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11 de noviembre de 2019

Padecimientos como el síndrome metabólico, diabetes mellitus y obesidad afectan la actividad eléctrica del corazón. Su relación y consecuencias son analizadas a través de modelos animales por estudiantes del Instituto de Fisiología y la Facultad de Medicina de la BUAP, liderados por el doctor Julián Torres Jácome.

Estos modelos animales se asemejan al ser humano al presentar las mismas alteraciones metabólicas, luego de ser inducidos con una dieta alta en  azúcares y carbohidratos, con lo cual presentan incremento de peso y de circunferencia abdominal, daños a ciertos órganos, alteraciones de sueño y síntomas de depresión.

Daniela Bernabé Sánchez y Marissa Limón Cantú, estudiantes de la Maestría en Ciencias Fisiológicas, indagan en las alteraciones eléctricas del ventrículo y aurícula del corazón, en modelos animales con síndrome metabólico y con una dieta alta en azúcares. Mientras que José Alonso Romero, de la Maestría en Ciencias Médicas de la Facultad de Medicina, estudia un modelo genéticamente modificado con diabetes mellitus tipo 2.

El síndrome metabólico causa arritmias auriculares

Por los cambios en el estilo de vida y de alimentación, basada en ingesta de comida rápida y muchos carbohidratos, el síndrome metabólico es un padecimiento en aumento.

La Federación Internacional de Diabetes estima que un cuarto de la población mundial tiene este desorden, aunque la prevalencia va desde menos del 10 por ciento hasta 84 por ciento. Este padecimiento aumenta el riesgo de sufrir diabetes mellitus tipo 2 y enfermedad cardiovascular, principalmente arritmias auriculares.

Antes se creía que estas arritmias supraventriculares o auriculares eran benignas y el ser humano podía vivir tranquilamente con ellas. Estudios recientes demuestran lo contrario: aumentan el riesgo por muerte súbita, porque el corazón se contrae de forma irregular y no llega oxígeno a los tejidos.

En el Laboratorio de Fisiopatología Cardiovascular, del Instituto de Fisiología de la BUAP, Marissa Limón Cantú analiza los cambios en la actividad eléctrica de las aurículas del corazón, cavidad poco estudiada y sin una descripción amplia, ya que los datos existentes no son suficientes para determinar el origen de las arritmias.

En su investigación -en fase inicial-, la estudiante de la Maestría en Fisiología detalla que en los electrocardiogramas realizados a personas se encontraron alteraciones de la parte auricular: ampliaciones de variabilidad de una onda llamada P y del intervalo de esta señal hasta el inicio de la onda Q.

Estas modificaciones también se buscan en los electrocardiogramas y tejidos de los modelos animales. “En la rata con síndrome metabólico esperamos ver que se alteren igualmente estos potenciales de acción -registro de la actividad eléctrica de una célula estable.”

La obesidad provoca más arritmias

José Alonso Romero, estudiante de la Maestría en Ciencias Médicas de la Facultad de Medicina, trabaja con un modelo genéticamente modificado con diabetes mellitus tipo 2 (rata Zucker), con tres meses de vida (edad de 17 años en humanos) y alimentado con altos contenidos de grasa.

“En este modelo se observó la presencia de extrasístoles ventriculares (latido adicional desencadenado por una activación eléctrica anómala que se origina en los ventrículos antes de lo que se produciría un latido cardiaco normal) y una arritmia llamada torsade de pointes (taquicardia ventricular que deriva en muerte súbita)”, expuso.

Por lo tanto, con su investigación evidencia que la obesidad genera más cambios en el ritmo cardiaco de tipo ventricular e incluso arritmias mortales, en comparación con la diabetes.

Estudio del ventrículo

La labor de Daniela Bernabé Sánchez, alumna del Instituto de Fisiología, se centra en el estudio del ventrículo, la cavidad inferior del corazón, con énfasis en los músculos papilares. En trabajos previos, relata que se midió la actividad eléctrica de esta área, mediante los potenciales de acción. Ahí, se observó una diferencia entre las ratas control y aquellas con síndrome metabólico, específicamente en una zona de potencial de acción conocida como repolarización.

