investigadora Rincón ha descubierto que la psicoterapia ha ayudado a que los pacientes se posicionen como agentes de su propia vida, busquen un trabajo activamente, participen en escenarios de formación, salgan de su casa y se sientan orgullosos de ser sordos.
Los pacientes, por su parte, reconocen la importancia de contar con un espacio en el que puedan expresarse y sentirse entendidos. Así mismo, los procesos que involucran a toda la familia han permitido que los miembros de esta entiendan a la persona sorda como independiente y capaz.
“El psicólogo se convierte en trabajador social, terapeuta ocupacional, intérprete, asesor y en una parte muy importante de la red de apoyo de la persona sorda. Definitivamente con la psicoterapia sí hay una mejoría y por eso estos procesos deberían instituirse en la práctica psicológica”, concluye.
Fuente: agenciadenoticias.unal.edu.co

BOGOTÁ D. C., 16 de noviembre de 2019 — Agencia de Noticias UN-
Estos fueron los resultados obtenidos por Luz Adriana Ruiz Pérez, magíster en Toxicología de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), quien se interesó por este tema por la poca vigilancia sobre estos productos considerados de origen natural, en comparación con los medicamentos alopáticos, como se conocen los convencionales.
El estudio se hizo con 105 muestras, cuyos resultados se compararon con los límites establecidos en el Decreto 2266 de 2004, y no fueron excedidos. La investigadora explica que lo establecido para plomo son 10 mg por cada Kg y se obtuvo un máximo de 2,3 mg, mientras para el cadmio es de 0,3 mg y el promedio en los productos evaluados estuvo por debajo de este, excepto un caso que se acercó al límite.
La situación despierta preocupación, ya que en las últimas décadas se ha extendido el uso de plantas medicinales y de productos fitoterapéuticos en todo el mundo, por la búsqueda de alternativas para tratar diversas afecciones de la salud, a lo que se suma la sensación de “seguridad” sobre estos productos, considerados como naturales.
La investigadora menciona que dentro del campo de la toxicología se conoce que estos productos pueden estar contaminados con diversas sustancias químicas, como plaguicidas y metales pesados, cuyos límites máximos son establecidos por normativas como el Decreto 2266 de 2004, que se refiere especialmente al contenido de estas sustancias que pueden contener las plantas a partir de las cuales se obtienen los productos farmacéuticos.
A partir de ahí, la idea del trabajo era establecer una línea base para conocer los niveles de contaminación que podrían existir en los fitoterapéuticos de alcachofa y ajo, dos de las plantas más usadas en el país en tales productos, y que muchas personas los consumen de manera permanente, incluso una pastilla diaria para mantener sus niveles de presión arterial.
Para este estudio se partió de la información de la Secretaría de Salud Distrital, para identificar las tiendas naturistas de Bogotá y hacer una revisión aleatoria de los productos que venden en presentación sólida de ajo y alcachofa.
Las muestras se llevaron al Laboratorio de Toxicología de la Facultad de Medicina de la UNAL, donde se analizaron los niveles de cadmio y de plomo –únicos metales regulados por la normativa nacional– a través del método “espectrofotometría de absorción atómica con horno de grafito con digestión ácida asistida por baño termostatado”.
Mejorar las exigencias
Respecto a estos resultados, la magíster precisa, en primer lugar, que la normativa nacional, que se basa en los lineamientos de la Organización Mundial de la Salud, solo habla de los niveles de estos contaminantes en la materia prima, que en estos casos son las plantas, y no en los productos terminados.
Aunque las muestras analizadas se encuentran dentro de lo exigido en el país, no les va tan bien si se comparan con normativas internacionales que son un poco más estrictas, como las de la Unión Europea, donde se ha identificado la contaminación por metales pesados en productos fitoterapéuticos como una problemática importante. En estos países, los niveles máximos permitidos para plomo pueden ser de 2 mg por Kg, y para cadmio de 0,2 mg por Kg.
Este primer acercamiento a la problemática relacionada con las plantas medicinales en Colombia evidenció que sí hay presencia de los metales buscados y que es importante vigilar la seguridad de estos productos con el fin de evitar que los consumidores se encuentren en riesgo.
Fuente: agenciadenoticias.unal.edu.co

