
21 de abril de 2020
Con el fin de salvaguardar la salud del personal médico del Hospital Universitario de Puebla, durante la prestación de sus servicios por la contingencia del COVID-19, la Dirección de Innovación y Transferencia de Conocimiento (DITCo) de la BUAP, ha elaborado más de mil mascarillas protectoras, cuya funcionalidad ha sido probada en otros países, las cuales también han sido donadas a otros centros hospitalarios.
A través de la Makerzone BUAP de la DITCo, los especialistas de la Institución han desarrollado estas mascarillas protectoras con dos técnicas: un modelo por impresión 3D, con el apoyo de cinco máquinas de impresión con una lámina delgada trasparente de acetato de tamaño carta que puede ser remplazada diariamente; y otro con un equipo de corte láser constituido por una lámina trasparente de acetato de 0.6 mm que permite el uso diario, se desinfecta y se vuelve a usar.
El doctor Efraín Rubio Rosas, responsable de Recursos Tecnológicos de la DITCo, explicó que los diseños asistidos por computadora han sido retomados completamente de código abierto (https://www.prusa3d.com/covid19; https://www.instoredesigndisplay.com/covid-19-face-shield). “Se trata de modelos funcionales que han sido utilizados previamente en otros países”.
Tras señalar que en respuesta a la escasez de ropa protectora para el personal médico, por la actual pandemia del coronavirus, a nivel mundial se inició la producción de mascarillas protectoras faciales, refirió que particularmente la comunidad Maker ha trabajado intensamente y México no ha sido la excepción, pues diversas universidades y comunidades con acceso a impresoras 3D y equipo láser han puesto estas herramientas al servicio del sector salud, de manera voluntaria y entusiasta.
Por parte de la BUAP, el doctor Rubio Rosas dio a conocer que a la fecha han producido más de mil mascarillas protectoras, con el apoyo del ingeniero Gabriel Sosa Arellano y el maestro Eric Reyes Cervantes, miembros de la Makerzone BUAP, elaboradas con las dos técnicas citadas. Al respecto, señaló que el costo de una careta por corte láser es de 10 pesos y de 40 pesos por impresión 3D, pero debido a la escasez y demanda en la última semana el precio del acetato se ha triplicado.
El objetivo primordial de esta iniciativa -dijo- es suministrar estas mascarillas al Hospital Universitario de Puebla, al cual ya se le han entregado de los dos modelos, así como a otros centros que se han contactado con la DITCo, como un hospital público de Coahuila. Finalmente, aclaró que de ser necesario esta dependencia universitaria está en condiciones de producir más mascarillas faciales protectoras, para sumar esfuerzos en la actual contingencia sanitaria.
Fuente: buap.mx

18 de abril de 2020
Debido a la contingencia sanitaria que se vive en gran parte del mundo, se ha reducido el ruido antropogénico, es decir, las vibraciones que produce la actividad cotidiana de los seres humanos, informó el Servicio Sismológico Nacional (SSN), adscrito al Instituto de Geofísica (IGf) de la UNAM.
Esta condición es invaluable para los estudiosos de la geofísica, por la calidad de la información que cotidianamente recaban para analizar el comportamiento del planeta: la disminución de ruido permite, por ejemplo, a quienes analizan datos de las estaciones sismológicas hacerlo en condiciones excepcionalmente buenas.
Ruido cotidiano
En condiciones normales, el ruido antropogénico ha aumentado dramáticamente en las últimas décadas, sobre todo en las ciudades, como resultado del crecimiento de la población, la urbanización, la globalización de las redes de transporte y la expansión de las extracciones de recursos.
Ese ruido se mide con sensores llamados sismómetros, los mismos que se utilizan para registrar la actividad sísmica, y que se ubican en todo el mundo.
En México, los datos de estas mediciones se concentran en el SSN y en otras redes de monitoreo sísmico que opera la Universidad Nacional, y son analizados por sismólogos de diversos centros e institutos de esta casa de estudios.
Se ha detectado que a partir de la contingencia sanitaria los niveles de ruido antropogénico en el Valle de México y otras ciudades como Querétaro han disminuido gradualmente, sobre todo la última semana, afirma el Servicio Sismológico.
Las estaciones de monitoreo que el SSN tiene en diversos planteles educativos en todo el país registran una disminución dramática del ruido antropogénico, pero en algunas estaciones ha aumentado, como en la costa del Pacífico; este aumento podría deberse a la visita de vacacionistas en zonas donde habitualmente el ruido es bajo, o bien, a la actividad meteorológica, entre otras posibilidades.
Finalmente, el Sismológico Nacional, adscrito a la UNAM, hace un llamado: Si puedes, #QuédateEnCasa, pues mientras más respetemos esta medida hoy, más beneficios sociales y de salud tendremos mañana. “Sabemos que es difícil, pero debemos redoblar esfuerzos”.