Cada zona del corazón está influenciada por la actividad y presencia de distintos iones. En el electrocardiograma, la alumna notó un alargamiento de seis milisegundos en el intervalo QT, el cual indica la actividad de los ventrículos. “A partir de ahí se podría suponer que habrá alteraciones en los potenciales de acción y, por ende, una disminución o aumento en las corrientes repolarizantes de potasio”, precisa.

Metodología

La metodología es la misma para los tres trabajos en cuestión. El modelo animal emula el desarrollo de un niño hacia la edad adulta. Las ratas de estudio llegan al bioterio a los dos meses de edad, con un peso entre 250 a 280 gramos. El lote se divide en dos grupos: de control y de inducción al síndrome metabólico.

El proceso de inducción, explicó Daniela Bernabé, consiste en agregar 20 por ciento de azúcar al agua que toman. Este líquido se compara con ingerir refresco todos los días. La comida es igual para ambos grupos. Sin embargo, “con el paso del tiempo observamos que los ejemplares prefieren agua azucarada, en lugar de la comida. Dejan de comer, pero siguen engordando”.

A partir de la inducción, este grupo se subdivide en animales con dos meses de ingesta de agua azucarada y uno más, con seis meses del mismo tratamiento. Pasado el primer periodo (dos meses de inducción), se les registra un electrocardiograma in vivo para ver la presencia de arritmias y alargamiento entre los intervalos.

Posteriormente, se les toman parámetros morfométricos y metabólicos, como longitud, cintura, concentración de glucosa, niveles de colesterol y triglicéridos, muestra de plasma y circunferencia abdominal.

Por otra parte, en el modelo de seis meses con síndrome metabólico existen ejemplares sin aumento de peso y otras con obesidad considerable. No obstante, estas últimas presentan menos alteraciones a nivel eléctrico, comparadas con las primeras. “Aunque no engorden, sí hay alteraciones causadas por la alta ingesta de azúcares”, puntualizó Bernabé Sánchez.

De esta manera, con el estudio de diferentes grupos de modelos animales en la BUAP se genera conocimiento de las enfermedades cardiovasculares, la principal causa de defunción en todo el mundo.

Fuente: buap.mx

PALMIRA, 08 de noviembre de 2019 — Agencia de Noticias UN-

Los ocho genotipos se seleccionaron con base en un análisis de diversidad genética en 96 materiales de arracacha conservados en el Centro de Investigación (CI) La Selva, ubicado en Rionegro (Antioquia), por la Corporación Colombiana de Investigación Agropecuaria (Agrosavia), los cuales fueron utilizados por Johanna Paola Garnica Montaña, magíster en Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira, con el fin de evaluarlos a nivel morfológico (apariencia externa e interna) y molecular (diferencias genéticas).

A nivel genético, la investigación se constituye en el primer análisis de diversidad genética poblacional del Banco de Germoplasma de Arracacha en Colombia.

“Caracterizar los recursos vegetales es básico para conocer y estudiar la diversidad genética, porque otorga un valor agregado a las accesiones analizadas, maximiza su potencial al ampliar el conocimiento científico y establece las bases para futuros programas de mejoramiento genético”, explica la investigadora Garnica. Así mismo, el entendimiento de la estructura genética contribuye a generar estrategias de conservación y uso sostenible de las semillas.

De las accesiones o materiales genéticos evaluados, 84 vienen de colectas en seis departamentos (Antioquia, Boyacá, Cauca, Huila, Nariño y Tolima), dos son regionales del municipio de Cajamarca (Tolima), cinco son de Perú, cuatro no tienen información concreta del lugar de colecta y una proviene de semilla sexual.

Con estos recursos, sembrados en campo, se realizó la caracterización morfológica considerando 41 variables, como por ejemplo hábito de crecimiento, altura, ancho y largo de la hoja, y color predominante en diferentes partes de la planta.

En la evaluación molecular, de cada material se extrajeron cerca de 5 g de hojas jóvenes en buen estado, las cuales se almacenaron en bolsas individuales con cierre hermético y se transportaron en neveras de icopor desde el CI La Selva hasta el Laboratorio de Biología Molecular de la UNAL Sede Palmira. Una vez se llevó a cabo la extracción del ADN del material vegetal, se utilizaron marcadores moleculares tipo SSR (secuencias simples repetidas), herramienta que permite establecer diferencias genéticas entre organismos o especies.

