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BOGOTÁ D. C., 27 de noviembre de 2019 — Agencia de Noticias UN-

Aunque los resultados relacionados con el color de la carne de trucha no fueron mejores que los conseguidos actualmente con los suplementos sintéticos que se les dan de manera convencional, los obtenidos a partir del polen muestran que esta puede ser una prometedora fuente de colorantes de origen natural que se debería seguir estudiando.

A esta conclusión llegó Erwin Giovanni Torres Sánchez, magíster en Ciencia y Tecnología de Alimentos de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), quien adelantó este proyecto para evaluar si el polen fabricado por las abejas en departamentos como Cundinamarca y Boyacá podría ser una fuente rica en pigmentos, además de que es un superalimento por su alto contenido de proteína, carbohidratos, fibra dietaria y ácidos grasos esenciales.

Se trata de un producto importante en la acuicultura, ya que las truchas tienen la incapacidad natural de sintetizar carotenoides, que son los pigmentos orgánicos que les dan el conocido color naranja de su carne. Cuando las truchas están en los ríos suplen esta necesidad al incluir en su dieta crustáceos o peces pequeños, algo que no pueden hacer cuando son cultivadas en estanques.

En estos casos, durante las cuatro semanas antes del sacrificio, los acuicultores adicionan a la alimentación de los peces pigmentos sintéticos que son más costosos con respecto al concentrado que se utiliza para criarlos hasta ese momento. Se trata de una situación en la que el polen también representaría una alternativa más económica por su alta producción en el país.

El altiplano cundiboyacense es un referente mundial en la obtención de polen, debido a que sus condiciones climáticas y agroforestales permiten una floración durante todo el año, lo que facilita que la producción de la apicultura en la región sea alta en comparación con los principales países exportadores del mundo como España, Portugal o China, cuyas colmenas generan alrededor de 15 kg por colmena al año.

“En Colombia estamos hablando de que una colmena puede llegar a producir hasta 50 kg de polen al año”, señala el investigador, quien añade que desde el grupo de investigación Acuicar, liderado por el profesor Héctor Suarez y del que cual él forma parte, encontraron que al tamizar ese producto es multicolor, ya que en el país este es colectado por las abejas de diferentes plantas cuando las polinizan.

Entre estos colores, los tonos rojos y naranja fueron colectados para el proyecto del investigador Torres y se extrajeron los carotenoides por arrastre para colorear un aceite vegetal, método en el que se evitó utilizar solventes que pueden resultar nocivos para la salud, lo que lo hace un proceso más amigable con el medioambiente.

Este aceite se usó en dos de las cuatro dietas evaluadas en el estudio, a las cuales se les añadió en concentraciones de 25 y 50 partes por millón al concentrado sin pigmento con el que suele alimentar a las truchas durante su crecimiento. Estas fueron denominadas como Polen 1 y Polen 2.

Además se trabajó con dos dietas de control para comparar los efectos: una, en la que se le agregó al alimento solo aceite vegetal sin los carotenoides del polen, y otra en la que se adicionó el aceite vegetal y astaxantina sintética, que es el colorante convencional que suelen emplear los acuicultores.

Con estas preparaciones se alimentó a las truchas durante ocho semanas, a lo largo de las cuales se monitorearon parámetros de crecimiento como la ganancia de peso y la longitud de los peces. Después de esto, las truchas se sacrificaron y almacenaron en refrigeración para las pruebas de durabilidad.

Crecieron más

Entre los resultados de la investigación se obtuvo, por una parte, que la salud de los animales no se vio afectada al incluir el aceite con los carotenoides del polen en su dieta, y por el contrario, se vio que en los muestreos que se tomaron cada 14 días se presentaron mejores resultados en ganancia de peso y crecimiento en las truchas alimentadas con estas dietas.

En cuanto al color de la carne, después del sacrificio se encontró que aunque el colorante sintético presenta mejores resultados, el aditivo natural a partir del polen apícola también consigue una coloración rosa superior en comparación con las truchas a las que no se les suministró ningún tipo de carotenoide.