Boletín UNAM-DGCS-348/2020

17 de abril de 2020
Los odontólogos clínicos son el grupo de más alto riesgo después del cuerpo hospitalario que atiende a pacientes con Covid-19, por lo que deben reforzar las medidas de protección y prevención, aseveró Laurie Ann Ximénez-Fyvie, de la Facultad de Odontología (FO).
Al participar en el programa “La UNAM responde”, transmitido por TV UNAM, resaltó que los cuidados con sus pacientes y con ellos mismos deben ser adicionales a los que la comunidad o el gremio médico emprenden, debido a su exposición a gotas o microgotas de saliva (indetectables a la vista convencional), al contacto frecuente con superficies y la generación de aerosoles bucales.
Es necesario que los profesionales de la salud bucal atiendan a sus pacientes vía remota, pues todos deben considerarse posibles portadores del coronavirus, aunque no tengan síntomas. Además, “la atención odontológica debe limitarse a sólo emergencias, por lo menos hasta que el primer brote de la pandemia ceda”, subrayó la titular del Laboratorio de Genética Molecular de la FO.
En caso de ser necesaria una consulta, debe ir solamente el paciente, portar cubrebocas y tener un distanciamiento de por lo menos dos metros de distancia con otros asistentes, aunque lo ideal es que en la sala de espera haya sólo uno a la vez; además, esos espacios deben prepararse con los objetos indispensables, como los asientos.
Recomendaciones específicas
Laurie Ann Ximénez-Fyvie pidió a los odontólogos clínicos limpiar a profundidad las superficies en los consultorios, con sustancias que contengan alcohol o hipoclorito de sodio, así como cubrirlas con barreras plásticas.
También, solicitar al paciente, previo a la consulta, enjuagar su cavidad bucal durante un minuto con peróxido de hidrógeno al uno por ciento.
De igual manera, utilizar equipo de succión de alta potencia, y equipo de protección personal, como guantes, lentes de protección, cubrebocas N95, caretas de protección y batas desechables de aislamiento, hasta la rodilla.
Boletín UNAM-DGCS-344/2020

BOGOTÁ D. C., 18 de abril de 2020 — Agencia de Noticias UN-
Así se refiere a la Agricultura Urbana o Periurbana (AUP), la profesora Juliana Cepeda, de la Facultad de Ciencias Agrícolas de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Bogotá, quien forma parte del grupo de investigación del Instituto Estudios Ambientales.
Muros verdes, macetas, jardines exteriores e interiores son algunos de los espacios ideales para producir alimentos, aunque también se pueden reutilizar elementos como botellas, latas y hasta llantas, realizando al mismo tiempo un ejercicio de reciclaje y optimización de recursos y desechos.
Algunos de los alimentos más populares y sencillos de cultivar y mantener son: tomate, zanahoria, jengibre, piña, albahaca, cebolla, pimentón y, si el espacio lo permite, aguacate, fresas y hasta manzanas, con diversidad de usos gastronómicos y beneficios para el organismo y el sistema inmune.
Esta práctica genera empleo, recicla desechos, crea cinturones verdes y fortalece la resistencia de los centros urbanos frente al cambio climático, de acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura - FAO (por sus siglas en inglés).
“Aprender a cultivar alimentos en casa es una forma de desarrollar habilidades básicas y necesarias, de cuestionarnos sobre temas medioambientales y soberanía alimentaria”, comenta la docente.
De igual manera, considera que es la oportunidad de rememorar tradiciones y rescatar la costumbre -que de hecho existe en muchos lugares- de producir varios de nuestros alimentos y no ser tan dependientes.
Esta modalidad agrícola, que crece cada vez más en el mundo, incluso en países con condiciones climáticas extremas o cambiantes, es clave para garantizar la seguridad alimentaria, especialmente en tiempos de crisis como la que vivimos, pues aunque no hay una escasez explícita de alimentos, sí hay obstáculos con el transporte y la adquisición de productos de primera necesidad.
Dado que esta práctica se lleva a cabo a través de métodos sencillos y que por lo general tiene ciclos de producción cortos, la AUP se proyecta como una actividad de generación de empleo o ingresos paralelos dentro de las ciudades, aunque aún hay retos en cuanto a las regulaciones particulares según el territorio.
Independencia alimentaria
La ruralidad es uno de los grandes rasgos de una economía del país ligada a la tierra. Incluso, en Bogotá, alrededor del 70 % del territorio es rural, especialmente en localidades como Sumapaz, Usme, Usaquén e incluso Suba.
La AUP, además de abrir oportunidades de ocio y alivio económico, suscita reflexiones en torno al cuidado de las semillas y el suelo, dos recursos naturales que paulatinamente avanzan hacia la monopolización de su uso y tenencia.
Producir huertos en casa o promover un espacio como este en comunidades barriales, por ejemplo, trae beneficios colectivos. “Se debe mirar la autonomía alimentaria no solo como individuos, sino como país”, agrega la profesora Cepeda.
Para la docente, pese a que hay propuestas, aún se carece de políticas puntuales de articulación entre las ciudades y las zonas aledañas productoras de alimento para garantizar la cadena de suministro y para hacer inversión en la productividad.