Variedades de arracacha

En los resultados, la investigadora clasificó las accesiones en seis grupos según características morfológicas definidas de arracachas: con nervadura color púrpura en haz y envés de la hoja; con pigmentación secundaria en borde y nervadura; con hojas sin pigmentación secundaria y nabos amarillos; sin pigmentación secundaria en el haz de las hojas y pulpa de los colinos; con nabo blanco y colinos crema con pigmentación diferenciada; y con peciolo purpura rojizo, nabos amarillo claro y florecidas.

A partir del análisis, determinó que “las accesiones no presentan patrones definidos por zona geográfica de origen, lo cual se puede atribuir al intercambio o la movilidad de semillas en el país”, comentó la investigadora Garnica. Además, la amplia diversidad encontrada es un indicador de que es posible obtener combinaciones de caracteres deseables en un mismo material y conformar la base genética para programas de mejoramiento.

En términos generales, las accesiones se agruparon en monoalélicas, dialélicas y tritetraalélicas: un alelo es cada una de las formas que puede tener un gen y se manifiestan en características heredadas, como por ejemplo el color de ojos o el grupo sanguíneo, en el caso de los seres humanos.

Por último, se identificaron ocho accesiones prometedoras (ILS 202, ILS 206, ILS 3417, ILS 3418, ILS 3912, ILS 3915, ILS 3933 y YEM HUE) a partir de las variables morfológicas más significativas y de la presencia de alelos privados (propios de cada material de arracacha), por lo cual tienen características únicas y podrían ser utilizados como posibles progenitores en programas de mejoramiento.

En Colombia, el municipio de Cajamarca (Tolima) podría ser el principal centro mundial de producción de arracacha, según reportes de algunos investigadores.

De las más de 110.000 toneladas que produjo el país en 2018 según el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, el 51 % se concentra en Cajamarca. El cultivo se sembró en 15 departamentos, siendo Tolima el principal productor con más 5.600 hectáreas que representan el 58,21 % del área cosechada en el país y el 61,4 % de la producción nacional, seguido por Boyacá (981 hectáreas), Norte de Santander (821 hectáreas) y Huila (475 hectáreas).

Fuente: agenciadenoticias.unal.edu.co

BOGOTÁ D. C., 07 de noviembre de 2019 — Agencia de Noticias UN-

Aunque existen muchos factores implicados en la densidad energética de la leche, este fue uno de los resultados obtenidos por Yanira Flórez Matías, magíster en Fisiología de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), quien adelantó un estudio retrospectivo con información de las donaciones en la base de datos del Banco de Leche del Hospital de Kennedy de 2016, para identificar si existía una relación entre el peso de las madres antes de concebir y la densidad energética de su leche.

Este factor hace referencia al contenido graso y al aporte calórico de la leche materna, de la que se reconoce un alto valor biológico, muy beneficioso tanto para la madre como para el hijo. Sin embargo su composición se puede ver afectada por diversos factores nutricionales, socioeconómicos y culturales, un tema poco estudiado en Colombia.

De hecho, el trabajo de la investigadora Flórez es el primer estudio de este tipo en el país, en el que se evaluó si el IMC preconcepcional podía ser uno de los factores que afecta la densidad energética de la leche materna en sus tres tipos: calostro (del día 1 al 6 posparto), leche madura (del día 6 al 15 posparto), y leche de transición.

Para esto se realizó un análisis estadístico de la información disponible en el Banco de Leche del Hospital de Kennedy, en donde al recibir la donación se registra el peso de la madre al inicio del embarazo y se analiza la muestra de leche que se entrega para su almacenamiento y posterior uso.

“Dentro de ese análisis el Banco determina la densidad calórica, que se revisa mediante el método crematocrito, por el cual se obtiene el aporte calórico a partir de la grasa de la leche”, detalla la magíster.