Las dietas con polen tampoco afectaron el sabor o la textura de la carne, factores que se evaluaron en un panel de 60 personas a las que se les dio a degustar filetes de las truchas tratadas. Así mismo, las pruebas de durabilidad de la carne mostraron que las truchas alimentadas con el polen retardan hasta tres días la degradación de su carne en comparación con el aditivo sintético.

Fuente: agenciadenoticias.unal.edu.co/

BOGOTÁ D. C., 27 de noviembre de 2019 — Agencia de Noticias UN-

Este hallazgo fue hecho por el doctor Nicolás Gómez Banoy, médico cirujano de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), junto con un grupo de investigadores del Centro Médico Weill Corner del Departamento de Medicina de la Universidad de Cornell en Nueva York, del que él forma parte desde hace más de tres años.

En un artículo publicado en la prestigiosa revista médica Nature Medicine, los investigadores reportaron este importante hallazgo que puede llevar a nuevas formas de tratamiento de la diabetes tipo 2, la cual se caracteriza tanto por el desarrollo progresivo de resistencia a la insulina como por la pérdida gradual de masa y funcionalidad de las células beta, lo que dificulta el tratamiento de los pacientes que sufren de esta enfermedad.

Según explica el doctor Gómez, estos pacientes suelen ser tratados con dietas, cambios en estilo de vida y algunos medicamentos orales para controlar la elevación del azúcar en la sangre, pero aunque se controle la diabetes, eventualmente con los años empiezan a requerir insulina para su tratamiento al presentar un fenómeno que se conoce como “falla de célula beta”.

“A pesar de los numerosos tratamientos e investigaciones que existen para la diabetes esto sigue ocurriendo y por eso no se considera como una enfermedad curable sino crónica, que se puede controlar con medicamentos”, señala el doctor Gómez, quien con el estudio espera darle una alternativa a esta problemática.

Por eso se enfocaron en la adipsina, una hormona producida por el tejido adiposo del cuerpo humano y sobre la cual ya se tenían reportes en el Laboratorio de la Universidad de Cornell acerca del rol que podía jugar en el metabolismo y los efectos que podría tener sobre las células beta, por lo que los investigadores decidieron analizar si esta podría funcionar como un tratamiento para preservarlas.

Para ello trabajaron con ratones que se han vuelto diabéticos debido a la obesidad y empezaban a presentar el fenómeno de falla de célula beta. Estos fueron tratados con adipsina durante un periodo prolongado, un proceso tras el cual se observó que ninguno de los animales tenía afectadas dichas células, mientras que los ratones de control, que no recibieron tratamiento, sí las tenían.

“Descubrimos que la adipsina protege a las células beta, el mecanismo biológico que se activa para que no desaparezcan”, explica el doctor Gómez. Este hallazgo corresponde a lo que también se vio en humanos, a quienes, como parte del estudio, se les midieron los niveles de la hormona en la sangre, y se encontró que cuando estos eran elevados se tenía un riesgo mucho menor a desarrollar diabetes a 15 años.

Esta parte de la investigación se desarrolló mediante una colaboración con científicos de la Universidad de Harvard, quienes cuentan con acceso a una cohorte de unos 7.000 pacientes de mediana edad a los que se les ha hecho seguimiento por cerca de 30 años para estudiar el desarrollo de enfermedades como la hipertensión y la diabetes.

“Una de las futuras investigaciones que queremos hacer es mirar por qué algunas personas tienen alta adipsina y otras no, qué procesos regulan la producción de esta hormona por parte del cuerpo, y si esto influye de alguna manera directa en que la persona desarrolle diabetes”, comenta el doctor Gómez, quien continúa vinculado con la UNAL dictando charlas a los estudiantes de Medicina como parte de las materias de biología molecular y bioquímica.