19 de noviembre de 2019
Alimentar a animales productores de leche con residuos desaprovechados en la producción de aceites de oliva, pescado y palma, permitiría obtener lácteos con mejor calidad lipídica (grasas), afirmó Einar Vargas-Bello Pérez, egresado de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia (FMVZ) de la UNAM.
“Estos suplementos son adecuados si se pretende alcanzar un nicho de mercado con productos que ofrezcan compuestos bioactivos, sin afectar al animal”, precisó el catedrático del Departamento de Veterinaria y Ciencias Animales, en la Universidad de Copenhague, Dinamarca.
El trabajo del universitario comenzó durante su trabajo como profesor de la Pontificia Universidad Católica de Chile, donde colaboró con una empresa productora de aceite de oliva extravirgen y decidió dar los residuos desaprovechados a ovejas lactantes.
Luego midió los efectos en su leche y quesos, y encontró que poseían mayores niveles de ácido oleico y menores niveles de ácidos grasos saturados e índices aterogénicos, que han sido relacionados con problemas en las arterias humanas. Repitió el ejercicio con vacas tipo Holstein y obtuvo los mismos resultados, sin alterar el sabor y olor de esos productos, relató ante alumnos y profesores del Programa de Apoyo a Estudios de Posgrado.
De visita en esta casa de estudios, donde ofreció la conferencia “De la granja al plato: grasa láctea vista desde diferentes ángulos”, explicó que a raíz de su titulación en la UNAM ha realizado múltiples estudios relacionados con la nutrición de rumiantes, que han abarcado desde nivel molecular hasta las características tecnológicas de productos lácteos.
Comentó que decidió seguir esta línea de investigación porque los productos obtenidos de bovinos, ovinos y caprinos son fundamentales en la economía mundial.
Vargas-Bello Pérez ha realizado también estudios añadiendo a la dieta de las vacas aceites de pescado y de palma, con resultados similares. “El producto tenía un color semiamarillento, pero no hubo efectos negativos en la producción, que es lo que finalmente preocupa al ganadero”.
De igual manera, se ha enfocado a revisar los efectos de estas dietas en la flora microbiana de los rumiantes, y observó que los mejores resultados fueron con los residuos del olivo.
El investigador precisó que aún es necesario hacer análisis a largo plazo, por lo que junto con su equipo revisa otros efectos como presencia de arqueas, microorganismos que han sido relacionados con la producción de metano en organismos vivos.
Boletín UNAM-DGCS-808/2019

16 de noviembre de 2019
El aumento de la resistencia antimicrobiana amenaza con el retorno de infecciones antes controladas, como la malaria. Desde la década de los 80 del siglo pasado, al menos 150 patógenos que atacan a los humanos han sido identificados, ya sea como emergentes, reemergentes o en evolución, afirmó Carlos Amador Bedolla, director de la Facultad de Química de la UNAM.
“La forma más común de la resistencia antimicrobiana es la resistencia de las bacterias a los antibióticos”, explicó.
Samuel Ponce de León, coordinador del Programa Universitario de Investigación en Salud (PUIS), señaló que ante ello, la UNAM estableció el Plan Universitario de Control de la Resistencia Antimicrobiana (PUCRA), que une esfuerzos de diversas entidades y disciplinas para elaborar una propuesta de política pública encaminada al control de los antibióticos.
El objetivo de esta iniciativa, encabezada por el PUIS, es fundamentar la necesidad de disminuir el uso de antibióticos en todas las áreas: práctica médica, veterinaria, odontología y agroindustria, entre otras.
En el “Primer simposio de concientización sobre el uso de antimicrobianos”, en el marco de la “Semana mundial de concientización sobre el uso de los antibióticos”, de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Amador Bedolla indicó que la transición demográfica contribuye a este problema, pues la humanidad se ha vuelto más urbana que rural y se acumulan grandes cantidades de personas en zonas densamente pobladas.
Además, por la migración, el intercambio y el turismo, más individuos pueden estar en contacto con diversos patógenos y eso facilita la transmisión de enfermedades, dijo.
También, el cambio climático es un factor importante, pues tiene efectos sobre los ecosistemas y el ambiente, e impacta en las rutas migratorias de los vectores de enfermedades.
Agentes biológicos más poderosos
Cecilia Acuña, de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), advirtió que “si en el mundo no logramos controlar la resistencia antimicrobiana, se estima que para el año 2050 las infecciones resistentes costarán a la humanidad 50 millones de muertes al año”, advirtió.
Anotó que en 2014 se registraron 500 mil casos de tuberculosis drogorresistente. “Estamos frente a agentes biológicos que son mucho más poderosos y más rápidos de lo que pensábamos”.
En 2018, tres millones de personas en el mundo padecieron una enfermedad transmitida por alimentos. Por ello, además de la investigación científica que se realiza en torno a la resistencia bacteriana, hizo un llamado a la población para que tome medidas preventivas como lavarse las manos antes de cocinar, antes y después de ir al baño; tener higiene en la manipulación de alimentos y tener relaciones sexuales protegidas para evitar infecciones.
Rosa María Wong, de la Facultad de Medicina, resaltó que la utilización excesiva de antibióticos en granjas de aves y en ganado, junto con el mal uso y abuso de antibióticos en los humanos, lleva a problemas de resistencia a los antimicrobianos. Se ha demostrado en varios estudios que en 50 por ciento de las prescripciones antimicrobianas en forma ambulatoria, la medicación, la dosis o el tiempo de tratamiento son incorrectos.
El incremento a la resistencia antimicrobiana lleva a infecciones recurrentes, graves y mortales, y la resistencia antibiótica incrementa entre 30 y 44 por ciento la mortalidad, aumenta los días de estancia hospitalaria y los costos asociados.
Abundó que el incremento de la resistencia bacteriana, combinada con la disminución del descubrimiento de nuevos antibióticos, ha resultado en una crisis de salud. “Entre 1940 y 1970 se describieron 14 clases de antibióticos, con nuevas moléculas en cada grupo, pero a partir de 1980 esta tendencia disminuyó drásticamente, y entre 2003 y 2007 solamente cinco antibióticos fueron aprobados”.
“Se estima que 700 mil personas fallecen al año por infecciones provocadas por microorganismos resistentes a los antimicrobianos, y si no encontramos una solución para 2050, tendremos millones de muertes, que incluso podrían sobrepasar las causadas por cáncer”, alertó.
Finalmente, Felipe de la Sancha Mondragón, de la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris), expuso que la farmacorresistencia tiene un impacto significativo en la salud pública y requiere de medidas urgentes.
Boletín UNAM-DGCS-807/2019