A partir de esa información consolidada en las bases de datos, se encontró que el promedio de la densidad energética fue de 20,59 +/-2,3 kilocalorías por onza (kcal/oz) para calostro, 20,51 +/-2,17 kcal/oz para leche de transición y 19,21 +/-2,53 para leche madura.

Así mismo, el promedio de IMC preconcepcional de las donantes –que se calcula dividiendo los kilogramos de peso entre el cuadrado de la estatura en metros– fue de 23,56 kg/m2 para calostro, 23,9 kg/m2 para leche de transición, y 23,1 kg/m2 para leche madura.

Con respecto al calostro, no se encontró una relación entre el IMC de las madres y su densidad energética, pues no se contó con datos suficientes para obtener resultados estadísticamente significativos. Con la leche de transición sí se logró establecer una relación directamente proporcional entre los dos factores evaluados.

“Eso quiere decir que a medida que el IMC preconcepcional era mayor, se aumentaba la densidad energética o el aporte calórico de la leche de transición. Con la leche madura ocurrió lo contrario, por lo que se encontró una relación inversamente proporcional, es decir que cuanto mayor era el IMC, menor era la densidad energética de la leche materna”, explica la investigadora Matías.

Estos resultados abren la puerta para continuar estudiando los factores relacionados con la composición de la leche materna, como por ejemplo la teoría de que aspectos hormonales pueden estar relacionados con el cambio de la relación entre el IMC preconcepción y la leche de transición y la madura, concluye la magíster.

Fuente: agenciadenoticias.unal.edu.co

08 de noviembre de 2019

La inteligencia artificial (IA) es una herramienta desarrollada el siglo pasado y hoy es propuesta como guía para la sustentabilidad de las naciones. Como toda tecnología, es posible su aplicación en sistemas sustentables para generar beneficios, afirmó en la UNAM Peter Dauvergne, investigador de la Universidad British Columbia.

Puede ser de utilidad en el desarrollo de nuevo conocimiento, modelado de sistemas, mapeo de biodiversidad, vigilancia de incendios forestales, pesca y tala ilegales, expuso en la charla Genius Squared: Artificial Intelligence and the Future of Sustainability, presentada como parte del seminario Tópicos de Frontera en la Sustentabilidad.

Se han desarrollado robots para proteger los corales, equipos semiautónomos que detectan y avisan de la presencia de redes ilegales de pesca, ofreciendo nuevas formas de conservación, ejemplificó.

De igual manera, recordó Dauvergne, recientemente se presentó el proyecto rainforest connection, un sistema que mediante teléfonos inteligentes capta sonidos relacionados con la tala y deforestación ilegales, alertando a las autoridades. También, con IA es posible optimizar el uso de fertilizantes, herbicidas y pesticidas, y mejorar los sistemas de movilidad.

En el auditorio del Instituto de Investigaciones Sociales (IIS), indicó que los sistemas con inteligencia artificial han avanzado considerablemente; no sólo son capaces de vencer al humano en partidas de ajedrez, han “aprendido” a utilizar las estadísticas, jugadas y estrategias. “Son superiores en varios aspectos”.

Cada vez más, las máquinas se vuelven creativas e ‘inteligentes’. Traducen textos o voces, recomiendan productos, identifican rostros, diagnostican enfermedades e incluso escriben novelas, subrayó.

Estatus de poder

Se calcula que la inclusión de la IA generará, para 2030, ganancias por 16 trillones de dólares en todo el mundo. El problema es que son sistemas tan complejos que sólo las grandes potencias dominan su desarrollo, acaparando hasta 70 por ciento de los productos: teléfonos celulares, pantallas, electrodomésticos y sistemas automatizados, entre otros. De ahí que líderes del mundo la consideren clave para el crecimiento sustentable de las naciones, acentuó Peter Dauvergne.

El lado negativo de las tecnologías con inteligencia artificial es que generan estatus de poder, incrementan la inequidad, injusticia y desempleo, señaló. Nadie cuestiona que una máquina hace mejor y más rápido una tarea, no requiere servicios médicos, prestaciones ni compensaciones o beneficios; esto implica la transformación de las poblaciones, pues miles han sido despedidos por estos motivos.