Fuente: agenciadenoticias.unal.edu.co

BOGOTÁ D. C., 26 de noviembre de 2019 — Agencia de Noticias UN-

Este hallazgo fue hecho por Joan Sebastián Ruiz Zapata, magíster en Sistemas Energéticos de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Medellín, a partir de un modelo financiero en el que se evaluó la viabilidad de usar tejas fotovoltaicas, junto con vidrios también fotovoltaicos y baldosas piezoeléctricas, tecnología que aprovecha la presión que se ejerce sobre ellas al caminar para generar energía.

Según explica el magíster, la característica principal de los elementos que se analizaron es que reemplazarían completamente ciertos materiales de construcción, por lo que no son elementos que se adhieran a las fachadas o a los recursos convencionales.

El investigador adelantó una evaluación financiera sobre la posibilidad de integrar estos elementos en el sector de la construcción nacional, teniendo en cuenta la información sobre los niveles de irradiación en el territorio colombiano y las tarifas de energía de 22 ciudades, además de los costos de inversión inicial en el mercado local de este tipo de tecnologías.

Los costos contemplados para el modelo parten de las tarifas de distribuidores nacionales de estas nuevas tecnologías, en las cuales se tiene que 1 m2 de vidrio fotovoltaico cuesta alrededor de 300.000 pesos, uno de teja fotovoltaica 69.000 pesos y el de baldosa piezoeléctrica 444.000 pesos.

A partir de estos datos, y teniendo en cuenta elementos técnicos de eficiencia y uso en el contexto colombiano, el magíster desarrolló un modelo que permitió calcular que Arauca es la única región del país donde la teja fotovoltaica funcionaría como elemento constructivo según las condiciones actuales en relación con la tarifa de energía y los costos de inversión inicial.

Esto se debe a que es la única ciudad que tiene una tasa inicial de retorno por encima de la tasa de descuento si se utiliza el elemento constructivo. Ello significa que este índice –del 2,18 %– estuvo por encima de la tasa de descuento, con la que se comparan los proyectos para comprobar si les representa rentabilidad a los inversores, que para este caso se calculó en un 2 %.

Por otra parte, el investigador señala que el modelo financiero también da cuenta del impacto que generan los costos de inversión inicial en la factibilidad de los proyectos, pues al disminuir los costos al 50 % –por ejemplo reduciendo los aranceles de importación– se hacen factibles todos los proyectos que incluyan en sus construcciones elementos como el vidrio fotovoltaico y la teja fotovoltaica en todas las ciudades evaluadas.

“La conclusión que sacamos aquí es si estos costos de la tecnología bajaran por lo menos un 25 % la teja fotovoltaica y el vidrio serían tecnologías rentables para la construcción en la mayoría de las ciudades colombianas”, señala el investigador Ruiz.

La baldosa piezoeléctrica, entre tanto, todavía no representa un elemento constructivo viable, porque aún falta disminuir mucho los costos y aumentar su potencial de generación de energía.

Edificios más sostenibles

Según la Agencia Internacional de la Energía los edificios consumen la mayor cantidad de energía eléctrica del mundo, representando más de un tercio del consumo total final, lo cual los convierte en una fuente importante de emisiones de dióxido de carbono.

Para contrarrestar el impacto negativo generado al medioambiente es necesario que los edificios se construyan o se modifiquen teniendo en cuenta no solo la racionalización y la conservación de los recursos naturales, sino también incluir en sus estructuras los últimos avances en tecnología, como las tejas o los vidrios fotovoltaicos para autoabastecer al menos una parte de sus necesidades energéticas a partir de fuentes renovables.

Para alcanzar este objetivo es necesario empezar a ver las ventajas que estos nuevos elementos de construcción pueden ofrecer y, como lo menciona el magíster Ruiz, empezar a hacer un cambio de mentalidad entre los actores del sector de la construcción, que aún están muy apegados a los medios tradicionales.