Quienes están más inmersos en el autocultivo o buscan participar más activamente de estas iniciativas pueden unirse a redes de agricultores urbanos en diferentes ciudades que comparten experiencias exitosas y conocimientos en torno al tema.
Fuente: agenciadenoticias.unal.edu.co

MEDELLÍN, 16 de abril de 2020 — Agencia de Noticias UN-
La convocatoria invitó a trazar un ventilador simple, de bajo costo, fácil de construir y manipular y que pueda ser utilizado en la atención de pacientes con COVID-19 durante la emergencia.
Los estudiantes Pablo Restrepo, Esteban Valencia, Mauricio Franco y David Cano de Ingeniería Mecánica de la Facultad de Minas de la UNAL Sede Medellín y Mateo García, Edison Agudelo y Alejandra Londoño de Ingeniería Electrónica de la UPB idearon en solo ocho días un ventilador mecánico no invasivo basado en los modelos convencionales de sistemas de anestesia con activación mecánica y un sistema de control electrónico.
Un ventilador mecánico es una máquina de apoyo respiratorio que ayuda a las personas cuando no pueden hacerlo por sí mismas y que además puede reemplazar la respiración espontánea. Este dispositivo es accionado por un motor eléctrico que transmite el movimiento a través de un piñón cremallera a un sistema de émbolo y pistón, el cual es responsable de bombear con la FiO2 (fracción inspirada de oxígeno) deseada.
El sistema fue diseñado de forma modular, lo que permite una fácil construcción y reparación del dispositivo con elementos comerciales fáciles de conseguir. Además se espera que el dispositivo funcione 14 días 24 horas seguidas bajo las condiciones ideales de un hospital, como limpieza, espacio apropiado, personal con conocimiento de los parámetros de ventilación, entre otros.
El ventilador tiene un costo de alrededor de dos millones de pesos, mientras uno profesional puede costar entre 30 y 120 millones. El modelo, que se diseñó en acero inoxidable, también se puede hacer en acrílico o en impresión 3D para disminuir aún más los costos.
Así funciona
El principio de funcionamiento se basa en la acción o movimiento de un piñón cremallera impulsado por un motor eléctrico que puede funcionar con una batería (3 horas) o corriente eléctrica, lo que hace que el engranaje gire para crear una velocidad lineal en la cremallera. La cremallera está conectada al émbolo que comprime el fuelle contenido por el cilindro, generando un desplazamiento de aire para proporcionar la respiración. Además tiene 2 conexiones para inhalar y exhalar.
Así mismo tiene un dispositivo de mezcla regulable que hace el llenado de la cámara y los flujos de entrada de oxígeno y aire son controlados por una válvula de estrangulamiento y por el sistema electrónico, el cual controla cada parámetro del sistema.
Los circuitos neumáticos y electrónicos del sistema, el software y el firmware, se diseñaron por los estudiantes de electrónica. Por su parte, los profesores de ambas universidades asesoraron en aspectos de manufactura, materiales y mecanismos.
El sistema electrónico, que funciona con la plataforma de código abierto Arduino, permite configurar parámetros como la FiO2, la frecuencia respiratoria y los niveles de presión del sistema, lo que garantiza seguridad para el paciente. De igual modo, los componentes se seleccionaron para ser de fácil manufactura y esterilización en autoclave, como se hace normalmente en los hospitales. Por último, el circuito neumático para pacientes será comercial con el fin de garantizar su conexión a máscaras nasales comunes.
Video: Explicación del diseño del ventilador mecánico
Lo ideal: hacer el prototipo
El grupo espera finalizar los detalles del diseño y construir pronto un prototipo para evaluar su desempeño y validarlo con un ingeniero y un médico intensivista. En este momento no pueden hacerlo porque el campus está cerrado y no cuentan con el espacio ni con los recursos necesarios; sin embargo, el propósito es terminar el diseño con las sugerencias de los profesionales, de modo que se hagan mejoras al desarrollo formulado. También se espera mejorar la interfaz de usuario para que permita una mejor interpretación del estado del paciente a los especialistas.
A la convocatoria se presentaron 1.029 propuestas y 2.639 participantes de 94 países. En la primera fase se escogieron 65, entre las cuales estuvo incluida esta propuesta colombiana. En la segunda fase, de revisión, se evaluarán los códigos de manufactura y la factibilidad del modelo y se seleccionarán de 5 a 10 proyectos por menor costo y mayor calidad y confiabilidad. Por último, se escogerán tres modelos, a los cuales les darán la financiación requerida para su producción a gran escala.
Sin importar el resultado de la convocatoria, Pablo Restrepo indica que lo importante fue lograr desarrollar un diseño bastante avanzado en muy poco tiempo, cuyo concepto compartieron de manera abierta y colaborativa en internet, para que los interesados lo conozcan, aprendan de él y lo retroalimenten, hasta lograr un modelo que sea muy útil en el tratamiento de pacientes con COVID-19.
Fuente: agenciadenoticias.unal.edu.co