A esto se suma la concentración de grandes negocios en pocas manos, lo que hace posible controlar e influir en las personas en mayor proporción. También incentivan el consumismo sin importar si se generan más desperdicios en detrimento del planeta.

En su oportunidad, Alfonso Aguilar Ibarra, coordinador del posgrado en Ciencias de la Sostenibilidad, resaltó la necesidad de saber el costo de implementar tecnologías con IA en México, pues es posible que generen nuevos problemas que las instituciones deben resolver y prever.

Elena Lazos Chavero, investigadora del IIS y experta en dinámicas socioambientales alrededor de la biodiversidad, destacó que si bien es necesario controlar mejor los fertilizantes o pesticidas mediante la IA, en naciones como México se deben considerar primero las condiciones del campo, pues se correría el riesgo de que el control de los productos por parte de grandes empresas se incremente, marginando aún más al campesino.

Finalmente, Leticia Merino, también del IIS, reflexionó que es necesario no sólo ver la luz del progreso que prometen estas tecnologías, sino visualizar las sombras que pueden traer.

Genius Squared es el más reciente libro de Dauvergne, que será publicado en 2020 por MIT Press, donde reflexiona sobre la necesidad de poner bajo la mira a los sistemas de inteligencia artificial, considerados clave para el mundo moderno.

Boletín UNAM-DGCS-785/2019

07 de noviembre de 2019

El racismo y xenofobia son posibles gérmenes de otros problemas igualmente graves. “Tal vez son asuntos que originan otros grandes desafíos que urge solucionar”, afirmó Alberto Vital Díaz, coordinador de Humanidades de la UNAM.

Al participar en la puesta en marcha de los trabajos del Seminario Universitario Interdisciplinario sobre Racismo y Xenofobia (Surxe), destacó que se trata de un asunto complejo que debe enfrentarse con energía.

“Con el poder de convocatoria del seminario, estamos dando un paso para demostrar que la Universidad está dialogando consigo misma a través de sus entidades, para establecer puentes”.

Guadalupe Valencia García, directora del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades (CEIICH), sede del Surxe, expuso que “el racismo es la primera y última de todas las formas de desigualdad, tal vez en su dimensión más profunda, la que cala más hondo, la más estructural, estructurada y estructurante”. Es la punta del iceberg, la que asoma el síntoma de muchas otras desigualdades.

En opinión de Mario Luis Fuentes, titular de la Coordinación de Proyectos Especiales de la UNAM, la discriminación y la desigualdad expresadas a través del racismo y la xenofobia “están en el centro de la matriz que hace que la pobreza, marginación, exclusión y rezago social incidan con mayor dureza”.

Es complejo transformar esas estructuras. Cambiar la causa de muchos de los fenómenos sociales es uno de los grandes desafíos de toda política, dijo.

Asimismo, expresó su deseo porque las reflexiones surgidas se traduzcan en acciones para que cualquier estudio en la materia vaya encaminado a transformar la realidad.

Olivia Gall, coordinadora del Surxe, destacó que racismo y xenofobia son manifestaciones de fenómenos sociales vinculados al ejercicio del poder y la dominación, mismos que afectan a diversos pueblos, grupos y comunidades.

Cada uno de ellos está constituido por prejuicios, estereotipos, sistemas de clasificación, creencias, sentimientos, ideologías, prácticas sociales e institucionales que contribuyen a generar y profundizar las desigualdades, injusticias y creencias, explicó.

En el Surxe “nos toca mirar al mundo y a México, cada uno en su situación particular, y debemos tener un concierto de voces para que la UNAM, como la más importante institución de educación superior, tenga un papel trascendental en la investigación y combate de estos flagelos”.

Por último, resaltó la pluralidad, laicidad y autonomía universitaria, “que debemos defender para que estos proyectos sigan floreciendo y den todos los frutos posibles”.

La sesión estuvo dedicada a Rodolfo Stavenhagen, descrito por Elia Stavenhagen (viuda) como un hombre que se dedicó al estudio y reflexión crítica del racismo, xenofobia, intolerancia y discriminación, conceptos ligados a la desigualdad, exclusión, pobreza y discriminación.

Boletín UNAM-DGCS-784/2019