Fuente: agenciadenoticias.unal.edu.co

BOGOTÁ D. C., 26 de noviembre de 2019 — Agencia de Noticias UN-

Los 37 años de tradición que ya completa este programa, el componente hospitalario al que tienen acceso los estudiantes, la calidad académica de sus procesos y el trabajo interdisciplinario con otras especialidades son algunas de las fortalezas reconocidas por los profesores Adolfo Contreras Rengifo, de la Universidad del Valle, y Sandra Hincapié Narváez, de la Universidad El Bosque, durante su visita en calidad de representantes del CNA.

El profesor Contreras también destacó la función social de la Especialidad, la cual da línea para implementar estas políticas en el país: “atiende niños con condiciones especiales, con dismorfologías craneofaciales y con discapacidades que están hospitalizados o que tienen leucemias; en ese sentido, se atiende la odontología con una visión hospitalaria, además de inter y transdisciplinar”.

Por su parte, la profesora Hincapié resaltó las oportunidades que brinda el desarrollo de la Especialidad dentro del Hospital Pediátrico de la Misericordia (HOMI), lo que les permite acercarse a contextos reales que se viven en el país: “eso también le da una integralidad a la formación del estudiante, corroborando el hecho de que sea algo único que se está dando en el hospital en el cual están inmersos”.

La visita también sirvió para identificar oportunidades de mejora que permitirán continuar fortaleciendo el programa, entre las cuales se mencionó la necesidad de divulgar más los resultados que se obtienen de las líneas de investigación con las que se cuenta, con el objetivo de enriquecer el proceso clínico que están abordando los estudiantes.

La profesora Hincapié planteó además que la carga académica del primer año se podría aligerar con diferentes alternativas pedagógicas que permitan que los estudiantes tengan más tiempo de desarrollar otras competencias, las cuales se limitarían por la dedicación a la parte teórica y a las ciencias básicas.

Investigación para el bienestar

Según explica la profesora Laila Yaned González Bejarano, coordinadora del programa, la Especialidad le aporta al país gracias a la investigación y al desarrollo clínico que busca satisfacer las necesidades de salud oral de la población pediátrica vulnerable, entre los que se ha trabajado especialmente en niños con anomalías craneofaciales, como labio y paladar hendido, y en poblaciones indígenas.

“La idea es seguir trabajando por ayudar a la población con problemas que van desde la caries hasta otras enfermedades que muchas veces no pueden ser cubiertas por falta investigación al respecto o de cobertura. La formación integral de los profesionales de la Especialidad les ha permitido impactar en la política pública para mejorar la atención de la población infantil en estos temas” señaló la docente.

Por eso el balance de los pares evaluadores del CNA es altamente positivo, una experiencia que en palabras de la profesora González les permitirá reflexionar para seguir mejorando este proceso de aprendizaje enriquecedor tanto para profesores, administrativos, estudiantes y egresados.

Fuente: agenciadenoticias.unal.edu.co

MANIZALES, 25 de noviembre de 2019 — Agencia de Noticias UN-

Con este indicador, la estudiante Patricia Esther Jiménez Pérez, de la Maestría en Ingeniería Ambiental de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Manizales, monitoréo la quebrada durante cuatro campañas sobre el tramo que va desde la bocatoma California hasta la zona de confluencia con el río Chinchiná, en cinco estaciones: Bocatoma, Ganadería, Romerales, Gallinazo y Termales.

El monitoreo se realizó de la siguiente manera: en abril de 2009, correspondiente a un periodo lluvioso (caudal alto), la segunda y la tercera en julio de 2009, en un periodo de lluvia menor (caudales con baja tendencia) y la cuarta en un periodo seco con transición a lluvias.

La quebrada Tolda Fría, fuente de abastecimiento de la Planta Luis Prieto Gómez, la cual provee agua potable a Manizales, presenta varias alteraciones, de origen tanto natural como humano.

Según un informe de 2002 de la Corporación Autónoma Regional de Caldas, entre las principales alteraciones se destaca el ingreso de aguas mineralizadas con altas temperaturas, aguas domésticas y minería aurífera.

“En este sentido, la investigación evalúo la calidad del agua mediante el índice de calidad ecológica (ICE), utilizando como indicador las algas del perifiton, con el fin de aportar información del estado ecológico real de este cuerpo de agua que la autoridad ambiental pueda utilizar para priorizar dentro del proceso de ordenamiento de esta cuenca”, explicó la investigadora.

Cambios en la quebrada

En la zona alta, cerca al Parque Nacional de los Nevados y a la Reserva Forestal de Bosques de la Central Hidroeléctrica de Caldas (CHEC), se realiza extracción minera de oro por socavón.

Según la investigadora, “antes de los socavones el cauce tiene las características de alta montaña, ya que el agua es traslúcida y sin olores, mientras que después de las excavaciones y del vertimiento de la mina, la topografía se torna un poco más abrupta y la coloración del lecho cambia, pues el sustrato se observa anaranjado”.

Hacia la zona baja recibe las aguas de las quebradas Romerales y Termales –sector donde los principales usos del suelo son la ganadería extensiva, la porcicultura y el uso recreativo por las aguas termales– además de las residuales del alcantarillado.

Monitoreo y muestreo

Para el análisis de calidad del agua de la quebrada se tomaron muestras de temperatura, conductividad, turbidez, oxígeno disuelto, porcentaje de saturación de oxígeno y pH; para el análisis de sólidos, alcalinidad, demanda de oxígeno, concentración de nutrientes y de metales pesados. “Cada 30 minutos se recolectaron cerca de 500 ml de agua, hasta completar 2 litros en cada estación”, detalló la estudiante.

Explicó además que las muestras de algas perifíticas se obtuvieron de 161 cm2. En cada estación de muestreo se removió el material adherido al sustrato o superficie de las rocas, utilizando cepillos de plástico. El material que quedaba en el cepillo se lavó en un recipiente también plástico que contenía 100 ml de agua, y después las muestras se fijaron con lugol, una disolución de yodo molecular, y se conservaron refrigeradas a 4 oC.

La presencia de ficoperifiton en las estaciones evaluadas se determinó de la siguiente manera: el 32,1 % se registró en Bocatoma, el 29,2 % en Ganadería, y el 21,2 % en Romerales. Estas dos últimas presentan un uso del suelo predominante de ganadería y porcicultura.

Así mismo, en la estación Gallinazo, caracterizada por la descarga de aguas residuales domésticas, la presencia fue solo del 11,3 %, mientras que en el sitio impactado por aguas mineralizadas –estación Termales– la presencia solo alcanzó el 6,18 %.

Según el estudio, la riqueza de especies fue mayor en las estaciones que presentan altas densidades, debido a la velocidad de la corriente, factor importante para la adhesión de algas al sustrato. Las densidades de agua identificadas en las estaciones con impacto por uso de suelo están relacionadas con la intensidad lumínica que ingresa al lecho de la corriente, en especial en las estaciones Bocatoma y Ganadería, que no tienen cobertura de dosel o techo arbóreo. Además la ganadería y la agricultura, por ser fuentes importantes de fósforo y nitrógeno, contribuyen a mantener la alta densidad del río.

La diversidad y riqueza de las algas presentó una tendencia decreciente desde la bocatoma, donde se encontraron 38 morfoespecies efectivas, hacia los sitios afectados por actividad humana y aguas termales. Estas aguas mineralizadas aportan menor riqueza, con solo 8 morfoespecies efectivas.

Según estas observaciones, se determinaron los índices de diversidad, las curvas de rango de abundancia y la evaluación de la composición, que mostraron cambios en la comunidad de algas perifíticas y dejaron en evidencia los sitios críticos: las estaciones Termales y Gallinazo.

Basados en estos resultados, la estudiante Jiménez destaca la importancia de que el ICE, además de corroborar y resaltar las zonas con impacto negativo, permita establecer los indicadores, que al parecer están relacionados con la geoquímica del terreno, la cual de alguna forma incide en el gradiente ambiental de la quebrada.

Fuente: agenciadenoticias.unal.edu.co